viernes, 8 de octubre de 2010

Fiestas de cumpleaños

Hace unos días, recibimos en casa una invitación para que nuestro hijo Q. (el cuarto) asistiera esta tarde a una fiesta de cumpleaños de un niño de su clase. A pesar de que la fiesta es en una población cercana a la nuestra, no teníamos manera de recogerlo, así que tenía asumido que no iría.

Ayer, por casualidad, me encontré por la calle al padre de otro compañero de clase de Q. y me preguntó si mi hijo iría a la fiesta de ese niño. Le dije que lo más probable es que no y entonces, muy amablemente, se ofreció a traérnoslo a casa cuando fuera a recoger al suyo. Finalmente, esta tarde Q. irá a esa fiesta que tanta ilusión le hace.

Esta fiesta en particular era la excusa para publicar un post acerca de las fiestas de cumpleaños. De entrada, decir que está muy bien organizarle una fiesta al niño para, que con sus amigos, disfrute de su día. Sin embargo, como muchas otras cosas en la vida, hay quien saca esto de madre y te encuentras con situaciones que si no llega a ser porque las he vivido, no te lo crees.

Son muchos los casos (por no decir la mayoría) en los que los padres "alquilan" un local con nombres tipo "Chiquipark", "Aventura Park", etc (lo que sea, pero mucho mejor si acaba en "Park"). Estos locales -que suelen ser interiores- están llenos de todo tipo de atracciones e hinchables para los niños. No falta su piscina de bolas, pensada en principio para los más pequeños, pero que acaba siendo en centro de atención de los más mayores que se dedican a hacer guerras de bolas hasta que algún monitor les llama al orden.

Otros padres, con más posibilidades y ganas de que el niño (y los invitados) tarden más en olvidar el gesto, optan por actividades al aire libre. En la mayoría de los casos, estas actividades incluyen animales: visita a una granja para coger conejos, dar de comer a las gallinas, paseo en caballo, pony o mula, etc. Suelen ser padres "comprometidos" con el medio ambiente y muy guais porque tampoco les disgusta que se incluyan carreras de quads.

Últimamente se ha puesto de moda celebrar la fiesta del niño en un karting, lo que lógicamente incluye, además de la merienda, algunas vueltas por el circuito.

Una minoría opta por celebrarla en casa y aquí nos encontramos con dos tipos: los que disponen de mucho espacio y, sobre todo, jardín y los que no. La diferencia está, no sólo en el espacio disponible, sino en el número de invitados: los primeros invitan a toda (o casi toda) la clase y los segundos a los amiguitos más íntimos.

En todos los casos, sin embargo se dan una serie de notas comunes. Una de ellas es la típica mamá que viene a traer a su hijo acompañada de otros hijos (hermanos del invitado). Al llegar, saluda a la mamá del homenajeado y no se sabe cómo, se las ingenia para colocar a otro (las más listas a más de uno) de sus vástagos. Cuando lo ha conseguido, sale corriendo a disfrutar de una tarde de compras sin niños que la incordien.

Otra nota común son aquellos padres/madres que acompañan a su hijo y se quedan allí. Son pocos los que ayudan. Más bien aprovechan para tomar algo y dar conversación a los padres "organizadores" que sufren lo indecible por no saber cómo decirle a ese padre que ya que no le ayuda, por lo menos no le moleste y le deje dedicarse un poco a los niños.

Las chucherías son otro de los elementos comunes en todas las fiestas de cumpleaños. Hemos llegado hasta tal punto de consumo de golosinas que, actualmente, para sorprender a un niño es necesario regalarle varios kilos. Por supuesto que existen trucos para que un cartucho de golosinas parezca más grande de lo habitual (probad a poner esas bolsas de ¿"gusanitos"? en el fondo y después completad con el resto), pero aún así, soy de la opinión que ya están más que acostumbrados.

Estas fiestas son un escenario ideal para, con sólo observar un poco, descubrir qué niños tienen más hermanos y qué niños son hijos únicos. Es curioso descubrir también los enormes parecidos (no sólo físicos) que se dan entre padres e hijos.

Muchas veces he podido observar cómo a lo largo del curso escolar se van sucediendo diferentes fiestas de cumpleaños y se convierten en auténticas competiciones entre padres por ver quién la hace más grande.

