martes, 31 de mayo de 2011

Camisa de manga larga

El verano acostumbra a traer buen tiempo y calor, días más largos y ... una pregunta que, año tras año, me hace mucha gente. La pregunta es "¿No tienes calor?"

Alguno dirá que es una pregunta que nos hacemos unos a otros durante esta época del año, pero puedo aseguraros que a mí me la formulan con mayor frecuencia que a cualquiera de mis lectores (o no lectores). El motivo no es otro que mi costumbre de llevar camisas de manga larga también en verano.

Para aquél que todavía esté con la boca abierta o -sin exteriorizarlo- pensando que soy un psicópata inestable, conviene puntualizar que acostumbro a ir a trabajar con traje (otras veces americana) y corbata (soy consciente que todavía existe alguno que, a pesar de leer la explicación seguirá boquiabierto, es más, me atrevo a asegurar que incluso alguno estará más sorprendido si cabe). Pues sí, soy de los que no lleva manga corta con corbata. Y no lo hago no sólo por un motivo meramente estético, sino que es una cuestión de principios. Por ejemplo, si fuera mormón, seguramente lo haría, pues parece que forma parte del uniforme junto con la chapa con su nombre en la solapa y ese librito en la mano o si fuera payaso, me pintaría la cara y llevaría aquella chaqueta de colores que si lavas con Micolor queda como el primer día.

En mi armario ya no existe ni una sola camisa de maga corta, ni siquiera de las llamadas de sport. Un día decidí deshacerme de ellas y actualmente la única manga corta que llevo es la de los polos (cuando vivía con mis padres, recuerdo a mi madre llamando a esta prenda, no sé por qué, "nicki". Es como si ahora la oyera diciendo "Niño, ponte el nicki azul").

Quizá sea una manía, no lo sé. También acostumbro a ponerme camisa blanca y corbata oscura (azul marino porque no tengo una negra) cuando tengo una vista en el Juzgado. Aquí sí que me gusta guardar esta -quizá rancia- costumbre, aunque a veces, a tenor de la pinta con la que aparece algún "compañero" (los abogados solemos tratarnos así y a mi -aun hoy- a veces me cuesta), Juez o Fiscal, llame poderosamente la atención por aquello de ir "demasiado arreglado". Es la misma situación que he vivido en más de una ocasión cuando al ser invitado a una Primera Comunión o un Bautizo, me pongo traje y corbata y camisa de gemelos y al llegar ... voy más arreglado que el padre de la criatura.

lunes, 30 de mayo de 2011

¿Generación o galaxia?

Yo, hasta ahora, era de aquéllos que no alberga duda alguna acerca de que nuestros hijos pertenecen a otra generación. Sé que alguno estará pensando que soy un portento de la sabiduría al afirmar esto que acabo de escribir, porque precisamente "otra generación" es eso.

Sin embargo, ahora mismo empiezo a pensar que no sólo son de otra generación sino que quizá sean de otra galaxia. No sé cómo ni cuándo llegaron aquí desde su planeta, pero lo cierto es que ayer vi con mis propios ojos la prueba irrefutable de su origen.

Ayer estábamos celebrando el 25 aniversario de la ordenación sacerdotal de un amigo de la familia y, en el aperitivo, se sirvieron diversas bebidas, muchas de ellas en envases pequeños (las botellas de Coca-Cola y cerveza de toda la vida, para entendernos). Allí, al lado de las botellas, había varios abridores como el de la imagen. Como estuve sirviendo a unos cuantos, pude ser testigo directo de la odisea que para cualquier joven de menos de 20 años significaba abrir el botellín. Cuando observé al primero de ellos, pensé que se trataba de un individuo poco hábil para ello, pero a medida que fui comprobando cómo ese problema era general entre los de esa generación, me asusté. Algunos se miraban entre ellos preguntándose cómo se utilizaría ese artilugio. Otros se ayudaban entre ellos y otros, los menos, tras un intento fallido pedían a un "adulto" que le quitara la chapa.

