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miércoles, 18 de diciembre de 2013

De partos y demás dolores

Estaba yo pensando (y esperando material gráfico) en escribir mi próxima entrada sobre la actuación de Ma. (es que el título de Madre de Pantoja se me ha quedado pequeño), cuando leo un comentario de MadreYMas en el que me muestra su extrañeza por no haber hecho un extenso comentario a su entrada sobre roturas de aguas en partos con el argumento de que habiendo tenido 6 hijos esperaba algo más. Después -lista que es- dice que ya me ha dado una idea para un post. Pues nada, a pesar de que fue A. la que tuvo los partos, seré yo quien cuente cómo fueron éstos, lo que yo recuerdo de ellos. Antes de empezar, unos cuantos avisos al (desprevenido) lector:

1) Nunca, en ninguno de los partos, rompí aguas.
2) Los dolores fueron, al menos para mí, llevaderos
3) Nunca pedí la epidural
4) Siempre he parido en hospitales de la sanidad pública
5) Eso de que el parto llega en cualquier momento es cierto.

Empezaremos por orden cronológico y así será todo más sencillo:

Ma. (19 de mayo. 15:30 h aprox)

Era nuestro primer embarazo y por tanto todo era novedoso. Tanto que se dio aquella situación que tanto me marcó y que me prometí que nunca más la volvería a vivir. A. ha sido muy tardona en todos sus partos (o nuestros hijos unos comodones que apuraban al máximo en el seno materno), por lo que estaba deseando que naciera. Ya habíamos probado todo: caminar mucho (creo que fue la época de mi vida en que he hecho más kilómetros), beber cava (hasta que me enteré que eso era una tontería de una amiga de A.), etc. Lo cierto es que un día A. dice que tiene contracciones y que son de parto. Preparamos la canastilla (expresión que solo he usado 6 veces en mi vida) y nos fuimos corriendo al hospital. Al llegar nos dirigimos al mostrador de Urgencias y ...

Aclaración previa al chistecito: En catalán, "parto" y "parte" se dice igual, "part"

A. dice "Venim de part" . Estaba yo pensando en que la enfermera nos preguntaría "De part de qui?" ("¿De parte de quién?") cuando nos hace pasar a una sala (de monitorización). Después de unas cuantas horas y una comprobación de la dilatación, nos mandaron para casa. Fue una falsa alarma. Y yo ahí, con la canastilla a cuestas volviendo hacia el coche ... Nació pocos días después.

P. (10 de octubre, sobre las 10:00 h)

No es que fuéramos unos profesionales, pero algo de experiencia ya teníamos, por lo que no se repitió la escena de la falsa alarma. Y no se repitió porque me puse algo borde, que si por A. fuera habríamos vuelto a caer en el mismo error. La culpa, como siempre, de los niños. P. fue tan tardón en salir que lo hizo el mismo día señalado por el médico para provocar el parto. La madrugada del jueves al viernes, A. tuvo bastantes contracciones, pero no me vio muy por la labor de ir al hospital. Además, como el viernes era el día D ... Bien tempranito nos plantamos en el hospital y avisamos de nuestra llegada. La enfermera dijo "Ah, sí, que tienen hora para el parto, ¿no?" "No, que vengo de parto", dijo A.

Ya en la sala de partos, recuerdo cómo P. salía y volvía a entrar. No entendía nada, aunque lo peor era ver las caras (parte de ellas porque llevaban la boca y nariz tapadas por las mascarillas) de comadrona y enfermeras. Al final resultó que traía unas vueltas de cordón. Eso sí, el tío pesó 4,4 kg

Ese parto me resultó más complicado porque tenía yo una especie de gripe intestinal. Recuerdo cómo con alguna visita en la habitación yo me iba al baño a vomitar. Lamentable.

Mi. (7 de diciembre. 19:00 h)

Lo único en lo que yo le insistía a A. es que pariera el día 7 porque no hacía puente y tenía una reunión a la que no me apetecía nada asistir. Y la pobre me dio ese capricho. Como entonces íbamos "de guais" y teníamos "la parejita", decidimos no querer saber el sexo de la criatura hasta el momento del parto. Así sería emocionante. Lo que más recuerdo de Mi. no es el parto en sí, sino nuestra llegada a casa con Ma. con 3 años y 7 meses, P. con 2 años y 2 meses y Mi. llorando como un descosido. 

Q. (19 de abril. 18: 00 h aprox.)

Era un viernes y yo estaba en Bilbao de viaje de trabajo. Cuando A. me llamó para decirme que se ponía de parto, llamé a la secretaria y consiguió anularme el billete de vuelta y sacarme otro para el vuelo de las 14 horas. En el aeropuerto de Barcelona  cogí un taxi y corriendo al hospital. Recuerdo estar llegando y ver a A. que llegaba en ese mismo instante en compañía de su madre. Pudimos entrar juntos.

JP (11 de septiembre, a la hora de comer)

Acabábamos de mudarnos a nuestra actual casa. Y cuando digo "acabábamos" lo digo en el más literal de los sentidos. El día antes habíamos acabado la mudanza y nos habíamos ido a dormir a casa de mis suegros porque nuestra casa olía mucho a pintura. Los otros 4 niños estaban todos colocados en casas de familiares y amigos. Por la mañana, antes de ir al hospital, A. decidió que pasáramos por nuestra nueva casa y preparó los uniformes y materiales de los niños que al día siguiente empezaban un nuevo curso. Estaba yo más nervioso que ella.

S (3 de octubre, de madrugada)

Fue el único que le dio por nacer a horas intempestivas. La pobre A., tras mucho insistir, consiguió que me levantara y nos fuéramos al hospital. Yo siempre le decía que no quería volver a pasar por el ridículo de Ma. (rencorosillo que es uno), pero con éste no hubo otra alternativa. ¿Ya he dicho que no quería volver a hacer el ridículo, no? Pues bien, el destino me tenía preparada una buena jugarreta.

Tras pasar por la sala de monitorización y comprobar que ya había dilatado lo suficiente, nos hacen pasar a la sala de partos y para ello me entregan esa bata verde, gorrito y zapatillas (o cubre-zapatos) del mismo color. La enfermera que me lo da me pregunta si es el primero y yo le contesto que no, que es el sexto. "Uhhhhh (grito), entonces ya eres un profesional y sabes cómo va esto", mientras me entrega esas prendas. "Claro", contesto yo con un insoportable aire de suficiencia. Cuando entro en la sala de partos noto como una enfermera me mira raro "No sé, no habrá visto nunca a un padre de familia numerosa tan apuesto como yo", pensé. Y luego A. también me mira mal. "Pobre, en este trance es normal que tenga mala cara", pienso. Al poco rato noto que el gorro me aprieta demasiado y que los sesos están a punto de salir por las orejas cuando se me ocurre hacer un comentario sobre ello. En ese momento, aquella enfermera que me miraba raro, dice "Es que te has puesto una de las zapatillas como gorro. Eso, señalando el "gorro", va en los pies y aquello, señalando una de las "zapatillas", en la cabeza". Pues eso, que para ser un profesional no está nada mal la metedura de pata. Ah, ¿y no querías no hacer el ridículo? ¡Toma!