Nosotros, hace años, optamos por que cada uno de nuestros hijos tendría una única fiesta de cumpleaños en la que podrían invitar a todos sus amigos. El resto de años, lo celebramos en familia y, en todo caso, invita a su mejor amigo o a algún primo. Lo tienen muy asumido y disfrutan mucho de ese día.

jueves, 7 de octubre de 2010

¿Y cuando uno se pone enfermo?

Alguno se preguntará qué pasa cuando uno de los hijos se pone enfermo. Como sabéis esto es una situación que no se elige (creo que en términos económicos se califica como "imponderable"), así que viene cuando menos te lo esperas.

Es cierto que para que una familia funcione medianamente bien es necesario un horario. En cuanto suena el despertador empieza el espectáculo. En casa tenemos calculado incluso el tiempo que puedes "perder" en despertar a los pequeños. A los mayores se les despierta a base de frases como "Buenos días", "Arriba" (o "abajo" para los que duermen en lo alto de la litera) o, a medida que tardan más en levantarse, "Veeeenga, que llegamos tarde". En cambio, los pequeños, necesitan (y merecen) ciertos mimos, por lo que el momento de despertarlos acostumbra a durar un poco más. Esto es importante para asegurarte un buen despertar y no estar todo el rato hasta la hora de salir oyendo llantos.

El problema, sin embargo, es cuando uno de los pequeños se pone enfermo. Es entonces cuando se alteran todos los horarios. Nosotros somos unos afortunados porque contamos con mis suegros, que siempre están dispuestos a quedarse con el niño en cuestión. Alguno podría pensar que estamos haciendo un favor a los abuelos, pero yo no creo que sea así y valoramos muchísimo esta disponibilidad.

Yo era de los que pensaba que siempre que tenías algo programado surgía uno de estos imprevistos. Con el tiempo me fui dando cuenta que no era así, que lo que pasa es que siempre tienes algo programado, por tanto, siempre te chafará algún plan.

Las dos maneras de enterarte de que un hijo tuyo se ha puesto enfermo son las siguientes:

1) Cuando te encuentras en lo más profundo de tus sueños, aparece una voz en ellos que distorsiona todo el núcleo argumental de ese sueño. Esa voz aumenta en volumen, intensidad y frecuencia. Cuando el pobre niño lleva ya un rato llorando es cuando empiezas a enterarte de todo. En mi caso, A. suele despertarse mucho antes que yo (suerte que tiene el niño, y por qué no, suerte que tengo yo) y acude a la llamada de éste. Ahí sólo cabe darle un poco de Apiretal para que baje la fiebre y esperar a que amanezca para llamar a suegra y preguntarle si puede quedarse con el niño.

2) Estás trabajando y suena el teléfono. Es A. para decirme que la han llamado del colegio diciéndole que el niño tiene mucha fiebre y que a qué hora pasará uno de nosotros a recogerlo. En nuestro caso, es A. quien lo recoge por la sencilla razón de que trabaja en el mismo colegio al que acuden nuestros hijos. Sí, lo sé, otra vez volvemos a ser unos afortunados. Pero, al igual que antes, deciros que somos conscientes de ello y estamos muy agradecidos.

Después, cómo no, viene la segunda parte, que no es otra que llevar al niño al médico. Ahi, la pobre A. es la que vuelve a chuparse esas "agradables" esperas en las salas del Centro de Atención Primaria que nos corresponde.

No me estoy quejando (tendría delito que lo hiciera) del papel que me toca jugar cuando un niño se pone enfermo, porque como podréis comprobar se puede decir que ni siquiera me entero.

Esta entrada viene a cuento de que ayer el pequeño S. se puso enfermo a través del segundo de los métodos explicados. Esta mañana lo he llevado a casa de mis suegros antes de irme a trabajar. Ahora sólo nos falta esperar que se recupere lo antes posible, pues tanto sábado (un Bautizo y una Primera Comunión de dos sobrinos) como domingo (una "costellada", parrillada en castellano) nos esperan planes con toda la familia. Ya os contaré

miércoles, 6 de octubre de 2010

Una nueva era

No quisiera que esta entrada me llevara a sesudos planteamientos vitales y profundas disquisiciones filosóficas sobre las diferentes etapas de la vida de una familia. Simplemente quería manifestaros (¿a quién?, jajaja, como si alguien leyera este blog) que ahora mismo nos encontramos en una nueva, no etapa, sino era en nuestra familia.

