jueves, 28 de febrero de 2019

Una analítica y un juicio


El otro día fui al médico. Hacía un año que no iba y había algún que otro tema a comentar.

Yo no sé lo que tardan otros en la consulta, pero lo cierto es que yo voy rápido (mi médico de cabecera ayuda a ello porque acostumbra a responder con monosílabos cada vez que le planteo un tema) y, en 5 minutos ya habíamos acabado.

Me mandó hacerme una analítica y una ecografía de abdomen. Le insistí en que -no estoy del todo seguro, pero tengo la certeza- no estaba embarazado. A pesar de ello, mantuvo lo de la ecografía.

Ayer, bien temprano, acudí en ayunas a mi CAP (Centre d'Assistència Primària) para la extracción (de sangre). Entré en la sala de espera un poco antes de la hora prevista (Sala de Parquet para más señas) y un (fuerte) olor a ajo reinaba en el ambiente. Entre los que esperaban había varias personas de avanzada edad (mayores que yo, vamos) y mis sospechas sobre el origen del olor se centraron en éstos. Gracias a Dios no estuve allí más de 10 minutos. Llamaban en grupos de 5 ó 6. Oí mi nombre por el altavoz y me dirigí a la consulta anunciada. Al llegar, una ¿enfermera? me preguntó (sic) "¿Trae el pipí?". Ante mi cara de sorpresa, añadió "Ah, vale, no le han dado el bote".

"No, no es que no me hayan dado el bote, que tampoco, sino es que no me dijeron que debía traer eso. Me dijeron que era un análisis de sangre"

"Bueno, no se preocupe (como si lo estuviera), ahora le extraemos la sangre y después me trae el pipí" y acto seguido me entregó un bote en el que debía vertir la orina.

Como soy un hombre de costumbres, me había presentado en el CAP aseado y con las necesidades cubiertas, por lo que intentar llenar ese bote se antojaba misión imposible. Aún así conseguí aportar una cantidad suficiente para su cometido (espero). Me salté la cola que había en ese momento y entregué mi muestra. Pusieron su etiqueta (espero que coincidiera con la de las muestras de sangre) y me fui de allí.

Me sorprendió -y mucho- que en ningún momento me requirieran para que me identificara. Simplemente me preguntaron mi nombre, comprobaron que estuviera en la lista de los citados para ese día y procedieron a poner muchas etiquetas con números y códigos de barra en los recipientes habilitados para recoger las muestras. Sé que es una tontería y que no creo que nadie quiera engañarse a sí mismo, pero podría haber enviado a cualquiera haciéndose pasar por mí y sus resultados serían mis resultados.

Después volví a casa y desayuné. Me fui al despacho y de ahí al Juzgado porque tenía un juicio a las 11:00 h. Al llegar al edificio de los Juzgados me encontré con otro abogado con el que había coincidido hace pocos años en un asunto. Debe tener treinta y tantos años. Pues bien, al verme, no se le ocurre mejor saludo que "Hola, compi". No sé si porque me había desangrado o porque no me quedaba pipí en mi cuerpo, lo cierto es que solo pude contestarle con un "Hola". Sin embargo, en mi interior no paraba de darle vueltas a ese "compi".

En esas condiciones (sin sangre ni pipí y aturdido por el saludo de un compañero de profesión) debía afrontar un juicio de un cliente del turno de oficio acusado de un delito de impago de pensiones (no pasaba la pensión de alimentos en favor de su hija menor desde hacía mucho tiempo). Como la pena solicitada no era muy alta (12 meses de prisión), me las prometía muy felices confiando que eso acabaría en una conformidad con el Ministerio Fiscal. Pues no. Mi cliente decidió que él no tenía que asistir al juicio, a pesar de estar citado en forma. Como la pena solicitada no era superior a 2 años de prisión y constaba citado en forma, podía celebrarse en su ausencia. Así que imaginaos el papelón que me tocó hacer (uno más), solicitando la libre absolución de mi patrocinado, a pesar de la comparecencia de la testigo perjudicada (la madre de la menor) y la petición de condena por parte del Ministerio Fiscal.

sábado, 2 de febrero de 2019

Los niños hay que tenerlos joven

He encontrado una foto de una
niña guapa cumpliendo 3 años
No lo sé. No sé qué me ha pasado, pero de repente me ha venido una ¿musa? que me ha empujado a escribir una entrada.

