miércoles, 3 de junio de 2015

La odisea para ir a Varsovia (1)

En cuanto me enteré que la Final de la Uefa Europa League (UEL) se jugaba en Varsovia, ni se me pasó por la cabeza ir a verla en el hipotético caso de que el Sevilla llegara a ella, pero ... ya se sabe, la vida da muchas vueltas. El caso es que el Sevilla volvió a llegar a una final europea que se jugaría el miércoles, 27 de mayo.

Estaba yo el viernes, 22 con mi amigo A. cuando me dijo "¿Vas a la Final?". "No, es en Varsovia y ...", "¿Y?", volvió a preguntar. "Que está muy lejos y ... no tengo entradas ...". "Vamos a buscarlas. Entra en la web de la UEFA. ¿Cuántas quieres?" Al final, me compró y regaló 3 entradas para la Final. Sí, sí, habéis leído bien, se gastó una pasta y me las regaló para que fuera con 2 de mis hijos. Decidí que iría con los dos mayores, esto es, P. y Mi. Aunque parezca una tontería, la decisión fue complicada, sobre todo porque era consciente de la ilusión que le haría a Q. (a JP también, pero por su edad, lo descarté).

A partir de ahí (el tiempo apremiaba) empecé a buscar la manera de ir a Varsovia que, os recuerdo, está a algo más de 2.400 km de distancia de aquí. Lo primero que miré fue un vuelo Barcelona-Varsovia. Carísimo. Seguí buscando vuelos con el mismo destino, pero distinto origen. Carísimo. El siguiente paso fue buscar vuelos con origen en Barcelona cuyo destino fueran ciudades polacas relativamente cercanas a Varsovia (Poznan, CracoviaŁódź ...). Con un mapa de Europa en la mente, fui probando ciudades hasta que se me ocurrió probar con Berlín. Y, sí, había vuelos a un precio aceptable. Miré la distancia entre las ciudades y la hora de llegada del vuelo, para ver si era factible llegar a la hora del partido. Bueno, solo eran 550 Km y según Via Michelin, desde el aeropuerto de Schönefeld hasta Varsovia tardaría casi 5 horas y media en coche. Reservé 3 billetes de ida y vuelta al día siguiente, a las 17 horas (¿ya me daría tiempo a volver?) y alquilé un coche. El modelo más sencillo para no gastar más de la cuenta. Bien, ya tenemos entradas, vuelos de avión y transporte hasta Varsovia. Solo faltaba buscar un hotel para pasar la noche del miércoles al jueves.

Empecé la buscar hoteles en Varsovia para 3 personas. Los precios -no era una broma- oscilaban entre los 3.000 € hasta los 600 € el más barato. Miré varias veces la reserva por si me estaba equivocando y en lugar de reservar una habitación estaba haciendo una oferta de compra del hotel. No, no, estaba todo bien. Evidentemente, desistí de la idea de dormir en Varsovia y, como tampoco se trataba de dormir en la calle (iba con 2 hijos y, sobre todo, al día siguiente debía volver a conducir durante más de 5 horas), se me ocurrió buscar hotel en ciudades cercanas y, a poder ser, en dirección a Berlín. Encontré y reservé un hotel en Poznan a algo más de 300 Km de Varsovia. Al día siguiente, revisando todo, me di cuenta de que recorrer más de 300 Km después del partido (bastante tarde), habiendo dormido poco y llevando ya en el cuerpo más de 5 horas de coche era una locura. Pude cancelar la reserva sin coste alguno y reservar una habitación triple con desayuno incluido en un hotel de  Łódź, a 148 Km de Varsovia en dirección a Berlín. Eso ya era más lógico. Ahora ya solo quedaba esperar que llegara el día señalado.

Un conocido mío, polaco y residente en ese país, me dijo que ahí se funcionaba con zlotys, aunque en muchos sitios aceptaban euros. Cuando le conté el plan, me advirtió de un riesgo: el alquiler del coche. Si saben que vas a cruzar la frontera, pueden ponerte pegas en el sentido de hacer un depósito de una cantidad elevada de dinero hasta incluso prohibírtelo. El motivo, según me dijo, es que en países del este, sobre todo Rusia, existe un mercado de robo de coches de alquiler. Lo cierto es que me asusté y llamé por teléfono a la empresa de alquiler de coches, quienes me aseguraron que lo indicara en el momento de retirar el vehículo y que, en todo caso, se me haría un cargo de 10 €. Me quedé algo más tranquilo. 

