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sábado, 9 de mayo de 2020

El confinamiento ya no es tan divertido

Así queda una pantalla de una televisión cuando
 recibe el impacto de una pala de ping pong
Antes de que alguno me salte a la yugular tras haber leído el título de la entrada, aclarar que el confinamiento nunca ha sido divertido, nunca. Lo que pasa es que la fatiga ya empieza a hacer mella en alguno de nosotros. Es lo que tiene que seamos tantos (nunca me acuerdo de contar a los hamsters entre los confinados), que cuando no es uno (o unos), lo es otro (u otros) y así vamos tirando.

Lo que me ha animado a escribir esta entrada es contaros el detalle con el que nos ha "obsequiado" uno de nuestros hijos: El pasado jueves, me encontraba con A. hablando de no sé qué cuando apareció uno de ellos y muy serio me dice "Ha pasado algo". Su gesto y su tono no presagiaba nada bueno.

- ¿Qué ha pasado?, pregunté.

- La tele, la tele ... se ha roto. Se me ha escapado la pala de ping pong y ha golpeado la tele y ...

- ¿Y?

- Se ha roto.

Fui al salón a ver qué significaba exactamente ese "se ha roto" y pude comprobar lo que podéis comprobar vosotros mismos viendo la foto que ilustra esta entrada.

Esta tele la compramos en enero de este año, aprovechando una súper oferta de una conocida red de establecimientos que hace años se dio a conocer con una campaña publicitaria que, en resumen y a sensu contrario, llamaba tonto a todo aquel que no compraba ahí cualquier electrodoméstico. Tiene 55" y las partidas de la Play se ven (veían) de maravilla.

Recordé que, en el momento de pagar, me propusieron (y convencieron) contratar un seguro aparte del de garantía, así que miré en la carpeta de electrodomésticos y allí, junto a la factura, estaba ese seguro. Llamé al teléfono de Atención al Cliente y la chica que me atendió me pidió que le explicara qué es lo que había pasado. Como buenamente pude se lo expliqué, resaltando que había sido un accidente. Me pidió que rellenara el formulario que me enviaría por correo electrónico y junto con la factura y una fotografía del televisor se lo enviara por ese mismo medio. Y así lo hice. Como suele ocurrir en estas ocasiones, el fin de semana llega enseguida y hace que todo sea más incierto, al no tenerse noticias al respecto.

No sé si lo cubrirá el seguro porque tal y como está redactado, cabe una interpretación y la contraria. así como que las opciones que recogía el formulario era el de la avería, daños por agua (lo llego a saber, la mojo y digo que la tenía fijada en la pared de uno de los cuartos de baños en el que el mismo jueves empezó a caer agua del techo por una fuga del vecino de arriba), daños en el transporte, daños por caída y ... por accidente, pero dentro de los anteriores apartados. No sé qué pasará.

Alguno puede pensar que tampoco es para tanto (y seguramente tendrá razón), que hay cosas más importantes y que -de momento- todos gozamos de buena salud. Y es cierto, pero no os imagináis la rabia que da.

Estos días de confinamiento hemos aprovechado para ver más películas que nunca y seguir series como nunca antes habíamos hecho. Pues bien, no os podéis ni imaginar lo de escenas que transcurren en el vértice superior izquierdo de la pantalla. No sé si existen estadísticas al respecto, pero os puedo asegurar que hay un montón. Y las partidas de la Play ... pues ni lo intentamos.


lunes, 27 de abril de 2020

Nuestro confinamiento

Yo debo ser un tío muy raro porque, la verdad, no se me está haciendo tan largo (dentro de lo que cabe) el confinamiento. No sé si ayer u hoy cumplimos 40 días y si tenemos en cuenta que es lo que dura una Cuaresma, ¿qué queréis que os diga?.

Hay que remontarse a la primera decena del mes de marzo cuando en un arrebato me dio por pintar el pasillo, tras haber cambiado unas fotos que colgaban de la pared. Empezó la movida del coronavirus (entonces nadie la llamaba Covid-19) y -llamadme previsor o adivino- se me ocurrió decirle a A. que era mejor hacer la compra en Carrefour en lugar de Mercadona, porque en el primero también tienen pinturas y, claro, nunca se sabe. Pues eso, compré varios botes de pintura para las puertas. Y pinté. Y pinté 9 puertas. Al acabar, me sentía como Forrest Gump cuando le dio por correr y decidí pintar un mueble de Ikea de la cocina (ya era blanco, pero necesitaba vida), el mueble de un baño (éste era de color madera y mi querida A. decidió que fuera turquesa con acabado tiza), la cama de Ma y A. jr y un plafón de madera que forra la mitad de la pared del office. No satisfecho con eso, se me ocurrió pintar la entrada. Como ya había pintado el pasillo y el color era el mismo ...

Algo en mi interior me empujaba a seguir pintando. Imagino que algo así debía sentir Miguel Ángel cuando se enfrentó a la Capilla Sixtina y tampoco era plan desperdiciar ese impulso. Entonces, en pleno furor artístico, se me ocurrió pintar de blanco la puerta de la entrada. Esta puerta también era de color madera (muy feo, por cierto), por lo que tuve que lijarla previamente (a mano) y como se me había acabado la pintura, localizar una droguería y desplazarme a comprar pintura selladora y pintura acrílica en cantidad suficiente para dar 2 capas.

Cuando las agujetas parecían ser algo habitual, y el genio seguía en mi interior, opté por pintar el office de la cocina y los techos de la entrada y del pasillo ... y de los dos cuartos de baño ... y con dos capas al de nuestro dormitorio (previamente, con masilla, había tapado una grieta que lo atravesaba de lado a lado) ... y ... el cuarto de Ma y A. jr Aquí hay que hacer una pausa para decir que si bien es la estancia más pequeña de la casa, la dificultad era mayúscula por lo difícil que resulta acceder a determinados rincones. He tenido que hacer auténtico contorsionismo, jugándome la vida incluso, para poder pintar una esquina con un pie en la escalera, el otro en un mueble, un rodillo en una mano y una brocha en la otra. Esta vez aproveché lo que me quedaba de pintura de esa habitación y como no llegaba para pintarla entera como Dios manda, es decir, con sus dos capas de rigor, rebajé el color añadiéndole blanco y ... no ha quedado mal.

Pensaba que ya había acabado (las musas habían decidido abandonarme) cuando -esta vez "animado" por A., me dio por pintar la habitación de P. y Mi. y ya puestos la de Q., JP y S. Cuando pensaba que la falta de pintura era un argumento de peso para no seguir con mi frenética actividad, A. se ofreció para ir a esa droguería y comprar 2 botes de 4 l. de pintura color -agarraos- "ceniza" (para los hombres que me leen, es como un gris un tanto azulado, vamos que parece lila claro). Pues nada, ya tenía el material y no había excusa. Ayer acabé de pintar esas dos habitaciones.

No sé si alguno de vosotros ha pintado alguna vez, pero lo jodido de todo esto no es pintar, es preparar todo (enmasillar, lijar, poner cinta para que la pared no se pinte de blanco cuando pintas el techo y después, poner cinta en el techo para que no se pinte del color de la pared), mover muebles (imaginaos lo que es mover una litera de 3 o una tabla que hace las veces de mesa de estudio para 3) y el típico "ya que estamos, vamos a tirar cosas, ordenar esto un poco y limpiar ... ¡qué digo limpiar, parece que desinfectes una estancia! Y todo esto con 8 personas más en casa. De verdad que es muy complicado, que lo de Miguel Ángel no fue nada comparado con esto. Dadme a mi una Capilla Sixtina sin muebles (recordad una litera de 3) y os hago una maravilla.

