miércoles, 28 de octubre de 2015

Cumpleaños de A. y Plan B

Ya que seguimos con los cumpleaños, hoy toca el de A. Creo que ya ha alcanzado esa edad en la que a las mujeres no les hace gracia que se sepa, pero si sois un poco espabilados, buscando por este blog, encontraréis alguna entrada que os facilitará adivinar su edad. Sí, ya sé, que la mayoría ni se molestará en buscarlo porque -para qué nos vamos a engañar- no es tan importante conocer su edad, pero lo pongo para aquellos que su curiosidad es de clase mundial.

Ayer por la tarde nos fuimos ella y yo en busca de sus regalos (hasta ahora siempre me había espabilado yo solito) porque si tenemos en cuenta su avanzado estado de gestación y que su deseo era ropa, la cosa era algo más que complicada, rozaba la proeza acertar, no solo con la talla, sino con el modelo. Al final, no resultó tan complicado porque la moda parece que se presenta algo más ancha y no paré de ver jerseys amplios, ponchos (o similares) y blusas muy largas. Perfecto. Volviendo a casa, paramos en una panadería-pastelería y compramos dos cajas de pastas variadas que servirían para el desayuno de hoy para que A. llevara unas cuantas a sus compañeras de trabajo. Al final compramos 3 kilos ... es lo que tiene ser tantos en casa.

Esta mañana nos hemos levantado (casi)todos a la misma hora y hemos "celebrado" su cumple. Le he entregado los regalos (su ropa y un perfume) y los niños la han cubierto de besos y sobre todo abrazos cuando han visto el desayuno que tenían hoy.

Nuestra hija Ma. se lo ha currado y se ha ido a una floristería, le ha comprado un ramo de flores, se ha cogido el tren y se ha presentado en el colegio donde trabaja A. y le ha regalado el ramo. Aquí tenéis un documento gráfico de la efeméride



Después, se han presentado en su despacho todos los niños y niñas de una clase de P-algo para felicitarla. Estaba emocionadísima.

Mientras tanto, va acercándose la fecha del nacimiento de la niña y ya no sé qué hay que hacer para buscarle un hueco. A. tiene muchas amigas que le están dejando cosas (pensad por un momento que lo que teníamos de bebé ya lo habíamos colocado), por lo que os podéis imaginar cómo está la casa de bolsas con ropa y otros accesorios de bebé. Como eso de cambiarse de casa y buscar una más grande va a ser que no, empecé a pensar en un plan B: Incentivar que los niños se vayan de casa. Hace poco pensé que había encontrado la solución para que S. se fuera de casa, pero fracasé. Este año S. hace la Primera Comunión y, entre otras cosas, el colegio organiza con las familias de los niños una especie de romería a un Santuario de la Virgen para hacer el ofrecimiento de los niños a la Virgen. Se me dibujó una sonrisa en la cara y para allá que nos fuimos. La ceremonia muy bonita y yo cada vez más nervioso porque se acercaba el momento culmen. Cuando por fin llegó, los padres acompañábamos a nuestros hijos al altar y cuando ya bajaba las escaleras unos toquecitos en la parte posterior del hombro hicieron que me detuviera y girara la cabeza. Un señor, me advertía de que "me había dejado el niño". "¿Cómo que dejado?, ¿no era esto un ofrecimiento de los niños?. Pues, hala, ahí lo ofrezco" No coló. Nos volvimos con el niño "ofrecido" pero esto no queda así, todavía me quedan dos meses para encontrar alguna solución a la falta de espacio.

lunes, 26 de octubre de 2015

La granja de conejos

Tenía pendiente desde hace un tiempo una entrada dedicada a la visita que hicimos este verano a una granja de conejos. No vayáis a pensar que es una actividad que teníamos previsto realizar por algún motivo en concreto, sino que salió así, de forma totalmente improvisada.

Como os decía en esta entrada, Matteo estuvo trabajando un tiempo en una granja de conejos, propiedad de MJ que, no os lo vais a creer, es seguidora de este blog. Al parecer, estaban un día hablando Matteo y MJ cuando ésta le comentó que seguía un blog de un tipo que tenía unos cuantos hijos, que explicaba cosas de su familia y ... Matteo empezó a atar cabos y le dijo que lo conocía. ¡El mundo es un pañuelo!

