miércoles, 9 de diciembre de 2015

Tapizando sillones y montando el árbol y el Belén

Hace unos meses decidimos que quizá era el momento de tapizar dos sillones del salón e hicimos lo que hace cualquier familia normal: buscar un tapicero.

Así estaba cuando decidimos que era
el momento de cambiar el tapizado
Nos recomendaron uno, fuimos a verlo, elegimos la tela y esperamos presupuesto. Cuando nos lo comunicó (algo más de 400 €), la urgencia por cambiar el tapizado pasó de DEFCON 2 a DEFCON 4 inmediatamente. Buscamos otros presupuestos y lo máximo que conseguimos es una oferta por tapizar ambos sillones por 350 €. Con el dilema de si merecía la pena, de si era mejor ir a Ikea y comprar dos sillones nuevos u otra solución fue pasando el tiempo. Ya no era tan urgente.

Sin embargo -una vez más queda demostrado que los hombres somos de una manera y las mujeres de otra- A. no había olvidado el tema y un día me comentó que había encontrado (y comprado) unas telas a muy buen precio.

- ¿Telas? ¿Para qué?

- Para tapizar los sillones

- ¿Y qué ahorro supone eso en el total del presupuesto?

- No, es que ... he decidido tapizarlos yo

- Pe ... pero si no has tapizado en tu vida

- Oye, que he visto un tutorial en internet

Ante un argumento de tal calibre, uno es incapaz de rebatirlo y ... ¡qué daño han hecho los tutoriales en las familias!

Había que aprovechar para lijarlos y barnizarlos. Pedí una lijadora a un buen amigo y empezamos la tarea. Comprobamos que había carcoma. Pero un poco, no. Tuve que rechazar varias ofertas de National Geographic solicitando grabar un documental sobre la carcoma urbana porque, al parecer, era un caso único. Después de introducir miles de veces esa cánula y derramar el spray asesino (de carcoma) en cada uno de esos agujeros, barnizamos los sillones. Acabadas las tres capas de barniz, ya estaban listos para ser tapizados. Como quiera que los muelles estaban en muy buen estado, "solo" se trataba de cambiar la tela. Empezó A y, la verdad, quedaba muy bien. Le tuve que ayudar un poco porque la fuerza que hay que hacer con la grapadora (especial para tapizar) es inhumana. Después de poner la tela en asiento, respaldo y brazos, quedaba poner un ribete alrededor de la tela. El resultado final fue éste:

Con el nuevo tapizado
Una vez acabado, nos dimos cuenta de lo mal que estaban y -por qué no reconocerlo- nos dio vergüenza haberlos tenido tan mal durante un tiempo. Son de esas cosas a las que uno está tan acostumbrado, que no se da cuenta de que da pena.

Ayer, último día festivo de este puente, aprovechamos para montar el árbol de Navidad y, cómo no, el Belén. Reconozco que este año no quería montar un Belén como en años anteriores y hacerlo mucho más sencillo, pero al final, los niños insistieron tanto que ...

Aquí tenéis los resultados

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Los personajes que salen en el vídeo pueden parecerse a los reales, pero son actores


martes, 1 de diciembre de 2015

Buscando unos tejanos

Hace unos días, mis pantalones tejanos (vaqueros) dijeron basta. Eran ya muchos los años que llevaban conmigo, habíamos llegado a alcanzar una complicidad tal que formábamos un gran equipo. Los cuidé tanto e intenté que duraran más de lo habitual que llegué a hacer lo que nunca antes había hecho: los teñí. Sí, fue un fracaso porque no conseguí dar con el tinte adecuado y, si bien recuperaron vigor en el tono, su azul no era el que todos asociamos con ese tipo de prenda. Aun así, seguí fiel a ellos y me los ponía en cuanto tenía ocasión. Sin embargo, un día, así, de pronto, se hizo un agujero en la rodilla derecha y … decidí guardarlos para cuando tenga que pintar o hacer determinados arreglos.

