viernes, 12 de junio de 2015

La odisea para ir a Varsovia (2)

Ceremonia inaugural
 (foto tomada con el móvil)
Pues eso, nos levantamos, desayunamos un poco, cogimos del congelador los bocadillos preparados la noche antes, algo para comer en el estadio y nos fuimos al aeropuerto de Barcelona.

Había resultado imposible poder sacar online las tarjetas de embarque, por lo que hubo que madrugar un poco más porque después de haber perdido con Q. un avión a Sevilla y la movida (y gasto) que eso conlleva, me juré que, además de no volver a pasar hambre, no volvería a pasar.

Al llegar a los mostradores de Norwegian vimos que solo había una persona en la cola y, al ponernos, se nos acercó una empleada que nos explicó cómo sacar la tarjeta de embarque a través de unas máquinas. Fue inmediato y pudimos acceder a la zona de embarque. Llegó la hora y accedimos al avión, que se demoró en despegar 40' sobre el horario previsto. Ahí ya empecé a preocuparme un poco porque mentalmente pensaba en lo que había que hacer (alquilar el coche al llegar al aeropuerto de Berlín, conducir 550 km para llegar a Varsovia, buscar el estadio, aparcar ... para ver el partido a las 20:45 h y sabiendo que, una vez empezado, se cerraban los accesos al estadio). La preocupación disminuyó al comprobar que -como si fuera por arte de birlibirloque- esos 40' se quedaron finalmente en 10'. ¿Vuela más rápido?, ¿se salta algún semáforo?, ¿atraviesa alguna nube prohibida? No lo sé, pero ya nos estaba bien.

Al llegar a Berlín, la temperatura era de 9º ... y nosotros en manguita corta como unos campeones. Tras atravesar (¡andando!) la pista, llegamos a la terminal y de ahí a localizar la empresa de alquiler de coches donde tenía ya mi reserva. Cuando estábamos tramitando los papeles y advertí (así me dijeron que debía hacerlo) que pensaba cruzar la frontera para ir a Varsovia, la chica nos preguntó si íbamos "al fútbol". ¡Síííí!, contestamos. Entonces ella dijo "sois los últimos" (gracias por los ánimos). Me dijo que debía pagar una tasa de 20 € por pasar la frontera (me habían dicho por teléfono que serían 10 €, pero bueno) y una vez rechazados todos los seguros posibles e ir con la mínima cobertura, me dice que me bloquearán 1.000 € de mi tarjeta de crédito como depósito de seguridad. Me negué en redondo porque habría alcanzado el límite de crédito y debía pagar peajes, gasolina, hotel y cualquier imprevisto. La única solución era concertar un seguro por el que debía abonar 20 € por día. Total, que después de pagar 60 € extras, ya me dieron la llave del coche y me indicaron en qué plaza del aparcamiento se encontraba. Era un cochazo, un Ford C-Max nuevo (solo tenía 10 km) y que se encendía apretando un botón (sí, para muchos de vosotros será normal, pero un pobre padre de familia numerosa como yo no había tenido la oportunidad de conducir algo así) y con ordenador de a bordo.

Subimos al coche, lo arranqué (no sé cómo por lo que luego veréis) y con Mi. de copiloto llevando entre las manos todas aquellas hojas que había impreso de la web ViaMichelin, iniciamos el viaje. Llegamos a la frontera y, sin solución de continuidad, entramos en Polonia. La frontera es lo más parecido a un peaje desmantelado por lo que me asaltó la duda de que qué habría pasado si no hubiera informado de mis intenciones al retirar el vehículo de alquiler. En Polonia, el límite de velocidad en autopista es de 140 km/h y las rectas son impresionantes. Me recordaba a aquellas películas en las que una larguísima recta atraviesa un desierto.

Decidimos parar en un área de servicio y nos comimos los bocadillos que nos habíamos preparado la noche anterior. No sé si leí en algún sitio o alguien me informó de que, si bien en Polonia la moneda es el zloty, con euros se funciona perfectamente. EIIIINNNNN, error! Así que en el McDonalds de ese área de servicio no compramos bebida por no pagar con tarjeta un importe tan ridículo. Subimos al coche, aprieto el botón y ... no se enciende. Segundo intento, tercer, cuarto, quinto ... cada vez más nervioso sigo apretando el maldito botón con el mismo resultado: nada, que no se enciende. Como se encendían muchas luces del cuadro y, entre ellos el símbolo de la batería, v¡creía que ése era el problema. Ya me veía llamando a una grúa, que nos llevara al taller más cercano y ... Ya me imaginaba viendo el partido en un bar de un pueblo polaco próximo a la frontera con Alemania. Un planón, vamos. Mis hijos deciden salir en busca de ayuda y yo empiezo a comprobar las matrículas de los numerosos camiones allí estacionados hasta que -milagro- detecto uno con matrícula española. Doy unas voces y tras un trapo que hace las veces de cortinilla, aparece ¡Danny de Vito! Bueno, un tipo clavadito a él. Le empiezo a contar nuestro problema con el coche y me dice que es búlgaro, que solo habla un poco de español (¡qué suerte la mía). Al poco, aparecen P. y Mi. con dos tíos con la camiseta del Sevilla que me dicen "¿Qué pasa, illo?" Eran dos ángeles aparecidos para ayudarnos. Ahí llegó el momento lerdo del viaje. Resulta que a la vez que se aprieta el botón de encendido del coche, hay que pisar el embrague. ¿Que cómo lo saqué del aeropuerto? Todavía hoy me lo pregunto yo. Dimos las gracias a esos ángeles y nos despedimos -mis hijos todavía muertos de vergüenza- de ellos. Reanudamos el viaje.