Todavía me queda por pintar el lavadero y si el genio vuelve a surgir, me pongo con la terraza, la cocina y el salón (espero que no). Como este confinamiento va para largo, tengo miedo de que me dé por cambiar de color lo ya pintado.

Aquí tenéis el color ceniza
Y aquí lo que es una litera de 3





lunes, 10 de junio de 2019

Las piscinas de Lourdes

Santuario de Lourdes
Hace justo un año, mi hijo P. y yo nos fuimos a Lourdes en compañía de mi amigo J. y su hijo A., el cual, a pesar de ser 5 años mayor que P., mantienen una gran amistad. La idea era pasar allí el fin de semana. Busqué por internet un alojamiento y encontré uno en Airbnb muy céntrico y que no estaba mal de precio. Como al final salimos algo más tarde de lo previsto, cambiamos la ruta y, en lugar de atravesar los Pirineos, fuimos por autopista. El itinerario es mucho más largo (tienes que llegar hasta Toulousse y después ir bajando hasta Lourdes), pero mucho más seguro para conducir de noche y algo más rápido. Paramos en un área de servicio próximo a Girona para merendar y cenamos pasado Toulousse. Durante el camino P., que se defiende con el francés, llamó a Helio (pronúnciese con acento francés) para avisar que llegaríamos algo más tarde de lo previsto, no fuera que, ante nuestra tardanza, pensara que ya no íbamos a ir y se le ocurriera irse a dormir y dejarnos en la calle. Por fin, a eso de las 12 de la noche, llegamos a nuestro destino. Echamos unas risas y a dormir.

El sábado por la mañana lo dedicamos a visitar el Santuario y sus alrededores y por "recomendación" de mi amada esposa (algo así como "supongo que si vais a Lourdes no se os ocurrirá no bañaros en las piscinas") nos interesamos por las piscinas. Estaban cerradas. Al parecer tienen un horario muy concreto y es tal la afluencia de gente que cuando ven que ya no cabe nadie más, cierran el acceso. Ese aviso -lo reconozco- no fuimos capaces de interpretarlo, por lo que optamos por volverlo a intentar al día siguiente. La tarde pasó entre visitas a la población y al Santuario, que era el motivo del desplazamiento. Por la noche, volvimos a nuestro alojamiento y cenamos eso que tanto me gusta a mí (aunque me siente fatal), como es queso (unas cuantas variedades), pan y vino que habíamos comprado por la tarde en un Carrefour (Caggfú) y a dormir.

El domingo por la mañana, tras el desayuno, nos dirigimos al recinto del Santuario y lo primero que hicimos fue ir a las piscinas. El horario era de 10:00 h a 14:00 h. A las 10 en punto allí estábamos y conseguimos entrar (si alguno piensa que es lo normal, pues has llegado a la hora de apertura, nada más lejos de la realidad). Eso sí, justo después de entrar, cerraron el acceso, lo cual -ahora sí- me hizo sospechar. Efectivamente, no hace falta ser un lince para deducir que la espera podía ser larga, muy larga. Pues eso, sobre las 13:15 h llegó nuestro turno. No teníamos ni idea de cómo era aquello, pero las 3 horas y pico de espera hizo que estuviéramos ansiosos por entrar. "No llevo bañador, ¿nos darán uno?", "Y si nos dan uno, ¿cuántos usos tendrá ya?", "Porque nos darán uno, ¿no?", "Y el agua ... ¿cómo estará?, ¿calentita?, ¿tibia? ... ¿fría?" Éstas y otras eran las típicas preguntas que nos habíamos estado haciendo durante la espera. Y todas, todas esas preguntas se te olvidaban al franquear la puerta que separa la zona de espera del interior, donde se encuentran las piscinas. Una vez dentro, lo primero que pasó es que se nos acercó un hombre -de poca estatura-, vestido con un traje impecable y nos preguntó si hablábamos francés. Todavía nos quedaba algo de buen humor y entre sonrisas le indicamos que no, que éramos españoles. Es entonces cuando empezó con sus explicaciones en un perfecto español afrancesado: "Oh, la la, españoles, ¡qué magavilla!" "¿De dónde sois?", "¿De Bagselona? Yo soy dessendiente del Duque de Cagdona". Mientras, nosotros, asentíamos con una sonrisa boba en nuestros rostros. Le preguntamos qué tal estaba el agua. La respuesta, así, a bocajarro y gritando, fue "FGÍA, MUY FGÍA". Ya no había vuelta atrás.

Nos indicó que debíamos entrar en una zona separada por unas cortinas de lona blancas con rayas gruesas azules (o azules con rayas gruesas blancas). Cada uno a una zona distinta. Lo que vivimos a continuación fue en absoluta soledad, sin un conocido con quien comentar la jugada. La soledad. Cuando entré en esa zona la imagen era dantesca. A la humedad en el ambiente, le acompañaba un silencio sepulcral y cuatro o cinco hombres sentados ¡en calzoncillos! en dos bancos de madera, uno a cada lado de la estancia. Y otra cortina gruesa separando esa estancia del lugar en el que debía encontrarse la piscina. Saludé con un hilo de voz, mientras que iba desvistiéndome hasta quedarme en gayumbos (suerte que ese día llevaba unos boxer monísimos) a la vista de mis nuevos compañeros de aventura. Cuando acabé me senté a esperar. No sabía muy bien lo que me esperaba. Mi cabeza iba a toda velocidad pensando en mil cosas que podía encontrarme y atormentándome esa imposibilidad de huir. En éstas me encontraba cuando, de repente, se abrió la otra cortina (la que separaba esa "sala de espera" de la piscina) y apareció un tío empapado y aterido de frío, mientras un hombre que estaba escondido tras la cortina llamaba al siguiente. Y así, uno a uno, fueron desapareciendo y apareciendo empapados mis fugaces compañeros de espera. Hasta que llegó mi turno. No había duda de que me tocaba a mí, pues era el último y no había posibilidad de amablemente ceder mi turno. Entré y me encontré a dos tipos ataviados con unos enormes delantales, como los que usa un matarife en un matadero. Un escalofrío recorrió mi cuerpo ... y no solo por el frío que allí hacía. Me dijeron que me quitara los calzoncillos y los colgara en un gancho que había en la pared, un gancho como los que hay en un matadero. ¿Qué podía salir mal?. Cuando me disponía a desprenderme la única prenda que cubría mi cuerpo, se acercaron detrás y con una especie de toalla me cubrieron para preservar ese íntimo momento. Un detalle, la verdad. Esa misma toalla -fría y empapada como pocas cosas he visto en mi vida- la usaron para tapar mi desnudez envolviéndola alrededor de mi escuálido cuerpo. Todavía estaba preguntándome cuántas personas habría cubierto esa toalla, cuando, cogiéndome por los hombros, uno a cada lado, me colocan delante de la piscina (una especie de hueco con baldosas en el suelo) a la que se accedía bajando dos o tres escalones. Me vuelven a preguntar de dónde soy y cuando les digo que español, me dicen que no, que no hablan español, pero sí inglés, francés, italiano ... "Da lo mismo, italiano", contesté mientras pensaba que quizá mis últimas palabras en este mundo serían en ese idioma. Me señalan una imagen de la Virgen que presidía esa sala y me animan a rezar alguna oración y a pedir algo (para eso viene la gente, ¿no?). Muy breve debió ser mi oración y mi petición porque, aun habiendo acabado, allí no se movía nadie. Les indiqué varias veces que ya había acabado, pero me ignoraron completamente. Cuando ellos estimaron que ya tenía que haber acabado, me dijeron que bajara los escalones y me introdujera en la piscina. El agua estaba -como dijo el descendiente del Señor de Cardona- fría, muy fría. Me dijeron que diera unos cuantos pasos hacía adelante y que me detuviera en el centro de la piscina. El agua me llegaba a la altura de la mitad de los muslos. Una vez allí, cuando estaba totalmente desprevenido y en la más absoluta duda acerca de qué podía pasar a partir de ese momento, los hombres de los delantales, en un movimiento ágil y rápido propio de un karateca, me hicieron una llave y me tiraron de espaldas al agua dos veces, cubriéndome en su totalidad. Esa sensación de frío y la nocturnidad y alevosía con la que actuaron hizo que se me escapara un sonido aterrador. Aterido de frío me dirigen al gancho en el que se encontraban mis calzoncillos. Me los pongo de la misma forma que me los había quitado (con esa toalla cubriéndome), abren la cortina y me sueltan en la sala de espera. Me visto sin poder secarme y abandono ese espacio para encontrarme con mis compañeros de aventura. Nos cruzamos unas miradas con la que nos dijimos todo. Es una experiencia única, por lo menos para mí. Vamos que no la pienso volver a repetir.
Piscina de Lourdes

