martes, 15 de septiembre de 2015

Ayudas a las familias numerosas

El que piense que se trata de una guía explicativa de todas y cada una de las incontables ayudas de las que gozan en España las familias numerosas, se ha equivocado de sitio. En primer lugar porque con un párrafo ya bastaría para citarlas, pero, sobre todo, porque esta entrada no va de eso, sino que citaré alguna de las situaciones en las que nos encontramos a menudo.

Vaya por delante que tengo una mujer que a todas partes a donde va pregunta si hay descuento por familia numerosa. A mis hijos les avergüenza (cuando sean mayores y vean lo que cuesta todo, lo entenderán ... espero), pero a mí, no. A mí me hace gracia. Se ha convertido en un latiguillo, lo usa casi de manera inconsciente. Cualquier día de éstos lo pedirá cuando le regalen algo:

- Buenos días, señora, hoy, a los clientes habituales (debería ser Ikea o Mercadona), les ofrecemos gratis este producto. Solo por el hecho de ser clientes.

- Ah, ¡qué bien!, y ... ¿hacéis descuento por familia numerosa?

Las ayudas a las familias numerosas se limitan, básicamente, a las matrículas en los estudios universitarios de la Universidad Pública (las familias de categoría especial como la nuestra, solo paga las tasas), al transporte (sobre todo ferroviario) en el que nuestra familia tiene un descuento del 50% y en la rebaja del porcentaje a aplicar en algún tributo como el ITP en la adquisición de una vivienda que vaya a constituir la vivienda habitual (vamos, algo que haces cada día). Pero lo más divertido, sin duda, se da en los comercios. Ahí es donde A. formula con mayor perfección su pregunta descolocando -en la mayoría de las ocasiones- al dependiente o dependienta. Ejemplos (en algún caso, incluso, citaré sus nombres comerciales):

- Kiabi: Es un comercio de moda a bajo precio. Desconocida por nosotros hasta este embarazo, en el que una madre del colegio le comentó a A. que allí había ropa premamá a buen precio. Fuimos allí convencidos deque se trataba de una tienda de ropa premamá, cuando descubrimos que no, que es para todo el mundo (y también hay un apartado de premamá). A la hora de pagar, A. hizo la pregunta de rigor y la chica le dijo que sí, que había un descuento, pero que debía sacarse la tarjeta de Kiabi. Le pasó un formulario y empezó a rellenarlo. En un momento dado, la dependienta preguntó -como quien no quiere la cosa- cuántos hijos teníamos. Le dijimos que 6 y 1/2 y cambió la cara y nos dio otro formulario, mientras comentaba que el descuento era entonces del 10%. Nos lo aplicaremos desde esa misma compra. Si hay que decir las cosas buenas, se dicen.

- El pollo campero (o algo así): Es un sitio de comida rápida. Fuimos el mismo día (A. estaba en racha) con tres de nuestros hijos. Hicimos nuestro pedido y a la hora de pagar, A, hizo su pregunta. El dependiente puso cara de fastidio porque, según él, eso debíamos habérselo dicho antes de hacer el pedido. Volvió a introducir todos los datos. Ya sabéis, si sois familia numerosa y tenéis previsto comer allí, solo entrar en el establecimiento dad a conocer vuestra condición ... no sé, quizá lo más práctico sería llevar un letrero colgando que diga eso, "Familia numerosa".

- C&A: Fuimos ayer porque A. necesita algo de ropa (de embarazada) de cara al invierno. Al llegar a la caja, lo mismo de siempre:

A: ¿Hacéis descuento por familia numerosa?

D (Dependienta): Sí, los miércoles y los no sé qué ..., pero un momento que pregunto. Bernardaaaaaa, los descuentos a las familias numerosas son los ... Ah, ¿sí?, vale ... Pues son del 15 al 22 de cada mes.

¡Vaya!, porque eran las 21 h y estábamos agotados, pero a punto estuve de decirle que nos esperábamos 3 horas para que nos lo aplicara

En la mayoría de comercios el descuento es miserable y en muchos casos es necesario hacerse socio, cliente vip o como quieran llamarle, debiendo rellenar un cuestionario y realizando unas compras por un importe mínimo.