El martes por la tarde preparamos todo (una maleta pequeña con la ropa de los 3 y dos mochilas con comida, bufandas y bandera del Sevilla y una portafolios con las entradas, localizador para la reserva del parking del aeropuerto de Barcelona, reserva del vuelo de ida y del coche, reserva del hotel, tarjetas de embarque del viaje de vuelta, guía de la Final de la UEL editada por el Sevilla según información facilitada por la uefa y los recorridos Berlín-Varsovia, Varsovia-Łódź y Łódź-Berlín).
Nos acostamos poniendo 3 despertadores a las 05:30 h por aquello de que no quedarnos dormidos porque ha fallado el despertador. No había manera de dormirse, la anaconda previa a un partido ya había empezado a moverse por mi estómago y los nervios no me dejaban pegar ojo. Al final, cerca ya de la una, conseguí dormirme.

Al cabo de un rato sonó el despertador. Había llegado el día y ...

(seguirá)

miércoles, 20 de mayo de 2015

La sorpresa en el cumpleaños de Ma.

Ayer celebrábamos el cumpleaños de Ma. (19 añazos ya) cenando todos juntos. Nos enseñó los regalos que le habían hecho sus amigas, las que se presentaron por sorpresa y consiguieron así que tuviéramos que esperar algo más de la cuenta para poder cenar y los regalos que algunas de las alumnas del colegio donde está haciendo prácticas le hicieron.

Cuando acabó de mostrarlos, le dimos el nuestro. Nada importante, unas piezas de ropa. Cuando estábamos acabando de cenar, A. y yo nos miramos y decidimos que era el momento de dar el auténtico regalo. Llamamos la atención de nuestros hijos y cuando ya estaban atentos, dijimos:

"Bueno hijos, si Dios quiere ... tendréis un hermanito"

Se hizo un breve silencio y empezaron a cruzarse miradas. Es cierto que los 3 mayores ya lo sabían, pero hicieron como que no tenían ni idea. Al principio no se lo creían (como alguno/a de vosotros/as, supongo), pero cuando vieron que sí, que iba en serio, se pusieron muy contentos. Me hizo gracia ver las reacciones de cada uno de ellos.

Ma. reaccionó con sorpresa aunque algo ya se imaginaba, dijo. Tenía sospechas porque veía -eso dijo- a A. algo más cansada de lo habitual. Sí, claro, y porque en un momento en que ella no estaba leyó un whatsapp de una amiga suya que le preguntaba "¿cómo te encuentras ballenita?"

P. se emocionó y se alegró muchísimo. Me sorprendió cómo un tiarrón tan largo y con esa edad es capaz de emocionarse así.

Mi. se quedó bloqueado. Insistió varias veces en si era cierto o le estábamos tomando el pelo. Al final, cuando parece que se dio cuenta de que sí, de que iba en serio, no se le ocurre otra cosa que preguntar si lo habíamos concebido en una escapada de fin de semana que tuvimos hace poco. ¡Qué poca vergüenza! Ni por asomo se me habría ocurrido preguntarle algo así a mi padre. Le dijimos que no y que respetara nuestra intimidad. También está muy contento y cariñoso con A.

Bueno, pues eso. ¿Cómo os habéis quedado? No os preocupéis, al principio, nosotros también. La idea es que nazca a finales de diciembre o primeros de enero del año que viene. No nos hacemos ilusiones de que sea el primer catalanet del año porque ese 'privilegio', desde hace unos años, está reservado a un Mohamed.

Pues nada, espero que este blog no se convierta en una narración sobre el embarazo a los ojos del padre ... aunque novedoso sería, ¿no? Tranquilos, alguna cosa os contaré, pero no será monotemático.

viernes, 24 de abril de 2015

Me han regalado un libro


A estas alturas creo que todos sabéis ya que el día de San Jorge (la Diada de Sant Jordi) es conocido también como el Día del Libro y como tal, es costumbre regalar un libro o entregar el Premio Cervantes, que este año a ido a parar al sin par (gracias a Dios) Juan Goytisolo.