Sé que los tiempos han cambiado y que la mayoría de las bebidas para los jóvenes vienen enlatadas o en botellas con tapón de rosca, pero nunca creí que llegaría a ver esto. Me recordó a un vídeo francés que circula por internet en el que se veía a unos niños a los que se les mostraba diversos aparatos (radiocassette, disquete, etc) y se les preguntaba para qué creen que sirven. Las respuestas, desternillantes.


PS Sara M., aquí tienes, cortesía de Tomae (bueno, me costará una cerveza), el enlace del vídeo mencionado y que solicitabas en tu comentario.



viernes, 27 de mayo de 2011

Indignados

Ayer fue un día muy cargado. Empezamos a las 8,30 h  en el colegio de los niños con una charla con el tutor de Q., a las 9,00 h con el tutor de P. y a las 9,30 h con el tutor de Mi.. Desde ahí, cogí el tren y me fui a Barcelona. Cuando acabé mis gestiones en el Tribunal Eclesiástico y en el Tribunal Económico Administrativo Regional de Catalunya, comí con mi amgo N. Volví a coger el tren y ya en el despacho tuve una larga reunión con unos clientes. Y para acabar el día, reunión de P5 en el cole, el curso de JP. 

No, no estoy indignado por esto. Esto es lo que hay. El título de la entrada es porque, en el rato que pasó entre mis visitas a los dos Tribunales y la comida con N., me acerqué a la Plaça de Catalunya, donde desde hace unos días están acampados unos cuantos indignados siguiendo el movimiento bautizado como "15-M" o, con un toque de osadía, "Spanish revolution".

La verdad es que había más palomas que acampados, la sospechosa uniformidad (rastas, descamisados, tatuados, pearcings, etc) llamaba la atención, el paisaje muy cutre (eso sí que era una agresión paisajística) con multitud de letreros en los que se podía leer todo tipo de lemas, muchos de ellos copiados del "mayo del 68" y la mayoría con frases huecas. Y el olor. En algunas zonas de la plaza el olor "a meao" era insoportable. Yo, con mi americana, mi corbata y mi cartera me paseaba por el lugar bajo la atenta mirada de varios "indignados" y bajo un sol de justicia. Existían diferentes "subcomisiones": inmigración, educación, teatro (sí, sí, de verdad), identidad sexual (podéis imaginar fácilmente qué colectivos formaban parte de ésta), ética, etc.

En una de las esquinas de la plaza vi a un grupo de gente formando como un corro, así que hacia allí me dirigí y pude ser testigo directo de una de esas "asambleas". La gente se iba pasando un altavoz conectado a un micrófono que, de forma rudimentaria y a duras penas, permitía que los demás escucháramos alguna de sus ... ¿reivindicaciones?, ¿pensamientos en voz alta?, ... no sé. Me llamó especialmente la atención la intervención de un muchacho (de veintipocos años) que decía que el Estado les había pedido (¡qué suerte, el Estado se ha dirigido a ellos!, aunque me pregunto quién es el Estado) que enviaran un representante para alcanzar un "acuerdo de mínimos". El tipo se quejaba diciendo "no debemos caer en la trampa, no tenemos líderes" (?). Después decía que si se enviaba a unos "representantes del pueblo", se corría el riesgo de que éstos fueran comprados: "Si elegimos a unos que nos representen, por ejemplo a mí, y vamos allí, nos pueden ofrecer 100.000 € y comprarnos ... porque todos, incluso yo, tenemos un precio". Me llamó la atención su discurso por su humildad y porque, una vez más, seguimos sin saber qué quieren. Si no se les hace caso, se queja de que los ignoran y si les piden diálogo, se niegan. ¿Qué quieren?

Es cierto que habrá gente de muy buena fe, pero seguimos sin saber qué quieren y siguen sin reivindicar propuestas concretas. Más de uno me pareció de una inocencia sorprendente.

miércoles, 25 de mayo de 2011

Cuando fui campeón de ping pong

El verano de 2009 lo pasamos en Lastanosa, pueblo de la comarca de Los Monegros, provincia de Huesca. Nuestros amigos Je. y M. nos consiguieron una casa para alquilar y allí estuvimos 10 días.

El pueblo tiene una piscina de muy reciente construcción y muy bien cuidada, que resulta imprescindible para hacer más llevadero el rigor de las temperaturas veraniegas propias del lugar.