Sin embargo, la que me marcó de por vida, fue una que viví con mi madre. La acompañé a comprar una billetera (no recuerdo si era para mí o para mi padre). Era una de esas tiendas de toda la vida, que huele a piel, en la que el propietario era un hombre mayor poco amable y huraño. Recuerdo que era de aquellos que se iba guardando las gomas de pollo en el brazo a modo de pulsera y que, es cierto, no viene a cuento que lo diga. El caso es que se decidió mi madre por una billetera y mientras sacaba su monedero para pagar hizo la pregunta del millón:

- ¿Hace descuento por familia numerosa?

- ¿Descuento por familia numerosa? (lo había entendido perfectamente, pero así le daba más énfasis). ¡Sí, hombre, sólo (en aquella época 'solo' se acentuaba) faltaría! ... (y sin casi coger aire empezó un discurso) Deberíamos cobrarles más, con los pocos recursos que hay en el mundo y donde ellos se llevan más que los demás y ...

- No se preocupe, aquí tiene ... y le dejó la billetera encima del mostrador y se fue

jueves, 10 de septiembre de 2015

Matteo

Os prometí en mi anterior entrada que os explicaría la historia (hasta donde yo sé) de Matteo y ... aquí estoy.

Lo conocí hace un tiempo cuando mi cuñado, sacerdote de la diócesis de Tortosa  y con muchísimas ganas de volver a tierra de misión (ya estuvo en las selvas peruana y hondureña), vino a vernos a casa y nos lo presentó. Nos contó algo de su historia y después volvimos a verlo en Semana Santa. Allí se hizo amigo de nuestros hijos (JP siente una especial devoción por él) y con una paciencia infinita pasaba largos ratos jugando con ellos a fútbol, baloncesto o lo que se terciara. Este verano he podido conocer algo más de su vida durante una sobremesa en la que me contó muchas cosas.

Matteo tiene 36 años y es de Venecia. Su madre, si bien era católica, no destacaba por su práctica religiosa y su padre, comunista convencido y comprometido (participaba en "reuniones" clandestinas), le enseñaba ruso desde pequeño. Las malas compañías hicieron que Matteo se adentrara en el mundo de las drogas, llegando a ser, no solo un gran consumidor, sino un traficante. Con veintipocos años tenía -y movía- mucho dinero y tres casas, una de ellas cerca de la frontera con Francia, lo cual le facilitaba mucho sus continuos viajes propios de la "profesión" o una posible huida. Viajaba también a países exóticos (Pakistán, India ...) que, aunque le atraían mucho por su espiritualidad, eran obligados para "abrir mercado" En esa época se preocupaba también por su imagen, llegando a hacerse siete piercings en la cara. No sé si sus padres estaban al corriente de las actividades de su hijo, pero de lo que sí eran conscientes era del rumbo que había tomado su vida.

Un día, estando en ese inmueble de su propiedad próximo a la frontera francesa, mantuvo una discusión con un amigo de ese mundo. Al parecer, el amigo le "insinuó" que le podía dar esa casa a él y la reacción de Matteo fue de un enfado tal que, mientras gritaba como un energúmeno, empezó a golpear los cristales que encontraba a su paso. El piso estaba en la quinta planta y, tras romper éstos, bajó hasta la calle rompiendo todos los cristales de cada una de las plantas por las que pasaba. Evidentemente acabó hecho un ecce homo y tuvo que ser ingresado en un hospital para curarle sus múltiples heridas. Estando en el hospital -no sabe muy bien por qué-. decidió llamar a su madre y explicarle algo de su vida. Su madre le propuso volver a casa y así lo hizo él. Allí pasó un tiempo intentando dejar atrás lo que había sido su mundo en los últimos años. Un familiar de su madre le habló a ésta de la Comunità Cenacolo, concretamente de Medugorije, en Bosnia-Herzegovina. Y allí se fue Matteo. Estuvo un tiempo hasta que no aguantó más y se fugó, volviendo a recaer en en sus malos hábitos de su vida anterior. Regresó a casa y a la Comunità. La vida en estas casas se basan en el trabajo y en la oración, nada más (y nada menos) y viven de la Providencia. Lo que más me llamó la atención a mí fue la figura del custodio. Es una persona que ha pasado por lo mismo que el que llega por primera vez y que su misión es acompañar a éste a todas partes. Sí, sí, a todas partes. Sí, al baño también. Si lo piensas un poco, debe ser duro ... pero también para el custodio. Tras estar cerca de 9 años en diversos centros de la Comunità (en varios ya como responsable), Matteo decide dar un nuevo sentido a su vida y es cuando aparece mi cuñado, a quien le propusieron acogerlo. Mi cuñado encantado y Matteo también. Durante este tiempo ha estado trabajando (los últimos meses en una granja de conejos a la que también dedicaré una entrada porque fuimos a visitarla) y hace unos meses nos anunció (lo hizo público el pasado 15 de agosto) que en septiembre ingresaba en el Seminario. Mientras me contaba su historia en esa sobremesa, le hice varias preguntas. Una de ellas fue que me explicara cómo es posible que un tipo como él, metido en ese mundo, llegue a un centro de la Comunità donde solo se trabaja y se reza (y con una lapa pegada a ti todo el día), deje todo aquello e inicie una nueva vida. Su respuesta fue muy sencilla: es un milagro.