Bueno, por aquí, nosotros les regalamos a ellas una rosa y ellas un libro. Compré una rosa para mi hija Ma. y, atendiendo a la petición hecha por A., a ella le regalé tres tiestos con sendos rosales de pitiminí (si alguien conoce una palabra que encarne con mayor precisión la cursilería que, por favor, me lo haga saber). A., por su parte, me ha regalado un libro del que solo sé que se titula "Los inocentes", que lo ha escrito un tal David Baldacci y que tiene 480 páginas. Ayer, leí las primeras 10 líneas (tengo a Mi. de testigo) en voz alta y se me quedó una frase que describe el hostal en el que se aloja el que, imagino, será el protagonista al llegar a Edimburgo "Se sentó en la cama que con su peso crujió y se hundió unos centímetros". Creo que es una manera de describir el (bajo) novel del hostal porque explica que si se hubiera hospedado en el Balmoral eso no le habría pasado. A pesar de lo interesante que estaba la novela, fui capaz de dejarla en ese punto ... y ahora cuento las horas para proseguir leyendo.


Ya os conté en una ocasión que la lectura no es muy fuerte. Tampoco es algo de lo que esté orgulloso. Sin embargo, en Twitter me sigue (y yo a ellos) un Club de Lectura. A ver, ¿cuántos de los que me leéis o pasáis por aquí 'pertenece' a un Club de Lectura, eh?.

Pues nada, que me leeré el libro y vete a saber si mi vida da un vuelco radical. Estoy convencido de que habrá un antes y un después, que como suele decirse, este regalo significará un punto de inflexión en mi vida ... (ejem, estoooo, Paterfamilias, no es la primera vez que te regalan un libro y ... y ... tampoco pasó nada en anteriores ocasiones) ... estoy seguro. Ya me veo dentro de unos años escribiendo novelas y, vete a saber, recogiendo algunos premios, no sé, un Cervantes o un Nobel de Literatura, por ejemplo. Si me lo dan, os aseguro que en mi discurso de agradecimiento (me han dicho que en estos casos suele agradecerse el premio aunque hayas declarado en numerosas ocasiones que si te lo dan no lo piensas aceptar) os citaré a cada uno de vosotros, de mis más fieles seguidores. ¡Oyes, tú!, que me han dicho que también hay que ir bien vestido. Pues tampoco creo que sea un problema, mientras no vaya con chilaba (Ay!, Goytisolo, que dijiste que la llevarías para recoger el Premio y al final te presentaste con un traje muy feo).

Creo que me voy a preparar el discurso de la recogida del premio ... y de paso me leeré el libro.

martes, 21 de abril de 2015

Cumpleaños

Pues sí, hoy es mi cumpleaños. Antes de escribir esta entrada, se me ha ocurrido buscar entradas anteriores dedicadas a esta efeméride para no repetirme y ... ¡vaya si me repito!. Ya os informé de mi 43 y de mi 44 cumpleaños. Por tanto, si intentara disimular la edad me pillaríais enseguida, lo mejor será decirlo y ya está. Cumplo 47 años. Sí, lo sé, no los aparento, pero los tengo.

Ya sé que si viviera en la Prehistoria (además de no tener blog) seguramente estaría ya muerto o, en caso de que un mamut no me hubiera aplastado, sería el viejo de la tribu y varios de mis biznietos corretearían a mi alrededor. También soy consciente de que no hace falta irse tan lejos, que en épocas "más recientes" a esta edad estaría contando los días que me quedan en este mundo. Basta ya, nací en 1968 y aquí estoy en plenas facultades (o eso creo yo) disfrutando de la vida.

Ya sé que 47 no es un número redondo, que no se hacen fiestas sorpresa para celebrarlos, que no aporta nada nuevo a tu curriculum y que la Tierra ha completado una vuelta alrededor del Sol desde mi anterior cumpleaños, pero eso no quita que sea un día especial, simplemente por eso, porque es mi cumpleaños.

Me he levantado como cada mañana, a las 06:30 h (ya no hago eso de las 06:35 para no dar la sensación de ser tan temprano ... ¿será la edad?) y A. ha sido la primera en felicitarme. Bueno, ha sido la primera en felicitarme cuando tocaba, porque ayer, mi amigo J. me envió un whatsapp felicitándome. Se lo agradecí mucho y le dije que había sido el primero. Después, tras explicarle por qué había sido el primero, me contestó con un "Siempre he sido un adelantado". Muy grande. Aunque para primeros, mi Colegio de Abogados que, el 1 de abril me envió un mail diciendo "Este mes es tu cumpleaños, así que en la Biblioteca podrás disfrutar de una oferta de ..." Así, cuidando a los colegiados dispensándoles un trato de lo más personalizado ...