Bueno, espero que MadreYMas, que tiene nerviosita a toda la blogosfera, esté satisfecha. Mucho ánimo, que ya queda muy poco.

viernes, 15 de noviembre de 2013

Llevar o no gafas

Una intrascendente conversación que mantuvimos ayer varios conocidos fue la que me dio pie para escribir esta (intrascendente) entrada. Estábamos allí unos cuantos cuando uno de ellos comentó que "suerte que me he traído las gafas" y así podría leer un texto con un tamaño de letra realmente pequeño (y más teniendo en cuenta de que no era un contrato de suministro). A partir de aquí -ya os podéis imaginar- la conversación giró en torno a la vista y se pudieron escuchar las siguientes perlas: "¿Las tuyas son progresivas?", "¿Qué tienes?", "Astigmatismo y miopía", etc.

Bueno, entre los asistentes (todos por encima de los 40 y alguno de los 50) había un auténtico campeón (el de la miopía y el astigmatismo). Como fui yo el que le hizo la pregunta y por su respuesta me pareció que había tocado un tema delicado, intenté arreglarlo con otra pregunta de esas que no se piensan nada y, una vez formuladas, te das cuenta de que ha sido peor el remedio que la enfermedad:

Yo: Bueeeeno, pero tú has llevado gafas desde siempre, ¿no? (como si eso fuera un atenuante)

A-M (Astigmatismo y Miopía): ¡No, qué va!, empecé a llevar gafas a los 24 años

Yo: Ahhh

Y aunque ya no me atreví a preguntar nada más, él siguió con su explicación

A-M: Sí, y ahora tengo una prótesis en el ojo

Reconozco que al oír eso mi sorpresa fue mayúscula (como las únicas letras que imagino es capaz de leer)

Yo: ¿Una prótesis?

A-M: Sí, es de silicona y está para evitar que haya un desprendimiento de retina, aunque seguramente provocará que más adelante tenga cataratas.

La cosa se animó y los demás (curiosamente todos con gafas) explicaron sus cuitas ópticas.

Se hizo un silencio y varios de los allí presentes me miraron (jajajaja, "me miraron") como interesándose por mi vista. Entonces les conté que yo había llevado gafas porque ... os cuento:

Tendría yo unos 15 ó 16 años. Recuerdo perfectamente estar sentado en la mesa de la cocina de casa de mis padres. Desde ahí podía ver el calentador del agua y, no sé por qué, me quedé mirándolo tapándome primero un ojo y después el otro. De repente, y con cierto susto, descubro que con uno de ellos (el derecho concretamente) veo mucho peor. Me alarmo y vuelvo a mirar con los 2 ojos y me tranquilizo porque veo bien. Se me ocurrió comentárselo a mi madre y me llevó al oculista y ... lo típico. Me siento en un taburete y empieza a ponerme imágenes con letras cada vez más pequeñas. Yo, que siempre me había considerado un lince (por mi vista), descubrí con horror que cuando me tapaban el ojo izquierdo había letras que no era capaz ni siquiera de intuir.

Al acabar, el médico pronunció esa palabra: astigmatismo. "Y, ¿qué es eso?", pregunté. Él me contestó: "Para que lo entiendas. ¿Verdad que el ojo es redondo?" Asentí con la cabeza y concluyó con un "Pues tú tienes una patata" Otro mito destrozado. Siempre, las amistades (femeninas) de mis padres y las familiares (tías o gente mayor) y alguna que otra niña me habían dicho que tenía unos ojos preciosos y este tío, en unos segundos, me destrozó diciéndome que uno de ellos era una patata. Azul, pero una patata. Después me dijo que debía llevar gafas y que, con ellas, no se solucionaría, sino que se estabilizaría, que no iría a más.

Como el astigmatismo solo me afectaba un ojo le pregunté al oculista que cómo serían las gafas (listo que es uno) y me contestó que uno de los cristales sería graduado y el otro no. Es entonces cuando me asaltó la duda de si llevar monóculo. Me parecía muy interesante llevar un cristal redondo atado a una cadena en un bolsillo del pantalón, ponérmelo para leer cualquier cosa y, sobre todo, mostrar mi sorpresa ante cualquier cosa abriendo más ese ojo lo que provocaría que cayera el cristal, pero al estar atado por una cadena no llegaría hasta el suelo y quedaría colgando con movimientos pendulares. Evidentemente, descarté la idea.

Así que estuve llevando gafas durante unos años (unos 12 aprox.) hasta que me cansé (no la vista, sino yo) y decidí volver a ser el de siempre. Eso sí, esa época en la que llevé gafas ha servido para que mis hijos se rían más de mí cuando ven alguna foto en la que aparezco con ellas.


viernes, 10 de mayo de 2013

Eindhoven, 7 años ya

Plaza en la que se reunían los
 sevillistas antes del partido
Hoy se cumplen 7 años (¿ya?) de aquella Final de la UEFA disputada en Eindhoven y que significó el primer título europeo del Sevilla FC.

Como ya he contado por aquí en alguna ocasión, yo tuve la suerte de asistir a esa gran final gracias a la inestimable colaboración de este amigo mío. No recuerdo muy bien cómo empezó la cosa, pero lo cierto es que salió la oportunidad de viajar a Eindhoven y, sin pensármelo mucho (más bien nada) acepté. Mi amigo me conseguía 2 entradas y el resto corría de mi cuenta. 

El primer dilema era saber con quién viajaría yo. Descartados cualquiera de mis hijos (no estaba asegurado un lugar en el que dormir y Ma. tenía entonces 10 años y P. 9), contacté con mi hermano P. que vivía entonces cerca de Sevilla (ahora lo hace en Sevilla mismo) ejerciendo su ministerio sacerdotal. Tampoco pegaba mucho que me acompañara. Al final me decanté por uno que conocía virtualmente a través de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) donde yo era tutor de unos estudios y él estudiante de otros, pero que coincidíamos en un foro donde discutíamos a menudo. Lo único que nos unía era nuestra afición por el Sevilla y en lo demás, la verdad, es que las diferencias eran grandes, llegando a ser abismales en determinados temas. Era un tipo peculiar. Baste como ejemplo sus ideas separatistas combinadas con ser seguidor del Sevilla. Sí, lo sé, raro, raro ...

Una vez aceptó la invitación, y hechos los preparativos, quedamos en el aeropuerto de Barcelona el mismo día del partido a una hora muy temprana. Allí cogimos un avión destino Amsterdam y desde allí, en tren, hasta Eindhoven, ciudad famosa, entre otras cosas, por ser la sede de la compañía Philips, patrocinadora del equipo local, el otrora potente PSV Eindhoven.

Llegamos a eso del mediodía y aquello era ya un hervidero de aficionados de uno y otro equipo: Sevilla y Middlesbrough, un equipo inglés que por aquellos años, al igual que el Sevilla, vivía su época de esplendor en sus más 100 años de historia). No obstante, la sensación (y la realidad) es que había más aficionados sevillistas que no ingleses.

Comimos en un centro comercial y de allí nos dirigimos al aeropuerto porque -vais a alucinar- yo no tenía las entradas. Nos las debía entregar un contacto de mi amigo en el Sevilla (de hecho era un contacto en el Sevilla de un contacto en el Barça). Después de alguna llamada telefónica, confirmamos la hora de llegada de su vuelo y allí le esperábamos para que nos entregara las 2 entradas. Como en las pelis, "llevo una americana azul y corbata de color ..." Yo, "yo llevo una gorra del Sevilla" Ya, debes ser el único, debió pensar este tipo.

Visitamos un poco la ciudad (lo más importante lo ves en unos minutos), pasamos por la plaza en la que se convocaba a los sevillistas y nos dirigimos al estadio. ¿Nombre del estadio? ¡Exacto, Philips Stadium! Después de hacer unas cuantas fotos y acabando la ceremonia inaugural se me acabó también la batería de la cámara, así que ésta fue la última foto que pude hacer.