Antes de acabar, quisiera dejar claro que, aunque lo pueda parecer, no se trata de una burla. Es más, no solo respeto profundamente lo que allí se vive, sino que animo a todo el mundo a que pase por esta experiencia y que una visita a Lourdes, deja huella.


sábado, 2 de febrero de 2019

Los niños hay que tenerlos joven

He encontrado una foto de una
niña guapa cumpliendo 3 años
No lo sé. No sé qué me ha pasado, pero de repente me ha venido una ¿musa? que me ha empujado a escribir una entrada.

Antes de empezar a escribir he tenido que hacer un esfuerzo titánico (ya será menos) para recordar la contraseña y he aprovechado para actualizar las edades de los hijos y darme cuenta de que todavía no se ha ido ninguno de casa (😡).

Al escribir la edad de la pequeña, compruebo que el tiempo pasa volando -y más para los (pocos) que me leéis- porque la muchacha ya ha cumplido 3 años y constato también que los hijos hay que tenerlos cuando uno es joven. No puede ser que un tío con casi 50 años tenga un hijo, la naturaleza humana no está preparada para eso: las noches en las que decide no dormir ya no son llevaderas, cuando te tiras al suelo para jugar con ella y ella decide que ya no quiere más, pasa un buen rato hasta que te levantas (se ha dado el caso de que alguno de los mayores me ha encontrado, solo, sentado en el suelo rodeado de piezas de puzzle en el intervalo de tiempo que transcurre entre que la joía niña ha decido poner fin a los juegos y yo consigo levantarme), las reuniones del cole de la niña son deben ser ... 

Mención aparte merecen los paseos con la pequeña. Me he hecho especialista en leer pensamientos de la gente que nos mira y puedo asegurar que en un 99,99% de los casos la gente piensa que "los abuelos están paseando a la nieta". Este pensamiento-comentario tiene su lado positivo porque a renglón seguido añaden eso de "pues que abuelos tan jóvenes". Claro, partirle la cara a alguien porque ha pensado eso (y además con un erróneo, pero amable comentario, al final) no es plan. El 0,01% restante de pensamientos-comentario es "Mira éstos, tan mayores y con una niña pequeña".

No entraré en el asunto relativo a las reuniones del cole porque -lo confieso- todavía no he ido a ninguna. Sé que es muy importante para su desarrollo integral como persona conocer si en este momento hace bien o no la pinza a la hora de coger el lápiz, si no muerde a todos sus compañeros/as de clase, si le atenaza el solo hecho de pensar en la inmensidad del universo ... pero ... lo reconozco, me ha dado mucha pereza ir a alguna de las reuniones.

Sin embargo, un día (A. me lo rogó encarecidamente) fui a una merienda que los matrimonios encargados de curso organizaron en el mismo colegio para conocernos mejor. Como os podéis imaginar, comparecí con unas ansias locas de conocer a otros padres que se encuentran en la misma parecida similar opuesta situación a la nuestra. Aquello estaba lleno de padres novatos y yo acudía con numerosos prejuicios tipo "Pobrecilla, no han podido venir sus padres y lo han hecho los abuelos", "Caramba, vaya carcamales los padres de A. jr" o simplemente un "¡Ahí va!, se ha colado un señor en la merienda" ... Sin embargo, he de confesaros que mi sorpresa fue mayúscula al comprobar que, si bien era el mayor de los reunidos (bueno, me queda la duda con uno que tenía menos pelo que yo y que si de verdad es más joven, la vida le ha tratado muy mal), no creáis que la diferencia era tan notable. Eso me llevó a la conclusión confirmación de mis sospechas acerca del implacable retraso que se da en el momento en que los padres deciden eso, ser padres.

No quisiera ser injusto y no reconocer a los mayores su inestimable ayuda con la pequeña. Muchas veces nos ayudan (o se ocupan ellos) con la ducha, con vestirla, acostarla, entretenerla ... Os pondré un ejemplo: el día de Reyes, A. y yo recibimos un regalo de nuestros hijos. Al abrirlo comprobamos que se trataba de una de esas cajas consistente -en nuestro caso- de una cena, noche de hotel y desayuno para los dos. Me gustó, pero, sin duda alguna, lo que más me gustó era la nota que acompañaba el regalo. Era una nota de todos nuestros hijos en la que decía que nos fuéramos que ellos se habían organizado para ocuparse de A. jr. durante ese fin de semana.

Creo que voy a acabar aquí porque, después de tanto tiempo sin escribir, tampoco hay que abusar. Intentaré (no puedo prometerlo) ser más regular con las publicaciones. Gracias por seguir ahí.

jueves, 8 de junio de 2017

Cuando no te duermen

Esta entrada va a ser una mezcla de desahogo y consulta. El nacimiento de A. jr. (quién lo iba a decir), supuso que volviéramos a ser unos padres "primerizos" (quién lo iba a decir) porque muchas de las cosas que suelen pasar con los bebés las teníamos (al menos yo) olvidadas (quién lo iba a decir).

Es cierto que la pequeña tiene un montón de hermanos que nos ayudan mucho en su cuidado, vamos, que hay muchas manos y casi siempre encuentras una cuando vas un pelín desquiciado o exhausto. Aprovecho para decir que, sin duda, los que más ayudan con A. jr. son Q. y Ma. Sin embargo, existen situaciones en las que no puedes ni debes contar con la colaboración de los otros hijos. Y una de ellas es ... dormir por la noche. O dicho de otra manera que quizá se entienda mejor: cuando el bebé no duerme por las noches. Y ahora, una afirmación tan rotunda como cierta: desde que nació, la niña no ha dormido una sola noche entera. Lo que leéis, ¡ni una!. Alguno pensará que exagero, que es una forma de hablar escribir, pero no, de verdad, ni una sola noche entera. Como mínimo se despierta una vez. Y no creáis que se despierta diciendo "Mamá (o papá), tengo un poco de hambre, ¿podéis darme un biberón?", cosa que tampoco esperaba.

Conviene aclarar también que yo entiendo que cuando esté enferma, pase mala noche y llore, pero a lo que no llego es a lo que pasa, que llore cada noche (aunque solo sea una vez). El resultado es que, al acostarnos, ya dejamos preparado un biberón en la mesilla de noche para cuando se despierte enchufárselo y seguir durmiendo.