No es que nuestros hijos mayores están entrando a pasos agigantados en la adolescencia. Tampoco lo es el hecho de que ya no usamos cochecito para llevar al pequeño de un lado a otro. Ni siquiera lo es el que nos hayamos librado de la trona (para el que no lo sepa, es aquella sillita con bandeja que acostumbra a estar en la cocina y en la que se sienta a comer el más pequeño). La nueva era en la que hace unos meses entramos es la llamada "Era sin pañales".

Después de 14 años ininterrumpidos comprando pañales en casa (no he recibido ni una carta de agradecimiento de la Confederación Nacional de Fabricantes de Pañales a pesar de mi fidelidad), hemos dejado de hacerlo. Aún ahora, al hacer la lista de la compra, creemos haber olvidado este artículo.

Alguna vez había llegado a pensar que nunca nos libraríamos de ellos. Soñaba que éramos mayores y mis hijos ya mayores (muy mayores) todavía vivían en casa. Al salir a hacer la compra mi mujer me preguntaba si había apuntado "comprar pañales". Con cara de sorpresa y algo enfadado yo le contestaba que los "niños" ya no los usaban, pero ella, con una voz muy dulce y susurrándome a la oreja, me decía: "No cariño, los tuyos, ¿has olvidado ya tus pérdidas de orina?". 

No sé -y prefiero no saberlo- el ahorro que esto supone. Imagino que debe ser considerable, pero lo que tengo claro es que hemos entrado, como decía, en una nueva era.

Se ha acabado aquello de coger a aquel niño, subirlo en el cambiador y luchar con él (¡qué fuerza tiene su pequeño cuerpo!) para cambiarlo. O aquellas noches de invierno en las que al acostarte notabas un extraño y desagradable olor por la zona de los dormitorios y descubrías que el pequeño se lo había hecho encima. Entonces cogías al niño en brazos y lo llevabas al cambiador para, con el niño dormido y el famoso pijama-manta puesto, intentar quitarle ese "regalito", ponerle un nuevo pañal, el pijama y el pijama-manta. Un auténtico reto al alcance de unos pocos elegidos.

¿Y el espacio que ocupaban?

A pesar de tener un ... ¿pañalero? muyyy mono, siempre había paquetes de pañales detrás de la puerta de nuestro cuarto de baño o entre el zapatero y la pared o ... 

Ahora hay tanto sitio en casa.

martes, 5 de octubre de 2010

El pijama

El pijama es una prenda diseñada, en principio, para dormir con ella. Esta, a priori, verdad de Perogrullo provoca intensos debates que os animo a promover.

En los diversos ámbitos en los que me muevo (profesional, familiar, social, etc.) he probado sacar el tema y comprobar las diferentes reacciones de la gente. Evidentemente este asunto lo saco a relucir cuando existe ya cierta confianza con el interlocutor y siempre con personas del género masculino.

Resulta que hay bastante gente que afirma dormir sin pijama y una gran mayoría coincide en que lo hace (sobre todo en las noches calurosas) en calzoncillos. De entrada me parece muy ordinario (y poco higiénico) que haya gente que después de llevar esa prenda todo el día, la mantenga al acostarse. Imagino que al sacársela por la mañana, debe ser lo más parecido a quitar el papel de una magdalena.

Su único argumento es que resulta mucho más fresco dormir así.

Ante tal argumentación siempre les contesto que imaginen por un momento que esa noche -Dios no lo quiera- hay un terremoto en su ciudad. No cuesta mucho imaginarse los titulares de la prensa y de los noticiarios del día siguiente: esas dantescas imágenes de cuerpos llenos de polvo entre los escombros. Pues pensad por un momento que a esas imágenes les añadimos el ir sin pijama (y en el mejor de los casos en calzoncillos). ¿Qué pensará cualquier espectador? ¡Qué horror, ese tío dormía en calzoncillos! Estoy convencido que ese pobre espectador no olvidará jamás esa imagen. Es más, me atrevo a afirmar que esa persona tendrá pesadillas el resto de sus días.

En mi caso, si me pilla un terremoto nocturno, es posible que también muera, pero de lo que estoy seguro es que la gente, al ver las imágenes, exclamará: ¡ahí yace un señor! (muerto, pero un señor).

lunes, 4 de octubre de 2010

La importancia de que tu equipo gane

Ayer el Sevilla ganó al At. de Madrid (3-1) y esto, que parece una tontería, hace que empieces con muy buen pie la semana.