Coincidió nuestra estancia en dicha población con la celebración de las fiestas patronales, así que os podéis imaginar lo de festejos que hubo esos días. Como buenos forasteros participamos en la mayoría de ellos que, a pesar de que asistía gente de otros lugares, nunca llegaba a masificarse, lo cual es de agradecer, aunque los que se ocupaban de la caja habrían preferido aglomeraciones a la hora de consumir.

Entre otras cosas, se organizaron diversos campeonatos: de guiñote (un juego de cartas que nunca llegué a aprender), petanca y ... ¡ping pong!

Me apunté al de petanca formando pareja con P. y conseguimos pasar la primera ronda para caer eliminados por los que a la postre resultarían ganadores. Según me informó más tarde Je. esa pareja siempre gana... por si no se ha entendido bien, esa pareja siempre tiene que ganar. No es excusa, porque ni P. ni yo habíamos jugado nunca en serio a este juego, así que la derrota estaba cantada.

Me apunté también al campeonato de ping pong y fui avanzando fases hasta que, casi sin quererlo, me planté en la final. Allí me esperaba un jovenzuelo de 17 años que gozaba del fervor popular (si bien la familia residía en Zaragoza, su padre era de Lastanosa lo que le hacía prácticamente oriundo del lugar). Mi curriculum en anteriores participaciones en diversas competiciones era desolador: nunca había ganado nada. Recuerdo haber firmado unas tablas con mi amigo R. cuando teníamos 7 años en un campeonato de ajedrez en el que participamos y así conseguimos empatar en el último puesto. Por tanto, llegar a la final era ya un triunfo. Me sentía como el Sevilla ante su primera final de la Copa de la UEFA a disputar en Eindhoven el 10 de mayo de 2006. El símil no sirve sólo para colocar una cuña publicitaria de mi equipo, sino que me sirvió de acicate y, al igual que el Sevilla (supongo), pensé "ya que he llegado hasta aquí, no tengo nada que perder y me espera la gloria" (quizá lo haya ya oído en alguna película, pero si no eran éstas las palabras, se le parecían).

Llegó el momento y me fui hacia el Club (se llamaba así, pero era donde se hacía todo, era lo que en Catalunya se conoce como el Casal) Había público y ya me esperaba mi contrincante. Me dio la mano (o yo a él) y empezamos a jugar. Era un partido "al mejor de tres", el primero que ganara dos juegos se proclamaría campeón. Logré ganar el primero de ellos. Me ganó el segundo y todo se decidió en un último juego. Lo único que recuerdo es que opté por jugar a la defensiva, mientras el contrario se dedicaba a pegar pelotazos yo los devolvía como podía (alguna devolución fue espectacular). Otra imagen que tengo grabada es a varios de mis hijos (aunque parezca mentira, no éramos mayoría) animándome. Al final, como habéis deducido con sólo leer el título de la entrada, gané el partido. Á., el contrario, me felicitó muy deportivamente y por la noche, en la entrega de premios oficial, recogí mi trofeo que me acredita como "Campeón de Ping Pong Lastanosa 2009".

Bueno, en realidad, cuando leí la placa pegada a la Copa, ponía "Campeón de PIN PON Lastanosa 2009". Es un error comprensible. El único problema es que dada mi falta de costumbre en ganar algo, de vez en cuando, cuando la veo intento acordarme de lo que gané porque cuando pase el tiempo y me empiece a fallar la memoria, al leer esa placa pensaré que habré ganado un concurso de muñecas Pin y Pon.

Sé que alguno pensará que ese Campeonato lo gana cualquiera, que el nivel sería muy bajo y ... no, se equivoca de cabo a rabo. Es cierto que no abundan ciudadanos chinos en esa población, ni siquiera orientales, pero bueno también tiene mérito eliminar a unos cuantos contrincantes, plantarse en la final y ganarla. 

Y por si a alguno le quedan dudas, supongo que si buscáis en Wikipedia apareceré como campeón del año 2009. Si no sale, no os preocupéis, saldrá entonces en Wikileaks.

