martes, 11 de octubre de 2011

Chollos

Ayer hablaba con mi amigo P. y me contaba que mañana se van a París (porque él lo vale). Me decía que había conseguido un vuelo con Ryanair y que si sabía cómo funcionaban éstos, ya que había oído de todo. Era gracioso oírle contar cómo vio una oferta por internet en la que los billetes de ida y vuelta le salían por 150 €. "Me puse a apretar el Enter como un poseso". Después, sumando las tasas y no sé cuantos gastos más, la broma subía a 300 €. Comparándolo con un billete normal se había ahorrado 200 €. "Bueno -pensó-, tampoco está nada mal". Se le ocurrió entonces mirar el aeropuerto de destino y vio que no era París, sino el de Beauvais, el más alejado de la capital francesa. El traslado desde allí hasta París le costará unos 140 €. Bueno, el ahorro sobre un billete estandar es ya de 60 €. Ha decidido no mirar nada más para no deprimirse.

En un momento de la conversación me dijo "Siempre hay alguien que consigue un vuelo a Londres o dónde sea por 1 € y yo nunca he conseguido nada igual". No sé si le sirvió de consuelo, pero le dije que a mí me pasa lo mismo, es decir, que no he conseguido nunca ninguno de estos "chollos".

Es cierto, yo también he oído a gente diciendo que se fue a no sé dónde por sólo 1 € (o 10, da lo mismo). No es que haya viajado mucho, pero cuando lo he hecho he buscado esas ofertas y ... nada, que no hay manera. Lo máximo que he conseguido (y bien contento que estaba yo) ha sido viajar a Nueva York en el año 99 con A. gracias a un contacto que ella tenía y que, por reabrirse la línea Barcelona-Nueva York, ofertaban vuelos a 38.000 Ptas ida y vuelta o viajar de Barcelona a Sevilla con Mi. por un total de 80 € ida y vuelta.

Sin embargo, como muchas otras cosas en la vida, existen diferentes visiones de un mismo hecho. Mi amigo A. -hoy he comido con él- me decía un día que no sabe cómo lo hago, pero que siempre encuentro un chollo en todo lo que compro o lo que hago. Y depende de cómo lo mires, pues quizá tenga razón porque a la hora de comprar algo siempre intentamos, además de buscar y buscar, contactar con algún conocido en el sector y conseguir así alguna ventaja. Me hace especial gracia que sea A. el que me diga esto porque éste es aquel al que le dediqué esta entrada y es uno de mis mayores proveedores de chollos. Como os contaba en esa entrada me consiguió, entre otras, entradas para ver la Final de la UEFA que el Sevilla jugó y ganó en Eindhoven (2006), entradas para la Supercopa de Europa jugada el 2006 en Mónaco entre el Sevilla y el Barça y que al final no pude ir, entradas para la Final de la Copa del Rey entre el Sevilla y el Getafe y que se jugó en Madrid (2007), una entrada para ver la Final de la UEFA en Glasgow entre el Sevilla y el Espanyol (2007) a la que tampoco pude ir, entradas para el partido de vuelta de la Supercopa de España entre el Barcelona y el Sevilla (2010), no sé cuántas veces entradas para los Barcelona-Sevilla, fotos de hijos de amigos o sobrinos con jugadores del Barça, etc 


Sé que costará recomponer mi dignidad después de una entrada como la de ayer, la batalla será dura, pero no os quepa la menor duda de que finalmente lo conseguiré y volveré a ser el de antes. ;-)

lunes, 10 de octubre de 2011

P. se hace mayor y Primogénito cumple su amenaza

Hay días en los que no sabes qué escribir y otros en los que se te acumula el trabajo. Hoy es uno de éstos. P. cumple 14 años y Primogénito, animado por alguno de los lectores de este blog, me ha enviado lo que parece ser la primera parte de una entrada dedicada a mí.

Si me permitís, escribiré primero unas líneas para mi hijo P.

P. es ante todo un tipo coherente y entregado. ¿Qué toca a esta edad? Estar adolescente, ¿no?. Pues él lo está ... y mucho. La vive con intensidad.

