jueves, 1 de diciembre de 2011

El cuarto de máquinas

Hace tiempo os comenté cómo nos las apañábamos con el proceso de lavado, secado y orden de la ropa. 


He tenido que esperar a pintar el cuarto del lavadero (si vierais los problemas de humedad que tenemos allí con la maldita condensación lo entenderíais) para poder hacer las fotos y que se entienda mejor la explicación:


En estas dos primeras imágenes se aprecian -a duras penas porque, recordad, nunca debe hacerse una foto a contraluz- aquellas cestas que A. compró y marcó con el nombre de cada uno de nosotros para que, cuando sacamos la ropa que no necesita plancha de la secadora se ponga en la cesta de cada uno. En la foto de la derecha se aprecian mejor la lavadora y secadora.


La lavadora tiene una capacidad de 7,5 Kg que, a pesar de ser relativamente grande, no evita que se pongan muchas a la semana. La secadora, sin embargo, tiene capacidad para 8 kg.


No sé si sois capaces de apreciar al final de la habitación unas barras que colocamos para poner allí, con perchas, aquellas prendas que deben plancharse. Una vez planchadas, se cuelgan en una parte de la barra superior (normalmente a la derecha) poniendo antes una percha con un letrero que pone "ropa planchada" (eso sí que cuesta apreciarlo en la foto).


Esta habitación es conocida también como la "Sala de máquinas", nombre que no me acaba de convencer por cuanto creo que ese nombre sería más propio para nuestro dormitorio ;-) ¿Por qué "Sala de máquinas"? Pues porque, además de la lavadora, la secadora y la plancha, allí se encuentra también un congelador.




Ese congelador tiene no sé cuántos cajones y nos permite realizar grandes compras de comida para que dure un tiempo. Hasta hace poco teníamos otro "que hacía mucho hielo" (A. dixit), así que decidió comprar otro que fuera No frost y, aprovechando las circunstancias y el Plan Renove de la Generalitat de Catalunya, más grande.


Antes de que nuestra ya entrañable Anónima entre diciéndome que "me habré quedado tan tranquilo" o "que no me fastidia" o "que soy de no sé qué escuela", diferente a la de su santo ..., os diré que yo también conozco esta estancia de la casa y no sólo de pintarla de vez en cuando ni de coger alguna que otra herramienta de su caja, sino que pongo lavadoras muy a menudo, recojo de la secadora la ropa y la ordeno en las cestas e incluso he planchado.


Aprovecho la entrada para agradecer a Anónima su reciente incorporación y, sobre todo, por la forma en la que lo ha hecho. Has conseguido -permíteme que te tutee a pesar de tus apellidos- que las visitas a mi blog aumenten de forma considerable, llegando incluso a recibir una visita de Andorra, tan cerca y tan lejos.


Hoy, en el rincón de las BSO, una perlita. Se trata de la escena final de la película "Grita libertad" en la que se interpreta el himno nacional de Sudáfrica, "Nkosi sikelel'i Afrika", y, como decía aquél, pone la gallina de piel. Para el que quiera escucharlo, deberá hacerlo a partir del minuto 07:06. Eso sí, un poco de paciencia, porque va in crescendo hasta que a partir del 08:05 se llega al clímax (al menos para mí). Así que ya sabéis que debéis hacer los impacientes. ¡Hala, a disfrutar!


miércoles, 30 de noviembre de 2011

Cena con amigos


Ayer noche estuvimos mi amigo T. y yo cenando en casa de nuestro común amigo I., ya sabéis, el ingeniero especializado en recorrer el mundo recogiendo premios para su empresa (perdón, para la empresa en la que presta sus servicios pero que no me extrañaría que, de seguir así, acabara siendo suya ... aaaaaarffff...cojo aire) y que come huevos de hormiga.

Lo pasamos genial. I. nos sorprendió -al menos a mí- con unos langostinos buenísimos. El tío no compró una pizza y la calentó en el horno, no. Se fue a comprar alguno de los manjares servidos. Pero no os creáis que fue al súper de la esquina o a la típica tienda "dels descuidats" (vendría a ser la de los "olvidos" o la que te hace salir de un apuro) de al lado de casa, sino que se fue al mercado ("a plaça" que dicen por aquí) y, como un Ferran Adrià cualquiera, se dedicó a escoger lo que más tarde nos serviría.