La pérdida de mis tejanos hizo que me planteara la adquisición de otros de tan imprescindible prenda y, casualidad o no, la búsqueda de unos sustitutos cayó en el llamado Black Friday, que como sabéis, abarca algo más de un día de la semana. El viernes mismo estuvimos en un centro comercial. Había gente, mucha gente y me juego lo que queráis que, a pesar de que todos sabían que ese día era el famoso Black Friday, pocos serían capaces de distinguir cuál de las dos palabras corresponde al día de la semana. Busqué en diversas tiendas unos tejanos y resultó misión imposible. Ahí van unas cuantas pinceladas sobre lo que te puedes encontrar:

-      - Pantalones rotos. Oiga yo venía a comprarme unos porque precisamente se me han roto   los míos. Lo llego a saber antes y les vendo los míos a los dueños de la tienda.

-     - Pantalones pitillo. En mi época se llamaban así los que se ajustaban casi tanto como unas mallas. Ahora creo que lo llaman slim y aunque no distingas el pantalón de tu piel, se te entumezcan las piernas con un elevado riesgo de amputación y la cabeza esté a punto de estallar, no sabéis lo orgulloso que uno se siente vistiendo esos pantalones. Creo que si a Slim le añades, justo a continuación, la palabra fit, ya es lo más de lo más.

-    - Pantalones sin color determinado. Están tan gastados que eres incapaz, no ya de adivinar su color, sino de imaginarte cuál fue el original. Mi suegro tiene una expresión muy graciosa para referirse a ese color que no sabes describir. “color gos quan fuig”, que traducido al castellano vendría a ser “color perro que huye”. Sí, ya sé, es absurdo, pero muy gracioso.

-       -   Pantalones más que anchos. Pasamos de un extremo a otro: o los slim o los … anchos. No sé qué nombre tienen, que seguro que lo tienen.

En una de las tiendas, llegamos a preguntar si tenían jeans normales. La dependienta, que sorteaba clientes intentando colocar prendas en una estantería y que vestía una suerte de vaqueros –deduzco que con peto, pues por debajo del jersey le caía lo que parecía una de las dos cintas que se usan para atarlos- nos miró con cara de sorpresa y al ver nuestro estilo (y sobre todo edad) dijo “¿Regular?” Aunque creía que mi cabeza iba a toda velocidad intentando adivinar a qué se refería con eso de “regular”, si era el tono o intensidad de color, los rotos en la pernera, apretando hasta marcar solo las venas, otra pregunta me sacó de dudas

-         - ¿Rectos?

-          - Sí, eso

-          - Ahí están, y señaló unos rotos y color perro que huye

Visitamos otras tiendas y el resultado venía a ser el mismo: no había tejanos como los que yo buscaba. El desánimo empezaba a hacer mella en mí y por mi cabeza se pasaron dos ideas a cual más descabellada. La primera consistía en recuperar mis tejanos a los que les había asignado un uso (para pintar) y estar más a la moda que nadie. La otra era resignarme y centrarme en la búsqueda de un modelo determinado de vaqueros, aquellos que tienen los bolsillos como los de un pantalón de vestir, propios de la tercera edad. En esas estaba yo cuando descubrimos una tienda cuyo nombre invitaba a la esperanza. USA JEANS.

Como aquí no los tengan, habrá que hacer un replanteamiento vital que incluya los tejanos, pensé. Entramos y, sí, tenían de todo. El dependiente, muy moderno, mayor que yo (o muy maltratado por la vida), con la cabeza rapada, gafas de pasta y, lo más importante, tejanos fit, vino hacia nosotros para atendernos.

-       - ¿Tenéis tejanos rectos?

-       -  Sí, claro … 75 … ¡y ahora 59!

Creo que este tipo me está intentando decir que o me doy prisa o se los quitan de las manos porque si no, no sé qué quiere decirme con eso de que ya ha vendido 16 tejanos. Luego vi que mientras decía eso señalaba la etiqueta, en un gesto inequívoco de hacernos partícipes de que el Black Friday conllevaba esa “importantísima” rebaja. Sí, ya sé que estoy fuera de mercado, que todo me parece carísimo, pero es que gastarme 59 € … un momento … casi 10.000 Ptas (que acojona más), en unos tejanos me parecía muy fuerte. Al final me convenció A. Me dijo que si me duran lo que me han durado los anteriores están más que amortizados.


Pues eso, que tengo tejanos nuevos, rectos, azules … de los de toda la vida