En cuanto a las aficiones ya no sólo está el fútbol (y el Sevilla), sino que también está la música y usa su móvil para ese cometido. Igual que su hermana Ma., es levantarse y ¡zas! encender el móvil y regalarnos los oídos con ese metálico sonido. 

Su sueño es ser periodista deportivo y yo le animo a ver si de esta manera consigue ser el primero que consigue unir esos dos términos aparentemente irreconciliables ("periodista" y "deportivo"). Viene a ser algo así como "periodista del corazón". De momento, en su blog, va escribiendo regularmente y eso me gusta.

Aunque hay momentos en los que debo parecerle un ogro, pasamos buenos ratos juntos, como cuando jugamos a la Play, donde, por cierto, soy el vigente campeón (aunque ayer jugamos tres partidos y él ganó 2 de ellos, por 3-2 y 4-0, el último lo gané yo por 1-0).

Bueno P., muchas felicidades y que cumplas muchos más.

Como lo prometido es deuda, os transcribo el correo que me ha enviado Primogénito con la primera parte de "mi" entrada (sé que mis lectores son lo suficientemente inteligentes para detectar las inevitables licencias literarias):

Paterfamilias es un buen nick. De hecho, a pesar de que un hermano mayor debe, por una cuestión de principios, desestimar todo lo que hacen sus hermanos menores, la verdad es que Pater y su mujer, A., nos sirven como ejemplo de como hay que educar a los hijos.
Suena cursi. Pero es así.
Sin embargo, no siempre fue así...
Paterfamilias, durante muchos años, no se llamo Paterfamilias. Era conocido como "Viborita". Un nick que le puso Progenitora hace ya mucho tiempo consecuencia de su lengua viperina...
Es cierto que Viborita colaboraba a diario para hacerse digno acreedor del apodo. De hecho, mi recuerdo mas imborrable, eran nuestras conversaciones nocturnas (dormíamos en una litera que había en una pequeña habitación). Siempre empezaban con la misma pregunta. Cada noche igual: "A quien criticamos hoy?". Por suerte, conocíamos a mucha gente así que había tema suficiente antes de tener que repetir personaje. Ademas hay que tener en cuenta que las familias amigas tenían, como nosotros, un montón de hermanos de manera que, generalmente, manteníamos un ritmo de familia por semana... Los padres de los amigos, obviamente, tampoco se libraban de las agudas observaciones de Viborita.
Como decía antes, conocíamos a mucha gente. Hay que tener en cuenta varias cosas: éramos socios de 2 clubes, éramos 5 hermanos en el mismo colegio y, para terminar de rematarla, vivíamos en un pequeño pueblo cerca de Barcelona que, aunque ahora tiene cerca de 80,000 habitantes, cuando nosotros llegamos no llegaba a los 5,000...
Eran otros tiempos. Como bien decía Pater en su entrada anterior, funcionábamos como un pack. Nuestras vueltas del colegio eran eternas. Caminando a través de los campos de trigo que había detrás de casa (hoy perfectamente urbanizados) perseguíamos conejos, recogíamos moras o caracoles, arrancábamos espigas de trigo (para hacer harina, jajaja), coleccionábamos pedazos de cerámicas de colores de una fabrica cercana que los desechaba, etc. etc. En fin, todo muy arcaico y rural. Pero lo pasábamos en grande. A veces tardábamos mas de 2 horas en recorrer los no mas de 2 km que separaban nuestra casa del colegio.

Esa era la mejor alternativa para volver del cole. La otra era esperar a que Progenitor saliera del trabajo y nos pasara a recoger. A día de hoy no logro comprender como fuimos capaces de graduarnos (mas que dignamente) teniendo en cuenta que, a veces, llegaba a tardar casi 3 horas en pasarnos a buscar.
Todos estos recuerdos los tengo con Pater y no tanto con el resto de los hermanos. Bien es cierto que después de P venia una hermana (que iba a otro colegio) y luego otro hermano que, en general, iba por libre...