A los pequeños les hacía mucha gracia visitar esa granja en la que trabajaba Matteo y, tras comentarlo con MJ, fijamos un día. Al llegar a la granja, unas naves industriales alejadas de cualquier núcleo urbano, la buena de MJ nos tenía preparado un desayuno que hizo que los niños estuvieran encantados. Ahí charlamos un rato y comentamos la casualidad de que conociera este blog. Como se dice por estos lares, nos desvirtualizamos.

Entramos en la primera de las naves y comprobamos que estaba llena de jaulas con un conejo cada una de ellas. Eran las jaulas de las madres. Cada 'x' tiempo venían de una empresa para inseminarlas. No, no era una empresa de conejos macho, sino que un veterinario, jeringuilla en mano, se dedicaba a visitarlas una a una. Una trabajera, vamos.

Jaulas en una de las naves

Al cabo de un mes aproximadamente -y todas a la vez- se ponían a parir como conejas y si tenemos en cuenta que cada coneja pare entre 3 y 12 gazapos, podéis imaginaros la que se monta allí. Para los que seáis tan o más de piso que yo, os pongo una foto de conejos con 1 día de vida para que sepáis diferenciarlos de un osito de gominola.


Conejos reciuén nacidos

Después siguen creciendo y ya se juntan a varios de los conejos jóvenes en una jaula. Cuando tienen una edad determinada (no recuerdo cuál) ya están listos para ser vendidos. Imagino que no hace falta explicar el destino de estos animales. Os daré una pista: no suelen verse en las tiendas de mascotas, sino más bien en expositores de supermercados con un aspecto muy diferente a éste:

Conejos jóvenes

Lo que más me llamó la atención y por desgracia soy incapaz de recordar, eran los datos relativos a los kilos de pienso que cada mes se jalaban estos conejos, o el gasto de refrigeración de las naves, o el precio que le pagan a MJ por cada conejo. Lo que sí recuerdo es que me quedé con la sensación de que es un trabajo muy duro y poco recompensado ... sí, es verdad, como la gran mayoría. Los pequeños disfrutaron mucho con la visita y nosotros estamos muy agradecidos a MJ por el trato que nos dispensó y la atención que nos prestó a pesar del mucho trabajo que tenía. Muchas gracias por todo.

jueves, 15 de octubre de 2015

Otro que alcanza la mayoría de edad y el pequeño ya no lo es tanto


Ayer dieron de alta a mi madre, me he podido poner un poco al día en el despacho y he encontrado un hueco para esta entrada que, por otra parte, era obligada porque el calendario no perdona.


El día 3 de este mes, S. cumplió 8 años y -topicazo va- por mucho que vaya cumpliendo años, sigue siendo el pequeño. Como el "problema" tenía difícil solución, decidimos ser drásticos y ... ¡ahora espera una hermanita!, con lo cual se acabaron las tonterías de niño pequeño ;-) Seguramente se le acabarán de golpe y, dentro de unos años, será la hermanita la de las tonterías. Sí, es cierto, pero cuando llegue el momento -si todavía no estoy ingresado en un geriátrico- ya me ocuparé del problema.

Pues eso, S. cumplió sus 8 añazos y su madrina ya se encargó de regalarle algo del Barça ... Sí, siempre le regala cosas del Barça (hasta ahora compaginaba esa característica con que fuera útil, ya sabéis, la típica mochila del cole, el estuche, una toalla, etc ¡del Barça!) y en esta ocasión ha prescindido de uno de los elementos del regalo: la utilidad. Ahora, sin rubor alguno, le ha regalado una bandera del Barça (por orden de su madre ya luce colgada en la pared de su cuarto al lado de la del centenario del Sevilla) y una bufanda. No sé, debe existir un temor -más que fundado- de que un niño que vive rodeado de sevillistas está en permanente peligro acerca de la fidelidad a sus colores. ¡Y el niño es del Barça para que su madre no estuviera sola! Es verdad, eso dice mucho del gran corazón que tiene ... hacia su madre, no hacia ese equipo.

Bueno, dejando ya ese tema del jodío niño, creo que pasó un día muy agradable. En casa tenemos la costumbre de que ese día se coma lo que el homenajeado elija (suerte que no han probado nunca el caviar y el jamón, aunque les gusta mucho, no lo consideran un manjar propio de dioses) y S. quiso que hiciéramos una raclette. Pues nada, todos contentos (imaginaos por un momento que el niño tuviera una absoluta y desenfrenada pasión por las acelgas) y disfrutando del ágape que, ¡cómo no!, incluyó el típico pastel.