Antes de empezar a escribir he tenido que hacer un esfuerzo titánico (ya será menos) para recordar la contraseña y he aprovechado para actualizar las edades de los hijos y darme cuenta de que todavía no se ha ido ninguno de casa (😡).

Al escribir la edad de la pequeña, compruebo que el tiempo pasa volando -y más para los (pocos) que me leéis- porque la muchacha ya ha cumplido 3 años y constato también que los hijos hay que tenerlos cuando uno es joven. No puede ser que un tío con casi 50 años tenga un hijo, la naturaleza humana no está preparada para eso: las noches en las que decide no dormir ya no son llevaderas, cuando te tiras al suelo para jugar con ella y ella decide que ya no quiere más, pasa un buen rato hasta que te levantas (se ha dado el caso de que alguno de los mayores me ha encontrado, solo, sentado en el suelo rodeado de piezas de puzzle en el intervalo de tiempo que transcurre entre que la joía niña ha decido poner fin a los juegos y yo consigo levantarme), las reuniones del cole de la niña son deben ser ... 

Mención aparte merecen los paseos con la pequeña. Me he hecho especialista en leer pensamientos de la gente que nos mira y puedo asegurar que en un 99,99% de los casos la gente piensa que "los abuelos están paseando a la nieta". Este pensamiento-comentario tiene su lado positivo porque a renglón seguido añaden eso de "pues que abuelos tan jóvenes". Claro, partirle la cara a alguien porque ha pensado eso (y además con un erróneo, pero amable comentario, al final) no es plan. El 0,01% restante de pensamientos-comentario es "Mira éstos, tan mayores y con una niña pequeña".

No entraré en el asunto relativo a las reuniones del cole porque -lo confieso- todavía no he ido a ninguna. Sé que es muy importante para su desarrollo integral como persona conocer si en este momento hace bien o no la pinza a la hora de coger el lápiz, si no muerde a todos sus compañeros/as de clase, si le atenaza el solo hecho de pensar en la inmensidad del universo ... pero ... lo reconozco, me ha dado mucha pereza ir a alguna de las reuniones.

Sin embargo, un día (A. me lo rogó encarecidamente) fui a una merienda que los matrimonios encargados de curso organizaron en el mismo colegio para conocernos mejor. Como os podéis imaginar, comparecí con unas ansias locas de conocer a otros padres que se encuentran en la misma parecida similar opuesta situación a la nuestra. Aquello estaba lleno de padres novatos y yo acudía con numerosos prejuicios tipo "Pobrecilla, no han podido venir sus padres y lo han hecho los abuelos", "Caramba, vaya carcamales los padres de A. jr" o simplemente un "¡Ahí va!, se ha colado un señor en la merienda" ... Sin embargo, he de confesaros que mi sorpresa fue mayúscula al comprobar que, si bien era el mayor de los reunidos (bueno, me queda la duda con uno que tenía menos pelo que yo y que si de verdad es más joven, la vida le ha tratado muy mal), no creáis que la diferencia era tan notable. Eso me llevó a la conclusión confirmación de mis sospechas acerca del implacable retraso que se da en el momento en que los padres deciden eso, ser padres.

No quisiera ser injusto y no reconocer a los mayores su inestimable ayuda con la pequeña. Muchas veces nos ayudan (o se ocupan ellos) con la ducha, con vestirla, acostarla, entretenerla ... Os pondré un ejemplo: el día de Reyes, A. y yo recibimos un regalo de nuestros hijos. Al abrirlo comprobamos que se trataba de una de esas cajas consistente -en nuestro caso- de una cena, noche de hotel y desayuno para los dos. Me gustó, pero, sin duda alguna, lo que más me gustó era la nota que acompañaba el regalo. Era una nota de todos nuestros hijos en la que decía que nos fuéramos que ellos se habían organizado para ocuparse de A. jr. durante ese fin de semana.

Creo que voy a acabar aquí porque, después de tanto tiempo sin escribir, tampoco hay que abusar. Intentaré (no puedo prometerlo) ser más regular con las publicaciones. Gracias por seguir ahí.

domingo, 24 de diciembre de 2017

Hospital en casa y feliz Navidad

Ahora que empiezan las fiestas de Navidad, ¡¿qué mejor iniciativa que montar un hospital en casa?! ¿Que es imposible? ¡Si uno quiere, se puede!

