sábado, 28 de julio de 2012

Una madre

Como los viajes de Primogénito a España son cada vez más regulares, decidieron comprar un apartamento en Barcelona para cuando viniera de visita con su familia. Como no es plan tener un inmueble vacío, y para ayudar en el pago del mismo, optaron por dedicarlo al alquiler turístico, ya sabéis, aquellos que se alquilan por días o semanas. Es la mejor manera -a priori- de sacarle provecho y tener un sitio donde alojarse cuando estén aquí. Si lo alquilaran como cualquier otra vivienda, la duración mínima sería de 5 años y, claro, venir a Barcelona y alojarse en un hotel teniendo un apartamento de propiedad, pues como que no.

De momento, A. y yo nos estamos ocupando de gestionarlo y hace unos días estuvimos allí con los últimos preparativos antes de que llegara (el jueves) un matrimonio alemán que pasará unos días en Barcelona.

A pesar de que el alquiler es del inmueble sin más, como somos de lo mejorcito, junto con Primogénito y E., su mujer, A. y yo decidimos tener algún detalle con los inquilinos y, entre ellos, dejarles bebida fresca en el frigorífico que es una cosa -creemos- que se agradece ... y más en esta época del año. Pues bien, me fui a un supermercado a comprar Coca-Colas, Fantas y botellines de agua. Lógicamente allí había más gente y de entre los que allí había me fijé en una peculiar pareja. Él era un chico joven, de unos veintitantos años, delgado, barba de varios días (o aspecto descuidado), tatoos y algún piercing, con bermudas y una camiseta. Junto a él iba una mujer, mayor que él, pero de mediana edad, llevando el carro, pero lo que más llamaba la atención de ella era su cara. No hace falta ser un experto para ver que esa señora no estaba bien, cara demacrada y mirada perdida. Tenía toda la pinta de estar sumida en una depresión.

(Aviso a navegantes: reconozco mi propensión a "montarme historias" cuando observo a la gente)

Me crucé con ellos varias veces en diferentes pasillos del establecimiento, pero intentaba no fijar la mirada en ellos, más que nada para disimular y porque cuando lo hago, según me dicen, soy muy poco discreto, vamos que se nota un montón. Estaba yo a punto de recoger las últimas bebidas cuando oigo unas voces que desentonaban. Instintivamente levanté la mirada (como hizo todo el mundo que allí estaba) y pude ser testigo en directo de los insultos que el que resultó ser su hijo (el joven de veintitantos años) dirigía a su madre (la mujer de la cara demacrada). Al parecer, el hijo recriminaba a su madre el haber metido en el carro de la compra algo que no tenían previsto comprar y los términos empleados (no quito ni añado nada) fueron "¡¿Qué coño haces, mamá?!, ¡Eres una puta subnormal!" La mujer no pareció muy afectada por esas palabras y ese tono.

Mentiría si dijera que me escandalicé, pero sí me dio pena, mucha pena y, como os decía antes, mi mente empezó a imaginarse historias. Seguramente esa madre estaba en ese estado como consecuencia del comportamiento del hijo. Quizá ese hijo no podía soportar más el estado en el que se encontraba su madre. Posiblemente el hijo llevara mucho tiempo aguantando, quizá ... No sé, pero como os decía me dio mucha pena ver el trato que ese chico dispensaba a su madre que, independientemente de la historia que hubiera detrás, no dejaba de ser su madre.

22 comentarios:

  1. Ni madre ni nada...Eso no es manera de dirigirse a nadie. Ese chico a lo mejor, solo a lo mejor no ha sido enseñado a tener respeto por los demás sean quienes sean. LA frustración y la sensación de desgracia no pueden impedir el respeto.
    Gente sin límites eso es lo que ocurre. Hemos pasado del "Si padre, lo que usted diga" al "eres una puta subnormal" y así vamos, la España pendular de siempre.
    Besazo

    ResponderEliminar
  2. Que historia más triste¡¡¡, no hay justificación al comportamientom de ese individuo y no buscaría más explicación que la pérdida de valores, el abandono de los principios .... eso de que cada día hay menos gente que cree en Dios y más que se cree Dios.