Teníamos desayuno especial. Estábamos todos y nos hemos zampado unos donuts para celebrarlo. Mi. me ha regalado una corbata negra, que además de usarla en funerales, servirá (y ésa era su intención) para asistir a vistas en el Juzgado. Sí, lo sé, soy un clásico. Soy de los pocos abogados que cuando tiene una vista va con camisa blanca y corbata negra, lo cual tiene más mérito teniendo en cuenta que hay "compañeros" que ni siquiera se ponen corbata. A. me ha regalado una cartera-billetera (que nunca llenaré ... de billetes) que ... ya me llegará. Supongo que algún dron debe estar sobrevolando el espacio aéreo con mi regalo. Ah, además este fin de semana haremos una mini-escapada los dos solos. Digo "mini" porque el sábado por la mañana tenemos la fiesta de graduación de P., que este año acaba el cole y, una vez finalizada, nos largamos hasta el día siguiente, que es cuando unos insensatos amigos nos devolverán a JP y S. después de tenerlos en su casa desde el viernes a la salida del colegio. Qué majos son.

Después de desayunar he consultado desde el móvil el correo electrónico y ahí estaban mi Banco y alguna de esas páginas en las que te diste de alta hace siglos y que nunca usas, enviándome mensajes de felicitación. A partir de ahí ha empezado el chorreo de whatsapps, tanto particulares, como de grupos (ya sabéis, el de familia, el de la Play, el de política ...), felicitándome. No sabéis la ilusión que me hace. Hasta en Twitter he recibido felicitaciones espontáneas. Ahí estaban acordándose de mí El niño desgraciaíto y Annie HallBichejoMatt, Phaskyy (y alguno otro que vendrá)

He llegado al despacho, recibiendo alguna llamada telefónica y cuando he abierto la cuenta de correo de este blog, Google me había preparado un doodle felicitándome. 

A mediodía comeré con un amigo, merendaremos en familia y con mis amigos ingenierocomehuevosdehormigahembra y Tx. cenaremos porque tenemos mucho que celebrar (solo os diré que lo de menos es que sea mi cumpleaños).

martes, 7 de abril de 2015

Parece que me paso el día pintando

Parece mentira cómo pasa el tiempo. Solo tengo que ver mi último post publicado y darme cuenta de que ha pasado casi un mes. Es cierto que el viaje a Londres nos dejó agotados, pero no tanto. La excusa para no haber vuelto a escribir es ... ¡ninguna!

El domingo pasado volvimos a casa tras pasar la Semana Santa fuera, en aquel pueblo muy muy al sur de nuestra Comunidad Autónoma. Tan al sur que es el último de la región, el siguiente ya pertenece a la Comunidad Valenciana.

Esta vez me daba una pereza infinita irnos allí. Unos días antes pinté nuestro dormitorio, que pedía a gritos una manita (no sé por qué se dice eso de "una manita" porque siempre hay que dar dos capas) de pintura. Era la única habitación de la casa con la que A. tenía claro que había que repetir el color empleado (roquefort), pero que al final se convirtió en un azul ... ¿cómo llamarlo?, no sé. 


Éste es el color, llamadle como queráis

Esta vez era la referencia 9551 de la marca de pinturas que compramos. Antes de pintar procedí a limpiar con lejía unas manchas de moho que había bajo la ventana (todos los "expertos" coinciden en que hay que matar al bicho) y a dar 3 capas de pintura blanca antimoho. Tapé unas grietas de la pared con una masilla especial y otra que recorría el techo de lado a lado.

Como siempre digo, pintar -lo que se dice pintar- no es nada complicado y, si me apuras, hasta puede resultar divertido. Lo que resulta muy, pero que muy pesado, son los preparativos: tapar grietas, retirar muebles y cortinas, poner cinta, quitar apliques, interruptores y enchufes, lijar lo anteriormente enmasillado ... Esta habitación, además, traía una sorpresa inesperada. Había zonas en las que, al pasar el rodillo, te llevabas media pared, vamos, que se descacarillaba como cuando una vieja muy maquillada sonríe. Eso obligaba a que usaras un pincel en algunas partes de la pared y techo.