El pasado 21 de diciembre, día de las elecciones autonómicas en las que se confirma la fractura social y en la que los independentistas, a pesar de no haber ganado las elecciones, están convencidos de haberlo hecho, A. se puso enferma. Lo que se inició con un dolor de garganta, pasó a convertirse en una amigdalitis, con su cuadro febril y todo lo que acompaña a las anginas. Esa misma tarde, tuve que acompañar a S. y a A.jr. al CAP (Centre d'Atenció Primària), S. con síntomas de anginas y A.jr. con una especie de herida en la frente, donde arranca el cuero cabelludo. En el caso de S. se confirmaron nuestras sospechas, mientras que en el A.jr. se confirmaron las que tenía A.: un impétigo. Yo, que no me debo enterar de nada, pues según A. alguno de nuestros hijos ya había pasado por eso, no tenía ni idea de qué era eso. Se trata, al parecer, de una infección cutánea, muy común entre los niños (cuadra), muy infecciosa (cuadra, va al cole) y habitual en verano (¿cómo?). Esa misma tarde, Ma. y P. también fueron al médico, quien les confirmó el mismo diagnóstico: amigdalitis.

Pues nada, me convertí en el enfermero de S. (los mayores ya controlan, o deberían, sus dosis de antibiótico) y así empezó un nuevo día: el 22 de diciembre. Como había comprobado que cada vez más se conoce a este día como "El día de la salud" porque son mayoría a los que no les toca la lotería y se conforman con aquello de "más vale tener salud", y ante el panorama familiar, me había hecho ilusiones en que -este año sí- nos podía tocar la lotería. Bueno, al final no ha sido ni una cosa, ni otra. Si bien es cierto que a la nómina de enfermos, se añadió JP, que está con anginas desde el 22 por la tarde, eso no es suficiente como para que te toque la lotería. Que te toque como entendemos que es "tocar la lotería", porque me dijo A. que nos han tocado 120 €, que, teniendo en cuenta que hemos jugado algo menos de la mitad de lo ganado, algo es algo (aunque teniendo en cuenta el porcentaje, ya podría haber jugado 1.000.000 €).

El parte médico, a estas horas del día 24 de diciembre (Nochebuena) es el siguiente:

- A. ya se encuentra mucho mejor. Sigue con su tratamiento.
- Ma. parece encontrarse mejor, a tenor de su salida (y sobre todo su entrada a altas horas de la madrugada) de anoche). Sigue con su tratamiento.
- P. se encuentra mejor. Sigue con su tratamiento.
- JP se encuentra mejor (no tanto como los anteriores, porque también empezó más tarde) y sigue con su tratamiento.
- S. muy similar a A. Sigue con su tratamiento.
- El impétigo de A.jr. sigue con su buen aspecto. Sigue su tratamiento.

Cuando abro el frigorífico, me imagino el aspecto que debe tener la nevera de una farmacia, aunque, la nuestra contiene productos propios de esta época del año.

Quiero aprovechar la ocasión para, en nombre de toda mi familia, desearos una muy feliz y santa Navidad a todos, lo mejor para el próximo año y mi más sentida enhorabuena para los que todavía seáis seguidores de este blog.


PS Como he estado muy desconectado (es solo culpa mía), no os comenté que en el mes de junio falleció mi madre tras varios años de enfermedad, siendo los últimos meses bastante duros para ella. Os agradeceré que os acordéis de ella en vuestras oraciones. Muchas gracias 

jueves, 8 de junio de 2017

Cuando no te duermen

Esta entrada va a ser una mezcla de desahogo y consulta. El nacimiento de A. jr. (quién lo iba a decir), supuso que volviéramos a ser unos padres "primerizos" (quién lo iba a decir) porque muchas de las cosas que suelen pasar con los bebés las teníamos (al menos yo) olvidadas (quién lo iba a decir).