Y llegó el día 10 y P. se nos hizo mayor de edad (¡¿ya tengo dos hijos mayores de edad y en la Universidad?!) Todavía estamos intentando digerir eso de tener hijos mayores y estar esperando un bebé. Sí, ya sé, tanto A. como yo somos dos portentos de la naturaleza, pero seguimos pensando cómo se compaginan esos, por ejemplo, permisos para salir por la noche, con los cambios de pañales. Siendo optimista, será más fácil ver a qué hora ha llegado el noctámbulo porque es posible que nos pille dando de comer al retoño, ¿no?

P. eligió comer algo que a los que ya tenemos una edad, independientemente de que nos guste o no, su ingesta nos provoca una serie de consecuencias. Quiso huevos fritos con bacon y toneladas de patatas fritas con ketchup y salsa brava. Vamos, un frenesí de grasas saturadas y el colesterol campando a sus anchas en nuestro interior. Pero bueno, ¿él es feliz así? Pues eso, sus padres "encantados"

Durante la semana, su madre y M., su novia, le prepararon una fiesta sorpresa en casa de M, grande y con jardín. Creo que fueron unos 30 amigos. A. y yo estuvimos un rato ayudando a montarlo todo (¡qué menos podíamos hacer encima que ellos ponían la casa!). Después, de forma improvisada, salió una cena con los padres de la novia (no es el título de una película) y lo pasamos muy bien.

M., la novia, le preparó un vídeo con las imágenes que Ma y yo le enviamos, junto con otras actuales de amigos y familia. No lo cuelgo porque no tengo la autorización de los que participan (por no tener, no tengo ni la mía)

Para acabar, y a modo de moraleja, decir que sí, que nos hacemos mayores, pero desde hace un tiempo esta verdad universal la veo de otra forma desde que mi amigo D., el irlandés, me lo explicó. A medida que nuestros hijos se hacen mayores (y, a la vez, nosotros también) en sus rostros se refleja cada vez esa belleza que nosotros les entregamos. Es una forma gráfica de explicar ese amor que pasa de padres a hijos. En las madres, se ve de forma mucho más clara: Mientras las madres maduran, las hijas se van haciendo cada vez más y más guapas ... porque sus madres les van transmitiendo su belleza. ¡Ea!, pues ya está

lunes, 5 de octubre de 2015

Las Urgencias médicas

Sí, ya sé que tocaba una entrada sobre la visita que este verano hicimos a una granja de conejos, pero es que si no escribo sobre esto, exploto.

Mi madre vuelve a estar ingresada (bueno, está en un box de Urgencias) como viene siendo habitual en los últimos tiempos. Los hermanos que vivimos cerca nos vamos turnando como podemos para hacerle compañía y ocuparnos de nuestro padre (el Alzheimer va a un ritmo rapidísimo) mientras ella no está. Lo cierto es que esos ratos que paso en Urgencias me hacen ser un privilegiado espectador de lo que allí se vive y, lo siento, debo ser muy cortito, soy incapaz de entender. Ruego encarecidamente que si entre mis lectores/as hay algún médico, auxiliar sanitario o -da lo mismo la categoría- conocedor del mundo de las Urgencias, no se ofenda por lo que pueda leer, me lo haga saber y me saque de dudas.

Vaya por delante que suelo ser de los moderados en mi estancia (como acompañante) en Urgencias. Vamos, soy de la opinión de que si eres muy exigente, serás el blanco de todas las iras de los que allí trabajan y, sobre todo, no te harán ni caso (y por ende, al paciente). una vez puestos en antecedentes, explicaré mi visión sobre este mundo:

- Historial: No nos ha ocurrido una vez, ni dos, ni tres, sino varias que, a pesar de que tienen a la vista su historial, confunden medicación (dependiendo de la dolencia que tengas, un error en la medicación puede tener consecuencias fatales) e intentan darle una pastilla totalmente contraindicada con otra de las que toma (ya sabéis, el famoso Sintrom). Gracias a Dios, la mayoría de las veces estamos alguno allí (o mi madre se da cuenta) y les advertimos. Las preguntas son ¿se miran el historial?, ¿cuando hay cambios de guardia, no miran las anotaciones que han hecho los del anterior turno?

