domingo, 31 de mayo de 2020

Lenguaje de la crisis sanitaria

Vaya por delante que, como todo en este blog, no se trata de un sesudo estudio acerca del lenguaje aprendido -y sobre todo usado- durante este tiempo de crisis sanitaria provocada por el Covid-19, pero allá va mi granito de arena en este tema.

No sé con cuántas palabras funcionáis los que me leéis (ni siquiera sé con cuántas funciono yo), pero lo que está claro es que, quien más quien menos, ha enriquecido -aunque sea levemente- su vocabulario gracias al coronavirus. Allá va el top 10 de las palabras y expresiones que hemos utilizado muchas veces y que -no me mintáis- no habíais utilizado antes ni por equivocación:

- Coronavirus: Tengo amigos médicos y científicos que no la habían usado en su vida, así que no me digáis que sí, que vosotros ya la conocíais y que incluso la usábais en la intimidad. Es la palabra estrella de esta pandemia. Tendríais que oír a A. jr. diciendo que no va al cole "porque hay coronavirus".

- Covid-19: Parece ser que es como se ha bautizado a este tipo de coronavirus, al que la ha liado parda. Lo más parecido a esto que habíamos oído con anterioridad es el nombre de la mascota de las Olimpiadas de Barcelona '92.

- Pandemia: Sí, ya sé que muchos de vosotros conocíais esta palabra. Acepto incluso que alguno ya la hubiera utilizado con anterioridad (no os vengáis ahora todos arriba, porque me lo creo de algunos solo), pero de ahí a utlizarla con la frecuencia con la que lo hacemos ahora hay un mundo. Esta palabra tiene pinta de quedarse ya en nuestro vocabulario durante mucho tiempo, no por la duración del mismo, sino porque la usaremos a menudo en un futuro más o menos lejano. Nuestra generación, que gracias a Dios, no ha vivido una guerra, podrá decir a sus nietos cuando digan que una comida no les gusta aquello de "Una pandemia deberías haber pasado tú"

- Confinamiento: Pasa exactamente lo mismo que con la anterior, pero confío en que la dejemos de usar dentro de poco. Será una buena señal.

- Hidrogel: Existen diferentes variantes, pero cuando nos referimos a eso en lo que todos estamos pensando al leerlo, creo que ha sido el más utilizado.

- Distancia social: Esta expresión también se utiliza mucho, no solo por nuestras autoridades (¿debo seguir llamándolas así?) y es un grave error. Cuando se utiliza esta expresión, se refieren a la distancia física que debemos mantener los humanos entre nosotros para evitar el contagio del Covid-19. Pues bien, con llamarla distancia física habría sido más fácil y más correcto. Distancia social es otra cosa.

- ERTE: Por desgracia éste ha sido uno de los nombres estrella y del que la gran mayoría  de nosotros no habíamos ni oído hablar y ahora hasta lo hemos sufrido en nuestras familias.

- Mascarilla: De las pocas palabras que todos conocíamos, pero que la usábamos muy poco. Ahora la usamos mucho, la palabra y el objeto que la lleva por nombre.

- Fase: Como con la anterior, todos conocíamos esta palabra antes de la pandemia. Es más, todos sabíamos lo que era una fase, no como ahora que nadie (ni el presidente del gobierno) es capaz de explicar cada una de estas fases.

- Desescalada: Muy ligada a la palabra anterior (aunque eso no es garantía de éxito para entender la explicación de las diferentes fases) y que me hace dudar acerca de su corrección. ¿No era más fácil usar "rebaja"?

Seguramente habrá palabras o expresiones más importantes o más utilizadas durante este tiempo, pero por eso esta es mi lista y de nadie más.

Por cierto, antes de acabar, como sé que hay alguno muy intranquilo, deciros que finalmente lo de la tele se arregló con una nueva. El servicio técnico de la marca desaconsejó su reparación y el seguro que habíamos suscrito decidió entregarnos en una tarjeta (virtual) el importe que pagamos cuando la compramos. Así que hemos comprado otra igual y la diferencia en el precio (cuando la compramos por primera vez era un "ofertón") y el precio del nuevo seguro lo paga el autor del destrozo, hijo que está encantado con la solución final porque ya contaba con tener que pagar una tele nueva.

sábado, 9 de mayo de 2020

El confinamiento ya no es tan divertido

Así queda una pantalla de una televisión cuando
 recibe el impacto de una pala de ping pong
Antes de que alguno me salte a la yugular tras haber leído el título de la entrada, aclarar que el confinamiento nunca ha sido divertido, nunca. Lo que pasa es que la fatiga ya empieza a hacer mella en alguno de nosotros. Es lo que tiene que seamos tantos (nunca me acuerdo de contar a los hamsters entre los confinados), que cuando no es uno (o unos), lo es otro (u otros) y así vamos tirando.

Lo que me ha animado a escribir esta entrada es contaros el detalle con el que nos ha "obsequiado" uno de nuestros hijos: El pasado jueves, me encontraba con A. hablando de no sé qué cuando apareció uno de ellos y muy serio me dice "Ha pasado algo". Su gesto y su tono no presagiaba nada bueno.

- ¿Qué ha pasado?, pregunté.

- La tele, la tele ... se ha roto. Se me ha escapado la pala de ping pong y ha golpeado la tele y ...

- ¿Y?

- Se ha roto.

Fui al salón a ver qué significaba exactamente ese "se ha roto" y pude comprobar lo que podéis comprobar vosotros mismos viendo la foto que ilustra esta entrada.

Esta tele la compramos en enero de este año, aprovechando una súper oferta de una conocida red de establecimientos que hace años se dio a conocer con una campaña publicitaria que, en resumen y a sensu contrario, llamaba tonto a todo aquel que no compraba ahí cualquier electrodoméstico. Tiene 55" y las partidas de la Play se ven (veían) de maravilla.

Recordé que, en el momento de pagar, me propusieron (y convencieron) contratar un seguro aparte del de garantía, así que miré en la carpeta de electrodomésticos y allí, junto a la factura, estaba ese seguro. Llamé al teléfono de Atención al Cliente y la chica que me atendió me pidió que le explicara qué es lo que había pasado. Como buenamente pude se lo expliqué, resaltando que había sido un accidente. Me pidió que rellenara el formulario que me enviaría por correo electrónico y junto con la factura y una fotografía del televisor se lo enviara por ese mismo medio. Y así lo hice. Como suele ocurrir en estas ocasiones, el fin de semana llega enseguida y hace que todo sea más incierto, al no tenerse noticias al respecto.