Oye, ya que estamos, aprovecho para pintar el techo de nuestro cuarto de baño (¡qué gran invento las baldosas!, que evitan, entre otras cosas, pintar las paredes), tapando previamente unas grietas que había en alguno de los plafones que lo conforman.

- ¿Y si aprovechamos para cambiar ese zapatero que tenemos detrás de la puerta con esos cajones que nunca han ido bien?

- Buf, tienes razón, pero habría que ir a Ikea y ...

- No te preocupes, voy yo.

Y se fue ella sola, bueno acompañada de uno de los mayores para que le ayudara con el transporte. Eso sí, volvió con ese zapatero y un mueble archivador para ponerlo al lado del mueble del ordenador.

Nuevo zapatero

- Acabo de dar la primera capa y me he dado cuenta de que ... quizá me falte un poco de pintura ...

- Voy yo a buscarla.

La verdad es que con una mujer así todo es más fácil.

Hago un inciso en el relato para pedir encarecidamente a mis seguidores si conocen algún sistema para calcular bien los "kilos" (¿por qué kilos y no litros?) de pintura necesarios para una u otra habitación. Siempre que me quedo corto. Espero con ansia vuestros comentarios.

Cuando acabé de pintar aún quedaba mucho trabajo por hacer. Además de volver a poner los muebles en su sitio (lógico, pero no sabéis lo que costaba arrastrar esos armarios), se aprovecha para hacer limpieza y al día siguiente para (re)ordenar la habitación.

El susto me lo llevé anoche cuando A. me enseñó una tela que le trajo de la India una hermana suya y me preguntó si quedaba bien como camino de mesa en el comedor. No debí poner muy buena cara cuando me contestó con un "Ya, con este color azulado quizá no quede muy bien aquí ... ¿y en nuestro cuarto?" La respuesta fue un rapidísimo "" no fuera que se le pasara por la cabeza hacerme pintar de azul el comedor para poner esa tela.

Pues eso, estos días han servido, además de para otras muchas cosas, para el descanso físico


Así se ve cerca de la ventana, con más luz natural

lunes, 9 de marzo de 2015

Londres low cost (y fin)

London Bridge desde el Puente del Milenio
Decíamos que estábamos al final de nuestro segundo día en Londres y todo lo que habíamos visitado hasta entonces.

Nos levantamos (también temprano) el tercer día y, tras las duchas y el desayuno en el hotel, cogimos el coche de San Fernando (ya sabéis, un ratito a pie y otro andando) y nos dirigimos a Covent Garden. Allí, enfrente justo de la tienda de Apple, habíamos quedado para iniciar un tour turístico (a pie) al que nos habíamos apuntado vía internet. La gracia de este tour es que ... ¡era gratis! Se nos presentó Manel, un tipo de Ulldecona (de dijimos que nosotros éramos de Alcanar, el pueblo de al lado y se quedó alucinado) muy, pero que muy simpático y que conocía bien la historia. El tour incluyó Trafalgar SquareSaint James PalaceBuckingham Palaceel Palacio de Westminster, Downing Street, el Big Ben, que resulta que es el nombre de la campana de la torre, que se llama de Elizabeth.

A mitad de tour nos encontramos con la familia de un compañero de clase de P. Ya es casualidad, ¿no? Y más, si añadimos que ya en el aeropuerto de Barcelona vimos que la familia de un compañero de clase de S. cogía nuestro mismo avión (después volveríamos a coincidir en el vuelo de vuelta).


Ah, también nos enseñó el club donde Philleas Fogg hizo su famosa apuesta de que tardaría 80 días en dar la vuelta al mundo. Está en la calle Pall Mall, una de las más exclusivas de Londres, donde hay tiendas en las que puedes encargar la construcción de un yate o reservar un viaje al espacio. Al final, nos gustó tanto que hicimos un donativo. Os dejo su página web por si alguien tiene previsto viajar a Londres (u otra ciudad) próximamente y está interesado.

Después comimos en un Pub. Por cierto, en el tour descubrí que un Pub es un apócope de Public House y que, por tanto, al ser pública, te permite usar sus lavabos, sentarte en unas de sus mesas sin obligación de consumir y que te sirvan un vaso de agua (del grifo) totalmente gratis. Lo llegamos a saber antes ... Pedí el famoso Fish & chips y, perdonad mi inocencia,  a pesar de conocer el significado de ambas palabras, pensaba que era otra cosa. No estaba mal, pero ...