Es cierto que la pequeña tiene un montón de hermanos que nos ayudan mucho en su cuidado, vamos, que hay muchas manos y casi siempre encuentras una cuando vas un pelín desquiciado o exhausto. Aprovecho para decir que, sin duda, los que más ayudan con A. jr. son Q. y Ma. Sin embargo, existen situaciones en las que no puedes ni debes contar con la colaboración de los otros hijos. Y una de ellas es ... dormir por la noche. O dicho de otra manera que quizá se entienda mejor: cuando el bebé no duerme por las noches. Y ahora, una afirmación tan rotunda como cierta: desde que nació, la niña no ha dormido una sola noche entera. Lo que leéis, ¡ni una!. Alguno pensará que exagero, que es una forma de hablar escribir, pero no, de verdad, ni una sola noche entera. Como mínimo se despierta una vez. Y no creáis que se despierta diciendo "Mamá (o papá), tengo un poco de hambre, ¿podéis darme un biberón?", cosa que tampoco esperaba.

Conviene aclarar también que yo entiendo que cuando esté enferma, pase mala noche y llore, pero a lo que no llego es a lo que pasa, que llore cada noche (aunque solo sea una vez). El resultado es que, al acostarnos, ya dejamos preparado un biberón en la mesilla de noche para cuando se despierte enchufárselo y seguir durmiendo.

A., la pobre (es la que normalmente se despierta) siempre la excusa con un "Pobrecilla, deben ser los cólicos" o "le estarán saliendo los dientes" o "debe tener frío" o "debe tener calor" o ... Eso es amor de madre. Ya sé, todos, por nuestros hijos, estamos dispuestos (yo el primero) a ir de rodillas hasta el Everest, a tragarnos una bombilla, a apagar una vela con los ojos, a ver una película romántica o incluso a ver un Osasuna-Granada, pero a despertarnos, no. Para eso hay que ser un súper-hombre o una madre.

Entendéis ahora que os contara que me siento como un padre primerizo en situaciones como éstas (reconozco que ninguno de mis hijos ha sido un modelo de niño durmiendo, pero la juventud hacía todo más llevadero) y más cuando oigo a mi suegra diciéndome que eso nos pasa porque la maleducamos, que debemos ser más estrictos ... y quizá tenga razón, ya no sé.

Por lo demás, la niña está preciosa y muy graciosa (sé que es una opinión subjetiva, pero este blog todavía es mío, escribo lo que quiero) y sus hermanos y padres estamos encantados con ella. Y sigue creciendo en sabiduría y bondad.

Nota:- La foto de esta entrada la he encontrado en internet tras poner "niña guapa con mariposas de una app de teléfono móvil alrededor de la cabeza" en el buscador. Y lo cierto es que solo me ha salido una foto

sábado, 3 de junio de 2017

Lo que hay que aguantar

Como decíamos ayer ...

Pues eso, precisamente ayer, comía con mi amigo N. y le comenté que me estoy volviendo más insoportable ... que cada vez soporto menos situaciones. Y le ponía algún ejemplo: A mediodía, después de una provechosa mañana de trabajo en el despacho, me fui a Barcelona con los Ferrocarriles de la Generalitat de Catalunya (FGC). Saqué mi billete con descuento por Familia Numerosa de categoría especial y subí al primer tren que vino. Me bajé en la estación de Sarrià y al llegar al torno de salida, ya noté algo raro. Estaba lleno de interventores (lo que toda la vida hemos llamado revisores y que ahora -imagino que por el aumento de incivismo en los convoyes- brillan por su ausencia), cosa que no es normal y que a uno (que es más sabio por viejo que por otra cosa) le hizo sospechar. Introduje el billete y -como me temía- no se abrió, sonó una alarma y aparecía un mensaje que decía algo así como "Diríjase a un punto-no-sé-qué de la estación". Me acerqué a uno de esos interventores señalándole el billete y me dijo "¿Me enseña su carnet de pensionista?" Reconozco que se me pasó por la cabeza darle un guantazo a la vez que le decía "Tú sí que vas a tener carnet de pensionista, pero por incapacidad laboral", pero eso, solo se me pasó por la cabeza. Le dije que no, que yo lo que tenía era el carnet de Familia Numerosa ... y me pidió que se lo exhibiera. Después de mirarlo, me abrió el torno y me permitió salir de la estación. Cualquiera podría pensar que no hay nada malo en esto ... y seguramente tendrá razón, pero lo que me molesta es que por el mero hecho de ser familia numerosa, sacar un billete con descuento (que nos corresponde) y, sobre todo, por el hecho de que quizá haya gente que haga eso sin tener ese derecho, haga que pasemos a ser sospechosos y tengamos que destruir la presunción de culpabilidad.