No sé si lo cubrirá el seguro porque tal y como está redactado, cabe una interpretación y la contraria. así como que las opciones que recogía el formulario era el de la avería, daños por agua (lo llego a saber, la mojo y digo que la tenía fijada en la pared de uno de los cuartos de baños en el que el mismo jueves empezó a caer agua del techo por una fuga del vecino de arriba), daños en el transporte, daños por caída y ... por accidente, pero dentro de los anteriores apartados. No sé qué pasará.

Alguno puede pensar que tampoco es para tanto (y seguramente tendrá razón), que hay cosas más importantes y que -de momento- todos gozamos de buena salud. Y es cierto, pero no os imagináis la rabia que da.

Estos días de confinamiento hemos aprovechado para ver más películas que nunca y seguir series como nunca antes habíamos hecho. Pues bien, no os podéis ni imaginar lo de escenas que transcurren en el vértice superior izquierdo de la pantalla. No sé si existen estadísticas al respecto, pero os puedo asegurar que hay un montón. Y las partidas de la Play ... pues ni lo intentamos.


viernes, 1 de mayo de 2020

Quedadas virtuales

Cuando uno es un deficitario tecnológico, sin llegar al punto de la indigencia, siempre es un buen momento para aprender cosas nuevas. Y el confinamiento no podía ser menos. Lo que empezó como una broma, siguió como tal y aún perdura como eso aunque con el calificativo de "pesada", nos ha llevado a mantener el contacto con los de fuera de la familia a través de herramientas -al menos para mí- hasta ahora desconocidas.

Empecé con un grupo de amigos (ya tenemos un grupo de Whatsapp desde el que arreglamos el mundo) donde uno propuso encuentros virtuales, pero a través de alguna app que permitiera la conexión de más de 4 personas, por lo que se descartaba el propio Whatsapp (no sabía ni de qué hablaba). Pregunté a mi hija Ma. y me propuso hacerlo a través de Houseparty, la aplicación del momento (al menos al inicio del confinamiento). Quizás soy un poco tiquismiquis, pero lo cierto es que la calidad de la conexión no era lo que yo me esperaba, pero la costumbre hace que, al final, no te parezca tan mal.

Todo iba bien hasta que un día vino Ma. y me dijo que esa aplicación no era segura, que se habían dado no sé cuántos casos de fraudes a través de Houseparty (llegando incluso a vaciar la cuenta corriente de un usuario, lo cual no me preocupa porque, en mi caso, lo que puede pasar es lo contrario, que me la llenen) y que había que desinstalarla cuanto antes. Lo intentamos y no pudimos. "Si eres usuario de Android, no puedes darte de baja", me dijo Ma. para empezar a intranquilizarme. Al final, según me dijo, me dio de baja desde su móvil, tras facilitarle yo mio contraseña. Lo comuniqué al resto de miembros de nuestro grupo de Whatsapp y nos pasamos a ZoomTodo iba bien, hasta que a uno le entró la vena conspiranoica y nos dijo "Nos están espiando. Desde Zoom nos controlan" y decidió no conectarse.

Con otra gente me conectaba a través de Hangouts y otros me hicieron descargarme Jitsi Meet. Al final acordamos que lo realmente estresante era ir instalando y desinstalando aplicaciones y unir a nuestro confinamiento ese estrés, por lo que volvimos a Zoom y desde ahí nos vemos. El conspiranoico, después de un tiempo de silencio, decidió volver.

En casa -como ya sabéis- somos unos cuantos los confinados, así que quien más quien menos tiene sus conexiones, ya sean para trabajar o ya sean para quedar con los amigos. Los mayores, por ejemplo, quedan con amigos con una cerveza en la mano (yo lo hice con una copa de vino el día de mi cumpleaños). Ese excesivo número de dispositivos conectados a la red, hace que la WiFi no funcione como quisiéramos en determinadas franjas horarios. He llegado a tener reuniones en uno de los lavabos de la casa por estar cerca del router y las demás estancias de la casa ocupadas. Si enfocas con cierta gracia, el interlocutor no sospecha que estás pegado a la taza del wáter.

Cuando crees haber visto todo en este confinamiento, llegando incluso a aceptar esos interminables trabajos, deberes, clases online, exámenes, etc, llegan ... ¡las reuniones del cole virtuales! Yo -inocente que es uno- pensaba que alguna de las cosas positivas de esta pandemia era la supresión de las reuniones del cole. Pues no, las reuniones se hacen a través de una de las plataformas anteriormente mencionadas. El lunes tuvimos la del curso de S. y el miércoles la del de JP. Tendríais que ver ahí a un profe conectado con 25 padres y/o madres de sus alumnos pidiendo que desconectemos el micro mientras él habla para que no haya interferencias o, mejor aún, a esos padres que desesperadamente quieren hacer preguntas y el profe no les ha activado el micro. Te tienes que reír.

lunes, 27 de abril de 2020

Nuestro confinamiento

Yo debo ser un tío muy raro porque, la verdad, no se me está haciendo tan largo (dentro de lo que cabe) el confinamiento. No sé si ayer u hoy cumplimos 40 días y si tenemos en cuenta que es lo que dura una Cuaresma, ¿qué queréis que os diga?.

Hay que remontarse a la primera decena del mes de marzo cuando en un arrebato me dio por pintar el pasillo, tras haber cambiado unas fotos que colgaban de la pared. Empezó la movida del coronavirus (entonces nadie la llamaba Covid-19) y -llamadme previsor o adivino- se me ocurrió decirle a A. que era mejor hacer la compra en Carrefour en lugar de Mercadona, porque en el primero también tienen pinturas y, claro, nunca se sabe. Pues eso, compré varios botes de pintura para las puertas. Y pinté. Y pinté 9 puertas. Al acabar, me sentía como Forrest Gump cuando le dio por correr y decidí pintar un mueble de Ikea de la cocina (ya era blanco, pero necesitaba vida), el mueble de un baño (éste era de color madera y mi querida A. decidió que fuera turquesa con acabado tiza), la cama de Ma y A. jr y un plafón de madera que forra la mitad de la pared del office. No satisfecho con eso, se me ocurrió pintar la entrada. Como ya había pintado el pasillo y el color era el mismo ...

Algo en mi interior me empujaba a seguir pintando. Imagino que algo así debía sentir Miguel Ángel cuando se enfrentó a la Capilla Sixtina y tampoco era plan desperdiciar ese impulso. Entonces, en pleno furor artístico, se me ocurrió pintar de blanco la puerta de la entrada. Esta puerta también era de color madera (muy feo, por cierto), por lo que tuve que lijarla previamente (a mano) y como se me había acabado la pintura, localizar una droguería y desplazarme a comprar pintura selladora y pintura acrílica en cantidad suficiente para dar 2 capas.