Tras el descanso, nos dirigimos al Tate Modern con la única intención de subir a la 6ª planta (cafetería) y contemplar las vistas de la ciudad, lo que resultaba gratis en contraposición al London Eye. Lo mejor fue el comentario -acompañado de una cara de sorpresa- de S. al llegar allí y ver que no íbamos a merendar: "¿Hemos caminado todo esto solo para ver este paisaje?" ¿El Museo? Pues, no sé, te tiene que gustar el arte moderno para encontrarle sentido a cualquiera de las obras que allí se expone. No lo visitamos, pero camino de la cafetería pude ver alguna de esas obras y ...

Catedral de San Pablo desde la 6ª planta de la Tate Modern

Era ya tarde, pero como muy cerca estaba la Catedral de San Pablo fuimos a visitarla. Lástima, cerraban a las 16:30 h Y allí empezó el drama. Se hizo de noche, estábamos agotados y lejos, muy lejos del hotel. Renunciando a nuestros principios, intentamos buscar un autobús que nos dejara lo más cerca posible del hotel. Imposible. Así que, con Mi. liderando el grupo y a base de engaños ("Queda muy poco", "En 25' llegamos al hotel" o comprando merienda) conseguimos llegar al hotel tras una caminata de más de una hora. Estábamos muertos. Habíamos recorrido 17,8 Km. El día había resultado espléndido (bastante frío, eso sí), no solo en lo climatológico.

El último día también nos levantamos temprano (nos acostábamos pronto y esa hora menos supongo que también influía) y nos fuimos an-dan-do a la National Gallery, con algún descanso en los parques que atravesamos. Al acabar, y tras otro fallido intento de coger un autobús (esta vez porque los billetes no los venden en el interior de los mismos, sino que hay que comprarlos en un sitio que no encontramos), regresamos andando al hotel. En total, hicimos 9,3 Km. Antes, comimos en un KFC. El chófer que nos llevaría al aeropuerto de Gatwick ya nos estaba esperando con un vehículo con capacidad para 9 personas. El trayecto fue más corto que en la ida, pero tampoco estuvo mal. Vamos, que el aeropuerto está muy lejos de Londres. Al llegar a Barcelona estaba nuestro querido y nunca bien ponderado amigo J que nos llevó a casa en su furgoneta.

De forma muy resumida podemos concluir que:

- Ha resultado un éxito eso de hacer un viaje en familia (con los riesgos que entraña hacerlo con una extensa familia, con las edades de los hijos muy dispares y con una sobriedad que ni en la Castilla más profunda). Han sido 4 días maravillosos y lo que ya nadie nos quitará son los recuerdos que guardamos.

- El clima nos ha acompañado en todo momento. Solo 3 días llovió un ratito, uno muy escaso, otro llegando al hotel y el tercero de poco más de un minuto y en forma de granizo que hizo las delicias de los niños.

- Londres no es caro, lo siguiente. Pero, hay que aprovechar que la mayoría de los museos son gratis, así como muchas otras actividades.

- La simpatía no es la característica predominante de los londinenses (dicen que no todos los ingleses son así) sobre todo a la hora de pasear por las calles. Les cuesta un mundo realizar un leve giro a su derecha o izquierda y esquivar así a otro peatón. Ojo, que si detectan que el obstáculo que se interpone en su recta trayectoria es "guiri", lo solucionan con un ligero golpe en el hombro acompañado de un leve empujón y un sorry. Yo lo entiendo, todo el día nublado y lloviendo te agría el carácter, ¿no?

- Eso sí es una ciudad cosmopolita. Y yo que creía que Barcelona lo era ... Hay razas para dar y vender y la normalidad es lo habitual (llegamos a ver policías con un tono de piel muy oscuro y con prendas propias de su religión perfectamente combinadas con su uniforme)

- También es una ciudad grande, pero grande grande. Nosotros, sin salir de la zona 1, hemos recorrido una cantidad de kilómetros inimaginable.

viernes, 6 de marzo de 2015

Londres low cost (1)

Royal Albert Hall
Sí se puede, sí se puede ... o lo que es lo mismo, es posible que una familia de ocho miembros visite Londres gastando lo justo. Eso sí, ya os podéis ir olvidando de ciertos "lujos" para que eso sea posible. El principal lujo al que renunciamos fue el del transporte público. No hemos cogido ni uno. ¿Y qué significa eso? ¡Pues eso!, que hemos andado muchísimo. He calculado que durante los 4 días de nuestra estancia en la capital inglesa hemos recorrido la friolera de 43,13 Km.