Aclaración: ya le gustaría a Ferran Adrià pronunciar como él ... bueno como cualquiera de nosotros, la verdad.

Los tres estuvimos hablando de muchos temas, arreglamos el mundo (la crisis no) y repasamos algunos episodios pasados, alguno vividos en escenarios comunes, otros no. Hubo momentos muy divertidos.

La velada se alargó hasta una hora intempestiva para cualquier día, pero aún más al tratarse de un día laborable. Eso, el vino que acompañó la cena y el pacharán que puso punto final (o seguido, no sé) hicieron que esta mañana me acordara de Mecano, pero no por su probable futura vuelta a los escenarios, sino por aquella canción de "Hoy no me puedo levantar".

Me he dado cuenta de que la edad ya no perdona. Si planes como éste dejan tocado a cualquier joven que aprovecha el fin de semana para salir, imaginaos a un cuarentón que hace no sé cuánto tiempo que no trasnocha y que, para volver a repetir, escoge un día entre semana.

Hoy, en el apartado de BSO, os traigo una composición de Maurice Jarre para la película "El Club de los Poetas Muertos". No traigo sólo la música, sino que también la escena en la que sale esa melodía. Además es en inglés porque -me parece a mí- resalta más el dramatismo del momento.



                     

Nota: MadreYMas me hizo una sugerencia que podría ayudar a seguir algunas entradas. Desde hoy, en el margen superior izquierdo del blog, tenéis un pequeño esquema de nuestros hijos.

martes, 29 de noviembre de 2011

Niños haciendo de agentes de tráfico

Esta mañana he recibido una llamada telefónica de la Comisaría de los Mossos d'Esquadra de una cercana población informándome que tenían en sus dependencias a un detenido y como hoy estoy de guardia de asistencia a detenidos debía asistirle en su declaración.

He pedido prestado el coche a mis suegros y para allá que me voy. Esa Comisaría se encuentra próxima (al lado) a un centro escolar por lo que, al coincidir con la hora de entrada de los niños, el tráfico era bastante denso. A pesar de ello, la velocidad era desproporcionadamente lenta. Cuando he llegado al punto conflictivo, he podido observar que eran unos niños los que, provistos de un chaleco amarillo fosforito, ayudaban a los agentes de la Policía Local a regular el tráfico.


Está bien que desde pequeños aprendan seguridad vial (supongo que esa es la intención de esta iniciativa), pero ¿no podrían hacerlo con otro tipo de enseñanzas o con prácticas a una hora que no sea punta?. Es verdad, que ahora cualquier momento es hora punta, pero ...


La ya mítica sección de BSO -con multitud de seguidores y múltiples comentarios- incluye hoy la canción de Johnny Cash versionada por Joaquin Phoenix, "I walk the line", de la película del mismo título o "En la cuerda floja"


lunes, 28 de noviembre de 2011

En el médico

Esta tarde he acompañado a JP al médico. Ha pasado una noche un poco chunga y lo que en un principio tenía toda la pinta de pesadillas, poco antes de las 8 de la mañana se ha transformado en 38º. Primer síntoma de que ahí pasa algo y cambio de planes. Llamada telefónica a mi suegra y el mismo resultado: "Traédmelo a casa". Un sol. Al poco de llegar al despacho me ha llamado (mi suegra) para invitarme a comer, cosa que he aceptado gustosamente (además de no perder el tiempo con el blog, allí se come muy bien). A. me ha llamado para comentarme que JP ha vuelto a tener fiebre (39º a las 13 h) y pedirme si podía llevarlo al médico a las 15 h.