Uno de los clubes a los que íbamos era un club de tenis. Allí pasábamos felices los eternos veranos escolares. Nos levantábamos tempranito (antes de las 9), hacíamos nuestro encargo de la casa (yo limpiaba el salón y Pater los baños. No se por que pero siempre fue así...) y nos íbamos caminando o en bici (casi 3 km) al club. Y allí hacíamos de todo hasta Progenitor y Progenitora venían a mediodía a traernos los bocatas para comer. Y por la tarde lo mismo hasta bien entrada la noche. Nunca nos íbamos a casa antes de las 11 de la noche. Eran los 70's y los primeros 80's. Todavía no éramos un país moderno y prospero como luego nos creímos y mucha gente pasaba sus veranos, como nosotros, en el club. De esta forma, éramos mas de 40 o 50 chavales entre los 8 y los 15 años que pasábamos los días enteros jugando a cualquier cosa...
Ese club, ademas, era un proveedor interminable de pelotas de tenis que íbamos a buscar al bosque donde las perdían os jugadores de las pistas cercanas. En casa siempre había 20 o 30 pelotas de tenis que servían para proporcionarnos horas enteras de partidos de fútbol en la terraza trasera de casa. Esos partidos duraban horas y tenían sus propias reglas, sagradas. La terraza media unos 12 metros de largo por 3 o 4 de ancho pero las paredes solo tenían una altura de metro y medio de manera que, si le pegabas demasiado alto o el despeje del portero era demasiado elevado, la pelotita caía en el corral de las gallinas del vecino. Así una tras otra hasta que se acababan las pelotitas...

Pater, en su epoca escolar, era un chico mas que aplicado. Bicho pero aplicado. Tanto que Progenitora siempre me decía "a ver si traes las notas de tu hermano Pater!", "a ver si haces los deberes en cuanto llegas a casa como hace Pater!" y todo ese tipo de cosas que la educación moderna dice que NO hay que decirle a los hijos para no crear celos entre ellos. Era el "buenecito" de los hermanos. En caso de altercado, cualquiera tenia la culpa... menos Pater. En una ocasión, por alguna diferencia de opiniones, Pater me perseguia corriendo por la casa con una "Chiruca" en la mano (que antiguo...). Al llegar al salón me la tiro a la cabeza. Yo me agache y la bota rompió el cristal de la terraza. Me castigaron a mi. Por agacharme!!!

Me he ido por las ramas... Aunque, como dicen los biógrafos, el marco histórico es esencial para entender al personaje...
Así que no queda mas remedio que permitirme, mas adelante, escribir Viborita II.

sábado, 8 de octubre de 2011

Reparaciones

Existen una serie de situaciones en las que determinados sectores "profesionales" gozan de unas ventajas que la mayoría de los mortales no podemos ni imaginar. Mis más avezados lectores estarán ya pensando que voy a dedicar una entrada a los trabajadores públicos o funcionarios, una especie que, de cumplirse ciertas expectativas, está llamada a convertirse en una profesión en vías de extinción y no, no voy a dedicarles esta entrada.

Son de lo más varipinto y heterogéneo.

Una de ellas -por desgracia muy común- es aquella que se da cuando estamos esperando que nos traigan un mueble, a que nos reparen un electrodoméstico (da lo mismo cuál, pues abarca desde la lavadora hasta la caldera de la calefacción) o a que nos traigan la compra. Todos hemos sufrido una situación como la que sigue:

Riiiin riiiing (suena el teléfono)

¿Dígame? (¿por qué lo preguntamos, cuando en realidad deberíamos decir "dígame", aun a riesgo de que nos contesten "me"?)

Llamo de "Reparaciones Hermanos González" para decirle que mañana por la mañana pasará nuestro operario (graciosísima palabra ésta) a mirarse su lavadora.

Ah, estupendo. Y ... ¿a qué hora pasará?

Entre las 9,30 y la 1.

¿Cómo? ¿No podría ser un poco más precisa?