Cuando tu equipo ha ganado el fin de semana (da lo mismo que juegue bien o no, lo importante es que gane), el lunes es ... menos lunes. A veces, hasta tienes ganas de llegar al trabajo para comentar la jornada con tus compañeros.

En mi actual trabajo, tengo 4 compañeros masculinos. A dos de ellos no les gusta el fútbol y de los otros dos, uno es del Madrid y el otro del Barça. Éste último, además de forofo de su equipo, es fanático del fútbol en general y es de lo único que con él se puede hablar.

Recuerdo perfectamente que cuando iba al colegio, al ser el único seguidor del Sevilla (era considerado como el toque folclórico de la clase), todo el mundo se dirigía a mi el lunes para meterse conmigo (si había perdido) o felicitarme (si había ganado). Aún ahora, cuando, de vez en cuando, me encuentro con algún compañero del colegio, muchos me preguntan "¿Sigues siendo del Sevilla?"

Cuando llegó la gloriosa época que estamos viviendo (¡qué lastima no haber coincidido con mi estancia en el colegio!, con lo que yo habría chuleado de equipo) conseguí ganarme el respeto de los seguidores del Barça que, por vivir aquí, es lo que más abunda. No sólo el respeto, sino que conocen a muchos jugadores del Sevilla, sus resultados... en definitiva, lo tienen en cuenta. A muchos de estos debo aclararles que no soy seguidor de los de última hora, sino que lo soy "incluso cuando gana".

También soy consciente que esto no durará siempre, que volverán a llegar las "vacas flacas" y que me desilusionaré, pero ... ¡que me quiten lo bailao"

domingo, 3 de octubre de 2010

Campeonato PES11

Como ya os adelanté, el viernes por la noche quedamos S., Ar. y yo en casa de R. para hacer unas cuantas partidas de fútbol con la Play Station. La novedad de este día es que estrenábamos el nuevo Pro Evolution Soccer 2011, la nueva apuesta de Konami para no verse superada por EA con su FIFA 2011.

La verdad es que el juego está muy bien. Es un poco complicado para los que estamos acostumbrados al anterior, pero los que no solíamos hacer muchas "pijadas" (bicicletas, ruletas marsellesas  y demás) tampoco notamos tanto cambio. Eso sí, los gráficos son espectaculares aunque el Sevilla FC necesita algunos ajustes como incorporar los últimos fichajes (Cigarini, Cáceres y Alexis) y modificar los dorsales (hay muchos errores). Por fin los creadores del juego -hay que tener en cuenta que son japoneses y lo que se dice tradición de fútbol, no tienen mucha- han mejorado en su rendimiento a jugadores del Sevilla como son Luis Fabiano, Perotti y, cómo no, Jesús Navas.

La velada estuvo muy bien y disfrutamos mucho con este juego. Solemos jugar por parejas (vamos cambiando) y eso lo hace más emocionante, único diría yo. El problema, como siempre, fue al día siguiente, pues después de varios "¿qué, hacemos el último partido?"· acabamos a las 2'50 h. Suerte que esto lo hacemos una vez cada mes o mes y medio.

Solemos quedar en casa de R., S. o Ar. que tienen la Play Station 3 (PS3) y buenos televisores. Cuando lo hacemos en mi casa, R. trae su PS3 y yo consigo un proyector y así, suplimos la falta de calidad en la imagen por un tamaño más que respetable que hace las delicias de todos los participantes.

A raíz de esta afición, muchas veces me había planteado si realmente es normal que un tío con 42 años (y padre de unos cuantos niños) juegue a estas cosas. Estaba en éstas cuando poco a poco fui descubriendo que no era el único. Es más, cuando mis obligaciones me lo permiten, suelo quedar con amigos para jugar un poco y son gente de mi edad o similar.