A., la pobre (es la que normalmente se despierta) siempre la excusa con un "Pobrecilla, deben ser los cólicos" o "le estarán saliendo los dientes" o "debe tener frío" o "debe tener calor" o ... Eso es amor de madre. Ya sé, todos, por nuestros hijos, estamos dispuestos (yo el primero) a ir de rodillas hasta el Everest, a tragarnos una bombilla, a apagar una vela con los ojos, a ver una película romántica o incluso a ver un Osasuna-Granada, pero a despertarnos, no. Para eso hay que ser un súper-hombre o una madre.

Entendéis ahora que os contara que me siento como un padre primerizo en situaciones como éstas (reconozco que ninguno de mis hijos ha sido un modelo de niño durmiendo, pero la juventud hacía todo más llevadero) y más cuando oigo a mi suegra diciéndome que eso nos pasa porque la maleducamos, que debemos ser más estrictos ... y quizá tenga razón, ya no sé.

Por lo demás, la niña está preciosa y muy graciosa (sé que es una opinión subjetiva, pero este blog todavía es mío, escribo lo que quiero) y sus hermanos y padres estamos encantados con ella. Y sigue creciendo en sabiduría y bondad.

Nota:- La foto de esta entrada la he encontrado en internet tras poner "niña guapa con mariposas de una app de teléfono móvil alrededor de la cabeza" en el buscador. Y lo cierto es que solo me ha salido una foto

sábado, 3 de junio de 2017

Lo que hay que aguantar

Como decíamos ayer ...

Pues eso, precisamente ayer, comía con mi amigo N. y le comenté que me estoy volviendo más insoportable ... que cada vez soporto menos situaciones. Y le ponía algún ejemplo: A mediodía, después de una provechosa mañana de trabajo en el despacho, me fui a Barcelona con los Ferrocarriles de la Generalitat de Catalunya (FGC). Saqué mi billete con descuento por Familia Numerosa de categoría especial y subí al primer tren que vino. Me bajé en la estación de Sarrià y al llegar al torno de salida, ya noté algo raro. Estaba lleno de interventores (lo que toda la vida hemos llamado revisores y que ahora -imagino que por el aumento de incivismo en los convoyes- brillan por su ausencia), cosa que no es normal y que a uno (que es más sabio por viejo que por otra cosa) le hizo sospechar. Introduje el billete y -como me temía- no se abrió, sonó una alarma y aparecía un mensaje que decía algo así como "Diríjase a un punto-no-sé-qué de la estación". Me acerqué a uno de esos interventores señalándole el billete y me dijo "¿Me enseña su carnet de pensionista?" Reconozco que se me pasó por la cabeza darle un guantazo a la vez que le decía "Tú sí que vas a tener carnet de pensionista, pero por incapacidad laboral", pero eso, solo se me pasó por la cabeza. Le dije que no, que yo lo que tenía era el carnet de Familia Numerosa ... y me pidió que se lo exhibiera. Después de mirarlo, me abrió el torno y me permitió salir de la estación. Cualquiera podría pensar que no hay nada malo en esto ... y seguramente tendrá razón, pero lo que me molesta es que por el mero hecho de ser familia numerosa, sacar un billete con descuento (que nos corresponde) y, sobre todo, por el hecho de que quizá haya gente que haga eso sin tener ese derecho, haga que pasemos a ser sospechosos y tengamos que destruir la presunción de culpabilidad.

Pues bien, si eso es poco, por la tarde-noche, para volver a casa, usé el servicio que nos proporciona el servicio de Cercanías (Rodalies en Cataluña, que hasta para eso somos diferentes) de Renfe. A la hora de sacar el billete con el descuento de familia numerosa, no se contempla la posibilidad de hacerlo a través de las máquinas expendedoras, sino que hay que pasar por taquilla. Me puse en la cola (pocas veces he visto mayor descoordinación en las colas) dispuesto a sacar mi billete. Tras 15' de cola (y dos trenes perdidos), me tocó mi turno. Saqué el billete y aproveché para preguntarle al empleado si tenían previsto algún día dar la opción de sacar el billete a través de la máquina. Me dijo que no, que no pueden controlar si quien lo saca tiene o no derecho a esa reducción en la tarifa. ¿Resultado? Otra vez lo mismo, los miembros de las familias numerosas discriminados porque otros pueden aprovecharse de una bonificación a la que no tienen derecho.

Y volviendo en el tren, se me ocurrió mirar Twitter y vi como una seguidora-a la que sigo (@MaruViguera) se quejaba de que había visto una casa de alquiler para pasar las vacaciones y, tras llamar para interesarse y decir que eran familia numerosa, sospechosamente dejó de estar en alquiler.

Alguno podría pensar que me quejo por tonterías, que hay cosas más importantes en la vida como para molestarse por esto y, claro, tiene razón. Pero eso no quita que, aunque sea de vez en cuando, nos quejemos un poco por el (mal)trato que en España recibimos las Familias Numerosas. Y no entro en esas lindezas que más de una vez te sueltan por ese mismo motivo. Solo citaré uno:

Estaba yo en el Ayuntamiento de mi ciudad solicitando información por el repentino (sin aviso previo) de la subida del recibo del IBI en un 65%. Me atendió una joven muy amable que empezó a buscar la causa de ese aumento. Cuando lo localizó, me dijo que era porque el Ayuntamiento había decidido eliminar una bonificación del 70% (en nuestro caso llegaba hasta ese porcentaje por el número de miembros que convivíamos en casa) para las familias numerosas, pasando a ser del 5% (que se iría incrementando si demostrabas unos ingresos tan bajos que -de verdad, no exagero- te hacían traspasar el llamado "umbral de la pobreza"). En definitiva -y me da igual que me llaméis xenófobo-, esas ayudas se las llevarían los inmigrantes magrebíes (en mi ciudad, son los acaparadores de la mayoría de las ayudas que existen). Cuando le dije a la chica que me atendía que no me parecía justo, me soltó un "no haber tenido tantos hijos" (no daba crédito, la verdad). Me controlé y solo le contesté algo como "Bueno, me parece que Vd. no es nadie para decirme qué debo hacer y que, el día de mañana, seguramente mis hijos pagarán su pensión". Evidentemente, hice una queja a un superior y me pidieron disculpas. Eso sí, la bonificación de la que gozábamos no ha vuelto, a pesar de las reuniones que a través de una Asociación de Familias Numerosas a la que pertenecemos, tuvimos con el Ayuntamiento.

martes, 6 de septiembre de 2016

¿Hay alguien ahí?

Sí, lo sé, hace mucho que no escribo, pero no creáis que es por pereza (que también), sino porque ya no sé qué más puedo contar. Como no quiero que esto se convierta en un diario de lo que hacemos y dejamos de hacer, no se trata de escribir siempre sobre mi familia, tampoco es un blog de actualidad como para tratar cada día temas candentes, ni un blog de ... por cierto, ¿de qué es este blog? Pues, la verdad, ni yo mismo lo sé.

El encabezamiento de la entrada de hoy es para defenderme de lectores que, con toda la legitimidad del mundo, me echan en cara que no escribo a menudo. Por ejemplo, este verano, al llegar a nuestro destino de vacaciones, me encontré a MªJ quien, inmediatamente después de saludarme, me dijo que a qué esperaba para escribir. Fue algo así como "Hombrequétalestás¿yahasllegado?avercuándoescribesenelblog". Por cierto, Mª J es aquélla que tenía una granja (dos había tenido) de conejos y que ahora (no para, es incapaz de estarse quieta un momento) ha montado una carnicería, pero no una cualquiera, sino que, además de hacer pollos y conejos a l'ast, tiene un servicio de bar, donde puedes degustar tapas y -¿por qué no?- comer y cenar tan ricamente. Como es una mujer inquieta donde las haya, ahora cambia de local para ampliar la oferta. Solo con recordar cómo iba arriba y abajo este verano, me canso.