Uy, no, tenemos mucho trabajo (todavía hoy en día, con la que está cayendo, suelen usar esta misma frase) y no podemos saber a qué hora acabará la primera de las visitas.

Tú, que ni de broma te crees que tenga programada una primera visita para antes de las 9,30 de la mañana y menos sabiendo que viene desde una ciudad del cinturón de Barcelona, haces un intento por conseguir que concrete un poco más esa hora.

Al final, como todo el mundo, te organizas la mañana para quedarte en casa. Cuando, a las 13,40 h se presenta el operario no se te ocurra decirle nada porque te dirá que deberías estar muy agradecido ya que ha venido "fuera de su horario de trabajo". Tú, que sabes que es mentira, prefieres callarte no sea que se le ocurra amenazarte con irse y volver otro día y el montón de ropa sin lavar llegue al techo.

De verdad que no tengo nada en contra de los reparadores de electrodomésticos, pero es que la situación da mucho de sí.

Estábamos en el momento en que el operario -por fin- ha llegado. Normalmente viene resoplando intentando así dar una imagen de estresado, de que hace un gran esfuerzo viniendo a tu casa (como si no le pagaras por ello) a hacer lo que previamente le has encargado. Cuando entra en el lavadero o donde tengas la lavadora y pregunta qué es lo que le pasa, después de explicárselo, pone cara de no entender nada. Se lo vuelves a explicar lo mejor que puedes, llegando incluso a imitar el ruidito que hace cuando lleva un rato funcionando y que es el origen de tus sospechas o lo inmediatamente anterior a que empiece a salir agua. Cuando parece haberlo entendido, suele permanecer un rato callado, te mira frunciendo el ceño, después se frota la barbilla y, después de soltar aire con fuerza dice "¡la correa!". Tú, que después de una serie de reparaciones, conoces el tambor, el depósito de detergente y alguna parte más de la lavadora, pones cara de curiosidad (en el fondo lo único que quieres saber es cuánto te costará) esperando alguna pista más y entonces añade: "Tendré que ir al taller". Es ese momento no sabes cómo reaccionar. Sabes que ya no comerás a una hora decente o lo harás con un operario de "Hermanos González" en tu casa, pero también sabes que si lo mandas a la ... tendrás que pasar por el mismo proceso con un operario de "Reparaciones Hermanos Nieto", así que le dices que haga lo que tenga que hacer.

No quisiera que se alargara la entrada, por eso concluiremos (un poco de imaginación, por favor) con que el operario consigue hacer su trabajo y se va de casa a eso de las 4 de la tarde. Lo único que quería resaltar es la inconcreción en sus horarios Soy consciente de la dificultad que puede darse para concretar una hora en casos como el expuesto, pero esa actitud denota una importante falta de profesionalidad. 

viernes, 7 de octubre de 2011

En el transporte público

Hace unos días, nuestro amigo Modestino publicaba una entrada en la que explicaba sus vivencias como usuario del transporte público y concluía que, en general, había notado un aumento del individualismo y un descenso en el cuidado de las formas.

Al leerlo me recordó la época en la que diariamente debía usar el servicio de Rodalies (Cercanías) de Renfe para ir y volver del trabajo. Cada uno de los trayectos tenía una duración estimada (normalmente no coincidía con la realidad) de 45 minutos, es decir, no excesivamente largo, pero sí lo suficiente como para estar deseando llegar a casa después de una jornada de trabajo. Durante esos años (algo más de 6) fui testigo directo de innumerables vivencias y comportamientos ¿humanos? de alguno de sus usuarios.

Sin necesidad de hacer un estudio exhaustivo, pude comprobar que aún hoy en día existen muchos conciudadanos que no se duchan por la mañana y que (los mismos y otros) no usan desodorante. Si en la época de bajas temperaturas esto ya se notaba, imaginaos lo insoportable que resultaba en verano.

Coincido con Modestino en el aumento de individualismo. Sobre todo entre la gente joven abundaban los que llevaban puestos unos auriculares para escuchar música y, de paso, aislarse un poco del mundo.