Ceremonia inaugural
El partido resultó ser un paseo para el Sevilla que conquistó su primera Copa de la UEFA con un contundente 4-0. Se desató la euforia entre una afición poco acostumbrada a ganar títulos. De hecho, yo nunca había visto a mi equipo ganar nada. Fue el principio de una época inolvidable para el Sevilla, que desde entonces y en poco más de 15 meses ganó otra Copa de la UEFA, Una Supercopa de Europa, una Supercopa de España y una Copa del Rey. ¡Y yo estaba allí! Claro, que entonces era un chaval de 38 años y por eso me lancé a la aventura, acompañado de un tipo al que casi no conocía, sin lugar donde dormir, sin las entradas en el bolsillo hasta pocas horas antes del partido ...

Guardo un gran recuerdo de aquel viaje a Eindhoven. ¿Qué? ¿Que al final dónde dormimos? Pues ... hummm, lo intentamos en la estación de tren, pero la policía desalojó la terminal y ... ¡dormimos en la calle! Pero, como decía, uno era joven (solo tenía 5 hijos) y por su equipo uno hacía lo que fuera. Eso sí, llegué a casa reventado y con un sueño ..., pero ¡habíamos ganado!

lunes, 21 de enero de 2013

Me gustan las chuches

O las golosinas, o como las llaméis. Y estoy convencido que eso le pasa a la mayoría de los adultos, aunque muchos de ellos lo nieguen.

De todos es conocida esa situación que se da en las "tiendas de chuches" en las que un tipo de cierta edad entra solo, coge su preceptiva bolsa de plástico y empieza a llenarla con unas pocas de éstas, otras de éstas, y de éstas y ... hasta que considera que tiene suficientes (o que no es plan gastarse tanto dinero en eso). Se va a la caja para que le pesen la bolsa y le cobren y -la mayoría de las veces sin que nadie le diga nada- dice aquello de "Es para los niños" mientras una medio sonrisa le hace poner cara de bobo. Sí, a mí también me pasó.

Ahora es distinto, ahora parece estar asumido que las chuches son un producto destinado al gran público, consumido por personas cuya franja de edad va desde los 3 años hasta los 99 y, por tanto, ya no son necesarias esas justificaciones. Todavía recuerdo, cuando trabajaba en aquella Sociedad de Valores, que algunos días, después de comer, íbamos mi amigo A. y yo a una de esas tiendas situada dentro de unas galerías comerciales cercanas a nuestro trabajo y llenábamos alguna bolsa (cada uno la suya) con tan preciado producto. Yo ponía alguna más y siempre les llevaba alguna a mis hijos. En esa ocasión, acompañado de A., habría quedado peor esa justificación. O no, que uno ya no sabe.

Como todo el mundo, también tengo mis chuches favoritas, claro está. Cuanto más gominola sea (y menos natural, si es que hay alguna que lo sea), más me gusta. Me gustan las nubes



Me gustan unos caramelos de sidral de los que he sido incapaz de encontrar una fotografía en internet (lo cierto es que tampoco encuentro esos caramelos en las tiendas y mis hijos me lo han recordado en más de una ocasión)

Me gustan encantan los gatos de regaliz 


Y mato por dos tipos de chuches:

- Las que aparecen en la palma de mi mano en el encabezamiento de este post (en casa las llamamos supositorios de regaliz o regalines y yo, a veces -y no sé muy bien por qué-, pistolines) y que al comerme unos cuantos (en sentido figurado porque, en realidad, me he comido muchos) antes de escribir esta entrada me ha dado pie (aunque estuvieran en la mano) a escribirla.

- Y las que conforman el fondo de la página principal de mi blog y que no tengo ni idea de cómo se llaman. Cuando empecé el blog y buscaba una plantilla para el mismo (sí, ya lo sé, no me maté mucho) cogí ese fondo, no solo porque hablaría de una familia con niños y resultaba muy adecuado, sino porque (y sobre todo) esas chuches eran de mis favoritas. De hecho, hace ya muchos años, cuando vivía en casa de mis padres y mi hermano N. (del que según MadreYMas estoy celosillo) era un niño, lo enviaba a una tienda que había al lado de casa a comprar ese tipo de caramelos. La tienda en cuestión era una charcutería (no me preguntéis por qué vendían esos caramelos en una charcutería) y usando una jerga familiar, les llamábamos "caramelitos de la charc", aunque "charc" había que pronunciarlo con un acento muy americano, muy parecido a "shaaark".

Por cierto, N. cumplió 40 años el viernes y el sábado lo celebramos por todo lo alto con vídeo de felicitaciones de familiares y amigos preparado por su mujer y en el que uno de mis hermanos (ya he empezado los trámites de "deshermanamiento") se marcó una felicitación bailando el Gangnam Style.

lunes, 1 de octubre de 2012

Operación bikini y efeméride

Esta mañana, antes de desayunar, me he pesado. Según me ha dicho A. es el momento en que hay que hacerlo y, a partir de ahora, caso de seguir con esta costumbre, habrá que hacerlo cada semana a la misma hora. Pues eso, que si un lunes ya es de por sí un poco complicado, desde ahora puede ser aún peor ... o no.

Lo primero que hice tras pesarme fue preguntarle a A. si la báscula que hay en el cuarto de baño (¡qué tontería!, no me pesaré en la de la cocina o en la Thermomix) funciona bien. "Sí" fue su escueta respuesta y mayúsculo mi susto. Resulta que peso ... ¡82,5 kilos!. Cada vez más cerca de Ronaldo (el agnóstico, no Cristiano) y con miedo a empezar a ser señalado por la calle.

Una vez repuesto del susto, he hecho lo que imagino no debe hacerse en la vida: he ido a internet y he buscado mi peso ideal. En el buscador he puesto algo así como "peso y altura". Tras descartar "Peso y altura de Angelina Jolie", "Peso y altura de Lady Gaga", "Peso y altura de Beyoncé", "Peso y altura de Sara Carbonero", "Peso y altura de Shakira" y antes de que apareciera "Peso y altura de Cristóbal Montoro" he entrado en alguna de esas páginas que (parecía) me iban a solucionar mi duda. Introduzco mi peso (82 Kg, porque no acepta decimales) y mi altura (1,78, si es que no he menguado, que todo puede ser). Al poco me aparece un mensaje que me dice "Querida, tienes un sobrepeso que raya la obesidad. Consulta a tu médico" ¿Cómo que "querida"?.Compruebo que he entrada en una página "de mujeres" y varío los patrones de la búsqueda introduciendo "Peso y altura hombres". Sí, ya lo sé un crack y dando argumentos a algún bloguero para preparar una entrada sobre "búsquedas", pero ... Lo peor de todo es que el resultado ha sido casi idéntico al anterior si exceptuamos el iniciar la frase con un "Querida", vamos que tengo sobrepeso. Como soy de aquellos que prefiere profundizar en el tema y no quedarme con la primera de las respuestas, opto por una segunda opinión y cambio a una página web que habla de "masa corporal" "¡Cómo mola eso de "masa corporal" y qué científico suena!. El resultado ... no lo entiendo, me insiste en que me sobra peso, pero aparece en porcentajes y bastantes decimales. Demasiado para el cuerpo (¡vaya!, ni a propósito habría encontrado una expresión más acertada).

Encuentro otra página web en la que aparecen unas tablas (no hace falta introducir dato alguno) y el resultado vuelve a coincidir: existe sobrepeso. Aquí, al menos, encuentro un atisbo de optimismo porque se descarta una obesidad severa y una obesidad mórbida. Algo es algo. Lo que no he llegado a entender es que si aparece la altura y el peso ¿cómo es capaz de diferenciar entre pequeño, mediano y grande? Si uno mide 1,78 no es pequeño, mediano o grande, será solo una de estas categorías, ¿no?