- Si no te quejas, pasan de ti. Si lo haces, pasan más. ¿Qué actitud es la correcta? Como ya os he adelantado, acostumbro a ser muy educado y (quizá excesivamente) prudente, lo que me lleva a dudar de que sea ésta la actitud adecuada, atendiendo a los resultados. Con un ejemplo se entenderá mejor. Ayer tarde mi madre pidió una cuña (como, entre otras cosas, está deshidratada y debe beber agua y tiene puesta una vía con suero, es normal que tenga ganas a menudo). Llegó un enfermero a y se la trajo. Cuando volvió a recogerla le dijo, con educación, pero con un evidente tono de fastidio, que debía aguantar más, que no le llamara para hacer tan poca cantidad. La siguiente vez que la pidió aguantó bastante más (o eso me dijo, que todo puede ser) y esta vez vino una enfermera. Se la puso y, al irse, nos dijo, cuando acabe, me avisáis. Y así lo hicimos. Como sonaba el timbre y no venía nadie, la vi saliendo de otro box mientras decía "¡¿Que no hay nadie más, que tengo que encargarme yo de tod ..?!" Y se calló al verme fuera del box. Entró donde estaba mi madre, apagó el timbre y dijo que ahora volvía. Pasó bastante rato y no venía. Mi madre se quejaba de que estaba muy incómoda y apretó el timbre mientras yo estaba fuera buscándola. Apareció como de la nada y gritándome me dijo "Ya os he dicho que ahora pasaba" y, de mala leche, entró y se la quitó.

Entiendo el estrés que pasan en su trabajo (tampoco es para tanto) y soy consciente de los recortes sufridos en la Sanidad (aunque abusen de este manido argumento, que sirve para justificar absolutamente todo), pero ...

- Poca información. El médico -que sé que tiene a varios pacientes a su cargo- pasa muy de vez en cuando a informar y, en general todos los profesionales que allí trabajan dan poca información. Cuando se te ocurre preguntar (de verdad, con exquisita educación), notas en su cara el fastidio que les provoca tener que informar. No sé, ayer mismo, se me ocurrió preguntar si le darían algo de cenar (no comía desde el día anterior) y tuvo que ir a buscar la pauta para poder contestarme.

- Creen (los profesionales que allí trabajan) que están solos. El volumen de voz empleado es alto ... y más teniendo en cuenta que se trata de un lugar en el que la gente no está muy fina. Con esos prolongadísimos silencios que se dan ahí, te acabas enterando de la vida y milagros de las enfermeras. Mención aparte merece esas entradas sorpresivas en el box a las tantas de la madrugada al grito de "Hola, guapa, venimos a pincharte" que si no has ingresado por un infarto, provoca que cambies de unidad porque ya te lo han inducido.

- Esas llamadas a la enfermera que no acude mientras escuchas risas que provienen  de una sala en la que en la puerta dice "Prohibido el paso". Soy consciente de que tienen derecho a algo de descanso y a cierta intimidad, pero de ahí a ignorar esos timbres a base de risotadas, no lo entiendo.

- Ese trato a las personas mayores que podría resumirse en:

a) Hablarles a gritos. Ser mayor no significa ser sordo. Este axioma les cuesta entenderlo.
b) Intentar corroborar todo lo que les dice el paciente con miradas y gestos cómplices al acompañante.
c) Uno que se da especialmente en Cataluña. Dirigirse en catalán al paciente y cuando éste contesta en castellano (y es mayor, insisto), tratarlo como si no tuviera estudios.

Espero no haber sido muy duro con este colectivo e, insisto, agradecería cualquier explicación al respecto

PS He olvidado mencionar otro punto importantísimo: Distinguir a un médico de entre todos los empleados que pululan por allí. ¿Tan difícil es poner una placa o coser en el bolsillo, su nombre o simplemente la palabra 'médico'? Todos van de blanco (¿tan difícil es que los médicos vayan de verde o al revés?) y ya no los distingues ni siquiera por ser el que más bolis lleva en el bolsillo.

martes, 15 de septiembre de 2015

Ayudas a las familias numerosas

El que piense que se trata de una guía explicativa de todas y cada una de las incontables ayudas de las que gozan en España las familias numerosas, se ha equivocado de sitio. En primer lugar porque con un párrafo ya bastaría para citarlas, pero, sobre todo, porque esta entrada no va de eso, sino que citaré alguna de las situaciones en las que nos encontramos a menudo.