Nuestro amigo J. se lo curró y nos llevó al aeropuerto (el martes vendría a recogernos) con el consiguiente ahorro de aparcamiento que eso supone. Muchas gracias J. Llegamos el sábado a eso de las 12,30 h a Gatwick y ... ¡qué lejos está ese aeropuerto de la ciudad!. Y más aún cuando el conductor decide tomar otro camino porque hay mucho tráfico. El hotel era muy sencillo y cuando digo muy sencillo soy generoso. Céntrico (lo mejor), pero sencillo. Descargamos equipaje, nos comemos unos bocadillos que llevábamos preparados y corriendo a Hyde Park, visitando el Albert Memorial, el Royal Albert Hall (por fuera) y los almacenes Harrods (se mira, se toca, pero no se compra). Los niños disfrutan con los animales del parque (eso es un parque). Vamos a Misa a Our Lady of Rosary y, al acabar, el sacerdote se va a la puerta (como en las pelis) y saluda uno a uno a sus feligreses. No hace falta ser muy listo para detectar que no somos unos habituales, así que rápidamente se interesa por nosotros. Nos pregunta de dónde somos y los nombres de cada uno de los niños. La cena, cómo no, en Mc Donalds (si no, no salen las cuentas). Recordad que todo hay que multiplicarlo por 8. Por tanto, si alguna pareja decide visitar esta ciudad, puede permitirse el lujo de ir a otros sitios por el mismo precio que ocho que van a Mc Donalds. Después nos fuimos a Tesco, un supermercado donde comprábamos algo de comida y bebida para ir picando durante nuestras visitas. Por suerte, en la habitación del hotel teníamos una nevera. Recorrimos 7,4 Km.

Ardilla en Hyde Pak


Cisne en Hyde Park
Hyde Park











Albert Memorial

Harrods
El domingo lo dedicamos a pasear por Oxford Street (vendría a ser como el Paseo de Gracia de Barcelona o la Calle Serrano de Madrid) camino del British Museum, con parada en Picadilly Circus. Allí, un joven tocaba la gaita y, como cualquier turista, unos cuantos hijos se hicieron una foto con él. El British Museum es impresionante ... ¡y gratis!, como la mayoría de museos de la ciudad. Si te paras a pensar un poco es lógico, debe ser el peaje que deben pagar por los expolios perpetrados a los países de origen. Visitamos las colecciones de Egipto, Grecia, Roma y alguna otra civilización.

El tío de la gaita

A la hora de comer se nos ocurrió ir a Pizza Hut pensando que el precio sería similar al de la cena del día anterior. Cuando nos colocan a los ocho (no sé qué pasa allí, pero a cualquier lugar al que íbamos o no había sitio para todos o lo llenábamos nosotros), nos traen la carta y vimos que una pizza normal (pequeña, no nos engañemos) costaba 7,9 £  Ojo, que estoy hablando de una pizza margarita, que no tiene nada. A eso había que sumarle la bebida y, como ya os he dicho, multiplicarlo por ocho. ¿El resultado? que nos fuimos a otro sitio. Acabamos comprando una especie de bocadillos en Subway y comiéndonoslo en uno de los numerosos parques de la ciudad.

British Museum
British Museum










Al acabar nos dirigimos a la Wallace Collection porque P. quería ver alguna de las obras que había estudiado en Historia del Arte. Está muy bien, también es gratis y se visita en poco tiempo. Evidentemente, los pequeños ya empezaban a estar hartos de tanto cuadro. Volvimos al hotel, cenamos una ensalada comprada en el súper y nos acostamos. Esta vez habíamos recorrido 8,5 Km.
Cuadro típico de christmas en la Wallace Collection

Las instrucciones dadas a los niños sobre que debían aguantar y no quejarse de tanto caminar y el famoso "No empecéis con el típico 'cómprame eso'" estaba funcionando. Todavía quedaban dos días pero hasta ese momento lo estábamos disfrutando mucho.

(Seguirá)