En la sala de espera de Pediatría JP estaba muy feliz y, viendo a otros niños y niñas, muy sano. Quedaban restos de juguetes para hacer más amena la espera de los niños y múltiples carteles (con su publicidad del producto médico en cuestión) sobre consejos en el cuidado del bebé, las bondades de la lactancia materna y alguno más. A juzgar por las toses de los niños allí presentes (siempre me he preguntado cómo es posible que niños tan pequeños tosan como algunos viejos) a uno le entra un miedo de salir contagiado con algún tipo de virus que no veas. Ya lo dicen, en los hospitales es donde más infecciones se cogen, ¿no?. Cuando nos han llamado por megafonía, hemos acudido al consultorio nº 415 y allí nos esperaba la pediatra. Conoce a toda la familia porque ha atendido a todos nuestros hijos. Le ha mirado los oídos, le ha auscultado y, después de mirarle la garganta, ha empezado el drama: necesitaba una muestra de la saliva que hay en las amígdalas porque hace 2 semanas JP tuvo unas anginas y era preciso comprobar que la medicación entonces aplicada había acabado con el virus. Es decir, si se trataba del mismo virus o de otro distinto. Lógicamente era del todo necesario saberlo para recetarle uno u otro tratamiento.

Para extraer una muestra era preciso introducir por la boca un bastoncito con algodón en un extremo, como aquellos que se usan para limpiar el oído, pero bastante más largo. Ahí el niño se ha cruzado y no había manera de que abriera la boca. Hemos estado un buen  rato -pediatra y yo- intentándolo convencer para que consintiera, pero no había manera. Cuando llevábamos un buen rato, un movimiento ágil y rapidísimo de la médico ha conseguido tan preciada muestra (o eso al menos me ha dicho). El niño ha montado un pollo considerable. Tras el pertinente análisis el resultado ha sido positivo. Sigue habiendo restos del mismo virus, por lo que se le ha recetado otra medicación y, lo peor, es que deberá volver para hacérsele otra vez la prueba del bastoncito. JP ha estado todo el camino de vuelta enfadado por la prueba que le han hecho y porque saben que se la volverán a hacer.

Hace pocos días ya estuvo A. con Q. allí y también la armó parda. He estado a punto de abrir yo la boca y pedirle que me hiciera a mí la prueba para demostrarle que no es una cosa genética, pero no me ha parecido prudente, aunque creo que la habría superado con éxito.

Mi pregunta es muy sencilla. Viendo la titánica lucha para conseguir esa muestra, ¿no existe ningún otro procedimiento que permita la extracción de saliva de tan recóndito lugar? Ya me veo un próximo numerito dentro de unos días. Ahora nuestra tarea consistirá en intentar convencer a JP de que es mucho mejor abrir bien la boca que no cerrarla y, sobre todo, no ponerse nervioso.


Seguimos con las BSO. Ahora le toca el turno a "You're so cool" de la película (que no he visto) True romance. La música es de Hans Zimmer, que ya os adelanto que saldrá en más de una ocasión.



viernes, 25 de noviembre de 2011

Un día cualquiera

El ser perfecto es un individuo que muchas veces mira por los demás, así que hoy, atendiendo a la petición de Leles (una de las más fieles lectoras de mi blog), escribiré sobre un día normal en una familia numerosa normal ... o no, porque es sobre la mía.

Un día laborable empieza a las 06:35 h cuando suena el despertador. ¿Y por qué a las 06:35 y no a las 06:30? Pues, la verdad, por una tontería. Me daba la sensación que las 06:30 h era muy temprano, así que decidí empezar 5 minutos más tarde.

Después de dar gracias a Dios por regalarme un día más, me acerco hasta el cuarto de baño y me pongo el albornoz (ya sabéis, un señor no anda en pijama por la casa). Acto seguido despierto a A. con un "Affgffpf, que ya ef lora" (uy, se me ha escapado el nombre de A.) y me voy a la cocina a preparar el desayuno mientras escucho algunas noticias por la radio. Cuando A. ya se ha duchado viene a la cocina y desayunamos juntos. Es uno de nuestros momentos donde hablamos de cosas nuestras y repasamos algún tema del día que empieza o del día anterior.

¿Que lo estoy detallando demasiado? Vale, perdonad.

Los niños se levantan a eso de las 07:15 h y a partir de ahí es una vorágine. Mientras los mayores se van a la ducha, los pequeños desayunan. Hace un tiempo hicimos unas reformas en el baño eliminando una enorme bañera (sólo le faltaba pintar unas líneas azules en el fondo y, al llenarla, hacer competiciones de natación) y poniendo dos duchas, que permiten que mientras dos de nuestros hijos se están duchando, otros pueden ir peinándose o limpiándose los dientes.