Cuando las agujetas parecían ser algo habitual, y el genio seguía en mi interior, opté por pintar el office de la cocina y los techos de la entrada y del pasillo ... y de los dos cuartos de baño ... y con dos capas al de nuestro dormitorio (previamente, con masilla, había tapado una grieta que lo atravesaba de lado a lado) ... y ... el cuarto de Ma y A. jr Aquí hay que hacer una pausa para decir que si bien es la estancia más pequeña de la casa, la dificultad era mayúscula por lo difícil que resulta acceder a determinados rincones. He tenido que hacer auténtico contorsionismo, jugándome la vida incluso, para poder pintar una esquina con un pie en la escalera, el otro en un mueble, un rodillo en una mano y una brocha en la otra. Esta vez aproveché lo que me quedaba de pintura de esa habitación y como no llegaba para pintarla entera como Dios manda, es decir, con sus dos capas de rigor, rebajé el color añadiéndole blanco y ... no ha quedado mal.

Pensaba que ya había acabado (las musas habían decidido abandonarme) cuando -esta vez "animado" por A., me dio por pintar la habitación de P. y Mi. y ya puestos la de Q., JP y S. Cuando pensaba que la falta de pintura era un argumento de peso para no seguir con mi frenética actividad, A. se ofreció para ir a esa droguería y comprar 2 botes de 4 l. de pintura color -agarraos- "ceniza" (para los hombres que me leen, es como un gris un tanto azulado, vamos que parece lila claro). Pues nada, ya tenía el material y no había excusa. Ayer acabé de pintar esas dos habitaciones.

No sé si alguno de vosotros ha pintado alguna vez, pero lo jodido de todo esto no es pintar, es preparar todo (enmasillar, lijar, poner cinta para que la pared no se pinte de blanco cuando pintas el techo y después, poner cinta en el techo para que no se pinte del color de la pared), mover muebles (imaginaos lo que es mover una litera de 3 o una tabla que hace las veces de mesa de estudio para 3) y el típico "ya que estamos, vamos a tirar cosas, ordenar esto un poco y limpiar ... ¡qué digo limpiar, parece que desinfectes una estancia! Y todo esto con 8 personas más en casa. De verdad que es muy complicado, que lo de Miguel Ángel no fue nada comparado con esto. Dadme a mi una Capilla Sixtina sin muebles (recordad una litera de 3) y os hago una maravilla.

Todavía me queda por pintar el lavadero y si el genio vuelve a surgir, me pongo con la terraza, la cocina y el salón (espero que no). Como este confinamiento va para largo, tengo miedo de que me dé por cambiar de color lo ya pintado.

Aquí tenéis el color ceniza
Y aquí lo que es una litera de 3





viernes, 24 de abril de 2020

Vuelvo a escribir

No sé qué me ha pasado, pero, de repente, sin saber cómo ni por qué, me ha entrado un deseo irrefrenable de volver a escribir en el blog. Y lo hago a sabiendas de que nadie, absolutamente nadie leerá esta entrada. Mis heroicos seguidores de antaño (¿qué será de ellos?) no habrán tenido la paciencia (lógico) de esperarme y los nuevos (si los hay) se preguntarán "¿quién es este tipo?". Así que aquí me tenéis, como cuando empecé este blog hace no sé cuántos años.

No sé si merece la pena refrescar un poco la memoria del lector (sería lo normal si los seguidores que tuve vuelven por estos lares) y actualizar ciertos datos, pero por si acaso, me voy a arriesgar:

A. y yo seguimos como siempre, más viejos, pero básicamente igual (en mi caso, aquella barba que probé un tiempo, ya es perpetua).

Los hijos han cambiado mucho. Ya he actualizado las edades y así os podéis hacer una idea de cómo están (lo más importante es que empiezo a ver cada vez más cerca aquella posibilidad que me parecía imposible de que empiecen a irse de casa). Ma. y P. ya han acabado la carrera y están trabajando y "ennoviados". Mi. siguiendo los pasos de su padre estudienado Derecho. Q. a punto de entrar en la Universidad, JP en plena adolescencia (tendríais que oír sus gallos durante el confinamiento), S. en la ESO y A jr. cada día más mayor.

No sé cuántos días de confinamiento llevamos (¿40?), pero lo cierto es que vamos aguantando. En entradas posteriores os iré contando más detalles del confinamiento de una familia de 9 miembros, pero ya os puedo adelantar que:

- Tenemos un horario (flexible) para que esto no sea un caos

- Hay tiempo para todo 

- Hay momentos de tensión

- Tenemos la suerte de tener una terraza de 20 m²

Bueno, pues eso, que he vuelto con la intención de quedarme un buen tiempo. No sé si conseguiré el ritmo de publicaciones de mis años más fructíferos, pero me he hecho el propósito de tener cierta continuidad y dedicarle algo de tiempo a este blog. Espero contar con vosotros.

lunes, 10 de junio de 2019

Las piscinas de Lourdes

Santuario de Lourdes
Hace justo un año, mi hijo P. y yo nos fuimos a Lourdes en compañía de mi amigo J. y su hijo A., el cual, a pesar de ser 5 años mayor que P., mantienen una gran amistad. La idea era pasar allí el fin de semana. Busqué por internet un alojamiento y encontré uno en Airbnb muy céntrico y que no estaba mal de precio. Como al final salimos algo más tarde de lo previsto, cambiamos la ruta y, en lugar de atravesar los Pirineos, fuimos por autopista. El itinerario es mucho más largo (tienes que llegar hasta Toulousse y después ir bajando hasta Lourdes), pero mucho más seguro para conducir de noche y algo más rápido. Paramos en un área de servicio próximo a Girona para merendar y cenamos pasado Toulousse. Durante el camino P., que se defiende con el francés, llamó a Helio (pronúnciese con acento francés) para avisar que llegaríamos algo más tarde de lo previsto, no fuera que, ante nuestra tardanza, pensara que ya no íbamos a ir y se le ocurriera irse a dormir y dejarnos en la calle. Por fin, a eso de las 12 de la noche, llegamos a nuestro destino. Echamos unas risas y a dormir.

El sábado por la mañana lo dedicamos a visitar el Santuario y sus alrededores y por "recomendación" de mi amada esposa (algo así como "supongo que si vais a Lourdes no se os ocurrirá no bañaros en las piscinas") nos interesamos por las piscinas. Estaban cerradas. Al parecer tienen un horario muy concreto y es tal la afluencia de gente que cuando ven que ya no cabe nadie más, cierran el acceso. Ese aviso -lo reconozco- no fuimos capaces de interpretarlo, por lo que optamos por volverlo a intentar al día siguiente. La tarde pasó entre visitas a la población y al Santuario, que era el motivo del desplazamiento. Por la noche, volvimos a nuestro alojamiento y cenamos eso que tanto me gusta a mí (aunque me siente fatal), como es queso (unas cuantas variedades), pan y vino que habíamos comprado por la tarde en un Carrefour (Caggfú) y a dormir.