Este verano visitamos el centro que tienen en Tarragona y sales de ahí impresionado. No pudimos asistir a ningún testimonio de alguno de los allí residentes porque era un día en el que había mucho visitante, pero conocimos a varios jóvenes (de todas partes) y como decía, impacta.

Aunque lo he resumido mucho, espero que haya quedado claro que lo que ha pasado con Matteo (y, gracias a Dios, no es el único) es un auténtico milagro. Si tuviera que destacar algún rasgo de Matteo, sin duda sería su espíritu de servicio. Está permanentemente pendiente de los demás. No sé si es por su etapa de custodio, pero lo cierto es que es así.

Bueno, mañana, 11 de septiembre, es el cumpleaños de JP (ya actualizo el esquema) y estoy un poco nervioso con lo que nos tendrá preparado nuestro Molt Honorable Artur Mas. Cada año se supera y después de manifestaciones, vías y demás actos festivos, no tengo ni idea qué le tendrá preparado este año a JP. A saber

martes, 1 de septiembre de 2015

De vuelta de las vacaciones

Unos cuantos niños con la barca
 de nuestros amigos
La semana pasada volvimos a casa, tras pasar unos cuantos -¡qué digo "unos cuantos"!-, "muchos" días de vacaciones en la playa.

Como en años anteriores, nos fuimos al último pueblo costero al sur de Cataluña, a la casa de mi cuñado J. y descansamos mucho. Descansamos menos la semana que duró la Festa Major. ¿Es necesario que dure tanto tiempo? ¿No tenéis suficiente con unos cuantos días? Pues no, venga a soltar vaquillas en el puerto, venga los mozos a hacer el tonto y, sobre todo, venga esas orquestas con música hasta las 6 de la mañana y nosotros, pues eso, ahí, con las ventanas abiertas para no morir asfixiados y escuchando ese "chumba, chumba, chumba ..." de fondo y esas conversaciones a gritos a pie de tu ventana que hace que en más de una ocasión abras los ojos para comprobar que esa tertulia no tiene lugar en la mesilla que al lado de la cama.

Este año hemos ido menos a la playa que tenemos a cuatro pasos de casa, aquella que conté que es de piedras. El motivo no han sido las piedras, sino que el agua siempre estaba turbia y a los niños les gustaba más otra de arena. Así que, muy a menudo, cogíamos la furgoneta y nos íbamos a aquella playa en la que hay una industria cementera. La playa está muy bien: agua limpísima, arena, papeleras, campo de fútbol-playa (con porterías como Dios manda), volley-playa y duchas ... el único problema son las vistas. Si enfocas bien, las fotos son espectaculares, si te descuidas un poco y aparece esa mole es lo más parecido a Chernobyl (no he estado nunca, pero me lo imagino así). De hecho, mi amigo P., que veranea en un pueblo cercano al que estábamos nosotros, le llama así a esta playa y cada vez que acababa de bucear me tocaba la cara no fuera que tuviera tres ojos.

También hemos hecho excursiones al Delta del Ebro (ya es un clásico) y todo ello con amigos. Allí coincidimos con una familia del colegio que tienen ocho hijos (y varios de ellos de las edades de los nuestros), otra familia, también del colegio, con seis hijos, siendo dos de ellos de la edad (y la clase) de P. y Mi.