Al final he conseguido adivinar que me sobran entre 6 y 8 kilos (10 como máximo), así que habrá que ponerse manos a la obra. Vaya palo.

No sé por qué me he alargado con esta introducción porque de lo que quería escribir es de una efeméride que ha pasado desapercibida para la mayoría (incluso para mí) y que no es otra que el sábado este humilde blog cumplió 2 años. Aaaaay, parece que fue ayer y ... ¿no te estoy diciendo que hace ya dos años?, ¿a qué viene esa tontería de que "parece que fue ayer ...? Pues eso.

Lástima que tal acontecimiento quedara relegado a un segundo plano por la actuación (perdón, la actuación fue la de Cesc) del árbitro del Sevilla-Barcelona. Mateu Lahoz nos robó 3 puntos importantísimos porque le dio la real gana. Si alguien ha visto las imágenes (no hacía falta ver todo el partido), cuando el Sevilla ganaba 2-1, el árbitro decidió expulsar a Medel con roja directa por un supuesto cabezazo a Cesc que solo él debió ver. Cesc, mal actor y peor persona (recordemos que ha sido el único jugador capaz de sacar de sus casillas al tranquilo Kanouté llamándole "moro de mierda") aprovechó para llevarse las manos a la  cara y tirarse al suelo. En el minuto 88, aún con 2-1 en el marcador, Thiago se lleva un balón con la mano (en esta ocasión lo ve todo el mundo, menos Mateu Lahoz) en una jugada que acaba en gol. Y para acabar, cumplido el minuto 90, el árbitro decide alargar el partido 5 minutos, lo que aprovecha el Barça para meter el tercero.

Sé que no debería molestarme por estas cosas, hay que asumir que todo está montado para que los dos "grandes" se disputen, no solo el dinero que en concepto de derechos televisivos roban al resto de equipos, sino los títulos en juego, pero ....

lunes, 25 de junio de 2012

Las enfermedades de los niños

Hace ya unas semanas que empezaron los primeros avisos. Las bajas se sucedían en la clase de S. y sabíamos que tarde o temprano caería él también. Y así ha sido. El último día de curso ya no pudo ir a clase porque los granos que aparecieron no dejaban lugar a la duda: la varicela llegó. Ahora, el pobre, parece un saco de arroz. A. dice que es tan bueno que ha esperado a acabar el curso para ponerse enfermo y como esta semana no hay ni colegio, ni curso de verano ... Si todo sigue su curso normal, la semana que viene (cuando empiece el curso de verano), S. volverá al colegio.

Esta enfermedad -la sexta varicela que vivimos en casa- me recuerda a los primeros años de Ma, nuestra primera hija y cómo, en una especie de viaje a través del túnel del tiempo, volví a recaer en enfermedades que creía olvidadas. De todas ellas, la que más recuerdo sin duda es una amigdalitis que me dejó fuera de combate durante unos cuantos días.

Cuando era pequeño, ésta, junto con las otitis, eran mis más comunes y odiadas enfermedades. La que nunca olvidaré (y no sé por qué) es una amigdalitis (tampoco sé por qué la llamo ahora así, cuando en casa, toda la vida la hemos llamado anginas) que tuve cuando iba a 1º de BUP (Curso 1982-83). Me cogió en plena época de exámenes trimestrales e hizo que pasara mucho miedo, porque el profesor de Historia me hizo llegar un mensaje "tranquilizador" a través de un hermano. Decía que no debía preocuparme, que cuando me recuperara me haría un examen oral a mí solo. ¡¡¿Que no debía preocuparme?!! ¡¡¡Un examen oral!!! No sé si fue una broma -de mal gusto- pero al final me hizo un examen escrito.

Bueno, os decía que gracias a Ma. volví a sufrir una amigdalitis después de muchos años sin ella. Le comenté al médico que hacía mucho tiempo que no las tenías y me preguntó si había niños pequeños en casa. Con la respuesta afirmativa se confirmó el origen de mi "antiguo-nuevo" mal.


jueves, 26 de abril de 2012

Dos tonterías

Hoy volvemos con una de esas entradas tontas (iba a decir que tanto gustan, pero mentiría) porque si sigo contando cosas como vengo haciendo en los últimos días, la gente va a dejar de leerme. Y con toda la razón.

Esta mañana oía en la radio el inicio de una entrevista que le hacían a un taxista que se quejaba de la crisis (¡cómo no!) del sector y ante la primera de las preguntas -no recuerdo exactamente cuál era- él contesta "Sí, llevo 34 años en el taxi". Lo primero que pensé fue "¡Jó, cómo debe tener las piernas!" Pues esta tontería me ha llevado a recordar otras dos, también absurdas, pero mucho más graciosas. Ambas se desarrollan en Sevilla y las contaba mi madre.

La primera de ellas se la contó, si no recuerdo mal, una tía suya que trabajaba en el Ayuntamiento de Sevilla. No sé qué año era, pero sí que hace ya mucho. Al parecer, una persona intentaba entrar en la Casa Consistorial por la tarde y comprobó que la puerta estaba cerrada. En ese momento pasaba por allí una persona y el que intentaba entrar en el Ayuntamiento le preguntó "¿Sabe si no trabajan por la tarde?" y el otro, muy guasón, le dice "No, cuando no trabajan es por la mañana, por la tarde ni vienen".

La otra que contaba mi madre tiene como escenario un estanco que lo atendía una mujer muy resabiada y muy cursi. En aquella época existía un tabaco que se llamaba "Goya". Apareció un hombre y dijo "Un Goya", a la vez que dejaba sobre el mostrador unas monedas. La dependienta, muy cursi ella, dice "¿Un paquete de tabaco?" Y el otro le suelta "No, si le parece me da un cuadro por cuatro perras".

Ahora que leo lo escrito, veo que no tiene ninguna gracias, pero si se lo oyerais contar a mi madre, os moríais de la risa.

Hoy ha sido también un día intenso (y lo que queda) aunque tengo buenas sensaciones, sobre todo con una conversación con un amigo que me ha animado mucho y puede fructificar en inmediatas colaboraciones en el sector de las tecnologías, eso sí, desde el punto de vista jurídico. Y mañana dos encuentros más. Y la semana que viene, más.

Por cierto, hoy también he recibido un correo electrónico de una lectora de este blog que me daba unas muy buenas ideas. Muchas gracias.

martes, 3 de abril de 2012

Frases de mi madre

Nosotros que tenemos hijos de todas las edades y los mayores ya están algo creciditos, somos testigos directos de la depravación en el uso del lenguaje que, si no fuera porque nosotros también hemos sido jóvenes y hemos usado inadecuadamente el idioma, me atrevería a pronosticar su inminente desaparición. Este abuso es común tanto en el español como en el catalán (que también es español, pero bueno ése es otro debate).

Solo hace falta oírles hablar para darse cuenta de ello. No sé si fuera de Cataluña se usan las mismas expresiones, pero aquí está muy de moda (se lo he oído decir también a JP y S, aunque el que más la usa sin duda es Q.) la expresión "zasca". Tras un detallado estudio de ésta, puedo concluir que vendría a ser el "toma corte" que se usaba en nuestra época. Un ejemplo podría ser el episodio vivido con la Mossa d'Esquadra y explicado ayer cuando, comentando el ingreso en prisión de mi cliente (tranquila Carmen, ya explicaré este asunto), le digo que "se le ha ido la pinza" y ella contesta eso de "Sí, la próxima vez que se lo piense mejor" y yo le suelto aquello de "no, a la Juez, se le ha ido la pinza a la Juez". Si hubiera estado presente alguno de mis hijos, habría soltado un sonoro "zasssscaaaaaa".