El domingo por la mañana, tras el desayuno, nos dirigimos al recinto del Santuario y lo primero que hicimos fue ir a las piscinas. El horario era de 10:00 h a 14:00 h. A las 10 en punto allí estábamos y conseguimos entrar (si alguno piensa que es lo normal, pues has llegado a la hora de apertura, nada más lejos de la realidad). Eso sí, justo después de entrar, cerraron el acceso, lo cual -ahora sí- me hizo sospechar. Efectivamente, no hace falta ser un lince para deducir que la espera podía ser larga, muy larga. Pues eso, sobre las 13:15 h llegó nuestro turno. No teníamos ni idea de cómo era aquello, pero las 3 horas y pico de espera hizo que estuviéramos ansiosos por entrar. "No llevo bañador, ¿nos darán uno?", "Y si nos dan uno, ¿cuántos usos tendrá ya?", "Porque nos darán uno, ¿no?", "Y el agua ... ¿cómo estará?, ¿calentita?, ¿tibia? ... ¿fría?" Éstas y otras eran las típicas preguntas que nos habíamos estado haciendo durante la espera. Y todas, todas esas preguntas se te olvidaban al franquear la puerta que separa la zona de espera del interior, donde se encuentran las piscinas. Una vez dentro, lo primero que pasó es que se nos acercó un hombre -de poca estatura-, vestido con un traje impecable y nos preguntó si hablábamos francés. Todavía nos quedaba algo de buen humor y entre sonrisas le indicamos que no, que éramos españoles. Es entonces cuando empezó con sus explicaciones en un perfecto español afrancesado: "Oh, la la, españoles, ¡qué magavilla!" "¿De dónde sois?", "¿De Bagselona? Yo soy dessendiente del Duque de Cagdona". Mientras, nosotros, asentíamos con una sonrisa boba en nuestros rostros. Le preguntamos qué tal estaba el agua. La respuesta, así, a bocajarro y gritando, fue "FGÍA, MUY FGÍA". Ya no había vuelta atrás.

Nos indicó que debíamos entrar en una zona separada por unas cortinas de lona blancas con rayas gruesas azules (o azules con rayas gruesas blancas). Cada uno a una zona distinta. Lo que vivimos a continuación fue en absoluta soledad, sin un conocido con quien comentar la jugada. La soledad. Cuando entré en esa zona la imagen era dantesca. A la humedad en el ambiente, le acompañaba un silencio sepulcral y cuatro o cinco hombres sentados ¡en calzoncillos! en dos bancos de madera, uno a cada lado de la estancia. Y otra cortina gruesa separando esa estancia del lugar en el que debía encontrarse la piscina. Saludé con un hilo de voz, mientras que iba desvistiéndome hasta quedarme en gayumbos (suerte que ese día llevaba unos boxer monísimos) a la vista de mis nuevos compañeros de aventura. Cuando acabé me senté a esperar. No sabía muy bien lo que me esperaba. Mi cabeza iba a toda velocidad pensando en mil cosas que podía encontrarme y atormentándome esa imposibilidad de huir. En éstas me encontraba cuando, de repente, se abrió la otra cortina (la que separaba esa "sala de espera" de la piscina) y apareció un tío empapado y aterido de frío, mientras un hombre que estaba escondido tras la cortina llamaba al siguiente. Y así, uno a uno, fueron desapareciendo y apareciendo empapados mis fugaces compañeros de espera. Hasta que llegó mi turno. No había duda de que me tocaba a mí, pues era el último y no había posibilidad de amablemente ceder mi turno. Entré y me encontré a dos tipos ataviados con unos enormes delantales, como los que usa un matarife en un matadero. Un escalofrío recorrió mi cuerpo ... y no solo por el frío que allí hacía. Me dijeron que me quitara los calzoncillos y los colgara en un gancho que había en la pared, un gancho como los que hay en un matadero. ¿Qué podía salir mal?. Cuando me disponía a desprenderme la única prenda que cubría mi cuerpo, se acercaron detrás y con una especie de toalla me cubrieron para preservar ese íntimo momento. Un detalle, la verdad. Esa misma toalla -fría y empapada como pocas cosas he visto en mi vida- la usaron para tapar mi desnudez envolviéndola alrededor de mi escuálido cuerpo. Todavía estaba preguntándome cuántas personas habría cubierto esa toalla, cuando, cogiéndome por los hombros, uno a cada lado, me colocan delante de la piscina (una especie de hueco con baldosas en el suelo) a la que se accedía bajando dos o tres escalones. Me vuelven a preguntar de dónde soy y cuando les digo que español, me dicen que no, que no hablan español, pero sí inglés, francés, italiano ... "Da lo mismo, italiano", contesté mientras pensaba que quizá mis últimas palabras en este mundo serían en ese idioma. Me señalan una imagen de la Virgen que presidía esa sala y me animan a rezar alguna oración y a pedir algo (para eso viene la gente, ¿no?). Muy breve debió ser mi oración y mi petición porque, aun habiendo acabado, allí no se movía nadie. Les indiqué varias veces que ya había acabado, pero me ignoraron completamente. Cuando ellos estimaron que ya tenía que haber acabado, me dijeron que bajara los escalones y me introdujera en la piscina. El agua estaba -como dijo el descendiente del Señor de Cardona- fría, muy fría. Me dijeron que diera unos cuantos pasos hacía adelante y que me detuviera en el centro de la piscina. El agua me llegaba a la altura de la mitad de los muslos. Una vez allí, cuando estaba totalmente desprevenido y en la más absoluta duda acerca de qué podía pasar a partir de ese momento, los hombres de los delantales, en un movimiento ágil y rápido propio de un karateca, me hicieron una llave y me tiraron de espaldas al agua dos veces, cubriéndome en su totalidad. Esa sensación de frío y la nocturnidad y alevosía con la que actuaron hizo que se me escapara un sonido aterrador. Aterido de frío me dirigen al gancho en el que se encontraban mis calzoncillos. Me los pongo de la misma forma que me los había quitado (con esa toalla cubriéndome), abren la cortina y me sueltan en la sala de espera. Me visto sin poder secarme y abandono ese espacio para encontrarme con mis compañeros de aventura. Nos cruzamos unas miradas con la que nos dijimos todo. Es una experiencia única, por lo menos para mí. Vamos que no la pienso volver a repetir.
Piscina de Lourdes

Antes de acabar, quisiera dejar claro que, aunque lo pueda parecer, no se trata de una burla. Es más, no solo respeto profundamente lo que allí se vive, sino que animo a todo el mundo a que pase por esta experiencia y que una visita a Lourdes, deja huella.


jueves, 28 de febrero de 2019

Una analítica y un juicio


El otro día fui al médico. Hacía un año que no iba y había algún que otro tema a comentar.