Pues eso, playa, excursiones, siestas, comidas ligeras y con abundante bebida, algún gin-tonic nocturno ... pero lo realmente importante de este año ha sido conocer a Matteo. Matteo -al que dedicaré la próxima o próximas entradas del blog- es un italiano que conoció mi cuñado y que tiene una historia poco común. Le pedí permiso y me autorizó para explicar (lo que yo sé) su historia que, de verdad, es fascinante

Camino del Delta, se ve así el río Ebro
Seguirá ...

domingo, 26 de julio de 2015

Ya lo sabemos

Al final se adelantó la ecografía programada y hemos podido averiguar el sexo de nuestro próximo retoño. Aunque no es necesario escribirlo, preferimos que todo vaya bien y tengamos una criatura sana, pero -semoh asín- teníamos también una preferencia y ambos deseábamos que fuera una niña.

Llegamos a la hora señalada y el ginecólogo intentaba desesperadamente averiguar el sexo. Venga a deslizar el aparatito por la barriga de A. intentando que el feto cambiara de posición y nos dejara ver esa entrepierna. Pero no había manera. Yo, por muy atento que estuviera, solo era capaz de distinguir la cabeza, la columna vertebral y las extremidades.

De repente, el ginecólogo exclamó: "Creo que ya lo sé, pero no estoy del todo seguro"

Intenté varias veces que se mojara, pero nada, no soltaba prenda.

Finalmente, se fue a buscar a una compañera para que confirmara sus sospechas. Llegó, miró el monitor y enseguida dijo "Está clarísimo ... (1 segundo de pausa que se me hizo una eternidad) ¡es una niña!"

Pues eso, que parece que es una niña y estamos todos encantados con la noticia. Ahora ya solo falta decidirnos por el nombre (se agradecen las propuestas recibidas en los comentarios a la anterior entrada), donde va ganando enteros la posibilidad de que se llame como su madre. Así que ya sabéis, probablemente se llame A. Bonito nombre.

Los/as más avezados/as ya conocías el resultado antes de leer la entrada. Bastaba con haberse fijado un poco en el margen superior izquierdo de la página, donde ya aparece. ;-)

miércoles, 15 de julio de 2015

Se nos van de casa ... aunque volverán

Tras unas semanas de ajetreo, nos encontramos ahora con que en casa solo estamos cinco. Tenemos a tres hijos desperdigados por el mundo: P. y Q. están en Irlanda y Mi. se ha ido a Boston y Nueva York.

Primero se fueron P. y Q. Se han ido al Summer Camp que organiza nuestra amiga J. en Dublín. Q. se ha ido a estudiar inglés y a P. se lo ha llevado J. de monitor. Cada uno está con una familia diferente, pero ambos están encantados. Lo sé porque así nos lo han hecho saber y porque A. ha estado este fin de semana pasado allí. Sí, sí, se fue el viernes con su amiga M. a ver a J. ("El trío lalala", como ellas mismas se autodenominan). Era una sorpresa para nuestros hijos y los dos se alegraron mucho de verla. A P. lo engañó J. diciendo que debía acompañarle al aeropuerto a recoger a dos italianas y a Q. lo saludó A. al día siguiente en el autocar que los lleva diariamente a las actividades del campamento al que están apuntados. La verdad es que el fresquito irlandés le ha venido muy bien a A., que con estos calores y su estado no lo ha pasado nada bien (a eso hay que sumarle sus mareos, náuseas, vómitos y cansancio ... lo normal que cualquier hombre aguanta sin necesidad de estar embarazado).

Me contaba A. que el "fresquito" era tal que ha llegado a pasar frío. ¡Claro, mujer!, si solo te llevas una "rebequita" (lo que leéis, solo se llevó una rebequita) Allí le tuvieron que dejar una sudadera para combatir el clima. "Me parece que eres un poco exagerado", pensará alguno. Solo con deciros que dormían con edredón y ponían la calefacción ... Vamos, igualito que aquí ;-)