Bueno, me estoy yendo por las ramas porque yo quería escribir sobre alguna de las famosas frases usadas por mi madre y que ya forman parte de la historia familiar. Vamos, imagino que como en todas las familias. Alguna de las más conocidas son:

- Un caló forahtero (un calor forastero): Esta frase la usaba mi madre cuando, por ejemplo, aparecías en pleno mes de febrero en manga corta. Ella, al verte, te decía "Niño, ¿qué hase así?".  Cuando contestabas aquello de "Es que hace calor", inmediatamente decía "Sí, claro, un caló forahtero". Al final, evidentemente, solías acabar con un jersey puesto.

- Ni al casó la manteca (Ni al que asó la manteca): Se usaba como respuesta ante una ocurrencia (normalmente extravagante) de otro. Ejemplo: "Niño, ¿qué hasen todah ehtah monedah en la lavadora?" "Nada, es que quería que se limpiaran". "Eso no se le ocurre ni al casó la manteca"

- Contar frailes (idem): Respuesta que daba mi madre cada vez que salían de casa (a una reunión del colegio, a casa de unos amigos ...) y no quería dar explicaciones. "Mamá, ¿adónde vais? A contar frailes, que dicen que falta uno"

- Como un perro balduendo (idem): Usaba esta expresión cuando llegabas tarde a casa y al preguntarte dónde habías estado contestabas aquello de "Nada, dando una vuelta con los amigos". "Como un perro balduendo, ¿no? Anda, pasa, pasa"

- Aperreá (aperreada): Expresión que utilizaba para demostrar su cansancio. Tras un intenso día podía decir "Ehtoy aperreá".


- Pesa máh qun moro ahogao (Pesa más que un moro ahogado): Es una medida de peso. Cuando algo pesa mucho, pesa más que un moro "ahogao". Recuerdo de niño haberle preguntado su significado y me dijo algo así "Niño, tú timahina lo que eh sacar a un moro del agua, con toa esas ropah."


- El moro Musa (El moro Muza): Yo creyendo que se trataba de un personaje ficticio y resultó ser real e histórico. Solía utilizar este nombre cuando algo desaparecía, aunque no misteriosamente (o sí, pero solo para un niño). "¿Dónde está (lo que sea)? Lo tendrá el moro Musa"


- Pueh ni patah ni alah tiene (Pues ni patas ni alas tiene): Cuando no encontrábamos algo, un jersey por ejemplo, nos decía "Ya puedes estar buscándolo, pues ni patah ni alah tiene"


Como habréis podido deducir -aunque no esté muy logrado su acento-, mi madre es sevillana, de esas con un acento muy gracioso que todavía conserva.


Es ya muy tarde para una BSO, así que habrá que esperar, aunque ya os adelanto que no quedan muchas.


viernes, 30 de marzo de 2012

¿Cuánto costará el cine?

La entrada de hoy es de esas que a medida que la vas escribiendo te vas arrepintiendo de ello por sentirte, no ya mayor, sino viejo.

Esta mañana guardaba dos billetes de 5 euros en mi cartera y, pensando en su valor en pesetas (ya no lo hago muy a menudo, pero hoy, no sé por qué, sí) me han venido varios recuerdos de mi infancia relacionados con el dinero. El primero de ellos es de cuando Primogénito y yo fuimos un año solos   a la feria que se montaba en nuestra ciudad por la Fiesta Mayor y, entre atracciones y tómbola, nos gastamos 500 Ptas. No recuerdo exactamente la edad que teníamos, pero estaría entre los 12 y 13 años. Lo que sí recuerdo es la bronca que recibimos en casa al llegar, cómo nos mandaron a la cama castigados y cómo mi abuela (vivía con nosotros) vino a nuestro dormitorio a escondidas de mis padres para mimarnos un poco. Después de decirnos que debíamos ser menos derrochones y hacerle prometer que no lo haríamos más, no se le ocurrió mejor cosa para animarnos que decirnos que en su época, con 500 Ptas. te comprabas una casa. Lejos de animarme, me hundió un poquito más y me hizo sentir el ser más manirroto sobre la faz de la Tierra.

El otro recuerdo monetario es de mi Primera Comunión (ahí sí que me acuerdo, corría el mes de mayo de 1975). Antes de ir a la Parroquia llegaron a casa varios familiares y uno de ellos -delante de todo el mundo- me llamó y me dijo "Paterfamilias (era un visionario), ven para acá" y abriendo su cartera sacó un enorme billete verde de 1.000 Ptas y me lo dio. Me sentí el niño más rico sobre la faz de la Tierra.

El último de los recuerdos es de una tarde de fin de semana en el Club de Tenis del que éramos socios. Mientras los niños practicábamos deporte o jugábamos a cualquier cosa y los padres jugaban a tenis, las madres estaban en el Club social (el edificio del Club) hablando sin parar. Esa tarde, no sé muy bien por qué, estaba yo por ahí y las madres hablaban de la carestía de la vida. Es entonces cuando oí a mi madre decir lo siguiente "Sí, sí que está todo muy caro. A este paso, cuando nuestros hijos quieran ir al cine, tendremos que darles 1.000 Ptas" "¡Qué exagerada eres!", dijo alguna y, enseguida, replicó "¿Que no? Ya verás, entre el cine y algo para un frankfurt ... ya verás" Pasado el tiempo, cuando ya iba al cine, me acordaba de mi madre y puedo decir que se quedó corta en sus predicciones.

No sé exactamente lo que cuesta el cine ahora, pero me imagino que una entrada no bajará de 6 € (ya tenemos las 1.000 Ptas.), así que si además quieres tomarte algo, la cosa se dispara.

¿Qué cantidad debo yo vaticinar para mis hijos?

Como ya os adelanté hace unos días, acabaré mi repertorio de BSO y después ya veremos si seguimos o no. Para hoy os tengo preparada el tema de la película "Barry Lindon", película que no he visto, pero cuya música oí por primera vez cuando era pequeño y me encantó.




miércoles, 21 de marzo de 2012

¿Leyenda urbana?

Cuando vivía en casa de mis padres existía un sonido muy peculiar que se repetía cada equis tiempo. Era un sonido similar al que hacen unas canicas cuando, al caerse de una bolsa, golpean el suelo. Mis hermanos y yo estábamos convencidos de que era el vecino de arriba (un gran tipo, pero que en el reparto de coordinación llegó tarde, muy tarde, vamos debió ser el último) al que constantemente se le caían las dichosas bolitas de cristal.

Pero no se caían todas a la vez, se le caía una, o quizá dos o tres, pero siempre de una en una, de tal manera que el ruidito era siempre el mismo, ya sabéis: clinc ..................clinc ........clinc ....clinc ..clinc..clinc, cliiinc, cliiiinc, cliiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiinc y aquí empezaba a rodar.

Fue pasando el tiempo y -cosas de la naturaleza- nos íbamos haciendo mayores. El mundo iba cambiando a nuestro alrededor a un ritmo vertiginoso, al mismo ritmo que cambiábamos nosotros. Pero el ruidito seguía. Esa inmovilidad ante tanto cambio (pensad que nuestro vecino, aun tratándose de un ser descoordinado, también crecía), nos llevó a plantearnos la posibilidad de que aquel sonido (tan familiar a base de repetición) quizá tuviera otro origen. Como los orígenes eran diversos y todos ellos gozaban de gran credibilidad, no nos atrevimos a zanjar el tema con una única conclusión. Podríamos decir que el ruidito de las canicas alcanzó el grado de "leyenda urbana", reducido al ámbito familiar, pero leyenda al fin y al cabo.