Los cinco mayores se visten solos, mientras que a S. se encarga de vestirlo P.

Después de unas cuantas carreras y algún que otro grito, salimos todos por la puerta. Ma. se va a casa de una cuñada que trabaja en su cole y la lleva cada día, mientras A. se lleva a los cinco chicos (siempre que no haya algún niño añadido) al cole donde ella trabaja. Sí, ya sé, lo tenemos bien montado.

Cuando vengo a casa a comer, ese es mi momento. Todos, los niños y A. comen en el colegio, así que os podéis imaginar la tranquilidad que se respira en casa. Cuando hace unos años empecé a trabajar en la misma ciudad en la que vivimos se me hacía muy raro, pero ahora ya me he acostumbrado a la gloria.

La casa vuelve a llenarse sobre las 18 h. Por lo que me cuenta A. llegan como un león que lleva semanas sin comer y meriendan como auténticos descosidos, debiendo vigilarlos para evitar que después, durante la cena, digan que no tienen hambre. Los niños hacen deberes y A. se desdobla para poder atenderlos a todos. Para el que todavía no se haya dado cuenta, es una auténtica heroína (femenino de héroe) capaz de dar abasto a semejante jaleo.

Cuando llego por la tarde-noche a veces cenamos juntos y otras veces ellos ya lo han hecho. Existen días entre semana que a esas horas apenas nos vemos A. y yo porque uno u otro juega a padel con sus amigos/as o tenemos compromisos ineludibles. Eso sí, los días que coincidimos y desde que tenemos el megadiscodurodeunTera, vemos una película. Los pequeños están acostados y los mayores a punto (Ma. y P. se "pelean" o pelean por el ordenador) y desaparecen. Nos quedamos solos. Es el momento de mayor tranquilidad. "Por fin solos, A" (...) "¿A.?" (...) "¿A.?" Me giro y la encuentro dormida en el sofá. Es lo que tiene ser madre de familia numerosa.

Otro día hablaremos de un fin de semana cualquiera.

Ahora os dejo con la nueva pieza de la recién estrenada (y que no sé lo que durará) sección de música en el cine o Bandas Sonoras Originales. Ahora es el turno de Michael Nyman con The Sacrifice, tema de la película "El Piano". Genial.




jueves, 24 de noviembre de 2011

Un blog (cuasi) anónimo

Como todos sabéis este blog mío nació anónimo y en la actualidad podríamos calificarlo como cuasi-anónimo (vendría a ser como mi perfección). Esta derivación del blog ha sido de una forma natural y puede calificarse como tal porque, en la actualidad, sabe de su existencia mi familia directa (salvo mis dos hijos pequeños), 2 de mis 6 hermanos, aunque sólo Primogénito lo sigue y participa activamente por aclamación popular y algunos amigos, aunque seguidores (lectores asiduos del mismo) sólo lo son unos pocos. Sin ir más lejos, mi amigo N. apenas me lee, es necesario que se vaya a China para hacerlo (uy, qué gracioso ha quedado esto de "sin ir más lejos" y luego decir que ha estado en China, que lejos lo está un rato). Debo agradecer a M. (BTV) el ser una de mis más asiduas lectoras, lo mismo que con I. (el ya bautizado como ingeniero comehuevosdehormigas e impenitente viajero), que al dispensarme tan inmerecido trato, hacen que me sienta orgulloso, lo reconozco.

Evidentemente, este blog me ha permitido "conocer" mucha gente nueva a la que, como comprenderéis, no citaré por temor a ser injusto dejando de citar involuntariamente a alguno. Sabéis perfectamente quiénes sois y os lo agradezco mucho.

Es cierto que escribo por gusto, pero debo reconocer que, a pesar de no ser el principal objetivo, me gusta que me lean y me hagan comentarios. Para el que todavía no se crea que ese no es el motivo, puede repasarse las primeras entradas de este blog y podrá comprobar que el primer comentario no aparece hasta que llevaba no sé cuántas entradas publicadas. 