Los irlandeses vuelven el día 24 y ayer, día 14 de julio llevé a Mi. al aeropuerto y recogía, un rato después, a A. y M. (dos de las integrantes de ese trío). Mi. se va a pasar 3 semanas a Boston y N. York porque mi hermano Primogénito le ha invitado a pasar con ellos las vacaciones. No sé, a mí me parece un afortunado (él también lo cree así porque llevaba unos días nervioso con el tema ... normal). Ahora ya sabemos que ha llegado bien, pero no sabéis lo preocupada que estaba A. con este viaje. Es cierto que viajaba solo, que debía ir a Dublín y allí enlazar con un vuelo a Boston, donde mi hermano le recogía en el aeropuerto, pero todo ha salido bien y esta madrugada, a través de un whatsapp, nos ha confirmado su llegada. Después de pasar unos días en esa ciudad, irán a Nueva York y desde allí volverá a España. Es más, cuando vuelva estaremos de vacaciones un pueblo costero muy al sur de Cataluña, así que el pobre tendrá que coger un tren hasta l'Aldea, un pueblo cercano al nuestro. El recorrido, así, a simple vista, parece el eje de cualquiera de los ejércitos que participan en una guerra: Nueva York-Dublín-Barcelona-L'Aldea.

Pues eso, que tanta gente fuera, nos sentimos casi solos y ... como siempre, cuando nos acostumbremos a la situación, volverá a llenarse la casa.

Y ahora llega el momento que casi todas estáis esperando. El momento de hablar del bebé. Esta semana que viene es muy probable que tengamos una ecografía y también es muy probable que sepamos, por fin, si es niño o niña. ¿Qué tontería, verdad? Pues no creáis, además de la ilusión (pero solo eso, ilusión) de que sea una niña, tengo ganas de saberlo para descartar gran cantidad de posibles nombres. Llevamos ya varias comidas familiares en que la discusión acerca de los nombres se hace interminable por la longitud de la lista de candidaturas. Todos empiezan igual, "si es niña .... y si es niño ..." Ahora, por fin, descartaremos el 50% de la lista.

jueves, 25 de junio de 2015

La primera ecografía y el nacimiento de otra estrella

Con este embarazo estamos reviviendo momentos que, al menos yo, tenía casi olvidados ... y no será porque no los habíamos vivido pocas veces, no. Hace unos días tuvimos que ir a hacer la primera ecografía (la primera oficial, porque el ginecólogo de A., que es amigo, ya le había hecho 2 anteriormente). Llegamos con una ligera antelación a la hora señalada y esperamos nuestro turno. Cuando por fin nos llamaron, entramos en una pequeña sala, acomodaron a A. en una camilla y al poco empezó la ecografía. El ecógrafo (el aparato, no el señor que la hacía) era bastante antiguo. Nosotros que esperábamos unos avances médicos que nos permitirían ver a nuestro/a hijo/a en 3D, nos tuvimos que conformar con unas fotos peores que las que tenemos de S.

Durante la prueba, el encargado de hacer la ecografía, en un intento de dar conversación y que no pareciera aquello un funeral por el prolongado silencio, preguntó:

- ¿Qué?, ¿es el primero? (creía que esta pregunta ya no se hacía, pero por lo que se ve estaba equivocado)

- No, es el séptimo

- Ah ...

Y ahí se acabó la conversación. No sé, imagino que ese pobre hombre debió pensar "¿y qué le explico yo a ésta?" o "más vale estar callado, no sea que meta la pata". Aunque yo crea que eso no es meter la pata ni un chasco, lo cierto es que ya no hubo más conversación fuera de lo estrictamente relativo a la ecografía.

De momento todo va bien y puedo confirmar que es uno/a, vamos, que no vienen gemelos, cosa que podría pasar dados los antecedentes familiares de A.

Cambiando de tema, os contaré que el otro día asistimos a la representación de la obra de teatro "Connect", interpretada por algunos alumnos de 4º de ESO del colegio y entre los que se encontraba Mi. Interpretaba a varios personajes y aparecía muy a menudo en escena. No creo que sea amor de padre, pero me sorprendió gratamente esta faceta de mi hijo. Se movía con mucha naturalidad en el escenario y dominaba perfectamente sus papeles. El tener dos hijos que, de momento, hayan mostrado su interés por el teatro y lo hayan hecho muy bien (¡qué voy a decir!, pensaréis), hace que me plantee la posibilidad de que sea algo genético ... que lo hayan heredado de A., quiero decir. Ya os conté en una ocasión que mi idilio con el teatro se limitó a una función de Navidad del colegio cuando iba a 4º de EGB (para los de la LOGSE, Educación General Básica, que abarcaba la actual Primaria y lo que hoy es 1º y 2º de ESO) y en la que interpretaba al ángel (no podía ser otro mi papel, decía mi madre ... "con lo guapísimo que tú eres") que anunciaba a los pastores la Buena Nueva. Pues eso, que dudo que mis genes tengan la más mínima influencia en la vena artística de mis hijos.