El tiempo siguió pasando y llegó el momento de abandonar el nido familiar e iniciar junto a A. nuestro común proyecto de vida y amor ... perdón, ¿que alguien se ha perdido? ... estaba diciendo que llegó el momento en que me casé y me fui de casa. Y lo mismo hizo el vecino de arriba y ... ¡el sonido desapareció!, como si se lo hubiera llevado el vecino consigo. ¡Pues claro que se lo llevó!, fue irse él y desaparecer el ruidito. Como decía, me casé y pasé a vivir en mi nueva casa. Vamos por la tercera casa desde entonces y os puedo asegurar que aquel ruidito no lo he vuelto a oír a no ser que a alguno de nuestros hijos se le caiga una canica (clinc ..................clinc ........clinc ....clinc ..clinc..clinc, cliiinc, cliiiinc, cliiiiiiiiiiiiiiiiinc) por lo que casi 20 años después tenemos las siguientes premisas:

- El clinc ..................clinc ........clinc ....clinc ..clinc..clinc, cliiinc, cliiiinc, cliiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiinc solo se oía en casa de mis padres.

- Coincidió en el tiempo en el que aquel vecino vivió en el piso de arriba.

- No he vuelto a oír ese ruidito nunca más

Por tanto, puedo concluir que no se trataba de una leyenda urbana, sino que era nuestro vecino de arriba.

Gracias A. por hacer que nos acordáramos de ti tan a menudo.


Volvemos a los dibujos animados y a Disney-Pixar en la BSO de hoy. Concretamente lo hacemos con uno de los temas de la película "Monsters SA". Aquí tenéis:





jueves, 23 de febrero de 2012

Hablando griego


Ayer estuvimos en el colegio de Ma. asistiendo a la enésima reunión de colegios de los niños correspondientes a este curso. Como el año que viene empieza ya el Bachillerato (nos hacemos mayores A.), el motivo no era otro que informarnos acerca del funcionamiento de estos dos nuevos (y últimos) cursos escolares, así como de la orientación universitaria de sus estudios.

Los que no estéis metidos en este fregao, no os podéis imaginar lo que ha cambiado esto. En mi época era mucho más sencillo: cuando llegabas a 3º de BUP elegías entre "Ciencias", "Letras" o "(Letras) Mixtas", que no era otra cosa que Letras con Mates. Ahora, en cambio, las posibilidades son hacer un Bachillerato "Científico", "Artístico", "Social" y "Tecnológico", creo recordar. Como siempre, existen unas asignaturas comunes que se cursarán obligatoriamente con independencia del Bachillerato que se haga y después múltiples posibilidades de combinar asignaturas en función al sentido que se quiera dar a los estudios teniendo en cuenta la orientación universitaria de cada uno/a.

Finalmente, se nos habló de la puntuación a tener en cuenta de cara a elaborar esa tan temida media que servirá para ver si se alcanza la nota de corte en la Facultad en la que se quiera uno matricular. Para ello, como siempre, se tendrá en cuenta la media de 1º y 2º de Bachillerato y -cómo no- la nota del examen de Selectividad o PAAU.

Toda esta introducción es para situaros en el tema que quería tratar hoy y que no es otro que un recuerdo que me vino a la cabeza de mis últimos años escolares. Ayer, de pasada, se mencionó que existiría la posibilidad de cursar la asignatura de "Griego" siempre y cuando existiera un número mínimo de estudiantes matriculadas, concretamente cinco. Me acordé de que en mi época (yo no me matriculé de esta asignatura, sino que hice Matemáticas) los alumnos que hacían Griego no paraban de escribir "nombres" en ese idioma. O al menos eso creían ellos. La situación era la siguiente:

- Hola Paterfamilias, voy a escribir tu nombre en griego.

- Ah, ¿sí?

- Ahí va: Pateruamilias (y se quedaba tan ancho)

Entonces, llegados a este punto, intentaba explicarles que eso no era mi nombre en griego, que en todo caso era la grafía de mi nombre escrito según el alfabeto griego o con grafía de este alfabeto. Normalmente no me entendían (o no me explicaba bien) y solía acabar la conversación con un "No, tío, esto es griego". Y punto.

Nada mejor que un ejemplo para entenderlo. Cogemos una palabra en dos idiomas y la "traducimos" al griego. El resultado debería ser una sola palabra en lengua helena. Pues no, siguiendo esa teoría de mis compañeros del colegio, surgirían dos palabras "en griego", o tres si cogiéramos tres palabras para "traducirlas". Veamos: 

Español                                           Inglés                                      Griego

  Mesa                                              Table                                 Mesa / Table

¿Veis?. ¿Cómo es posible que una misma palabra pueda escribirse de dos formas distintas?

Perdonad la tontería, pero ayer me acordé de estas absurdas discusiones durante la reunión del colegio.

Apuntaba ayer mi mentor tomae, de forma muy acertada, que en la entrada de ayer habría quedado mejor hacer una excepción y, en lugar de una BSO, colgar una canción de Nena Daconte como homenaje a su valentía. Tiene razón y más vale tarde que nunca, así que aquí la tenéis:


                          

domingo, 22 de enero de 2012

Vuelos por trabajo

No sé por qué, pero el otro día me acordaba de aquella época en la que me tocaba viajar relativamente a menudo. La mayoría de estos viajes era en avión, salvo cuando me tocaba ir con el Director General de la empresa que, por su miedo a volar, me "convencía" para ir en coche (otras veces no me convencía y él salía la noche antes en tren, mientras yo cogía el avión a primera hora de la mañana).

La mayoría de las anécdotas de aquella época se me han olvidado, pero recuerdo perfectamente el submundo que formaban los viajeros de cualquier vuelo. Todos lo vuelos que hice eran nacionales y salvo alguno, el destino era el mismo: Madrid. Aun siendo el mismo destino, cada viaje era distinto ya fuera por el horario o por cualquier otra circunstancia. Sin embargo, todos ellos tenían elementos comunes.

Recuerdo perfectamente a aquellas personas que cuando el avión tomaba tierra ya se desabrochaban el cinturón de seguridad y preparaban todo su "equipaje" (normalmente una cartera de mano) para ser los primeros en desembarcar. Llegué a pensar que había un premio para el primero que abandonara el avión. En una ocasión, viajando con un compañero de trabajo, al llegar al mostrador, la empleada de Iberia (uy, acabo de hacer publicidad) me hizo la clásica pregunta de "¿Pasillo o ventanilla?". Cuando contesté "ventanilla" (como siempre) mi compañero me dijo "¿Qué dices, no ves que serás de los últimos en bajar del avión?" Lo que os decía, nunca llegué a entender esa obsesión por ser de los primeros. Por cierto, me gustaba sentarme al lado de la ventanilla para, cuando no estaba dormido, poder ver el paisaje (de noche solo podía ver las luces de la ciudad de destino, pero seguía gustándome esa posibilidad).

