Si partimos de la base de que esta crisis -al menos así lo creo yo- es fruto de la crisis de valores que tiene nuestra sociedad, durará lo que queramos que dure. O dicho de otra manera, sólo nosotros acabaremos con una crisis que sólo nosotros iniciamos.
Todos hemos oído hablar de las complejas operaciones financieras que a nivel mundial iniciaron esta crisis (muy recomendable leer a Leopoldo Abadía que, de forma muy clara y sencilla, explica la crisis a los que, como yo, somos unos negados para entender ciertos conceptos económicos), pero en el fondo se inició por la avaricia, la insolidaridad y el egoísmo de unos pocos (o muchos). Y eso arrastró a muchos.
Es curioso observar cómo esta crisis no afecta a todos por igual. Tengo comprobado cómo aquellos que hacíamos malabarismos para poder llegar a final de mes, seguimos con ellos añadiendo, eso sí, aquella frase de "más difícil todavía". Lo he comentado con algunas amistades y coinciden conmigo en esta apreciación. Sin embargo, de los que mejor vivían -y que siguen viviendo muy bien- he oído las mayores quejas y lamentos por la situación económica. Suelen dejar caer frases del estilo de "¡cómo está el patio!, cuando sales a cenar "te pegan unas clavadas" (ni se les pasa por la cabeza prescindir de estas salidas), "estas vacaciones nos hemos tenido que conformar con irnos a ..." (¡pobrecillos!), "nos gustaría comprarnos tal coche, pero no creo que podamos hacerlo hasta ..." (¡qué pena me dan)...
Cuando, a diario y en nuestra propia ciudad, veo a gente buscando comida en la basura, cuando asisto a ciertas personas en el Turno de Oficio, cuando me cuentan situaciones por las que pasan algunos conocidos, me acuerdo de los lamentos de estos "pobrecitos".
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Recuerda que es un blog para todos los públicos. Si vas a dejar tu comentario, procura que no sea ofensivo ni de mal gusto, así como que sea respetuoso con las opiniones de los demás. Muchas gracias