Vaya por delante que tengo una mujer que a todas partes a donde va pregunta si hay descuento por familia numerosa. A mis hijos les avergüenza (cuando sean mayores y vean lo que cuesta todo, lo entenderán ... espero), pero a mí, no. A mí me hace gracia. Se ha convertido en un latiguillo, lo usa casi de manera inconsciente. Cualquier día de éstos lo pedirá cuando le regalen algo:

- Buenos días, señora, hoy, a los clientes habituales (debería ser Ikea o Mercadona), les ofrecemos gratis este producto. Solo por el hecho de ser clientes.

- Ah, ¡qué bien!, y ... ¿hacéis descuento por familia numerosa?

Las ayudas a las familias numerosas se limitan, básicamente, a las matrículas en los estudios universitarios de la Universidad Pública (las familias de categoría especial como la nuestra, solo paga las tasas), al transporte (sobre todo ferroviario) en el que nuestra familia tiene un descuento del 50% y en la rebaja del porcentaje a aplicar en algún tributo como el ITP en la adquisición de una vivienda que vaya a constituir la vivienda habitual (vamos, algo que haces cada día). Pero lo más divertido, sin duda, se da en los comercios. Ahí es donde A. formula con mayor perfección su pregunta descolocando -en la mayoría de las ocasiones- al dependiente o dependienta. Ejemplos (en algún caso, incluso, citaré sus nombres comerciales):

- Kiabi: Es un comercio de moda a bajo precio. Desconocida por nosotros hasta este embarazo, en el que una madre del colegio le comentó a A. que allí había ropa premamá a buen precio. Fuimos allí convencidos deque se trataba de una tienda de ropa premamá, cuando descubrimos que no, que es para todo el mundo (y también hay un apartado de premamá). A la hora de pagar, A. hizo la pregunta de rigor y la chica le dijo que sí, que había un descuento, pero que debía sacarse la tarjeta de Kiabi. Le pasó un formulario y empezó a rellenarlo. En un momento dado, la dependienta preguntó -como quien no quiere la cosa- cuántos hijos teníamos. Le dijimos que 6 y 1/2 y cambió la cara y nos dio otro formulario, mientras comentaba que el descuento era entonces del 10%. Nos lo aplicaremos desde esa misma compra. Si hay que decir las cosas buenas, se dicen.

- El pollo campero (o algo así): Es un sitio de comida rápida. Fuimos el mismo día (A. estaba en racha) con tres de nuestros hijos. Hicimos nuestro pedido y a la hora de pagar, A, hizo su pregunta. El dependiente puso cara de fastidio porque, según él, eso debíamos habérselo dicho antes de hacer el pedido. Volvió a introducir todos los datos. Ya sabéis, si sois familia numerosa y tenéis previsto comer allí, solo entrar en el establecimiento dad a conocer vuestra condición ... no sé, quizá lo más práctico sería llevar un letrero colgando que diga eso, "Familia numerosa".

- C&A: Fuimos ayer porque A. necesita algo de ropa (de embarazada) de cara al invierno. Al llegar a la caja, lo mismo de siempre:

A: ¿Hacéis descuento por familia numerosa?

D (Dependienta): Sí, los miércoles y los no sé qué ..., pero un momento que pregunto. Bernardaaaaaa, los descuentos a las familias numerosas son los ... Ah, ¿sí?, vale ... Pues son del 15 al 22 de cada mes.

¡Vaya!, porque eran las 21 h y estábamos agotados, pero a punto estuve de decirle que nos esperábamos 3 horas para que nos lo aplicara

En la mayoría de comercios el descuento es miserable y en muchos casos es necesario hacerse socio, cliente vip o como quieran llamarle, debiendo rellenar un cuestionario y realizando unas compras por un importe mínimo.

Sin embargo, la que me marcó de por vida, fue una que viví con mi madre. La acompañé a comprar una billetera (no recuerdo si era para mí o para mi padre). Era una de esas tiendas de toda la vida, que huele a piel, en la que el propietario era un hombre mayor poco amable y huraño. Recuerdo que era de aquellos que se iba guardando las gomas de pollo en el brazo a modo de pulsera y que, es cierto, no viene a cuento que lo diga. El caso es que se decidió mi madre por una billetera y mientras sacaba su monedero para pagar hizo la pregunta del millón:

- ¿Hace descuento por familia numerosa?