Ah, nuestro hijo P. quedó subcampeón de su categoría, lo que demuestra que algún gen mío ha heredado.

martes, 24 de mayo de 2011

El violinista en el tejado

No tenía previsto en mi blog publicar muchas entradas acerca de películas. Vamos que no soy de aquellos que cuando ha visto una película da su opinión. Que lo hagan otros, que lo hacen mucho mejor y, de paso, me sirve como guía para verla o no.

Hoy, sin embargo, haré una excepción y no hablaré de una película, sino que hablaré de "la película".

La vi por primera vez hace ya unos cuantos años cuando mis padres nos llevaron al cine del entonces pueblo, hoy ciudad. No era de estreno, ni mucho menos. Tendría yo unos 12 ó 13 años y ... ¡me encantó! No sé por qué me gustó tanto; es un musical (no me gustan y a esa edad los odiaba) y los actores no son grandes estrellas, pero ... Fue como un flechazo. Esa música, esa trama, ese padre que va cediendo y cediendo hasta que se ve obligado a decir basta.

Hay gente (mis hijos sin ir más lejos) que me considera un friki por gustarme esta película. Me hace gracia recordar cómo mi hijo P. estaba un día con un conocido mío cuando éste (el conocido) abrió su ordenador portátil y ... ¡tachán!, apareció de fondo de pantalla un fotograma de esta película. P, al verlo, exclamó "¡El violinista en el tejado!, eres tan friki como mi padre". Desde entonces, el que era conocido pasó a ser amigo ... y de los buenos, un tío al que le gusta esta película es un gran tipo.

Como la película es de 1972 y la mayoría de vosotros la habéis visto, no se trata aquí de hacer una sinopsis sobre la misma, para eso además existen multitud de páginas web que lo harán y además hasta el último detalle. No puedo dejar de señalar el papel que hace Topol, el protagonista, su sentido del humor y su imponente voz (de hecho, era un musical con notable éxito en Broadway, según tengo entendido). Las canciones son buenísimas. Salvo la del sueño de Tevye, me gustan -y mucho- todas.

Para el que se haga una falsa idea acerca de mis gustos cinematográficos, decirle que éste no es el tipo de película que me gusta (a pesar de que West Side Story es otra que me tiene el corazón robado), sino que son muy variadas y muy variados sus estilos. No estoy encasillado en los musicales ni en un estilo concreto y sin dar una lista exhaustiva, ni por orden, puedo deciros que otras películas que me gustan son "El club de los poetas muertos", "Los intocables de Elliot Ness", "La lista de Schindler", "La mujer del cuadro", "Qué bello es vivir", "El silencio de los corderos" ...

lunes, 23 de mayo de 2011

Niños haciendo de ... niños

Ayer, excepcionalmente asistí a Misa en la Catedral (digo excepcionalmente porque lo normal es que lo hagamos en nuestra Parroquia).

Allí fui acompañado de P., Mi. y Q. y me encontré con mi amigo I. (aquel que os conté que comía había comido huevos de hormiga). Al salir, me sugirió un tema para una entrada en este blog: los niños en Misa. Esta sugerencia vino a raíz de unos niños que se sentaron muy cerca nuestro y se pasaron toda la ceremonia jugando con unos papeles, primero enrollándolos y luchando como si fueran espadas y después haciendo aviones y lanzándolos constantemente por el templo.

Estos niños estaban aparentemente solos (sus edades, más o menos, entre 5 y 9 años) ocupando un banco y molestando sin piedad al resto de feligreses. Sin embargo, en un momento determinado, se acercó desde unos cuantos bancos atrás un hombre (con pinta de ser su padre) para llamarles la atención. Fue una aparición fugaz porque ya no volvimos a verlo en toda la celebración.

Aunque algunas veces acudimos todos juntos, A. y yo solemos turnarnos para ir a Misa y evitar así llevar a los pequeños con nosotros y que monten alguna de las suyas. Aunque soy de los que cree que deberíamos ir todos juntos, muchas veces me dejo llevar por la presión. No llevo muy bien esas miradas de la gente cuando los niños hablan o corretean al lado del banco que ocupamos. Sí, sé que es una contradicción, pero ...