    Un saludo¡¡¡

    P.D. a mí también me pasa que se me nota mucho cuando me llama alguien la atención.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me gusta esa frase de que cada vez menos gente cree en Dios y más se cree Dios.

      Y, como dices, no tiene justificación.

      Eliminar
  3. Y a mí, que lo único que se me ha venido a la cabeza (después se me "ha nublado" el conocimiento) es, ¿cómo sigue tu madre?

    ResponderEliminar
  4. ¿Has visto alguna vez un programa que se titula "Hermano mayor"? Yo creía que lo que cuentas eran hechos aislados... pero no. Cada vez hay más hijos que maltratan a sus padres. Por lo que he leído, la mayoría de las veces es debido a no haber crecido con pautas concretas, límites apropiados para cada edad. Pero vete a saber si esta madre está enferma desde hace tiempo y no ha tenido fuerzas para "domesticar" (perdón) al tal personaje. Tristísimo...

    Qué bien os portáis con los futuros inquilinos. Así da gusto... Un saludo, Pater.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sí, alguna vez lo he visto y, como tú, creía que eran casos aislados y, sobre todo, exagerados.

      Sí, puede ser cualquier cosa.

      Me alegra verte por aquí.

      Eliminar
  5. No me extraña que su madre esté deprimida y cuanto más la trate así más lo estará. Un beso.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Así es. Esa depresión es lo mínimo que puede tener esa pobre madre.

      Eliminar
  6. Qué horror...

    Como reflexión, habría que pensar en qué tipo de educación habrá recibido ese niño también... qué fue antes, el huevo o la gallina?

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Horroroso, sí

      Eso intentaba explicar, vete a saber qué historia hay detrás de eso

      Eliminar
  7. La historia comenzó hace 25 años, Páterfamilias, cuando él era un niño, ella una madre joven, ella le riñó por algo y él la llamo "boba"; ella no se atrevió a reñirle por eso.

    Aprende en cabeza ajena.

    ResponderEliminar
  8. ¿Cachete? Para darle un bueno guantazo, la verdad.

    Veo que eso de montarse historias es muy habitual.

    ResponderEliminar
  9. El Hombre de la Máscara de Hierro30 de julio de 2012, 21:56

    Es horrible... No creo que una madre puede soportar tal trato. También la madre no debería dejarse tratar así por
    su hijo, se podría acostumbrar a faltar el respeto y discriminar a los demás. Un beso Pater.

    ResponderEliminar
  10. Uf! qué historia tan triste e indignante a la vez... Como bien has señalado, no se sabe la historia que hay detrás de esa agresión hacia la madre, pero coincido con el comentario de Fernando, probablemente esa falta de respeto tan fuerte tiene su orígen en la infancia de ese chico y en la falta de autoridad de los padres. Y si así trata a su madre en una situación tan normal como es hacer la compra, no quiero ni imaginar cómo puede llegar a tratar a un desconocido en una situación límite.
    Saludos!

    ResponderEliminar
  11. aquí me quedo porque voy tarde... a mi niño por menos que un "cuécuécué, mamáa qué tontita" le ha llovido fuego y azufre... eso desde ahora, como dice Fernando, que de grande no habrá castigo suficiente.
    ...
    tengo una amiga que al referirse a sus hijos, dice "los jefes" y así, delante de ellos (ella y su marido dicen así), y a mí me entra unas ganas de decirles "cómo se les ocurre poner esa responsabilidad en hombritos chiquitos". Esos "jefes" serán.. tiranos y luego... pues el del super...
    ...
    no sé si tanto, pero mejor que cada quien esté en su sitio y respetos guarden respetos, desde el inicio.

    ResponderEliminar

Recuerda que es un blog para todos los públicos. Si vas a dejar tu comentario, procura que no sea ofensivo ni de mal gusto, así como que sea respetuoso con las opiniones de los demás. Muchas gracias