Yo no sé lo que tardan otros en la consulta, pero lo cierto es que yo voy rápido (mi médico de cabecera ayuda a ello porque acostumbra a responder con monosílabos cada vez que le planteo un tema) y, en 5 minutos ya habíamos acabado.

Me mandó hacerme una analítica y una ecografía de abdomen. Le insistí en que -no estoy del todo seguro, pero tengo la certeza- no estaba embarazado. A pesar de ello, mantuvo lo de la ecografía.

Ayer, bien temprano, acudí en ayunas a mi CAP (Centre d'Assistència Primària) para la extracción (de sangre). Entré en la sala de espera un poco antes de la hora prevista (Sala de Parquet para más señas) y un (fuerte) olor a ajo reinaba en el ambiente. Entre los que esperaban había varias personas de avanzada edad (mayores que yo, vamos) y mis sospechas sobre el origen del olor se centraron en éstos. Gracias a Dios no estuve allí más de 10 minutos. Llamaban en grupos de 5 ó 6. Oí mi nombre por el altavoz y me dirigí a la consulta anunciada. Al llegar, una ¿enfermera? me preguntó (sic) "¿Trae el pipí?". Ante mi cara de sorpresa, añadió "Ah, vale, no le han dado el bote".

"No, no es que no me hayan dado el bote, que tampoco, sino es que no me dijeron que debía traer eso. Me dijeron que era un análisis de sangre"

"Bueno, no se preocupe (como si lo estuviera), ahora le extraemos la sangre y después me trae el pipí" y acto seguido me entregó un bote en el que debía vertir la orina.

Como soy un hombre de costumbres, me había presentado en el CAP aseado y con las necesidades cubiertas, por lo que intentar llenar ese bote se antojaba misión imposible. Aún así conseguí aportar una cantidad suficiente para su cometido (espero). Me salté la cola que había en ese momento y entregué mi muestra. Pusieron su etiqueta (espero que coincidiera con la de las muestras de sangre) y me fui de allí.

Me sorprendió -y mucho- que en ningún momento me requirieran para que me identificara. Simplemente me preguntaron mi nombre, comprobaron que estuviera en la lista de los citados para ese día y procedieron a poner muchas etiquetas con números y códigos de barra en los recipientes habilitados para recoger las muestras. Sé que es una tontería y que no creo que nadie quiera engañarse a sí mismo, pero podría haber enviado a cualquiera haciéndose pasar por mí y sus resultados serían mis resultados.

Después volví a casa y desayuné. Me fui al despacho y de ahí al Juzgado porque tenía un juicio a las 11:00 h. Al llegar al edificio de los Juzgados me encontré con otro abogado con el que había coincidido hace pocos años en un asunto. Debe tener treinta y tantos años. Pues bien, al verme, no se le ocurre mejor saludo que "Hola, compi". No sé si porque me había desangrado o porque no me quedaba pipí en mi cuerpo, lo cierto es que solo pude contestarle con un "Hola". Sin embargo, en mi interior no paraba de darle vueltas a ese "compi".

En esas condiciones (sin sangre ni pipí y aturdido por el saludo de un compañero de profesión) debía afrontar un juicio de un cliente del turno de oficio acusado de un delito de impago de pensiones (no pasaba la pensión de alimentos en favor de su hija menor desde hacía mucho tiempo). Como la pena solicitada no era muy alta (12 meses de prisión), me las prometía muy felices confiando que eso acabaría en una conformidad con el Ministerio Fiscal. Pues no. Mi cliente decidió que él no tenía que asistir al juicio, a pesar de estar citado en forma. Como la pena solicitada no era superior a 2 años de prisión y constaba citado en forma, podía celebrarse en su ausencia. Así que imaginaos el papelón que me tocó hacer (uno más), solicitando la libre absolución de mi patrocinado, a pesar de la comparecencia de la testigo perjudicada (la madre de la menor) y la petición de condena por parte del Ministerio Fiscal.

sábado, 2 de febrero de 2019

Los niños hay que tenerlos joven

He encontrado una foto de una
niña guapa cumpliendo 3 años
No lo sé. No sé qué me ha pasado, pero de repente me ha venido una ¿musa? que me ha empujado a escribir una entrada.

Antes de empezar a escribir he tenido que hacer un esfuerzo titánico (ya será menos) para recordar la contraseña y he aprovechado para actualizar las edades de los hijos y darme cuenta de que todavía no se ha ido ninguno de casa (😡).

Al escribir la edad de la pequeña, compruebo que el tiempo pasa volando -y más para los (pocos) que me leéis- porque la muchacha ya ha cumplido 3 años y constato también que los hijos hay que tenerlos cuando uno es joven. No puede ser que un tío con casi 50 años tenga un hijo, la naturaleza humana no está preparada para eso: las noches en las que decide no dormir ya no son llevaderas, cuando te tiras al suelo para jugar con ella y ella decide que ya no quiere más, pasa un buen rato hasta que te levantas (se ha dado el caso de que alguno de los mayores me ha encontrado, solo, sentado en el suelo rodeado de piezas de puzzle en el intervalo de tiempo que transcurre entre que la joía niña ha decido poner fin a los juegos y yo consigo levantarme), las reuniones del cole de la niña son deben ser ... 

Mención aparte merecen los paseos con la pequeña. Me he hecho especialista en leer pensamientos de la gente que nos mira y puedo asegurar que en un 99,99% de los casos la gente piensa que "los abuelos están paseando a la nieta". Este pensamiento-comentario tiene su lado positivo porque a renglón seguido añaden eso de "pues que abuelos tan jóvenes". Claro, partirle la cara a alguien porque ha pensado eso (y además con un erróneo, pero amable comentario, al final) no es plan. El 0,01% restante de pensamientos-comentario es "Mira éstos, tan mayores y con una niña pequeña".

No entraré en el asunto relativo a las reuniones del cole porque -lo confieso- todavía no he ido a ninguna. Sé que es muy importante para su desarrollo integral como persona conocer si en este momento hace bien o no la pinza a la hora de coger el lápiz, si no muerde a todos sus compañeros/as de clase, si le atenaza el solo hecho de pensar en la inmensidad del universo ... pero ... lo reconozco, me ha dado mucha pereza ir a alguna de las reuniones.