Pues bien, si eso es poco, por la tarde-noche, para volver a casa, usé el servicio que nos proporciona el servicio de Cercanías (Rodalies en Cataluña, que hasta para eso somos diferentes) de Renfe. A la hora de sacar el billete con el descuento de familia numerosa, no se contempla la posibilidad de hacerlo a través de las máquinas expendedoras, sino que hay que pasar por taquilla. Me puse en la cola (pocas veces he visto mayor descoordinación en las colas) dispuesto a sacar mi billete. Tras 15' de cola (y dos trenes perdidos), me tocó mi turno. Saqué el billete y aproveché para preguntarle al empleado si tenían previsto algún día dar la opción de sacar el billete a través de la máquina. Me dijo que no, que no pueden controlar si quien lo saca tiene o no derecho a esa reducción en la tarifa. ¿Resultado? Otra vez lo mismo, los miembros de las familias numerosas discriminados porque otros pueden aprovecharse de una bonificación a la que no tienen derecho.

Y volviendo en el tren, se me ocurrió mirar Twitter y vi como una seguidora-a la que sigo (@MaruViguera) se quejaba de que había visto una casa de alquiler para pasar las vacaciones y, tras llamar para interesarse y decir que eran familia numerosa, sospechosamente dejó de estar en alquiler.

Alguno podría pensar que me quejo por tonterías, que hay cosas más importantes en la vida como para molestarse por esto y, claro, tiene razón. Pero eso no quita que, aunque sea de vez en cuando, nos quejemos un poco por el (mal)trato que en España recibimos las Familias Numerosas. Y no entro en esas lindezas que más de una vez te sueltan por ese mismo motivo. Solo citaré uno:

Estaba yo en el Ayuntamiento de mi ciudad solicitando información por el repentino (sin aviso previo) de la subida del recibo del IBI en un 65%. Me atendió una joven muy amable que empezó a buscar la causa de ese aumento. Cuando lo localizó, me dijo que era porque el Ayuntamiento había decidido eliminar una bonificación del 70% (en nuestro caso llegaba hasta ese porcentaje por el número de miembros que convivíamos en casa) para las familias numerosas, pasando a ser del 5% (que se iría incrementando si demostrabas unos ingresos tan bajos que -de verdad, no exagero- te hacían traspasar el llamado "umbral de la pobreza"). En definitiva -y me da igual que me llaméis xenófobo-, esas ayudas se las llevarían los inmigrantes magrebíes (en mi ciudad, son los acaparadores de la mayoría de las ayudas que existen). Cuando le dije a la chica que me atendía que no me parecía justo, me soltó un "no haber tenido tantos hijos" (no daba crédito, la verdad). Me controlé y solo le contesté algo como "Bueno, me parece que Vd. no es nadie para decirme qué debo hacer y que, el día de mañana, seguramente mis hijos pagarán su pensión". Evidentemente, hice una queja a un superior y me pidieron disculpas. Eso sí, la bonificación de la que gozábamos no ha vuelto, a pesar de las reuniones que a través de una Asociación de Familias Numerosas a la que pertenecemos, tuvimos con el Ayuntamiento.

sábado, 10 de diciembre de 2016

Port Aventura en invierno (o casi)

Shambalha
Ayer volvimos a Port Aventura toda la familia y M., la novia de P. Fuimos en dos coches, nuestra furgoneta y M. conduciendo su propio coche.

En 2008 ya pasamos un día en este parque temático por estas fechas (las otras veces, siempre ha sido en verano) y para todos aquellos que odien pasarse horas haciendo colas, es muy recomendable. Eso sí, olvidaos de las atracciones de agua porque, lo que se dice agradables, no resultan en esta época del año. Sin embargo, los responsables de parque serán cualquier cosa, pero tontos no. ¿Por qué? Pues porque la atracción "Grand Canyon" (de agua) sigue abierta a pesar de ser diciembre. Es cierto que mucho no se moja uno, pero sí lo suficiente para pasar un poco de frío ... si te da la gana. ¿Cómo que si te da la gana? Pues porque estos tíos -que permiten que por 0,50 € los más mala gente puedan disparar chorros de agua contra los que están "disfrutando" de la atracción- ponen a tu disposición un chubasquero, previo pago de 7,95 € y, si por lo que sea no te has comprado esa prenda, una sala-secadora por el módico precio de 2 € que intenta arreglar el desaguisado.