El otro día, en la reunión de padres del colegio, uno de mis amigos (S.) comentó a otro padre que el viernes habíamos quedado para jugar a la Play y éste último me dijo que no se lo esperaba, que tenía aspecto de tío serio y que esa afición no me pegaba. Después, cuando ya cogimos confianza y se dejó llevar, descubrí que ese padre era un friki: le encantaba (y todavía jugaba) con el "comecocos". ¡¡Sí, sí, aquel juego de los años 80!! Lo mejor, la frase que soltó en el momento en que él cogió la más absoluta de las confianzas: "Sí, me gusta mucho jugar al comecocos y, aunque muchos no lo crean, en este juego es muy importante la estrategia" Y se quedó tan ancho. ¡¿Estrategia en el comecocos?! ¡Dios mío! y yo que creía que era un friki ...

viernes, 1 de octubre de 2010

Reunión en el cole

Anoche estuve en una nueva reunión del cole de los niños. En concreto se trataba de la reunión de P3, curso de nuestro sexto hijo, S.

La novedad de esta reunión era que mi mujer no podía asistir, así que, por primera vez, debía enfrentarme yo solo a esta situación. Antes de salir hacia el colegio le hice a A. las típicas preguntas de rigor para no meter la pata: 

- La clase de S. son los elefantes, ¿verdad?
- No, los elefantes, no es su clase, es todo el curso. Su clase es P3 A.

Ante tal respuesta, opté por no preguntar nada más.

Cogí la furgoneta y me dirigí al colegio. Al llegar, comprobé que no había muchos coches aparcados por el lugar ("me he equivocado de día", pensé), pero a medida que me acercaba a la entrada, éstos comenzaban a abundar.

Llegué al aula (P3 A) y ... ¡no había nadie! Acostumbro a ser puntual, pero me extrañaba no ver a nadie en el aula a falta de 5 minutos de la hora programada para su inicio. Cogí el móvil e hice como que llamaba a alguien para no quedarme allí, quieto, sin saber qué hacer y disimular ante padres de otros cursos que por allí pasaban buscando su aula.

Empezaron a llegar más padres. La mayoría de ellos eran novatos y eso me tranquilizaba bastante, pues a mi cara de palo hay que añadir mi invencible timidez que, en situaciones como la vivida anoche, hace que siempre quede como un imbécil. Al rato llegó la señorita. Cuando ya pasaban los 10 minutos de cortesía, se inició la reunión. La señorita de los niños nos dijo que como había habido cambios respecto del año anterior (eso explicaba que no conociera a casi ninguno de los padres que allí había), lo mejor era que nos presentáramos. ¡Lo que me faltaba! Una prueba más para intentar superar mi insuperable timidez. Pensé que lo mejor sería hacer una gracieta y, al llegar mi turno, así lo hice. Debió gustar porque todos los padres se rieron mucho (lo que me hace sospechar es que rieron demasiado, pero bueno)

La señorita nos explicó las actividades que hacían los niños, las previstas para el próximo trimestre y nos entregó algunos folletos explicativos. También recogimos un "regalo" que los niños habían preparado con especial ilusión y nos lo habían dejado encima de su mesa (esta mañana he despertado a S. enseñándole el regalo que nos había dejado y ha funcionado estupendamente)

Al acabar la reunión, nos esperaba una sesión con un formador (así se definió él). Nos felicitó a todos los asistentes porque -dijo- encontrarse a esas horas (eran ya las 21,30 h) a tantos padres dispuestos a escucharle para intentar aplicarlo en la educación de sus hijos, tenía un mérito ... "Este tío ya me cae bien", pensé. La verdad es que la sesión fue muy amena y de la que pude extraer alguna conclusión. En el fondo, todo es cuestión de tu actitud ante las cosas.

Al llegar a casa, cerca ya de las 12 de la noche, me encontré a A. metida en la cama con el netbook que su padrino regalo a Ma. (nuestra hija) viendo una película. Quizá la escena no tenga nada de particular, pero si os dijera que A. suele quedarse frita en el sofá a eso de las 22 h., pues eso, me sorprendió. Imagino que ayudó también el hecho de no tener TV en el dormitorio, así que, en cuanto se vio "sola", pensó que la ocasión la pintaban calva.

Dentro de unas horas, para acabar la semana, tengo una vista en un Juzgado de una población cercana sobre un tema de guarda y custodia.

Por la noche me espera una sesión de Play Station con unos amigos. Más adelante ya dedicaré una entrada a este tema (da para varias, pero con una creo que es suficiente), pero ya os adelanto que jugamos a fútbol (Pro Evolution Soccer, nada de FIFA) y que, salvo uno de los participantes, los otros son cuarentones y padres de familia numerosa.


Ahhh, me olvidaba, ¡el Sevilla ganó al Borussia de Dortmund en Alemania!