- ¿Descuento por familia numerosa? (lo había entendido perfectamente, pero así le daba más énfasis). ¡Sí, hombre, sólo (en aquella época 'solo' se acentuaba) faltaría! ... (y sin casi coger aire empezó un discurso) Deberíamos cobrarles más, con los pocos recursos que hay en el mundo y donde ellos se llevan más que los demás y ...

- No se preocupe, aquí tiene ... y le dejó la billetera encima del mostrador y se fue

jueves, 10 de septiembre de 2015

Matteo

Os prometí en mi anterior entrada que os explicaría la historia (hasta donde yo sé) de Matteo y ... aquí estoy.

Lo conocí hace un tiempo cuando mi cuñado, sacerdote de la diócesis de Tortosa  y con muchísimas ganas de volver a tierra de misión (ya estuvo en las selvas peruana y hondureña), vino a vernos a casa y nos lo presentó. Nos contó algo de su historia y después volvimos a verlo en Semana Santa. Allí se hizo amigo de nuestros hijos (JP siente una especial devoción por él) y con una paciencia infinita pasaba largos ratos jugando con ellos a fútbol, baloncesto o lo que se terciara. Este verano he podido conocer algo más de su vida durante una sobremesa en la que me contó muchas cosas.

Matteo tiene 36 años y es de Venecia. Su madre, si bien era católica, no destacaba por su práctica religiosa y su padre, comunista convencido y comprometido (participaba en "reuniones" clandestinas), le enseñaba ruso desde pequeño. Las malas compañías hicieron que Matteo se adentrara en el mundo de las drogas, llegando a ser, no solo un gran consumidor, sino un traficante. Con veintipocos años tenía -y movía- mucho dinero y tres casas, una de ellas cerca de la frontera con Francia, lo cual le facilitaba mucho sus continuos viajes propios de la "profesión" o una posible huida. Viajaba también a países exóticos (Pakistán, India ...) que, aunque le atraían mucho por su espiritualidad, eran obligados para "abrir mercado" En esa época se preocupaba también por su imagen, llegando a hacerse siete piercings en la cara. No sé si sus padres estaban al corriente de las actividades de su hijo, pero de lo que sí eran conscientes era del rumbo que había tomado su vida.

Un día, estando en ese inmueble de su propiedad próximo a la frontera francesa, mantuvo una discusión con un amigo de ese mundo. Al parecer, el amigo le "insinuó" que le podía dar esa casa a él y la reacción de Matteo fue de un enfado tal que, mientras gritaba como un energúmeno, empezó a golpear los cristales que encontraba a su paso. El piso estaba en la quinta planta y, tras romper éstos, bajó hasta la calle rompiendo todos los cristales de cada una de las plantas por las que pasaba. Evidentemente acabó hecho un ecce homo y tuvo que ser ingresado en un hospital para curarle sus múltiples heridas. Estando en el hospital -no sabe muy bien por qué-. decidió llamar a su madre y explicarle algo de su vida. Su madre le propuso volver a casa y así lo hizo él. Allí pasó un tiempo intentando dejar atrás lo que había sido su mundo en los últimos años. Un familiar de su madre le habló a ésta de la Comunità Cenacolo, concretamente de Medugorije, en Bosnia-Herzegovina. Y allí se fue Matteo. Estuvo un tiempo hasta que no aguantó más y se fugó, volviendo a recaer en en sus malos hábitos de su vida anterior. Regresó a casa y a la Comunità. La vida en estas casas se basan en el trabajo y en la oración, nada más (y nada menos) y viven de la Providencia. Lo que más me llamó la atención a mí fue la figura del custodio. Es una persona que ha pasado por lo mismo que el que llega por primera vez y que su misión es acompañar a éste a todas partes. Sí, sí, a todas partes. Sí, al baño también. Si lo piensas un poco, debe ser duro ... pero también para el custodio. Tras estar cerca de 9 años en diversos centros de la Comunità (en varios ya como responsable), Matteo decide dar un nuevo sentido a su vida y es cuando aparece mi cuñado, a quien le propusieron acogerlo. Mi cuñado encantado y Matteo también. Durante este tiempo ha estado trabajando (los últimos meses en una granja de conejos a la que también dedicaré una entrada porque fuimos a visitarla) y hace unos meses nos anunció (lo hizo público el pasado 15 de agosto) que en septiembre ingresaba en el Seminario. Mientras me contaba su historia en esa sobremesa, le hice varias preguntas. Una de ellas fue que me explicara cómo es posible que un tipo como él, metido en ese mundo, llegue a un centro de la Comunità donde solo se trabaja y se reza (y con una lapa pegada a ti todo el día), deje todo aquello e inicie una nueva vida. Su respuesta fue muy sencilla: es un milagro.