Llegamos a Varsovia sobre las 17:45 h aproximadamente. Pero no teníamos ni idea de dónde estaría el Estadio Nacional, escenario de la gran final. Confiábamos en la información que teníamos en el sentido de que estaría lleno de letreros señalizando los aparcamientos que al parecer se habilitaron y de voluntarios que nos guiarían. Pues nada de eso. Lo único que encontramos al llegar a Varsovia fue un atasco monumental. Otra vez los nervios y esa sensación de poder "morir en la orilla". A la hora punta -supongo- se le unieron unas obras que hicieron que circuláramos a paso de tortuga. Cansado de esperar, en la primera ocasión que tuve giré a la derecha y cogí una amplia avenida, pero que sospechosamente no tenía casi tráfico. Seguía yo comiéndome el coco, cuando a lo lejos vemos el Estadio Nacional. Conseguimos aparcar relativamente cerca, eso sí, con el corazón en un puño porque un tipo con mal aspecto no paraba de mirar el coche. Intentamos dejarlo en un parking subterráneo, pero de su tartamudo y bizco vigilante y cuantos cuantos policías que hacían de traductores, vimos que no estaba claro que lo encontráramos abierto al acabar el partido y que no permitía el pago con tarjeta de crédito ni con euros. Pues nada, hemos venido a jugar, ¿no? Pues eso, que sea lo que Dios quiera.

A medida que nos acercábamos aumentaba el números de hinchas del Dnipro, un equipo del que nadie sabía (ni sabe) nada y cuyos seguidores (ucranianos) dan algo de miedo, no solo por su aspecto, sino por su lengua, tono y afición al alcohol. Tres de esos seguidores se nos acercaron y uno de ellos, que hablaba español, nos gritaba para que nos hiciéramos una foto con ellos. Su aliento desprendía un fortísimo olor a alcohol y lo que, en principio, solo era una foto, se convirtió en unas cuantas. Muy amablemente nos alejamos de ellos y llegamos a los alrededores del Estadio. Allí ya había muchos sevillistas. Vimos llegar el autocar con el equipo y nos dirigimos a nuestro punto de acceso.

(seguirá)

15 comentarios:

  1. Te adelantaría que había ganado el Sevilla, pero no te quiero chafar.
    La verdad es que esas vivencias quedan para siempre. Aunque a veces pases apuros, luego los recuerdas partido de risa.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. jajajajaja Eso es cierto, aunque los apuros, lo que se dice apuros, llegaron más adelante.

      Eliminar
  2. Como me vuelvas a tener tantos días esperando... Te, te, te, te ¡No te leo! Ea.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Nooooo, no me hagas eso. Eres de las más fieles, que me lee incluso cuando casi no escribo

      Eliminar
    2. Jajajajaja, ¡no lo sabes tú bien!

      Eliminar
  3. Te debería pasar más cosas...¡ Mira que hacer ese viaje titánico!por un partido de fútbol . ¡No lo entiendo ni lo entenderé!
    Debe ser traumas de la infancia, no sé....

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Pues sí, debe ser un trauma de la infancia ;-)

      Eliminar
  4. Hola. menuda super excursión para animar al equipo de vuestros amores... pese a todos los contratiempos es una experiencia que recordareis siempre... seguimos en contacto

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Eso sí, lo recordaremos (sobre todo ellos) siempre

      Eliminar
  5. Me están viniendo ganas de hacer un spoiler y contar todo lo que os ocurrió: estancia en comisaria y hospital incluídas. Espero que sólo quede una tercera parte de tu relato

    Filia prodiga

    ResponderEliminar
  6. ainsss no me digas que los polacos no son buena gente que ayer se fue a Cracovia Primogénito con los amigos una semana.... y estoy que vivo sin vivir en mí y con ganas de que regrese a londres, jatetú....
    Besiness

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sí, supongo que son buena gente. Los que me daban algo de miedo eran los ucranianos. Ya verás cómo a Primogénito todo le ha ido bien

      Eliminar

Recuerda que es un blog para todos los públicos. Si vas a dejar tu comentario, procura que no sea ofensivo ni de mal gusto, así como que sea respetuoso con las opiniones de los demás. Muchas gracias