También coincido en la relajación de las costumbres y la educación. Muchos viajeros ponían los pies (como el que está en el salón de su casa) en el asiento de delante, llegando a poner mala cara cuando alguien le insinuaba que quería sentarse en ese asiento.

Entre los comentarios a su entrada, se hacía mención a las pocas veces que se veía hoy en día a alguien cediendo su asiento a una persona mayor, embarazada o con dificultades para andar. Es más, creo que yo hice un comentario en ese sentido. Sin embargo -y hablo desde un punto de vista estrictamente personal- a veces se hace complicado una cosa tan sencilla como ceder tu asiento. Me explico:

Un día estaba yo sentado en uno de los asientos laterales de un vagón de Renfe leyendo el periódico y, a medida que avanzaba el trayecto, el vagón se iba llenando de gente. Yo estaba absorto en mi lectura y hasta pasado un buen rato no reparé en ello. Levanté la cabeza y vi a una mujer que llevaba un vestido muy suelto adivinándose una gran tripa debajo del mismo. Enseguida me levanté y, delante de todo el mundo, le dije que por favor ocupara mi asiento. Me miró con cara de pocos amigos y me contestó muy secamente con un "¿Por qué?". Me quedé descolocado y no supe qué contestarle. Observé que la mujer que la acompañaba (ya sabéis, la típica "amiga", pero que en el fondo es una arpía) hacía esfuerzos por no reírse, por lo que fui consciente de mi metedura de pata: no estaba embarazada, sino gorda.  La señora a la que ofrecí mi asiento volvió a preguntarme que por qué tenía que sentarse. Todo el vagón contemplaba la escena. Sólo pude murmurar un "Nada, era por si quería" y me volví a sentar.

Desde entonces, cada vez que entra alguien en un tren o autobús empiezo a preguntarme si es bueno cederle el sitio o no. Con el tema de la edad, por ejemplo, también es muy complicado. Hay personas a las que cedes el asiento porque la ves mayor y se ofende porque la estás llamando vieja. No sé, es una cosa complicada.

Ahora, cuando me entran dudas, me levanto como si bajara en la siguiente parada. Si ocupa mi sitio, perfecto y si no ... también.

jueves, 6 de octubre de 2011

Steve Jobs

La noticia del día -con permiso de la Duquesa y su adoptado- es, sin duda, la muerte de Steve Jobs, el que fuera, entre otras cosas, cofundador y Presidente ejecutivo de Apple. Existe unanimidad en calificar a este personaje como un genio y el auténtico motor de la industria informática y del sector del entretenimiento (parece que tenía una importante participación en Pixar). Estoy convencido de que eso es así, que si fuera el presidente de Apple me encantaría que trabajara para nosotros, pero desde el punto de vista del consumidor, la cosa cambia.

Yo, como usuario de uno de los productos de Apple y como espectador de alguna de las películas de Pixar, debo agradecerle la cantidad de prestaciones que me ofrece el iPhone y los buenos ratos que he pasado viendo "Up" o "Buscando a Nemo", por ejemplo. Pero, por otro lado, no le perdono que sea uno de los principales exponentes de lo que se ha venido a llamar "la obsolescencia programada", ya sabéis, aquellos ajustes que se hacen en muchos productos en el momento de su fabricación para que tenga una duración determinada (normalmente escasa) y asegurarse así el consumo por parte de los usuarios. ¿Por qué un teléfono móvil tiene que tener una duración máxima de 2 años?

Alguno me dirá que eso pasa con muchos otros productos, como son los electrodomésticos, las bombillas, los neumáticos (todavía recuerdo a un profesor de Filosofía del Derecho que nos decía que el neumático que nunca se pinchaba estaba inventado hacía tiempo, pero que solo se usaba con fines militares y para evitar la desaparición de empresas como Michelin o Firestone) u otros.

Sé que hacía su trabajo y que miraba por sus intereses, pero eso no quita que lo considere como uno de los mayores provocadores del consumismo desbordado. Evidentemente que somos nosotros (los consumidores) los que debemos controlarnos, pero todo sería más fácil si los productos "necesarios" tuvieran una duración algo más prolongada.