El que este blog sea así tiene sus cosas buenas y sus cosas malas. Lo mejor de que este blog sea (cuasi) anónimo es que puedo escribir sobre cualquier tema sin miedo al qué pensará fulanito o fulanita cuando lea esto. Lógicamente al ser sólo anónimo en parte, existe un freno a tratar ciertos temas en los que algún personaje cercano puede ser identificado y no salir bien parado. Por ejemplo, hoy hemos estado en el cole de los niños en una tutoría de P. y, claro, no voy a explicar aquí lo que nos han dicho y darle así munición a alguno de sus hermanos (aclarar que nos han dicho cosas muy buenas de P.).

Lo mismo ocurre con ciertas anécdotas o vivencias de mi profesión que, al ser consciente de que mis hijos me leen, prefiero omitir y contarlas en petit comité.

Lo malo es que no hago publicidad del mismo (dejaría de ser anónimo) y eso resta potenciales lectores, pero, como decía, no me preocupa.

Ahora, de vez en cuando (cuando me acuerde, la verdad) iré poniendo bandas sonoras que me gustan independientemente de que la película a la que pertenecen me haya gustado o incluso la haya visto o no. Y para inaugurar este nuevo rincón os pondré el Ave Maria guaraní de la película "La Misión". Sé que no es el tema principal del filme, pero me gusta mucho.


Ah, si alguien sabe si existe algún otro sistema que no sea a través de vídeos de Youtube que sea tan amable de decírmelo. Gracias

miércoles, 23 de noviembre de 2011

"P.", no "Mi", no "Q" ... "JP" ... niño, ven para acá

Uno de los problemas de tener varios hijos y un solo cerebro es que éste último te juega malas pasadas, traducidas en la mayoría de los casos en falta de autoridad. ¿Qué tendrá que ver una cosa con otra os preguntaréis la mayoría? (si no nos lo preguntáis podéis empezar a preocuparos)

El cerebro humano (al menos el mío y por lo que he podido ver también el de A.) tiene la capacidad que tiene, no existen -que yo sepa- discos duros externos que amplían la memoria del cerebro o que, al menos, le doten de mayor velocidad. El caso es que en numerosas ocasiones se da la situación de querer decirle algo a uno de tus hijos y confundes sus nombres, con la consiguiente -como ya apuntaba- caída en picado de la autoridad -poca o mucha- que te quedaba.

Como creo que me estoy liando mucho, un ejemplo servirá para arrojar luz sobre el tema:

Llegas a casa y te encuentras un zapato suelto de uno de tus hijos. Consigues adivinar de quién es y empiezas a llamar a su dueño, pero eres incapaz de pronunciar el nombre del hijo que tienes en mente. Parece curioso o incluso patológico, pero os puedo asegurar que es así. Y no solo eso, sino que pronuncias todos los nombres de tus hijos a excepción del del dueño del zapato. A todo ello, además, hay que añadir que tu tono de voz va aumentando a medida que te vas equivocando. En definitiva, llegas y ves un zapato de Mi. y empiezas a (creer) llamar a tu hijo Mi., cuando en realidad estás diciendo "P." y, enseguida, "Q." y después, por fin, "Mi."

Esta situación que puede resultar graciosa no lo es en absoluto cuando se da ante todos tus hijos en un momento en que la cosa es seria (una bronca) y uno de ellos, por ejemplo, interrumpe con una tontería. Ahí ya te salen todos los nombres menos el del niño en cuestión. El tiempo me ha enseñado que tanto A. como yo en situaciones como ésta usamos el mismo recurso: cuando llevamos ya varios nombres pronunciado (y no acertados), acabamos con un "niñooooo"

El otro día me dirigí a JP para pedirle que recogiera no sé qué cosas que se había dejado en el salón. Lo curioso es que el niño era consciente de que me dirigía a él porque se acercó y empezó a recoger aquello, pero mientras lo hacía me miró y muy tranquilo me dijo "Vaaaale, pero soy JP" Es entonces cuando caí en la cuenta que le había llamado S.


Peor fue cuando hace unos años A. oyó la siguiente conversación entre Ma., P. y Mi:


Ma: Mamá a mí me llama "reina"


P: A mí me llama "rey"


Mi: Pues a mí me llama "P..., Q... ¡niño!"