
Ayer era el día y me lo llevé engañado. Él, al principio, creía que íbamos a buscar un regalo de cumpleaños para A. Después pensó que íbamos a una peña sevillista a ver el partido que el Sevilla perdió en Zaragoza (enhorabuena Modestino), así que cuando llegamos al Auditori, su sorpresa (y disgusto) fue mayúsculo. Le expliqué la historia y se enfadó aún más porque se dio cuenta de que no vería el partido de fútbol.
Fuimos a la "Entrada de artistas" (¡qué nivel, sí señor!), recogí las entradas que el profesor nos había dejado a nuestra atención y corriendo por el pasillo mientras se oía por megafonía "El concierto está a punto de comenzar, se cierran las puertas del auditorio", llegamos a nuestro sitio. Bien, tampoco sé si era nuestro sitio, porque como estaba a punto de empezar, nos sentamos en el primero que vimos libre.
El programa de ayer era la OBC y Tchaikovsky, siendo la primera de las obras "Serenata para cuerdas", de ahí que sobre el escenario solo hubiera violines, violonchelos, bajos, contrabajos ... Sé que la duda ofende, pero podría ser que alguno de mis lectores no supiera lo que significan las siglas OBC, así que os sacaré de dudas. Se trata de la Orquestra Simfònica de Barcelona i Nacional de Catalunya (Orquesta Sinfónica de Barcelona y Nacional de Catalunya)
Gracias a mis dotes de observador y mi gran experiencia en este tipo de actuaciones (ayer fue la primera vez que asistía a un concierto de música clásica), me veo capacitado para extraer las siguientes conclusiones que pueden servir de guía a los menos avezados en la materia:
1) Para que la orquesta sea tomada mínimamente en serio se necesita un director a la altura de las circunstancias. El de ayer no era otro que el gran Dmitrij Kitajenko, que por su nombre ya os puedo adelantar que no es de Móstoles. Iba elegantemente vestido y tenía una mata de pelo blanco, blanquísimo (como no los puede blanquear lavandera en la tierra) muy al estilo Von Karajan. Sus movimientos suaves y acompasados se combinaban con otros espasmódicos muy similares a los de la niña del exorcista en pleno auge. Eso sí, la melena blanca intacta, no se movió ni un pelo (uy, ¡qué bueno). Llegué a pensar que era de plástico, como las de los Playmobil.
2) El público asistente, si de grupos urbanos hablamos, no pertenece a los perroflautas, skins, cholos ... Tampoco es que sea selecto, simplemente es ... es ... diferente. Eso sí, no vi pearcings ni tatuajes. ¿No hay frikis? ¡Claro que los hay!, pero también son diferentes. El de la fila de delante, sin ir más lejos, además de girarse cuando se me ocurrió cuchichearle una cosa a P., no paraba de mover la cabeza de lado a lado al ritmo de la melodía. Lo dicho, un auténtico friki.
3) El público, en general, es desagradecido. Durante el concierto hay breves espacios en los que la orquesta toma aire para seguir con su actuación (son escasos segundos). Pues bien, la gente en lugar de aplaudir, aprovecha para toser y carraspear. Ya solo por los movimientos contorsionistas de los violinistas, éstos merecerían el más atronador de los aplausos. Estoy convencido que estos músicos acabarán en programas tipo "Tú sí que vales", donde ese cultivado público y un jurado compuesto por Risto Mejide y Paquirrín, sabrá apreciar sus dotes artísticas.
Por cierto, en un momento de la actuación me pareció oir un ruido de fondo que no sabía calificar. Era lo más parecido a una tos, pero ... Después comprobé que se trataba de una señora que tenía un inoportuno ataque de tos, pero para no molestar se tapaba (o le tapaban) la boca, sonando de la misma manera que cuando en las películas ahogan a alguien poniéndole una almohada en la cara. No sé si la señora llegó a morir (la del concierto, no la de la película) pero lo cierto es que no la volví a oír.
4) La media de edad del público asistente ronda los 480 años. No puedo daros el dato con exactitud porque se necesitaría la prueba del Carbono 14, pero, creedme, es muy ajustado. Debo reconocer que si la señora del ataque de tos finalmente falleció por no molestar a los demás, le media de edad experimentaría un gran descenso, hasta situarse en torno a los 267 años.
5) Los músicos, sin estar uniformados, vestían todos con traje oscuro y corbata granate. Ellas no, ellas llevaban traje negro con absoluta libertad de diseños. Eso sí, todos coincidían en llevar zapatos negros, lo que hizo que durante la audición me distrajera pensando que qué tal quedaría que alguno de ellos se presentara con chanclas, ya sabéis esos dedillos al aire, esos pelánganos asomando junto a los tatuajes ...
Ni que decir tiene que en el primero de los descansos (después de 45' de actuación) salimos corriendo para que P. pudiera ver el partido del Sevilla entre los aplausos de los asistentes.
Ahora, sin ironía alguna, mi más sincero agradecimiento al profesor de música de P. por este detalle y por su esfuerzo en que P. aprecie la música de verdad.