Llegamos -los 10- hacia las 11:15 h y P. se fue a Atención al Cliente a recoger las 9 entradas (A jr no contabiliza) que le regalaban como contraprestación a una queja que realizó tiempo atrás. Si hubiéramos pagado las entradas a su precio normal, nos habríamos gastado más de 300 €. La primera atracción era superar a esos empleados del Parque que están en los tornos de la entrada revisando las mochilas para que no se entre comida y que el quiera comer gaste (a un precio muy por encima del normal) su dinero en establecimientos del interior. Detectamos a un empleado poco celoso en esa tarea y hacia allí nos dirigimos todos. Prueba superada. Foto de familia ante un enorme árbol de Navidad y disgregación del grupo: los mayores por un lado y los viejos (los padres) con los pequeños por otro.

La primera anécdota del día no tardó en llegar. La protagonizó A. Había una actuación musical prevista para el público infantil. A nuestro lado aparecieron los jóvenes protagonistas de la actuación. Ellas, vestidas con purpurina  a gogó, tules, sedas y brillos, saludaban moviendo las manos efusivamente. Todas sus miradas se dirigían hacia mí. No lo entendía, pues yo no hice ni un solo gesto susceptible de ser contestado. Me giro y me encuentro a A. saludando y sonriendo como una niña (emocionada). Estoy convencido que es quien mejor lo pasó ayer.

S. se atrevió a subir conmigo al Dragon Khan, atracción que me dejó con el estómago revuelto el resto del día y que se me quitaran todas las ganas de subirme al Shambhala, que por lo visto es la bomba.

Comimos todos juntos con-el-picnic-que-nos-trajimos-de-casa (lo pongo así para que si algún responsable del parque temático me lee, se muera de rabia) y seguimos nuestro recorrido. A jr montó conmigo en una noria que llegó a alcanzar la terrorífica velocidad de 1,5 km/hora. Eso sí, debía subir conmigo (no podía ir con Q.) y calzada, lo que obligó a que todos nos esperaran a que se dejara poner unas botas-muy-monas que A. le había comprado.

Cuando ya visitamos todas las partes del Parque volvimos a juntarnos todos y los más mayores se subieron por última vez a esas mega-atracciones. "No sufras, papá, nos iremos antes de las 19:00 h (que es cuando cierran el Parque) y no coincidiremos con toda la aglomeración" A las 19:03 h salíamos por la puerta.

Es cierto que en verano se disfruta de todas las atracciones, que las de agua son muy refrescantes, pero la gran cantidad de gente que llega a concentrarse allí, hace que tengas muchas dudas acerca de qué época es mejor para visitar el Parque. La decoración navideña (un pelín kitsch) también lo hace muy atractivo.

Pegas:

- Excesivo consumismo (acrecentado esta época del año).
- No permitir hacer picnic traído de fuera en el Parque. Tengo serias dudas acerca de su legitimidad.
- Precios muy elevados (siempre he dicho que nosotros estamos fuera de mercado, pero aún así, me parece excesivo cobrar 3,95 € por un gofre con Nutella)
- Permitir usar lo cañones de agua a esos cretinos que disfrutan mojando a los que intentan disfrutar con la atracción del "Grand Canyon". He llegado a sospechar, sin temor a equivocarme, que persiguen que la gente compre el chubasquero o se seque en esa sala-secadora.
-Que cuando se acerca la hora de cierre del Parque, cierren algunos puntos, obligando a  todos a dar una vuelta enorme.

Ventajas:

- Ver a A. disfrutar como una niña.

miércoles, 5 de octubre de 2016

1004

Sí, sé que hace ya un tiempo (mucho) dediqué una entrada al ... ¿cómo llamarlo? ... hummm ... ¿Servicio de Atención al Cliente? de Orange. Fue un suplicio. Cambiamos de compañía y con eso -iluso de mí- pensé que habíamos solucionado el problema. Decidimos pasar todo a Movistar y cuando todo va bien -por evidente que parezca la afirmación- todo va bien. Peeeeerooooo, ¿y si tienes un problema?