La obra de teatro en sí -escrita y dirigida por el profesor de Arte del colegio- nos mostraba la influencia de los diferentes dispositivos electrónicos con la multitud de posibilidades y conexiones que éstos tienen en los jóvenes y todo ello a través de diferentes gags o situaciones muy cotidianas (en el médico, de excursión, haciendo cola ante una tienda para adquirir el último modelo de teléfono móvil ...).

El hecho de que la representación se haga en el Auditorio de la ciudad en la que radica el colegio y no en una a sala de actos del propio centro educativo, hace -no nos vamos a engañar- que resalte más, pero eso no quita que Mi. hiciera un gran trabajo. Enhorabuena Mi.

miércoles, 17 de junio de 2015

La odisea para ir a Varsovia (3 y fin)

¿Mola o no este estadio y sus colores?
Entramos en el Estadio Nacional (me gustó mucho y los colores son los del Sevilla ... ¿o es la bandera polaca?) tras pasar dos controles y nos dirigimos a nuestros asientos. ¡Vaya!, muy cerca de los sevillistas, pero con los ucranianos. Al cabo de un rato llegó un seguidor del Dnipro con cara de pocos amigos y señalando su entrada y con gestos nos vino a decir que estábamos ocupando su asiento. Cierto, tenía razón, nos disculpamos (ni un solo músculo de su cara se inmutó) y nos fuimos a nuestra "nueva" ubicación. Bueno, más cerca del sector sevillista, aunque seguíamos en territorio "enemigo".

El partido ya sabéis todo cómo acabó. Empezó mal, pero acabó muy bien. En cuanto acabó, nos levantamos y nos mezclamos con los nuestros. Gritamos, cantamos (el Himno del Centenario cantado a capella, de verdad, impresiona), hicimos fotos, vídeos ... Cuando llevábamos ya un rato -la fiesta parecía no tener fin- les dije a P. y Mi. que ya era hora de ir saliendo, que debíamos llegar al coche y recorrer 148 km hasta el hotel. Abandonamos el estadio siguiendo a la afición del Sevilla y, claro, no deshicimos el camino anterior. "No pasa nada", decían mis hijos, "Ahora seguimos por aquí y después giramos a la derecha y llegamos al coche". Yo no estaba muy convencido, la verdad, pero les hice caso. Seguimos andando y no encontrábamos ninguna de las referencias que teníamos: ni río, ni puente, ni ná de ná. Seguía yo quejándome y diciéndoles que debíamos volver al Estadio y coger el camino correcto, cuando llegamos a un barrio dejado de la mano de Dios (no había nadie) y aparecieron -como de repente- cuatro tipos que rápidamente se dirigieron hacia nosotros y uno de ellos (el más alto y fuerte) le dijo a P. que le diera la bufanda del Sevilla que llevaba al cuello. Pensamos en un primer momento que eran seguidores del Dnipro que querían "intercambiar" las bufandas, aunque, eso sí, sin muy buenos modales. Enseguida vimos que no, que sus intenciones eran otras, pues uno de ellos, con un rápido movimiento le quitó la suya a Mi., mientras el que exigía a P. la bufanda le decía (en inglés) "Aquí, en Polonia, solo queremos equipos polacos" P. le dio la bufanda y el individuo le dijo "Ahora la camiseta" P. llevaba tres camisetas del Sevilla (una encima de otra) y vimos que al ir viéndolas le pediría todas. En ese momento, instintivamente, puse el brazo entre los dos en un intento de apartarlo, cuando un tercero me lo cogió y me lo apartó mientras hacía un gesto llevándose el dedo índice a sus labios. No os mentiré, me asusté y vi a mis hijos asustados, así que pensé lo peor. No tenía ni idea de si nos podían sacar una navaja o -por qué no- una pistola. Yo que sé. Pensaba también que me iban a pedir dinero (no teníamos ni un mísero zloty) o la tarjeta de crédito (nos habríamos quedado tirados. Todo esto pasaba muy rápido. El cuarto integrante del grupo, algo más apartado, iba mirando de lado comprobando que no venía nadie.