Hemos estado casi un mes en Les Cases d'Alcanar, en casa de mi cuñado (el hermano sacerdote de A.) que ... ¡se vuelve a las misiones! Sí, se va a Honduras, a la región de la Mosquitia, en plena selva. Hay quien le cuesta entender esta decisión, pero os puedo asegurar que pocas veces he visto a alguien tan contento y tan ilusionado con un proyecto. Además, no nos engañemos, la decisión no es solo suya ... quien tenga oídos que oiga. Eso no quita que le echemos de menos (el día 15 de este mes sale su avión con ese nuevo destino) y que nos preocupe. Se va a una zona en la que no hay nada, que para visitar a las diferentes comunidades que componen aquella región, deba ir en lancha, a pie o sobre algún animal. Que coma siempre lo mismo y pierda no sé cuántos kilos, que duerma rodeado de sus queridos animales ... Pero, insisto, ¡está tan feliz! Bueno, no estaría de más que alguno se acuerde -aunque sea de vez en cuando- de él y pida por su labor ... ah, y si alguno quiere colaborar económicamente (con ese o parte de ese rinconcito que tenemos), me envía un mensaje y le pongo en contacto con él.

La pequeña sigue creciendo (demasiado) y hoy ha empezado el cole. Aunque ya asistió a clase los meses de mayo y junio, parece ser que no ha superado el curso y vuelve a matricularse en Llar 0 (por eso decía A. que prefería que naciese a finales de diciembre y así nos ahorrábamos una matrícula). Si es que ... es más lista esta A.

Deciros también que he tomado nota (mental) de alguno temas clave del verano, como son los diferentes tipos de especímenes que acuden a las playas o las fiestas mayores de los pueblos. 

(Continuará ...)

martes, 16 de febrero de 2016

Volvemos por aquí

Perdón. Podría deciros que voy como loco con la niña y por eso tardo tanto en publicar, pero os mentiría. Lo cierto es que algo ha cambiado nuestra vida, aunque solo sea porque A. está de baja y porque A jr. requiere atenciones muy a menudo (¡es lo que tiene tener 1 mes y pico de vida!)... ahora mismo estoy escribiendo esta entrada tecleando con un dedo porque en mi brazo izquierdo tengo a la pequeña boca abajo y -por fin- dormida tras pasearla por la casa en esta posición y ponerle música de la buena (mi lista de Enya en Spotify).

También ha ayudado a esta sequía el que el ordenador del despacho no me deja escribir entradas. Sí, lo sé, es rarísimo, pero es como si Blogger hubiera decidido que desde ahí no voy a publicar más entradas. Aunque parezca una tontería, no lo es. Desde el despacho publicaba la mayoría de posts.

¿Y qué ha pasado durante este tiempo? Pues no sé, las noticias las sigo y compruebo que la situación política es peor si cabe, la económica dicen que va bien, pero sigo sin conocer a ninguno de los que lo dicen y para de verdad enterarme de lo que ha pasado, ahora me daré una vuelta por los blogs que sigo para ponerme al día (no sabéis lo que cansa escribir con un dedo y con el brazo que sujeta a la niña apoyado en el muslo). Una cosa que he descubierto es que durante este tiempo se me han ido tres seguidores. No los tengo controlados, pero conocía el número y lo cierto es que me ha sorprendido que se hayan ido tres de una tacada, aunque nada puedo reprocharles, porque seguir a un tío que es capaz de pasarse más de un mes sin publicar nada, tiene mucho mérito y eso no está al alcance de todos (de 88, sí)

Buf, ha llegado A. y se ha llevado a la niña. Ya puedo escribir con dos manos, mientras un hormigueo recorre mi brazo izquierdo (¡se me había dormido el brazo!)

La situación familiar ha cambiado algo. Además de ser uno más, los niños tienen un juguete. Todos quieren cogerla solo llegar a casa. Están todos entusiasmados con la niña y -algunos a su manera- nos ayudan con ella. El domingo, 7 de febrero, bautizamos a A jr y S. recibió la Primera Comunión (se me pasó por la cabeza que podríamos aprovechar y que P. se casara, pero me pareció un poco precipitado). Fue muy bonito y vino mucha gente. Al final éramos unos 120 (vamos, casi como una boda). Nuestra amiga Eva, una artistaza, nos hizo estos recordatorios. Ya tenéis el enlace y ya tardáis en encargarle cosas. Os aseguro que son geniales.

Volviendo a los cambios, no recordaba yo lo que llega a ocupar una niña tan pequeña. Empezando por su bañera (pensad que en casa reformamos un baño, eliminando la bañera para poner dos duchas, mientras que en el otro solo hay una ducha), el moisés, su cochecito (lo dejamos en la entrada del edificio), la maxi-cosi, el balancín ... No es una queja, ni mucho menos, porque todo esto nos lo han dejado o nos lo han regalado, así que en ese sentido estoy encantado. Y cuando vamos en coche, sus trastos ocupan todo el maletero de una furgoneta ... que si lo miras bien, suerte que tenemos una furgoneta para poder llevar esos apéndices del bebé.

¿Qué más cosas han pasado? Pues que el Sevilla va como una bala. Hemos llegado a la Final de la Copa del Rey y ... un dato: desde que nació A jr., el Sevilla ha ganado 9 partidos y ha empatado 3. No ha perdido ninguno. ¿Será talismán?

Espero no tardar mucho en volver por aquí.

viernes, 8 de enero de 2016

Nuestro regalo de Reyes

El día 5 de enero, víspera de Reyes, decidió nuestra hija A. venir a este mundo. Los acontecimientos se desarrollaron de la siguiente manera:

Eran las 02:50 h y estaba yo durmiendo -juraría que incluso soñando- cuando A. me despertó diciendo que había roto aguas y que me preparara que nos íbamos al hospital. Parece ser que lo único que salió de mi boca (y de mi mente) fue un "¿Lo dices en serio?". Me duché, me vestí y después de avisar a Ma.nos fuimos al hospital. Esta vez era el que tenemos al lado de casa, tan al lado que fuimos andando, pues debe estar a unos 200 m.

Al llegar allí, nos hicieron esperar un poco porque no tenían salas libres. ¡Vaya!, ya es puntería, casi no nacen niños y nos toca la noche en la que todos han decidido hacerlo. Esperamos un poco y nos hicieron pasar, no sin antes ponerme unas 'polainas' en los pies. Al parecer ya no hace falta ese ridículo gorro ni esa especie de bata, todos los gérmenes deben concentrarse en los zapatos.

Allí vieron que la pérdida era mínima (es lo que tiene ser primeriza ... en eso de romper aguas) y que debía quedarse allí esperando a que las contracciones fueran más seguidas y fuertes. Lo cierto es que todo iba muy lento, por lo que decidieron ponerle oxitocina a fin de animar el tema. Al cabo de unas cuantas horas (ya se había producido el cambio de guardia), la nueva comadrona decidió aumentar la dosis de oxitocina y aquello se aceleró hasta el punto de que las contracciones eran muy habituales y dolorosas. Es entonces cuando A. se decidió por la epidural, cosa que en un primer momento no quería por su nefasta experiencia en el nacimiento de S. Existe, al parecer, un 2% de probabilidades de que el pinchazo salga mal. Pues ... volvió a salir mal. Ya se sabe, hay quien se asocia al tres-per-cent y nosotros al 2%. Al introducir el catéter hubo pérdida de líquido raquídeo y eso puede conllevar mareos y fuertes dolores de cabeza en los días posteriores. Esta vez, entre que la pérdida no ha sido excesiva, así como que han tomado todo tipo de medidas, ha ido mejor. Eso sí, A. ha estado las primeras 48 horas totalmente estirada en la cama, después la incorporaron 30º, más adelante 45º y este mediodía ha podido levantarse. Seguramente mañana le darán el alta.