Sin embargo, un día (A. me lo rogó encarecidamente) fui a una merienda que los matrimonios encargados de curso organizaron en el mismo colegio para conocernos mejor. Como os podéis imaginar, comparecí con unas ansias locas de conocer a otros padres que se encuentran en la misma parecida similar opuesta situación a la nuestra. Aquello estaba lleno de padres novatos y yo acudía con numerosos prejuicios tipo "Pobrecilla, no han podido venir sus padres y lo han hecho los abuelos", "Caramba, vaya carcamales los padres de A. jr" o simplemente un "¡Ahí va!, se ha colado un señor en la merienda" ... Sin embargo, he de confesaros que mi sorpresa fue mayúscula al comprobar que, si bien era el mayor de los reunidos (bueno, me queda la duda con uno que tenía menos pelo que yo y que si de verdad es más joven, la vida le ha tratado muy mal), no creáis que la diferencia era tan notable. Eso me llevó a la conclusión confirmación de mis sospechas acerca del implacable retraso que se da en el momento en que los padres deciden eso, ser padres.

No quisiera ser injusto y no reconocer a los mayores su inestimable ayuda con la pequeña. Muchas veces nos ayudan (o se ocupan ellos) con la ducha, con vestirla, acostarla, entretenerla ... Os pondré un ejemplo: el día de Reyes, A. y yo recibimos un regalo de nuestros hijos. Al abrirlo comprobamos que se trataba de una de esas cajas consistente -en nuestro caso- de una cena, noche de hotel y desayuno para los dos. Me gustó, pero, sin duda alguna, lo que más me gustó era la nota que acompañaba el regalo. Era una nota de todos nuestros hijos en la que decía que nos fuéramos que ellos se habían organizado para ocuparse de A. jr. durante ese fin de semana.

Creo que voy a acabar aquí porque, después de tanto tiempo sin escribir, tampoco hay que abusar. Intentaré (no puedo prometerlo) ser más regular con las publicaciones. Gracias por seguir ahí.

domingo, 24 de diciembre de 2017

Hospital en casa y feliz Navidad

Ahora que empiezan las fiestas de Navidad, ¡¿qué mejor iniciativa que montar un hospital en casa?! ¿Que es imposible? ¡Si uno quiere, se puede!

El pasado 21 de diciembre, día de las elecciones autonómicas en las que se confirma la fractura social y en la que los independentistas, a pesar de no haber ganado las elecciones, están convencidos de haberlo hecho, A. se puso enferma. Lo que se inició con un dolor de garganta, pasó a convertirse en una amigdalitis, con su cuadro febril y todo lo que acompaña a las anginas. Esa misma tarde, tuve que acompañar a S. y a A.jr. al CAP (Centre d'Atenció Primària), S. con síntomas de anginas y A.jr. con una especie de herida en la frente, donde arranca el cuero cabelludo. En el caso de S. se confirmaron nuestras sospechas, mientras que en el A.jr. se confirmaron las que tenía A.: un impétigo. Yo, que no me debo enterar de nada, pues según A. alguno de nuestros hijos ya había pasado por eso, no tenía ni idea de qué era eso. Se trata, al parecer, de una infección cutánea, muy común entre los niños (cuadra), muy infecciosa (cuadra, va al cole) y habitual en verano (¿cómo?). Esa misma tarde, Ma. y P. también fueron al médico, quien les confirmó el mismo diagnóstico: amigdalitis.

Pues nada, me convertí en el enfermero de S. (los mayores ya controlan, o deberían, sus dosis de antibiótico) y así empezó un nuevo día: el 22 de diciembre. Como había comprobado que cada vez más se conoce a este día como "El día de la salud" porque son mayoría a los que no les toca la lotería y se conforman con aquello de "más vale tener salud", y ante el panorama familiar, me había hecho ilusiones en que -este año sí- nos podía tocar la lotería. Bueno, al final no ha sido ni una cosa, ni otra. Si bien es cierto que a la nómina de enfermos, se añadió JP, que está con anginas desde el 22 por la tarde, eso no es suficiente como para que te toque la lotería. Que te toque como entendemos que es "tocar la lotería", porque me dijo A. que nos han tocado 120 €, que, teniendo en cuenta que hemos jugado algo menos de la mitad de lo ganado, algo es algo (aunque teniendo en cuenta el porcentaje, ya podría haber jugado 1.000.000 €).

El parte médico, a estas horas del día 24 de diciembre (Nochebuena) es el siguiente:

- A. ya se encuentra mucho mejor. Sigue con su tratamiento.
- Ma. parece encontrarse mejor, a tenor de su salida (y sobre todo su entrada a altas horas de la madrugada) de anoche). Sigue con su tratamiento.
- P. se encuentra mejor. Sigue con su tratamiento.
- JP se encuentra mejor (no tanto como los anteriores, porque también empezó más tarde) y sigue con su tratamiento.
- S. muy similar a A. Sigue con su tratamiento.
- El impétigo de A.jr. sigue con su buen aspecto. Sigue su tratamiento.

Cuando abro el frigorífico, me imagino el aspecto que debe tener la nevera de una farmacia, aunque, la nuestra contiene productos propios de esta época del año.

Quiero aprovechar la ocasión para, en nombre de toda mi familia, desearos una muy feliz y santa Navidad a todos, lo mejor para el próximo año y mi más sentida enhorabuena para los que todavía seáis seguidores de este blog.


PS Como he estado muy desconectado (es solo culpa mía), no os comenté que en el mes de junio falleció mi madre tras varios años de enfermedad, siendo los últimos meses bastante duros para ella. Os agradeceré que os acordéis de ella en vuestras oraciones. Muchas gracias 

jueves, 8 de junio de 2017

Cuando no te duermen

Esta entrada va a ser una mezcla de desahogo y consulta. El nacimiento de A. jr. (quién lo iba a decir), supuso que volviéramos a ser unos padres "primerizos" (quién lo iba a decir) porque muchas de las cosas que suelen pasar con los bebés las teníamos (al menos yo) olvidadas (quién lo iba a decir).

Es cierto que la pequeña tiene un montón de hermanos que nos ayudan mucho en su cuidado, vamos, que hay muchas manos y casi siempre encuentras una cuando vas un pelín desquiciado o exhausto. Aprovecho para decir que, sin duda, los que más ayudan con A. jr. son Q. y Ma. Sin embargo, existen situaciones en las que no puedes ni debes contar con la colaboración de los otros hijos. Y una de ellas es ... dormir por la noche. O dicho de otra manera que quizá se entienda mejor: cuando el bebé no duerme por las noches. Y ahora, una afirmación tan rotunda como cierta: desde que nació, la niña no ha dormido una sola noche entera. Lo que leéis, ¡ni una!. Alguno pensará que exagero, que es una forma de hablar escribir, pero no, de verdad, ni una sola noche entera. Como mínimo se despierta una vez. Y no creáis que se despierta diciendo "Mamá (o papá), tengo un poco de hambre, ¿podéis darme un biberón?", cosa que tampoco esperaba.