Este verano visitamos el centro que tienen en Tarragona y sales de ahí impresionado. No pudimos asistir a ningún testimonio de alguno de los allí residentes porque era un día en el que había mucho visitante, pero conocimos a varios jóvenes (de todas partes) y como decía, impacta.

Aunque lo he resumido mucho, espero que haya quedado claro que lo que ha pasado con Matteo (y, gracias a Dios, no es el único) es un auténtico milagro. Si tuviera que destacar algún rasgo de Matteo, sin duda sería su espíritu de servicio. Está permanentemente pendiente de los demás. No sé si es por su etapa de custodio, pero lo cierto es que es así.

Bueno, mañana, 11 de septiembre, es el cumpleaños de JP (ya actualizo el esquema) y estoy un poco nervioso con lo que nos tendrá preparado nuestro Molt Honorable Artur Mas. Cada año se supera y después de manifestaciones, vías y demás actos festivos, no tengo ni idea qué le tendrá preparado este año a JP. A saber

martes, 1 de septiembre de 2015

De vuelta de las vacaciones

Unos cuantos niños con la barca
 de nuestros amigos
La semana pasada volvimos a casa, tras pasar unos cuantos -¡qué digo "unos cuantos"!-, "muchos" días de vacaciones en la playa.

Como en años anteriores, nos fuimos al último pueblo costero al sur de Cataluña, a la casa de mi cuñado J. y descansamos mucho. Descansamos menos la semana que duró la Festa Major. ¿Es necesario que dure tanto tiempo? ¿No tenéis suficiente con unos cuantos días? Pues no, venga a soltar vaquillas en el puerto, venga los mozos a hacer el tonto y, sobre todo, venga esas orquestas con música hasta las 6 de la mañana y nosotros, pues eso, ahí, con las ventanas abiertas para no morir asfixiados y escuchando ese "chumba, chumba, chumba ..." de fondo y esas conversaciones a gritos a pie de tu ventana que hace que en más de una ocasión abras los ojos para comprobar que esa tertulia no tiene lugar en la mesilla que al lado de la cama.

Este año hemos ido menos a la playa que tenemos a cuatro pasos de casa, aquella que conté que es de piedras. El motivo no han sido las piedras, sino que el agua siempre estaba turbia y a los niños les gustaba más otra de arena. Así que, muy a menudo, cogíamos la furgoneta y nos íbamos a aquella playa en la que hay una industria cementera. La playa está muy bien: agua limpísima, arena, papeleras, campo de fútbol-playa (con porterías como Dios manda), volley-playa y duchas ... el único problema son las vistas. Si enfocas bien, las fotos son espectaculares, si te descuidas un poco y aparece esa mole es lo más parecido a Chernobyl (no he estado nunca, pero me lo imagino así). De hecho, mi amigo P., que veranea en un pueblo cercano al que estábamos nosotros, le llama así a esta playa y cada vez que acababa de bucear me tocaba la cara no fuera que tuviera tres ojos.

También hemos hecho excursiones al Delta del Ebro (ya es un clásico) y todo ello con amigos. Allí coincidimos con una familia del colegio que tienen ocho hijos (y varios de ellos de las edades de los nuestros), otra familia, también del colegio, con seis hijos, siendo dos de ellos de la edad (y la clase) de P. y Mi.

Pues eso, playa, excursiones, siestas, comidas ligeras y con abundante bebida, algún gin-tonic nocturno ... pero lo realmente importante de este año ha sido conocer a Matteo. Matteo -al que dedicaré la próxima o próximas entradas del blog- es un italiano que conoció mi cuñado y que tiene una historia poco común. Le pedí permiso y me autorizó para explicar (lo que yo sé) su historia que, de verdad, es fascinante

Camino del Delta, se ve así el río Ebro
Seguirá ...