A mediados de la semana pasada A. recibió la llamada de E. haciéndole una propuesta un tanto peculiar. Al parecer, este fin de semana se iba a celebrar en Barcelona un encuentro de los colegios que en toda España tiene la congregación propietaria del colegio al que asisten sus hijas. Entre otros planes, el sábado estaba previsto visitar la Sagrada Familia y después, todos juntos, hacer un picnic en el Fòrum. La propuesta no era otra que ocuparnos de preparar ese picnic para 220 personas (inicialmente, pues al final fueron unas cuantas más)
En un primer momento A. no sabía qué decir, pero, tras unos instantes de duda, aceptó el encargo. Habló conmigo y me comentó que podría estar bien implicar a los niños y que el dinero obtenido fuera para ellos siempre que su destino fueran futuras actividades: campamentos de verano, intercambios lingüísticos en el extranjero ...
A. empezó a hacer cálculos con las instrucciones recibidas. Los números, a grandes rasgos eran:
- Hay que hacer bocadillos, 2 por persona : 440 bocadillos
- Pan: 114 barras
- Una botella de agua por persona: 240 botellas
- Habrá que meterlo en bolsas: 400 bolsas (los paquetes que consiguió eran de 200 bolsas cada uno.
- Un bocadillo de queso: 6 Kg de queso cortado
- Un bocadillo de salchichón: 4 Kg. de salchichón
- Una servilleta: 250 servilletas
- Un snack: 228 kit-kat
- Los bocadillos serían con pa amb tomàquet: 10 Kg de tomates y 2 litros de aceite
- Una manzana: 227 manzanas
- Papel de aluminio: 3 rollos de 50 metros cada uno
De las 220 personas iniciales, 3 menús debían ser para celíacos y 3 para intolerantes a la lactosa.
Acompañé a A. a la frutería el viernes por la tarde y al chico que estaba reponiendo manzanas, le preguntó "¿Cuántas manzanas caben en cada caja?" El chico, asombrado por la pregunta y después de mirarnos, se puso a contar ... "Pueeees, unas 48". "Vale, pues necesitaremos ... ¿cuántas cajas necesitamos para 220 manzanas?" Ahí también compramos los tomates.
Justo al salir de la frutería, E. volvió a telefonear a A. y le preguntó si también podríamos ocuparnos de la merienda. Aquí solo haría falta comprarla, sin necesidad de hacer lotes. Como eso representaba un pago adicional, aceptamos.
Las barras de pan estaban encargadas en una panadería que hay al lado de casa y a medida que se acercaba el día, una idea no paraba de rondarme la cabeza: me imaginaba que íbamos a buscar las barras de pan y se habían olvidado encargarlas.
El viernes empezamos a hacer los lotes. En cada bolsa pusimos la botella de agua, una servilleta, una manzana y el snack. El aspecto de parte del salón era éste:
| Cada vez se parece más a un taller de chinos ilegal |
El sábado por la mañana, tras recoger las barras de pan encargadas (uf, no se había olvidado), empezamos a hacer los 440 bocadillos. De cada barra salían 4 bocadillos. Mientras A. cortaba las barras, Ma. y yo las untábamos con tomate y aceite, Mi. ponía el queso o el salchichón, P. los envolvía y Q. los etiquetaba (sí, A. hizo no sé cuántas etiquetas para los bocadillos diciendo de qué era cada uno). Teníais que haber visto a A. con su gorro-malla de bolsa de naranjas-megapubilla para que no cayeran pelos en los bocadillos. Toda una profesional. Vamos, como si tuviéramos el título de manipulador de alimentos.
Sin ser un ritmo frenético, no se paraba en ningún momento. De vez en cuando, nuestro comodín (Q.) hacía recados "Ve a buscar más cajas, compra más barras de pan ...". Por momentos me venía el terrible pensamiento de no acabar a tiempo y tener a 220 personas hambrientas me aterraba.
Voy a buscar el coche. En el maletero pongo los batidos y zumos de la merienda y en los asientos traseros la merienda. Aparco al lado de casa y empezamos a cargar bolsas. El aspecto, éste:
| Maletero (a tope) |
| Segunda fila de asientos con merienda (en la bolsa rosa los alimentos para los alérgicos) |
Ahora empiezo a cargar la fila de asientos que hay en medio. ¡Por fin! ¡Ha cabido todo!. Espera, un momento, que Ma. dice que todavía hay tres cajas más, que no había visto:
| Aquí no cabe nadie más |
Bueno, ahora sí:
| Preparados para cruzar el Estrecho ... uy, no, para entregar la mercancía |
A. y yo nos vamos a Barcelona acompañados de P., que nos ayudará en el reparto (suerte que delante hay tres asientos porque el resto de la furgoneta va muy llena). Ma. se queda en casa con los dos pequeños. Mi. se ha ido a jugar a padel y Q. se ha ido de acampada. E. nos va llamando diciendo que van con retraso. Al final, hacemos la entrega pasadas las 3 de la tarde y después nos vamos a comer a un McDonalds. Llevamos a P. al Mini Estadi. Juegan el Barça B y el Sporting de Gijón y, junto con un compañero de clase y un ex-profesor suyo (asturiano), van a ver el partido. Corriendo a casa, que Ma. está desesperada porque había quedado con unas amigas.
E. tuvo el detalle de enviarnos un mensaje diciendo que estaban buenísimos y que la gente había quedado encantada.