Conviene aclarar también que yo entiendo que cuando esté enferma, pase mala noche y llore, pero a lo que no llego es a lo que pasa, que llore cada noche (aunque solo sea una vez). El resultado es que, al acostarnos, ya dejamos preparado un biberón en la mesilla de noche para cuando se despierte enchufárselo y seguir durmiendo.

A., la pobre (es la que normalmente se despierta) siempre la excusa con un "Pobrecilla, deben ser los cólicos" o "le estarán saliendo los dientes" o "debe tener frío" o "debe tener calor" o ... Eso es amor de madre. Ya sé, todos, por nuestros hijos, estamos dispuestos (yo el primero) a ir de rodillas hasta el Everest, a tragarnos una bombilla, a apagar una vela con los ojos, a ver una película romántica o incluso a ver un Osasuna-Granada, pero a despertarnos, no. Para eso hay que ser un súper-hombre o una madre.

Entendéis ahora que os contara que me siento como un padre primerizo en situaciones como éstas (reconozco que ninguno de mis hijos ha sido un modelo de niño durmiendo, pero la juventud hacía todo más llevadero) y más cuando oigo a mi suegra diciéndome que eso nos pasa porque la maleducamos, que debemos ser más estrictos ... y quizá tenga razón, ya no sé.

Por lo demás, la niña está preciosa y muy graciosa (sé que es una opinión subjetiva, pero este blog todavía es mío, escribo lo que quiero) y sus hermanos y padres estamos encantados con ella. Y sigue creciendo en sabiduría y bondad.

Nota:- La foto de esta entrada la he encontrado en internet tras poner "niña guapa con mariposas de una app de teléfono móvil alrededor de la cabeza" en el buscador. Y lo cierto es que solo me ha salido una foto

sábado, 3 de junio de 2017

Lo que hay que aguantar

Como decíamos ayer ...

Pues eso, precisamente ayer, comía con mi amigo N. y le comenté que me estoy volviendo más insoportable ... que cada vez soporto menos situaciones. Y le ponía algún ejemplo: A mediodía, después de una provechosa mañana de trabajo en el despacho, me fui a Barcelona con los Ferrocarriles de la Generalitat de Catalunya (FGC). Saqué mi billete con descuento por Familia Numerosa de categoría especial y subí al primer tren que vino. Me bajé en la estación de Sarrià y al llegar al torno de salida, ya noté algo raro. Estaba lleno de interventores (lo que toda la vida hemos llamado revisores y que ahora -imagino que por el aumento de incivismo en los convoyes- brillan por su ausencia), cosa que no es normal y que a uno (que es más sabio por viejo que por otra cosa) le hizo sospechar. Introduje el billete y -como me temía- no se abrió, sonó una alarma y aparecía un mensaje que decía algo así como "Diríjase a un punto-no-sé-qué de la estación". Me acerqué a uno de esos interventores señalándole el billete y me dijo "¿Me enseña su carnet de pensionista?" Reconozco que se me pasó por la cabeza darle un guantazo a la vez que le decía "Tú sí que vas a tener carnet de pensionista, pero por incapacidad laboral", pero eso, solo se me pasó por la cabeza. Le dije que no, que yo lo que tenía era el carnet de Familia Numerosa ... y me pidió que se lo exhibiera. Después de mirarlo, me abrió el torno y me permitió salir de la estación. Cualquiera podría pensar que no hay nada malo en esto ... y seguramente tendrá razón, pero lo que me molesta es que por el mero hecho de ser familia numerosa, sacar un billete con descuento (que nos corresponde) y, sobre todo, por el hecho de que quizá haya gente que haga eso sin tener ese derecho, haga que pasemos a ser sospechosos y tengamos que destruir la presunción de culpabilidad.

Pues bien, si eso es poco, por la tarde-noche, para volver a casa, usé el servicio que nos proporciona el servicio de Cercanías (Rodalies en Cataluña, que hasta para eso somos diferentes) de Renfe. A la hora de sacar el billete con el descuento de familia numerosa, no se contempla la posibilidad de hacerlo a través de las máquinas expendedoras, sino que hay que pasar por taquilla. Me puse en la cola (pocas veces he visto mayor descoordinación en las colas) dispuesto a sacar mi billete. Tras 15' de cola (y dos trenes perdidos), me tocó mi turno. Saqué el billete y aproveché para preguntarle al empleado si tenían previsto algún día dar la opción de sacar el billete a través de la máquina. Me dijo que no, que no pueden controlar si quien lo saca tiene o no derecho a esa reducción en la tarifa. ¿Resultado? Otra vez lo mismo, los miembros de las familias numerosas discriminados porque otros pueden aprovecharse de una bonificación a la que no tienen derecho.

Y volviendo en el tren, se me ocurrió mirar Twitter y vi como una seguidora-a la que sigo (@MaruViguera) se quejaba de que había visto una casa de alquiler para pasar las vacaciones y, tras llamar para interesarse y decir que eran familia numerosa, sospechosamente dejó de estar en alquiler.

Alguno podría pensar que me quejo por tonterías, que hay cosas más importantes en la vida como para molestarse por esto y, claro, tiene razón. Pero eso no quita que, aunque sea de vez en cuando, nos quejemos un poco por el (mal)trato que en España recibimos las Familias Numerosas. Y no entro en esas lindezas que más de una vez te sueltan por ese mismo motivo. Solo citaré uno:

Estaba yo en el Ayuntamiento de mi ciudad solicitando información por el repentino (sin aviso previo) de la subida del recibo del IBI en un 65%. Me atendió una joven muy amable que empezó a buscar la causa de ese aumento. Cuando lo localizó, me dijo que era porque el Ayuntamiento había decidido eliminar una bonificación del 70% (en nuestro caso llegaba hasta ese porcentaje por el número de miembros que convivíamos en casa) para las familias numerosas, pasando a ser del 5% (que se iría incrementando si demostrabas unos ingresos tan bajos que -de verdad, no exagero- te hacían traspasar el llamado "umbral de la pobreza"). En definitiva -y me da igual que me llaméis xenófobo-, esas ayudas se las llevarían los inmigrantes magrebíes (en mi ciudad, son los acaparadores de la mayoría de las ayudas que existen). Cuando le dije a la chica que me atendía que no me parecía justo, me soltó un "no haber tenido tantos hijos" (no daba crédito, la verdad). Me controlé y solo le contesté algo como "Bueno, me parece que Vd. no es nadie para decirme qué debo hacer y que, el día de mañana, seguramente mis hijos pagarán su pensión". Evidentemente, hice una queja a un superior y me pidieron disculpas. Eso sí, la bonificación de la que gozábamos no ha vuelto, a pesar de las reuniones que a través de una Asociación de Familias Numerosas a la que pertenecemos, tuvimos con el Ayuntamiento.

sábado, 10 de diciembre de 2016

Port Aventura en invierno (o casi)

Shambalha
Ayer volvimos a Port Aventura toda la familia y M., la novia de P. Fuimos en dos coches, nuestra furgoneta y M. conduciendo su propio coche.