Otra cosa es cómo están las redes sociales desde que se conoció la noticia de su muerte. En el facebook, sin ir más lejos, casi todo el mundo ha hecho un comentario sobre él. He encontrado algunos muy buenos. Un amigo mío, por ejemplo, decía que no ha salido el iPhone 5 que todo el mundo esperaba porque el nuevo iPhone 4S ha sido un homenaje a su persona: iPhone 4 (for) S(teve). 

miércoles, 5 de octubre de 2011

La duquesa de Alba

Advertencia previa: Esta entrada no está recomendada para menores de 18 años, contiene una imagen que puede herir la sensibilidad de los lectores. Eso sí, la expresada imagen que ilustra la entrada es real, no ha sido manipulada con photoshop ni cualquier otro programa que pueda distorsionar la realidad.

Estaba viendo las noticias este mediodía y el primer titular que aparece  es ... ¡la boda de la Duquesa de Alba! Aunque no sea un auténtico seguidor de programas "del corazón" o en casa no exista ejemplar alguno de ese tipo de prensa, reconozco que sé quién es esa persona que hoy daba tan importante paso en su vida.

Eso sí que era un programa "del corazón" y, gracias a Dios, he podido comprobar que el mío se encuentra en perfecto estado, a prueba de bombas, porque soportar esas imágenes sin más salvo el esbozo de una ligera sonrisa, tiene mérito, mucho mérito.

El periodista que cubría la noticia ha calificado el enlace como "la Boda del Año", pero al darse cuenta de que ese epíteto se usa para cualquier boda y para convencer al espectador que era algo único, ha añadido que aquella era "la Boda del Siglo". Poco después han aparecido los recién casados y, viéndolos, creo que se ha quedado corto, esa era "la Boda de la Etapa Postglacial". ¡Vaya par de ejemplares! Ha sido como volver a ver Jurassic Park con su  Tyrannosaurus Rex en acción.


Hay incluso quien dice que eso no es una boda, sino una adopción. La gente, que es muy mal pensada y cree que el novio (ya marido) se casa por dinero y no por amor. ¡Qué barbaridad!

Al parecer ésta es la tercera boda de la duquesa. Nunca es tarde ... (iba a decir si la dicha es buena, pero, la verdad, no sé si pega)

(Aquí había un párrafo que acabo de eliminar y que, por desconocimiento, hacía referencia a sus peculiares gestos. Ha sido Sara M. la que me ha advertido que eso es consecuencia de un accidente, por lo que me ha parecido oportuno eliminarlo. Gracias, Sara M.)

Como la entrada me estaba quedando un poco corta y no sé mucho más acerca de la duquesa, he optado por consultar en Wikipedia y he encontrado algunos datos dignos de ser mencionados:

Cayetana Fitz-James Stuart y Silva, comúnmente conocida como Cayetana de Alba, (Palacio de LiriaMadrid28 de marzo de 1926)

¡¿Que nació en 1926?! Pero si yo creía que para saber su edad era necesario hacerle la prueba del carbono 14... Ya me habían advertido que no todo lo que aparece en Wikipedia es fiable.

Su nombre real es María del Rosario Cayetana Paloma Alfonsa Victoria Eugenia Fernanda Teresa Francisca de Paula Lourdes Antonia Josefa Fausta Rita Castor Dorotea Santa Esperanza Fitz-James Stuart y de Silva Falcó y Gurtubay.

Vamos a ver. A mi me salen 17 nombres. ¿Es esto posible? ¿Cuándo es su santo? ¿el 1 de noviembre, día de "Todos los Santos", no? ¿Cómo puede tener entre sus nombres el de Castor, así sin acento?, ¿no es eso un  roedor?

es cinco veces duquesa, dieciocho veces marquesa, veinte condesa, vizcondesa, condesa-duquesa y condestablesa, además de ser catorce veces Grande de España.