Cuando A. empezó a tener ganas de empujar, el parto duró 7' y a las 12:55 h esto es lo que oímos en la sala de partos:




Este fue el mensaje que utilicé para comunicar a nuestros conocidos que ya había nacido la pequeña A.


Como las modas siguen cambiando, nada más nacer, y tras anillarla como a una especie en extinción, se la pusieron a A. en su pecho (sistema 'pell a pell' le llaman). Después de un intensivo de piel a piel (ya temía yo que se hubiera convertido en una especie de calcomanía y no consiguieran despegarla ni con agua caliente) nos llevaron a la habitación. Seguíamos sin saber ni el peso ni la talla de la niña. Ya en la habitación se la llevaron para una primera revisión y es entonces cuando nos dijeron que había pesado 4,020 Kg y medía 50 cm (algo más alta que un profe que tuvo Q)

Desde la habitación oímos la Cabalgata de Reyes y por la noche, P., Mi. y yo preparamos los regalos de esa noche tan especial. Mientras tanto, Ma. se quedó a dormir con A. Por la mañana temprano vino Ma. a casa y repartimos los regalos entre los que allí estábamos haciendo fotos con el móvil y enviándoselas a A. Después nos fuimos todos al hospital para darles a las A's sus regalos. El personal sanitario alucinaba con la cantidad de niños (hermanos todos ellos de la recién nacida) que entraban en la habitación.

Ha venido mucha gente a ver a la niña y a su madre y le han traído muchas cosas. Quiero destacar -por original, práctico y éxito entre el resto de mis hijos- el regalo que trajo ingenierocomehuevosdehormiga(hembra). Pero ¿qué trajo? os preguntaréis. ¡Un jamón!, trajo un jamón de no sé cuántos kilos. Y lo mejor, la frase que nos dijo al dárnoslo: "La niña ya viene con el pan debajo del brazo, así que yo pongo el jamón" Buenísimo.

Este mediodía parece que ya le ha subido la leche a A. Y la prueba de lo que digo es esta foto tomada justo después de darle el pecho


Pues eso, estamos muy contentos con este nuevo miembro de la familia y con lo bien que ha ido todo. Un gran regalo de Reyes para todos.

viernes, 1 de enero de 2016

A se resiste

Aquí estamos, un año más. Y no, no ha habido ninguna novedad, seguimos esperando a que A. se decida a venir a este mundo (aunque viendo el panorama uno se explica su tardanza en abandonar ese espacio de tranquilidad). Ahora mismo, hace tres días que A. salió de cuentas, pero repasando los carnets de salud de los 3 últimos, hemos comprobado que Q. y JP se atrasaron 5 días cada uno de ellos y S. una semana. Así que ya sabemos.

Ayer fuimos a una de esas sesiones de correas en la que, tras rodear su barriga con unas correas, controlaban el ritmo cardíaco del bebé y las contracciones de la madre. Por un momento se me pasó por la cabeza la posibilidad de que nuestra hija fuera la primera catalana del año. Creo que alguna cadena de supermercados te regala un año de pañales y un lote de productos de bebé, una entidad bancaria abre una libreta a nombre de la niña con un depósito de 2.000 € y otras cosas más. Pero lo más importante, sin duda, es que, al parecer, el Presidente de la Generalitat ostenta (por supuesto de forma simbólica) el papel de padrino de la criatura. El padrino, en Cataluña, es una figura idéntica a la del resto de España, con el añadido de que en Pascua es el encargado de regalar la mona, aquel dulce típico de estas latitudes y que aquí os explicaba. Pues bien, se nos planteaban serios problemas en el caso de que fuera la primera catalana del año y el President fuera el padrino. De entrada, ¿quién sería el padrino?, ¿tendría un padrino en funciones? y, tal y como está el patio, ¿tendríamos que ir cada año a la cárcel a recoger la mona de la niña? Quita, quita, mejor que no haya decidido ser la primera del año.

La que ya no puede más es la madre. Cada día salimos a pasear porque le han dicho que eso es bueno para acelerar el parto. Sí, ya se ve que es buenísimo. Hemos andado tanto que creo que me adelantaré yo. Empiezo a notar ciertos dolores que ya no sé si son contracciones o agujetas. ¿Y los niños? Pues un poco hartos de estos paseos. Dicen que siempre hacemos lo mismo y que paseamos por los mismos sitios. Claro, solo faltaría irse de paseo por el centro de Barcelona, que se pusiera allí de parto y a correr como locos.

Ayer pasamos un fin de año atípico, en casa con los tres pequeños. En un principio lo íbamos a pasar en casa de unos amigos, pero al final se anuló el plan porque la anfitriona no se encontraba muy bien. Cenamos juntos, recordamos algunas de las cosas vividas el año 2015, vimos algo de tele y poco antes de las 12 tuvimos que despertar a los niños para que comieran las uvas. Con JP no lo conseguimos -a pesar de haberlo intentado reiteradamente- y esta mañana, enfadado, nos lo ha recordado.

En este blog no me he propuesto ningún propósito para el nuevo año. Me habría encantado poder prometerme escribir más a menudo, pero no sé si podré cumplirlo (aunque lo intentaré), así que mejor no crearme falsas expectativas.

Feliz entrada de año a todos y espero poder seguir viendoos por aquí.

miércoles, 9 de diciembre de 2015

Tapizando sillones y montando el árbol y el Belén

Hace unos meses decidimos que quizá era el momento de tapizar dos sillones del salón e hicimos lo que hace cualquier familia normal: buscar un tapicero.

Así estaba cuando decidimos que era
el momento de cambiar el tapizado
Nos recomendaron uno, fuimos a verlo, elegimos la tela y esperamos presupuesto. Cuando nos lo comunicó (algo más de 400 €), la urgencia por cambiar el tapizado pasó de DEFCON 2 a DEFCON 4 inmediatamente. Buscamos otros presupuestos y lo máximo que conseguimos es una oferta por tapizar ambos sillones por 350 €. Con el dilema de si merecía la pena, de si era mejor ir a Ikea y comprar dos sillones nuevos u otra solución fue pasando el tiempo. Ya no era tan urgente.

Sin embargo -una vez más queda demostrado que los hombres somos de una manera y las mujeres de otra- A. no había olvidado el tema y un día me comentó que había encontrado (y comprado) unas telas a muy buen precio.

- ¿Telas? ¿Para qué?

- Para tapizar los sillones

- ¿Y qué ahorro supone eso en el total del presupuesto?

- No, es que ... he decidido tapizarlos yo

- Pe ... pero si no has tapizado en tu vida

- Oye, que he visto un tutorial en internet

Ante un argumento de tal calibre, uno es incapaz de rebatirlo y ... ¡qué daño han hecho los tutoriales en las familias!