Esta mañana, revisando las últimas facturas, me encuentro con uno de los problemas que siempre aparecen (al menos a mí me pasa), cada factura es un misterio porque no sabes lo que te van a cobrar. Da lo mismo que tengas contratados unos servicios por los que -en principio- te cobrarán siempre lo mismo. Ya sé que existe una variable que es el consumo: si llamas más, gastas más y por tanto la factura será más elevada. Pues, aún contando con esa variable, el misterio persiste.

En esta ocasión me he encontrado con que en una factura anterior se incluía un importe de 10,5993 € (deben ser los únicos que no usan decimales, sino que después de la coma ponen cuatro dígitos) bajo un concepto que dice así "Conceptos no incluidos en servicio Movistar (ver Anexo adjunto)" Por mucho que he buscado y rebuscado, no he sido capaz de encontrar ese Anexo adjunto. Ha sido entonces cuando -maldigo la hora que tomé esa decisión- he decidido llamar al 1004 (ya sabéis, oficialmente, el Servicio de Atención al Cliente). Es como una carrera de obstáculos, con el agravante de que al otro lado no hay un humano, sino una máquina ( a veces, es preferible). Cuando ya he tecleado varias veces el número 1, el número de teléfono para el que hago la consulta y he dicho con voz alta y clara "consulta sobre mi factura", ha empezado el calvario. Una voz que me ha indicado que me pasaban con un comercial (falsa esperanza que te dan), para añadir que "el tiempo estimado de espera es superior a 3 minutos" (no es una mentira en toda regla porque aunque tardaran 365 días en atenderte, es cierto, es superior a 3 minutos). He aguantado 6 minutos oyendo una música que, al rato, os lo aseguro, acabas odiando con mensajes intercalados de ánimo ("Gracias por permanecer a la espera. En breves momentos, esperamos atenderle"), para acabar colgando sin ser atendido. Al rato, lo he vuelto a intentar. Esta vez he estado algo más de 12 minutos con idéntico resultado y peor estado de ánimo, provocado -estoy seguro- por esa música.

Navegando por la web de Movistar he descubierto la posibilidad de hacer una reclamación. Selecciono el tema (factura) y me dirigen a un formulario al que hay que dedicar algo de tiempo, pues, entre otras cosas, te piden el número de factura sobre la que quieres reclamar. Cuando acabo de rellenarlo, explicando detalladamente el tema y aprovechando para criticar el servicio del 1004, clico el botón "Finalizar" y la pantalla se vuelve blanca con un único mensaje escrito que dice "Error". No cabe la posibilidad de volver atrás, ni de recuperar lo que ya había escrito.

Algo más molesto, decido intentar nuevamente una llamada al 1004. Pero esta vez, mientras tengo el teléfono en la oreja, aprovecho para trabajar un poco (me ha dado tiempo a redactar una demanda, interponer cuatro recursos ante el Tribunal Constitucional, leerme un artículo doctrinal acerca de la inimputablidad y un diario digital), así que los 12 minutos de espera no han sido infructuosos.

No sé muy bien por qué, acudo nuevamente a la página web para redactar esa reclamación anteriormente eliminada. Completo todos los pasos y, antes de darle a "Finalizar", opto por copiar el texto del motivo de la queja. Aprieto en "Finalizar" y ... Eiiinnnnnnn, error. No sé cómo será el llanto y rechinar de dientes, pero debe parecerse mucho al estado en el que he entrado. He cogido el teléfono y, compulsivamente, he marcado el 1004, lo he marcado tantas veces, que una voz me ha dicho que el número 100410041004100410041004100410041004100410041004100410041004100410041004no existe.

En un alarde de imaginación, he marcado el 1004, pero en lugar de decir que quería información acerca de mi factura, he esperado a ser atendido por un comercial. Tampoco. Cuando esa maldita voz ha empezado a decirme que "el tiempo de espera es superior a tres min.." he colgado. Nuevo intento de llamada, esta vez diciendo que quiero contratar un nuevo servicio ... ni por esas.

Otro día será