A lo lejos vi venir un coche y empecé a mover los brazos y gritar (en español) que viniera a ayudarnos. El coche ralentizó su marcha (supongo que no entendió nada) y los 4 machotes se fueron corriendo. Nos quedamos allí quietos y sin decir palabra. Esperamos un poco y decidimos volver al estadio (debíamos ir por el mismo sitio por el que habían huido). Una vez allí, recorrimos el camino hecho a la ida y llegamos al coche. Seguía allí y sin ningún daño (no sé, quizá ya estaba yo un poco paranoico). Nos montamos rápidamente en él y salimos dirección a Lodz. Se me encajó un notable dolor de cabeza que, para ser positivos, evitaba que me durmiera conduciendo. Mi., el copiloto, se sentó y a los pocos minutos cayó contra la puerta en un profundo sueño. P. ma daba conversación como podía. Paramos en un Mc Donalds porque a los muchachos les entró hambre y aproveché para despejarme.

Llegamos al desvío de Lodz y recorrimos los últimos km detrás de un camión por una carretera lo más parecido a una comarcal. Una vez allí no teníamos ni idea de dónde podía estar el hotel. P. y Mi. preguntaron en una gasolinera y el tipo que la atendía, tras consultar su móvil, les dijo que estábamos a tres calles. Perfecto, el dolor de cabeza era ya más fuerte y ya eran las 02:30 h aprox. Nos volvimos a perder (o ese tipo nos mintió), así que paramos en un Carrefour Exprés. Yo desde el coche veía cómo el empleado le "entregaba" a P. un plano y le daba explicaciones. Vino P. con el plano lleno de rayas de bolígrafo e indicando el lugar de destino. "Me ha cobrado 2 €" (joé, solo zloties, pero para esto te cobro en € y el cambio te lo doy en zl), dice P. "Vale, de coña, pero ¿y dónde estamos nosotros?" "Ah, ni idea", fue la respuesta de P. Mientras él preguntaba, Mi. y yo conseguimos (aún no sabemos cómo) introducir los datos de la calle en la que se encontraba el hotel. Digo que no sabemos cómo porque las grafías polacas no las aceptaba el ordenador de a bordo. Da lo mismo, seguimos las indicaciones a través de calles y avenidas en obras. "Gire a la derecha" ... y había una valla. "Siga recto" y un socavón te hacía desistir de obedecer a la máquina. Llegamos a una carretera normal y nos dice que sigamos por ahí ¡14 km! "¡Pero si estábamos a 3 calles según el de la gasolinera!"

Fue ése el momento más crítico. Me planteé (y así se lo dije a mis hijos) olvidarnos del hotel e intentar dormir un poco en el coche. Desistí de esa idea e hicimos caso a las indicaciones. Tras pasar por más obras y llegar a un polígono industrial ¡en obras!, encontramos el hotel. La señorita de recepción me preguntó si era Paterfamilias (creo que éramos los últimos en llegar). Nos entregó la llave y la tarjeta (las 2 cosas) para acceder a la habitación. Nos metíamos en el sobre a las 03:41 h, después de haberme tomado un sobre de ibuprofeno con ¡agua con gasl! (creyendo que era mineral). A la hora de acostarnos ya empezaba a amanecer (lo que hace estar tan al norte y tan al Este).

Nos despertamos a las 08:00 h porque alguien entró en la habitación. Me levanté rápidamente (los señores, como dormimos con pijama, estamos glamourosos en cualquier momento) y ví que un señor y una empleada del hotel me decían que se habían encontrado la llave puesta en la puerta ¡y por fuera!. Eso prueba el estado en el que llegamos unas horas antes. Vamos, que ni un borracho.

Desayunamos en el hotel, cogimos el coche y nos fuimos dirección Berlín. Aún nos quedaban más de 400 km. Todo transcurrió perfectamente y llegamos puntualmente para devolver el coche (antes lo limpiamos en un túnel de lavado y ante la reacción del empleado de la empresa de alquiler de coches comprobamos que eso no se estila mucho porque soltó un "Ohh, very nice", que, traducido al español, viene a ser "Pero qué primos sois"). Bueno, da lo mismo, dejando el pabellón español por todo lo alto. Cogimos el vuelo en una de esas compañías de cutre low cost y llegamos a Barcelona ... sanos y salvos y con cara de felicidad por la nueva victoria europea del Sevilla.