En una ocasión en la que debía ir con un compañero de trabajo a Burgos. Cogimos un avión con destino a Bilbao y allí alquilamos un coche para ir a la ciudad castellana. Como la mayoría de mis viajes era de un único día y, al acabar la última de las reuniones en Burgos, nos fuimos rápidamente a Bilbao. Creíamos que no llegábamos a coger el avión de las 21 horas, pero lo conseguimos. Sin embargo, cuando estábamos en la cola para embarcar, nos informaron que una avería en el motor del avión haría imposible su despegue. Decidieron alojarnos en hoteles de la ciudad. Al parecer daban una habitación para cada dos pasajeros y, a pesar de ir con un compañero de trabajo (por lo menos lo conocía), no me hacía mucha gracia esa solución. Mi compañero demostró ser una viejo zorro en estas lides y habló con la señorita que asignaba hoteles y le dijo "Nosotros no tenemos prisa, así que nos quedamos de los últimos a cambio de que nos dé una habitación individual a cada uno de nosotros" Y aceptó. Otra vez esa obsesión de ser de los primeros.

Si el prototipo de pasajero de vuelos de puente aéreo a Madrid era un personaje encantado de haberse conocido, muy preocupado de su aspecto externo, cuando viajabas en Business Class esta sensación se multiplicaba por cien. Hubo una época en la que una multinacional financiera suiza absorbió la sociedad para la que prestaba mis servicios y como quiera que la imagen corporativa era para ellos muy importante, decidieron que los vuelos serían en esa clase. Hago un inciso para comentar que nunca entendí esa obsesión porque cuando viajábamos no llevábamos una plaquita (tipo mormón) con el nombre de la compañía, por lo que nadie sabía que éramos de tal o cual empresa. La mayoría de empleados estábamos encantados. Yo, al principio, no tanto, pero no era por otra cosa que por desconocimiento de ese mundo. Ahora bien, fue empezar a hacer viajes en esa categoría y, la verdad, mi imagen de los vuelos cambió radicalmente. De entrada, al llegar al aeropuerto y antes de embarcar, podías ir a la Sala Vip del aeropuerto, donde tenías todo tipo de servicios a tu alcance. Podías comer y beber lo que quisieras, todo tipo de prensa, conexión a internet (cuando no era tan fácil como ahora) y -muy importante también- unos lavabos muy limpios de uso exclusivo. Y si bueno era en tierra, imaginaos durante el vuelo. Recuerdo unos asientos espaciosos y un servicio exquisito -abrumador diría- para cada pasajero. Un día en el que me dormí -¡qué raro!-, cuando desperté vino una azafata y, aunque ya habían pasado antes, me ofreció algo para comer. Me trajo una tarrina de helado enorme que me comí muy a gusto.

Como casi todo lo bueno, enseguida te acostumbrabas a ese nuevo "estilo de vida", así que cuando se acabó eso de viajar en Business resultó más incómodo de lo habitual eso de volver a hacer colas o esperar en los bancos del aeropuerto.

A pesar de no echar de menos aquello, a veces me acuerdo de aquellos tiempos y, sobre todo, de determinada fauna que por allí circulaba.

Hoy os pondré la BSO de "Hook", una película que pasó sin pena ni gloria y que -absteneos mal pensados- nada tiene que ver con la entrada de hoy. El autor de la música de esta película es un grande, John Williams.




viernes, 30 de diciembre de 2011

A mi abuelo lo mataron

Desde hace unos días oigo hablar acerca de la supresión de la Ley de Memoria Histórica, esa especie de norma que elaboró el anterior gobierno y que no hizo otra cosa que reabrir heridas que ya estaban cerradas o a punto de hacerlo.

Eso me ha llevado a escribir la historia de mi abuelo materno, historia que la mente de un niño vive de una forma especial y que, el hecho de que mi abuela materna conviviera con nosotros, ayudó a mantenerla viva.

Mi abuelo se llamaba como yo (lo sé, es más correcto decir que yo me llamo como él) y era maestro, como mi abuela, su mujer. La palabra "maestro" significaba algo más que lo que entendemos hoy por profesor y más en las poblaciones no excesivamente grandes.

Poco tiempo antes de estallar la guerra civil mis abuelos se encontraban en Fuenteovejuna (compruebo en la página web de su Ayuntamiento que es Fuente Obejuna, aunque parece aceptarse ambas formas) como maestros de su escuela. Según nos contaron siempre, mi abuelo era muy simpático y con un carácter muy abierto lo que, como se verá más adelante, en alguna ocasión le causó algún problema. Si bien políticamente no se había destacado en exceso, mi abuelo era considerado de derechas, entre otras cosas por asistir a Misa los domingos.

Cuando la situación estaba muy convulsionada, mi abuelo, su familia y algunos más, estuvieron un tiempo escondidos en un cortijo cercano a esta población. Durante el día se escondían en la Sierra, quedando allí las mujeres y los niños. Allí llegaban los rojos pidiéndoles que les dijeran dónde estaban los hombres, que lo mejor era que lo dijeran o si no los matarían delante de ellas.

En una ocasión, junto con otro compañero decidieron ir hasta Córdoba, que en aquel entonces era ya territorio nacional, pero mi abuelo desistió porque no se atrevía a dejar a su mujer sola con una niña pequeña y embarazada de otra (mi madre). Al poco, volvieron al pueblo.

Una tarde en la que el telegrafista estaba de guardia, mi abuelo le pidió a mi abuela que le preparara un poco de café y lo pusiera en un termo porque tenía previsto acompañar un rato a su amigo el telegrafista. Mi abuela le desaconsejó ese plan alegando que llevaban ya unos días con excesivo revuelo, no solo a nivel nacional, sino también en Fuenteovejuna. Aun así, mi abuelo estuvo con el telegrafista varias horas y cuando, ya de noche, decidió volver a casa, se pasó por el Ayuntamiento con la excusa de preguntar acerca del cobro de la ayuda de habitación (un extra que recibían los maestros por aquel entonces y que, dadas las circunstancias, llevaba cierto retraso). Es preciso señalar que en las poblaciones no excesivamente grandes, los Ayuntamientos no seguían un horario a rajatabla, por lo que no era del todo atípico que quisiera pasarse por allí a esas horas. Al llegar al Ayuntamiento se encontró con que había mucho movimiento, pudiendo observar incluso cómo los que allí mandaban entonces introducían armas en la Casa Consistorial. En ese momento, alguien le preguntó que qué hacía allí, a lo que él, con cierto miedo en el cuerpo contestó que quería saber algo acerca de aquella ayuda. Enseguida uno de los que estaba metiendo armas le dijo que "vendría para lo que hiciera falta, ¿no?". "Sí, sí, claro, contestó él". Sin embargo, insistieron y le dijeron que querían ese "compromiso" por escrito, a lo que él, sacando una tarjeta de visita escribió en el dorso "se pone a disposición de este Comité" (frase con inequívocas connotaciones políticas y, concretamente, de uno de los bandos de la contienda). Y ahí quedó la cosa. No le contó nada de eso a mi abuela.

Pasaron los meses y los nacionales avanzaban hacia el pueblo. Cuando ya era más que evidente que lo tomarían, hubo mucho trasiego en el Ayuntamiento, eliminando multitud de documentos comprometedores para cualquiera de sus habitantes. Una persona tomó en sus manos la tarjeta que meses atrás había firmado mi abuelo con la intención de romperlo (como se había hecho con todos los anteriores), cuando una mano le frenó obligándole a entregarle ese documento. Al parecer, la persona que cogió esa tarjeta de visita con la maldita inscripción dijo "Esto para rajarlo" y quien la frenó contestó "Eso déjalo ahí, si no quieres que te rajemos a ti". Y añadió "Algo habrá que justificar, ¿no?". Así se lo confesó a mi abuela, días más tarde el conserje del Casino, testigo directo de los hechos y persona a la que le impidieron quemar la tarjeta de visita, como se había hecho con tanta documentación de tanta gente. 

