Si echo la vista atrás se entiende un poco más esta situación. Cuando acabé la carrera empecé a trabajar en un despacho de una población próxima a la que resido. Me casé enseguida y me vine a vivir aquí. Después pasé a trabajar en un despacho de Barcelona y a simultanearlo con la asesoría jurídica de una Sociedad de Valores hasta que finalmente dejé el bufete de abogados y me quedé "full time" en la SV. Pasado un tiempo hicieron una importante limpieza en esa empresa y tuve que buscarme la vida. Así es como empecé a trabajar en esa asesoría en la que estuve hasta abril del pasado año. Pero ahora la cosa es muy distinta. Lo complicado que está todo, mis características profesionales y un poco de hartazgo de trabajar siempre para otros (no sé cuál es el orden ni lo que pesa cada una de estas circunstancias) ha hecho que me decida por dar este paso.
Las circunstancias son las que son y todos (o casi todos) las conocéis, así que ha venido como ha venido y no hay que darle más vueltas. Después de varios meses desde que decidieron no contar conmigo en aquella asesoría, he alquilado un despacho (comparto gastos con otro abogado) y empiezo por mi cuenta.
Necesitaba un espacio propio y, sobre todo, "obligarme" a marcarme un horario y salir de casa. Y no solo por imagen (que también), sino por higiene mental. Desde que tomé la decisión hasta conseguir el despacho pasó un tiempo. Busqué, di voces, hice llamadas a anunciante en el tablón de anuncios del Colegio de Abogados e incluso llegué a poner yo un anuncio. Al final, apareció uno bastante céntrico y a buen precio (bueno, a mí todo me parece caro pero eso es porque estoy fuera de mercado). Cuando fui a verlo, le comenté a este compañero que cuando firmáramos el contrato. En ese momento me interrumpió y me dijo que no podía hacerme contrato. Le hice ver mi situación de indefensión (cuando el propietario decida echar a este abogado, ¿en qué situación quedo yo?) y que contaba con ello para desgravarme una cantidad cada mes. Al final he conseguido una importante rebaja en el precio final de la cuota.
El jueves hice el traslado. No era conciente de la cantidad de expedientes que tenía repartidos entre casa y la asesoría donde trabajé antes. Conseguí que mi ex-jefe me regalara el ordenador de sobremesa que allí y utilizaba, junto con su monitor, teclado y ratón. Por la mañana estuve haciendo bolsas de expedientes y por la tarde P. me ayudó a llevarlos al despacho. Fueron varios viajes al coche y del coche al despacho.
Todavía falta ordenarlo un poco, pero empieza a parecer un despacho de un abogado, normalito, pero un abogado.
Bueno, pues eso, que empieza una nueva etapa. Una etapa difícil, pero que estoy convencido que saldrá bien (de entrada cuento con todo el apoyo de A.).
Ah, si algún día cae en vuestras manos una tarjeta de visita que dice "Paterfamilias, abogado" ... no soy yo.
PS La foto de la entrada no tiene nada que ver conmigo (yo soy mucho más elegante) y está sacada de internet.