Había que aprovechar para lijarlos y barnizarlos. Pedí una lijadora a un buen amigo y empezamos la tarea. Comprobamos que había carcoma. Pero un poco, no. Tuve que rechazar varias ofertas de National Geographic solicitando grabar un documental sobre la carcoma urbana porque, al parecer, era un caso único. Después de introducir miles de veces esa cánula y derramar el spray asesino (de carcoma) en cada uno de esos agujeros, barnizamos los sillones. Acabadas las tres capas de barniz, ya estaban listos para ser tapizados. Como quiera que los muelles estaban en muy buen estado, "solo" se trataba de cambiar la tela. Empezó A y, la verdad, quedaba muy bien. Le tuve que ayudar un poco porque la fuerza que hay que hacer con la grapadora (especial para tapizar) es inhumana. Después de poner la tela en asiento, respaldo y brazos, quedaba poner un ribete alrededor de la tela. El resultado final fue éste:

Con el nuevo tapizado
Una vez acabado, nos dimos cuenta de lo mal que estaban y -por qué no reconocerlo- nos dio vergüenza haberlos tenido tan mal durante un tiempo. Son de esas cosas a las que uno está tan acostumbrado, que no se da cuenta de que da pena.

Ayer, último día festivo de este puente, aprovechamos para montar el árbol de Navidad y, cómo no, el Belén. Reconozco que este año no quería montar un Belén como en años anteriores y hacerlo mucho más sencillo, pero al final, los niños insistieron tanto que ...

Aquí tenéis los resultados




Los personajes que salen en el vídeo pueden parecerse a los reales, pero son actores


miércoles, 28 de octubre de 2015

Cumpleaños de A. y Plan B

Ya que seguimos con los cumpleaños, hoy toca el de A. Creo que ya ha alcanzado esa edad en la que a las mujeres no les hace gracia que se sepa, pero si sois un poco espabilados, buscando por este blog, encontraréis alguna entrada que os facilitará adivinar su edad. Sí, ya sé, que la mayoría ni se molestará en buscarlo porque -para qué nos vamos a engañar- no es tan importante conocer su edad, pero lo pongo para aquellos que su curiosidad es de clase mundial.

Ayer por la tarde nos fuimos ella y yo en busca de sus regalos (hasta ahora siempre me había espabilado yo solito) porque si tenemos en cuenta su avanzado estado de gestación y que su deseo era ropa, la cosa era algo más que complicada, rozaba la proeza acertar, no solo con la talla, sino con el modelo. Al final, no resultó tan complicado porque la moda parece que se presenta algo más ancha y no paré de ver jerseys amplios, ponchos (o similares) y blusas muy largas. Perfecto. Volviendo a casa, paramos en una panadería-pastelería y compramos dos cajas de pastas variadas que servirían para el desayuno de hoy para que A. llevara unas cuantas a sus compañeras de trabajo. Al final compramos 3 kilos ... es lo que tiene ser tantos en casa.

Esta mañana nos hemos levantado (casi)todos a la misma hora y hemos "celebrado" su cumple. Le he entregado los regalos (su ropa y un perfume) y los niños la han cubierto de besos y sobre todo abrazos cuando han visto el desayuno que tenían hoy.

Nuestra hija Ma. se lo ha currado y se ha ido a una floristería, le ha comprado un ramo de flores, se ha cogido el tren y se ha presentado en el colegio donde trabaja A. y le ha regalado el ramo. Aquí tenéis un documento gráfico de la efeméride



Después, se han presentado en su despacho todos los niños y niñas de una clase de P-algo para felicitarla. Estaba emocionadísima.

Mientras tanto, va acercándose la fecha del nacimiento de la niña y ya no sé qué hay que hacer para buscarle un hueco. A. tiene muchas amigas que le están dejando cosas (pensad por un momento que lo que teníamos de bebé ya lo habíamos colocado), por lo que os podéis imaginar cómo está la casa de bolsas con ropa y otros accesorios de bebé. Como eso de cambiarse de casa y buscar una más grande va a ser que no, empecé a pensar en un plan B: Incentivar que los niños se vayan de casa. Hace poco pensé que había encontrado la solución para que S. se fuera de casa, pero fracasé. Este año S. hace la Primera Comunión y, entre otras cosas, el colegio organiza con las familias de los niños una especie de romería a un Santuario de la Virgen para hacer el ofrecimiento de los niños a la Virgen. Se me dibujó una sonrisa en la cara y para allá que nos fuimos. La ceremonia muy bonita y yo cada vez más nervioso porque se acercaba el momento culmen. Cuando por fin llegó, los padres acompañábamos a nuestros hijos al altar y cuando ya bajaba las escaleras unos toquecitos en la parte posterior del hombro hicieron que me detuviera y girara la cabeza. Un señor, me advertía de que "me había dejado el niño". "¿Cómo que dejado?, ¿no era esto un ofrecimiento de los niños?. Pues, hala, ahí lo ofrezco" No coló. Nos volvimos con el niño "ofrecido" pero esto no queda así, todavía me quedan dos meses para encontrar alguna solución a la falta de espacio.

lunes, 26 de octubre de 2015

La granja de conejos

Tenía pendiente desde hace un tiempo una entrada dedicada a la visita que hicimos este verano a una granja de conejos. No vayáis a pensar que es una actividad que teníamos previsto realizar por algún motivo en concreto, sino que salió así, de forma totalmente improvisada.

Como os decía en esta entrada, Matteo estuvo trabajando un tiempo en una granja de conejos, propiedad de MJ que, no os lo vais a creer, es seguidora de este blog. Al parecer, estaban un día hablando Matteo y MJ cuando ésta le comentó que seguía un blog de un tipo que tenía unos cuantos hijos, que explicaba cosas de su familia y ... Matteo empezó a atar cabos y le dijo que lo conocía. ¡El mundo es un pañuelo!

A los pequeños les hacía mucha gracia visitar esa granja en la que trabajaba Matteo y, tras comentarlo con MJ, fijamos un día. Al llegar a la granja, unas naves industriales alejadas de cualquier núcleo urbano, la buena de MJ nos tenía preparado un desayuno que hizo que los niños estuvieran encantados. Ahí charlamos un rato y comentamos la casualidad de que conociera este blog. Como se dice por estos lares, nos desvirtualizamos.

Entramos en la primera de las naves y comprobamos que estaba llena de jaulas con un conejo cada una de ellas. Eran las jaulas de las madres. Cada 'x' tiempo venían de una empresa para inseminarlas. No, no era una empresa de conejos macho, sino que un veterinario, jeringuilla en mano, se dedicaba a visitarlas una a una. Una trabajera, vamos.

Jaulas en una de las naves

Al cabo de un mes aproximadamente -y todas a la vez- se ponían a parir como conejas y si tenemos en cuenta que cada coneja pare entre 3 y 12 gazapos, podéis imaginaros la que se monta allí. Para los que seáis tan o más de piso que yo, os pongo una foto de conejos con 1 día de vida para que sepáis diferenciarlos de un osito de gominola.


Conejos reciuén nacidos

Después siguen creciendo y ya se juntan a varios de los conejos jóvenes en una jaula. Cuando tienen una edad determinada (no recuerdo cuál) ya están listos para ser vendidos. Imagino que no hace falta explicar el destino de estos animales. Os daré una pista: no suelen verse en las tiendas de mascotas, sino más bien en expositores de supermercados con un aspecto muy diferente a éste:

Conejos jóvenes

Lo que más me llamó la atención y por desgracia soy incapaz de recordar, eran los datos relativos a los kilos de pienso que cada mes se jalaban estos conejos, o el gasto de refrigeración de las naves, o el precio que le pagan a MJ por cada conejo. Lo que sí recuerdo es que me quedé con la sensación de que es un trabajo muy duro y poco recompensado ... sí, es verdad, como la gran mayoría. Los pequeños disfrutaron mucho con la visita y nosotros estamos muy agradecidos a MJ por el trato que nos dispensó y la atención que nos prestó a pesar del mucho trabajo que tenía. Muchas gracias por todo.

jueves, 15 de octubre de 2015

Otro que alcanza la mayoría de edad y el pequeño ya no lo es tanto


Ayer dieron de alta a mi madre, me he podido poner un poco al día en el despacho y he encontrado un hueco para esta entrada que, por otra parte, era obligada porque el calendario no perdona.