Parte de la familia de mis abuelos se desplazó a Fuenteovejuna con la tranquilidad de que la población había sido tomada por los nacionales.

Cuando se consumó la toma de Fuenteovejuna por parte de los nacionales, encontraron ese documento y al día siguiente, estando mi abuelo en la plaza del pueblo con su brazalete blanco (eso distinguía a quienes eran partidarios de los nacionales), se le acercó un joven falangista preguntándole si era fulanito de tal, a lo que él contestó, que sí, que era él. En ese momento, el niñato le arrancó el brazalete y le dijo "Vente conmigo". Y se lo llevó al Ayuntamiento. Cuando la familia fue alertada de ello, un familiar de mi abuelo se acercó hasta el Ayuntamiento para interesarse por él y allí le dijeron que no estaba allí, que estaba en el calabozo. Al día siguiente, se volvió a acercar a llevarle un poco de desayuno y allí le dijeron que no hacía falta, que lo habían trasladado a Granja de Torrehermosa. Y allí lo fusilaron. A este familiar le entregaron su brazalete blanco y el paraguas que llevaba el día de su detención. Tenía 28 años, una hija de poco más de 1 año y su mujer embarazada de su segunda y póstuma hija. En su certificado de defunción la causa de la muerte era "Heridas de guerra".

Únicamente fusilaron a dos personas de Fuenteovejuna, mi abuelo y una chica de 18 años cuyo único "delito" había sido participar en una manifestación y, en el momento de pasar ante la casa de un conocido cacique, gritar "Muerte a ...."

Mi abuela se fue a Huelva, donde vivía un hermano suyo y donde accidentalmente nació mi madre, pues con todo lo vivido, se había descontado hasta el punto de que nació cuando ya tenían comprados los billetes para desplazarse a Sevilla.

Poco después regresó a Fuenteovejuna y allí conoció el resto de la historia. El joven que evitó la destrucción de la tarjeta de visita comprometedora para mi abuelo, resultó ser el hermano pequeño de una chica con la que mi abuelo había tonteado durante el tiempo que estuvo de maestro en una pequeña escuela de Sevilla. En aquella época, mi abuelo y mi abuela ya eran novios, estando mi abuela de maestra en Huelva. Al parecer, mi abuelo era un poco mujeriego y junto con un amigo, salieron con unas chicas. La familia de esta chica creyó que se casaría con mi abuelo, cosa que en ningún momento se le pasó a él  por la cabeza. Es más, cuando salían por ahí, la mayoría de las ocasiones, este chaval les acompañaba "de carabina", contando en aquella época con 10 años o poco más.

Mi abuela nos contaba esta historia de vez en cuando y siempre concluía, con los ojos empapados ya en lágrimas, de la misma manera: Al cabo de unos meses, coincidió con el capellán que le asistió en sus últimos momentos y le dijo que recordaba perfectamente a aquel joven maestro de Fuenteovejuna que, poco antes de morir, hizo una confesión general y murió como un santito, con una gran paz. Lo único que repetía era "¿Pero yo qué he hecho?"

Esta tarde he llamado por teléfono a mi madre para que me refrescara algún pasaje de esta historia y me ha contado que está convencida que su padre le ayudó a superar el cáncer de mama que le fue diagnosticado hace pocos años. Me decía que le dijo "Ya que en vida no me pudiste cuidar, ocúpate ahora"

Para acabar deciros que hace un tiempo Primogénito contactó con una persona que se dedicaba, dentro del marco de la Ley de Memoria Histórica, a recoger datos de maestros asesinados por los nacionales. Mi hermano le envió una carta explicándole la historia y ... ¡nunca recibió respuesta! Está claro que para esta ley existían diferentes categorías de muertos.


miércoles, 28 de diciembre de 2011

Renault 12 familiar

Hace unos días, Primogénito me enviaba una foto a través de Whatsapp en la que aparecía un Renault-12 familiar y que iba acompañada de un texto que, más o menos, decía así: "¡Qué recuerdos! Una idea para una entrada en tu blog" Imagino que la foto la había tomado a su llegada a Buenos Aires y, así es, me trajo muchos recuerdos.

Soy incapaz de recordar con exactitud el año, pero estoy seguro que era muy a finales de los años 70 cuando mi padre compró el Renault-12 familiar. Era de un amarillo como el de la foto y llamaba la atención porque en la parte de atrás tenía dos pequeños asientos que, en lugar de estar orientados hacia adelante, lo estaban hacia atrás. Al principio todos queríamos montarnos allí, pero, comprobada su incomodidad (eran más pequeños de lo normal y los pies quedaban a la misma altura que el culo), las peleas eran por no ocupar cualquiera de esos dos sitios, quedando desde entonces "reservados" para los más pequeños. 

Eran otros tiempos y entonces en un coche cabían muchas personas, pero muchas es muchas. Imaginad entonces lo chulo que era eso. Sin necesidad de comprar una furgoneta (las típicas Volkswagen puestas de moda por los hippies y por un personaje de Cars, la película de Disney), podías transportar a tu familia de un lado a otro en un utilitario. En aquella época, no existían sillitas especiales para que los niños pudieran viajar en coche, ni siquiera había cinturones de seguridad (era obligatoria su utilización únicamente para circular por carretera o autopista) en los asientos traseros, así que podéis imaginar que en cualquier coche cabían fácilmente cinco o seis niños en el asiento de atrás de cualquier vehículo. Nosotros íbamos 8 personas "muy cómodamente": mi padre conducía, mi madre a su lado, en el asiento de atrás (o en medio) nos sentábamos 4 niños y detrás, los 2 más pequeños en esos asientos. Años más tarde nació mi hermana pequeña, pero ya entonces rara era la vez en la íbamos todos juntos y si era el caso, nos apretábamos y ya está.

Mi padre -ya os comenté que es catedrático de Física- nos dijo que su matrícula  (B-1530-CL) sería conocida por nosotros como "Boro, 3 y media, Cloro" y que eso sería un secreto entre nosotros, una especie de lenguaje en clave que solo nosotros seríamos capaces de entender. Por eso, el día que le comenté eso a un amigo, me llevé una importante bronca de Primogénito por desvelar semejante "secreto familiar". Recuerdo también cómo mi padre nos contaba que había comprado ese coche porque hacía años lo había visto en una feria (imagino que del automóvil) en Francia y cómo le impactó que estuviera expuesto cortado por la mitad a lo largo. ¡Qué cosas!

No sé los años que duró ese coche, pero el siguiente que compró fue un Renault 21 en un ataque de fidelidad a la marca que acabó con la compra del siguiente vehículo. Lo más curioso de mi padre (o al menos lo más me llamaba la atención) es que los coches los compraba al contado, no pedía un préstamo para su adquisición. Con el paso del tiempo, cuando fui yo el que empezó a comprar coches, he hecho lo mismo, y eso que uno de lo coches no fue de segunda mano.

La BSO de hoy es de una película que en su día me gustó mucho, no solo por la música, aunque hay que reconocer que ayudó mucho. Se trata de "Los chicos del coro" y el tema es "Vois sur ton chemin" y la música de la película la compuso Bruno Coulais.



Nota: Hoy, día de los Santos Inocentes, es un día especial en el que pedimos a todos aquellos niños y niñas a los que no les dejan nacer, que se acuerden de nosotros. Esperemos que algún día acabe esta lacra que es el aborto y que aniquila millones de vidas en el mundo.