Como para invitarla a cenar a casa, ya solo con las presentaciones (Hola, paterfamilias, soy María del Rosario Cayetana Paloma Alfonsa ... y Gurtubay y soy duquesa de Alba y de .... y de ... y de .... (...) y marquesa de ... (...) y ...) se nos haría tardísimo. Descartado, le diré a A. que le dé largas.

Cayetana, fruto de su esmerada educación, habla con fluidez cinco idiomas

Imagino que entre estos no figura el español, ¿no? Las pocas veces que la he visto y oído hablar no he entendido nada.

Es cierto que no domino mucho el tema de la aristocracia, pero me da a mí que esta señora es un poco atípica, por eso le he dedicado una entrada. ¿Y vosotros qué opináis?


martes, 4 de octubre de 2011

¿Vamos al súper?

Si analizamos (nada de sesudos ejercicios, basta con una simple mirada hacia atrás en el tiempo) los cambios experimentados en una tarea tan "cotidiana" como la compra, veremos que éstos han sido tremendos. ¿Quién no recuerda haber acompañado de niño a su madre a la compra? Había que ir al mercado, después a alguna tienda concreta y finalmente se pasaba por el supermercado, donde las estanterías solían tener una marca (a lo sumo dos) de cada producto. Para entendernos, no comprábamos crema de cacao, sino Nocilla (bueno, en casa, ni eso), comprabas quesitos La vaca que ríe, pan Bimbo, lejía Conejo, etc.

Otra cosa que ha pasado a la historia son aquellas escapadas a Andorra. Para los niños era todo un acontecimiento. Nos levantábamos muy temprano (sobre las 5 ó 6 de la mañana) y carretera y manta hasta llegar al "País de los Pirineos". Allí gastábamos nuestros ahorros en comprarnos una raqueta de tenis o un reloj chulo (los primeros digitales). Mis padres aprovechaban para comprar azúcar, aceite y poner gasolina porque era mucho más barato. Sin embargo, la imagen que permanece imborrable en mi memoria es la de aquellos supermercados en los que tenían productos inimaginables en España: chocolates en sus más diversas formas y tamaños, caramelos de todo tipo. Fruto de su estancia en Clermont-Ferrand haciendo el doctorado y su afición por los quesos franceses, una compra obligada para mi padre era un buen surtido de quesos de esa nacionalidad que hacía las delicias de todos.

Es cierto que en Andorra era todo mucho más barato, pero era la excusa perfecta para pasar un día inolvidable porque ir a Andorra sólo a comprar azúcar o poner gasolina resultaba un poco caro.

Años más tarde aparecieron los hipermercados, aunque en las casas se les llamaba por la marca comercial (recuerdo que decíamos "vamos al Pryca", mientras unos amigos nuestros eran más de Carrefour). Las costumbres experimentan aquí el primero de sus cambios: ahora se va un sábado, hay que ir en coche, se compra para todo el mes (bueno, en casa éramos 9, así que no llegaba para todo el mes ni de broma) y lo más importante, mi padre también viene.

Ir al Pryca era toda una aventura. Recuerdo esa enorme extensión en la que había una gran cantidad y variedad de productos. ¿Que querías leche? Se acabó aquello de comprar la marca del supermercado de la esquina, ahora había una variedad extraordinaria, con marcas extranjeras, algunas españolas y, pasado un tiempo, con la aparición de las "marcas propias o blancas". Es cierto que se ganó en comodidad, pero se perdió algo de romanticismo.

¿Y ahora qué? Ahora se lleva (al menos así lo hacemos en casa) hacer la compra "por internet". Entras en la página web del Mercadona (uy, que les hago publicidad ... ¡¿y qué?!, éstos me caen bien), haces tu compra y al día siguiente te la traen a casa. Por eso decía aquello de ¿vamos al súper?

Nota.- Ayer nuestro hijo S. cumplió 4 años y -conscientemente- no le dediqué una entrada. No estoy enfadado ni está castigado, pero prefiero hacerlo cuando sea un poco más mayor.