El día 3 de este mes, S. cumplió 8 años y -topicazo va- por mucho que vaya cumpliendo años, sigue siendo el pequeño. Como el "problema" tenía difícil solución, decidimos ser drásticos y ... ¡ahora espera una hermanita!, con lo cual se acabaron las tonterías de niño pequeño ;-) Seguramente se le acabarán de golpe y, dentro de unos años, será la hermanita la de las tonterías. Sí, es cierto, pero cuando llegue el momento -si todavía no estoy ingresado en un geriátrico- ya me ocuparé del problema.

Pues eso, S. cumplió sus 8 añazos y su madrina ya se encargó de regalarle algo del Barça ... Sí, siempre le regala cosas del Barça (hasta ahora compaginaba esa característica con que fuera útil, ya sabéis, la típica mochila del cole, el estuche, una toalla, etc ¡del Barça!) y en esta ocasión ha prescindido de uno de los elementos del regalo: la utilidad. Ahora, sin rubor alguno, le ha regalado una bandera del Barça (por orden de su madre ya luce colgada en la pared de su cuarto al lado de la del centenario del Sevilla) y una bufanda. No sé, debe existir un temor -más que fundado- de que un niño que vive rodeado de sevillistas está en permanente peligro acerca de la fidelidad a sus colores. ¡Y el niño es del Barça para que su madre no estuviera sola! Es verdad, eso dice mucho del gran corazón que tiene ... hacia su madre, no hacia ese equipo.

Bueno, dejando ya ese tema del jodío niño, creo que pasó un día muy agradable. En casa tenemos la costumbre de que ese día se coma lo que el homenajeado elija (suerte que no han probado nunca el caviar y el jamón, aunque les gusta mucho, no lo consideran un manjar propio de dioses) y S. quiso que hiciéramos una raclette. Pues nada, todos contentos (imaginaos por un momento que el niño tuviera una absoluta y desenfrenada pasión por las acelgas) y disfrutando del ágape que, ¡cómo no!, incluyó el típico pastel.

Y llegó el día 10 y P. se nos hizo mayor de edad (¡¿ya tengo dos hijos mayores de edad y en la Universidad?!) Todavía estamos intentando digerir eso de tener hijos mayores y estar esperando un bebé. Sí, ya sé, tanto A. como yo somos dos portentos de la naturaleza, pero seguimos pensando cómo se compaginan esos, por ejemplo, permisos para salir por la noche, con los cambios de pañales. Siendo optimista, será más fácil ver a qué hora ha llegado el noctámbulo porque es posible que nos pille dando de comer al retoño, ¿no?

P. eligió comer algo que a los que ya tenemos una edad, independientemente de que nos guste o no, su ingesta nos provoca una serie de consecuencias. Quiso huevos fritos con bacon y toneladas de patatas fritas con ketchup y salsa brava. Vamos, un frenesí de grasas saturadas y el colesterol campando a sus anchas en nuestro interior. Pero bueno, ¿él es feliz así? Pues eso, sus padres "encantados"

Durante la semana, su madre y M., su novia, le prepararon una fiesta sorpresa en casa de M, grande y con jardín. Creo que fueron unos 30 amigos. A. y yo estuvimos un rato ayudando a montarlo todo (¡qué menos podíamos hacer encima que ellos ponían la casa!). Después, de forma improvisada, salió una cena con los padres de la novia (no es el título de una película) y lo pasamos muy bien.

M., la novia, le preparó un vídeo con las imágenes que Ma y yo le enviamos, junto con otras actuales de amigos y familia. No lo cuelgo porque no tengo la autorización de los que participan (por no tener, no tengo ni la mía)

Para acabar, y a modo de moraleja, decir que sí, que nos hacemos mayores, pero desde hace un tiempo esta verdad universal la veo de otra forma desde que mi amigo D., el irlandés, me lo explicó. A medida que nuestros hijos se hacen mayores (y, a la vez, nosotros también) en sus rostros se refleja cada vez esa belleza que nosotros les entregamos. Es una forma gráfica de explicar ese amor que pasa de padres a hijos. En las madres, se ve de forma mucho más clara: Mientras las madres maduran, las hijas se van haciendo cada vez más y más guapas ... porque sus madres les van transmitiendo su belleza. ¡Ea!, pues ya está

martes, 1 de septiembre de 2015

De vuelta de las vacaciones

Unos cuantos niños con la barca
 de nuestros amigos
La semana pasada volvimos a casa, tras pasar unos cuantos -¡qué digo "unos cuantos"!-, "muchos" días de vacaciones en la playa.

Como en años anteriores, nos fuimos al último pueblo costero al sur de Cataluña, a la casa de mi cuñado J. y descansamos mucho. Descansamos menos la semana que duró la Festa Major. ¿Es necesario que dure tanto tiempo? ¿No tenéis suficiente con unos cuantos días? Pues no, venga a soltar vaquillas en el puerto, venga los mozos a hacer el tonto y, sobre todo, venga esas orquestas con música hasta las 6 de la mañana y nosotros, pues eso, ahí, con las ventanas abiertas para no morir asfixiados y escuchando ese "chumba, chumba, chumba ..." de fondo y esas conversaciones a gritos a pie de tu ventana que hace que en más de una ocasión abras los ojos para comprobar que esa tertulia no tiene lugar en la mesilla que al lado de la cama.

Este año hemos ido menos a la playa que tenemos a cuatro pasos de casa, aquella que conté que es de piedras. El motivo no han sido las piedras, sino que el agua siempre estaba turbia y a los niños les gustaba más otra de arena. Así que, muy a menudo, cogíamos la furgoneta y nos íbamos a aquella playa en la que hay una industria cementera. La playa está muy bien: agua limpísima, arena, papeleras, campo de fútbol-playa (con porterías como Dios manda), volley-playa y duchas ... el único problema son las vistas. Si enfocas bien, las fotos son espectaculares, si te descuidas un poco y aparece esa mole es lo más parecido a Chernobyl (no he estado nunca, pero me lo imagino así). De hecho, mi amigo P., que veranea en un pueblo cercano al que estábamos nosotros, le llama así a esta playa y cada vez que acababa de bucear me tocaba la cara no fuera que tuviera tres ojos.

También hemos hecho excursiones al Delta del Ebro (ya es un clásico) y todo ello con amigos. Allí coincidimos con una familia del colegio que tienen ocho hijos (y varios de ellos de las edades de los nuestros), otra familia, también del colegio, con seis hijos, siendo dos de ellos de la edad (y la clase) de P. y Mi.

Pues eso, playa, excursiones, siestas, comidas ligeras y con abundante bebida, algún gin-tonic nocturno ... pero lo realmente importante de este año ha sido conocer a Matteo. Matteo -al que dedicaré la próxima o próximas entradas del blog- es un italiano que conoció mi cuñado y que tiene una historia poco común. Le pedí permiso y me autorizó para explicar (lo que yo sé) su historia que, de verdad, es fascinante

Camino del Delta, se ve así el río Ebro
Seguirá ...