Pero, una cosa es estar continuamente pendiente de tus hijos (ni estás tú atento, ni lo están ellos y, además, distraes más a los demás) y otra pasar olímpicamente. El de ayer era de éstos, de los que les da absolutamente igual, mientras los niños seguían haciendo de las suyas (llegando a dar con el avioncito a un señor mayor al que poca gracia le hizo) y eso, no me parece bien.

Otras veces es el propio sacerdote el que se enfada cuando los niños hacen ... eso, de niños. Los hay que se callan, con unos silencios muy largos, otros que llaman la atención a los padres en mitad de ceremonia y, en cambio, hay otros (pocos) que salen en tu defensa. Recuerdo una ocasión en la que A. y yo sólo teníamos a Ma. y P. Como eran pequeños, se pusieron a corretear por el lateral de la nave, mientras yo estaba allí con ellos. Algunas personas mayores giraban constantemente la cabeza buscándonos con la mirada. Incluso uno de ellos chistó (¿se dice así?) para que dejaran de correr. En ese momento, el sacerdote paró la Misa y, cuando me esperaba lo peor, dijo: "Los niños hacen lo que tienen que hacer, que para eso son niños. A mí me distrae mucho más un adulto girando la cabeza o haciendo callar a un niño". Yo no daba crédito a lo que oía. Ese hombre pasó a ser mi héroe y a punto estuve de hacerle la ola o ponerme a aplaudir.

Bueno, como en otras ocasiones, en el medio está la virtud y el de ayer (tengo a I. de testigo) era de los que nos hacen tener mala fama. Entiendo que estas situaciones descritas son trasladables a otras situaciones similares.

Por cierto, I. se va esta semana a Turquía. Ayer me lo comentó diciéndome que volverá a comer cosas raras, aunque después matizó que no son tan raros en su alimentación.


sábado, 21 de mayo de 2011

¿Son así?

Como estamos en el mes de mayo, ayer nuestro hijo Q. se fue de romería con el colegio. Se llevó sus bocadillos y su bebida y, lo más importante, iba sin uniforme. Iba feliz porque no tenía clase. 

Por la tarde recibí una llamada de A. y me informó de un incidente que, desgraciadamente, había protagonizado Q. Recogí a Q. de su entrenamiento y de camino a casa le pregunté cómo le había ido. Su cara, normalmente alegre, cambió el gesto (reconozco que en ese momento no me acordaba de la llamada de A.) y empezó a contarme.

(Desde que he empezado a escribir esta entrada, me he levantado ya varias veces porque JP y S están "jugando")

A lo que iba, la respuesta de Q. fue:

"Bueeeeno, el Sr. X me ha castigado ... ¡pero no sé por qué!"

Yo: "¿Cómo que no sabes por qué? ¿Algo habrás hecho, no?"

Q.: "Noooo, de verdad. Unos niños se habían subido a un tejado que era muy bajo y el Sr. X les castigó ... y ... como yo estaba allí, a mí también."

Yo: "¡Hombre, Q.! ¿tú también te habrías subido, no?"

Q.: "No, de verdad. Cuando me dijo que yo también estaba castigado, le dije que no había subido, pero no me hizo caso, entonces nos mandó a un árbol"

Yo: "¿Y?"

Q.: "Como nos aburríamos, empezamos a tirar piedras a un bote y ... sin querer, no sé cómo ... le di a X."

Yo: "¿Cómo que le diste a X. sin querer? ¿Estaba al lado del bote?"

Q.: "No"

Yo: "¿Entonces?"

Q.: "No sé"

Yo: "Y ... ¿dónde le diste?"

Q.: "... en la cabeza"

Yo: "No te oigo, ¡¡¡¿dónde?!!!"

Q.: "En la cabeza"

Yo: "¿Le has abierto la cabeza a X.?"

Q.: ", pero sólo le salió un poco de sangre"

No sé qué cara puse y, a continuación, sonriendo y con la mayor naturalidad del mundo, me dice "¡Y todo lo demás, muy bien!"

No sé si es del todo consciente, nos toma el pelo o es la visión que un niño de 9 años tiene sobre ciertos actos y sus consecuencias. No había en él ni un atisbo de culpabilidad.

A. llamó dos veces a la madre del pobre X. para interesarse sobre su estado. Al final no ha habido que cogerle ningún punto.