En 2008 ya pasamos un día en este parque temático por estas fechas (las otras veces, siempre ha sido en verano) y para todos aquellos que odien pasarse horas haciendo colas, es muy recomendable. Eso sí, olvidaos de las atracciones de agua porque, lo que se dice agradables, no resultan en esta época del año. Sin embargo, los responsables de parque serán cualquier cosa, pero tontos no. ¿Por qué? Pues porque la atracción "Grand Canyon" (de agua) sigue abierta a pesar de ser diciembre. Es cierto que mucho no se moja uno, pero sí lo suficiente para pasar un poco de frío ... si te da la gana. ¿Cómo que si te da la gana? Pues porque estos tíos -que permiten que por 0,50 € los más mala gente puedan disparar chorros de agua contra los que están "disfrutando" de la atracción- ponen a tu disposición un chubasquero, previo pago de 7,95 € y, si por lo que sea no te has comprado esa prenda, una sala-secadora por el módico precio de 2 € que intenta arreglar el desaguisado.

Llegamos -los 10- hacia las 11:15 h y P. se fue a Atención al Cliente a recoger las 9 entradas (A jr no contabiliza) que le regalaban como contraprestación a una queja que realizó tiempo atrás. Si hubiéramos pagado las entradas a su precio normal, nos habríamos gastado más de 300 €. La primera atracción era superar a esos empleados del Parque que están en los tornos de la entrada revisando las mochilas para que no se entre comida y que el quiera comer gaste (a un precio muy por encima del normal) su dinero en establecimientos del interior. Detectamos a un empleado poco celoso en esa tarea y hacia allí nos dirigimos todos. Prueba superada. Foto de familia ante un enorme árbol de Navidad y disgregación del grupo: los mayores por un lado y los viejos (los padres) con los pequeños por otro.

La primera anécdota del día no tardó en llegar. La protagonizó A. Había una actuación musical prevista para el público infantil. A nuestro lado aparecieron los jóvenes protagonistas de la actuación. Ellas, vestidas con purpurina  a gogó, tules, sedas y brillos, saludaban moviendo las manos efusivamente. Todas sus miradas se dirigían hacia mí. No lo entendía, pues yo no hice ni un solo gesto susceptible de ser contestado. Me giro y me encuentro a A. saludando y sonriendo como una niña (emocionada). Estoy convencido que es quien mejor lo pasó ayer.

S. se atrevió a subir conmigo al Dragon Khan, atracción que me dejó con el estómago revuelto el resto del día y que se me quitaran todas las ganas de subirme al Shambhala, que por lo visto es la bomba.

Comimos todos juntos con-el-picnic-que-nos-trajimos-de-casa (lo pongo así para que si algún responsable del parque temático me lee, se muera de rabia) y seguimos nuestro recorrido. A jr montó conmigo en una noria que llegó a alcanzar la terrorífica velocidad de 1,5 km/hora. Eso sí, debía subir conmigo (no podía ir con Q.) y calzada, lo que obligó a que todos nos esperaran a que se dejara poner unas botas-muy-monas que A. le había comprado.

Cuando ya visitamos todas las partes del Parque volvimos a juntarnos todos y los más mayores se subieron por última vez a esas mega-atracciones. "No sufras, papá, nos iremos antes de las 19:00 h (que es cuando cierran el Parque) y no coincidiremos con toda la aglomeración" A las 19:03 h salíamos por la puerta.

Es cierto que en verano se disfruta de todas las atracciones, que las de agua son muy refrescantes, pero la gran cantidad de gente que llega a concentrarse allí, hace que tengas muchas dudas acerca de qué época es mejor para visitar el Parque. La decoración navideña (un pelín kitsch) también lo hace muy atractivo.

Pegas:

- Excesivo consumismo (acrecentado esta época del año).
- No permitir hacer picnic traído de fuera en el Parque. Tengo serias dudas acerca de su legitimidad.
- Precios muy elevados (siempre he dicho que nosotros estamos fuera de mercado, pero aún así, me parece excesivo cobrar 3,95 € por un gofre con Nutella)
- Permitir usar lo cañones de agua a esos cretinos que disfrutan mojando a los que intentan disfrutar con la atracción del "Grand Canyon". He llegado a sospechar, sin temor a equivocarme, que persiguen que la gente compre el chubasquero o se seque en esa sala-secadora.
-Que cuando se acerca la hora de cierre del Parque, cierren algunos puntos, obligando a  todos a dar una vuelta enorme.

Ventajas:

- Ver a A. disfrutar como una niña.

miércoles, 5 de octubre de 2016

1004

Sí, sé que hace ya un tiempo (mucho) dediqué una entrada al ... ¿cómo llamarlo? ... hummm ... ¿Servicio de Atención al Cliente? de Orange. Fue un suplicio. Cambiamos de compañía y con eso -iluso de mí- pensé que habíamos solucionado el problema. Decidimos pasar todo a Movistar y cuando todo va bien -por evidente que parezca la afirmación- todo va bien. Peeeeerooooo, ¿y si tienes un problema?

Esta mañana, revisando las últimas facturas, me encuentro con uno de los problemas que siempre aparecen (al menos a mí me pasa), cada factura es un misterio porque no sabes lo que te van a cobrar. Da lo mismo que tengas contratados unos servicios por los que -en principio- te cobrarán siempre lo mismo. Ya sé que existe una variable que es el consumo: si llamas más, gastas más y por tanto la factura será más elevada. Pues, aún contando con esa variable, el misterio persiste.

En esta ocasión me he encontrado con que en una factura anterior se incluía un importe de 10,5993 € (deben ser los únicos que no usan decimales, sino que después de la coma ponen cuatro dígitos) bajo un concepto que dice así "Conceptos no incluidos en servicio Movistar (ver Anexo adjunto)" Por mucho que he buscado y rebuscado, no he sido capaz de encontrar ese Anexo adjunto. Ha sido entonces cuando -maldigo la hora que tomé esa decisión- he decidido llamar al 1004 (ya sabéis, oficialmente, el Servicio de Atención al Cliente). Es como una carrera de obstáculos, con el agravante de que al otro lado no hay un humano, sino una máquina ( a veces, es preferible). Cuando ya he tecleado varias veces el número 1, el número de teléfono para el que hago la consulta y he dicho con voz alta y clara "consulta sobre mi factura", ha empezado el calvario. Una voz que me ha indicado que me pasaban con un comercial (falsa esperanza que te dan), para añadir que "el tiempo estimado de espera es superior a 3 minutos" (no es una mentira en toda regla porque aunque tardaran 365 días en atenderte, es cierto, es superior a 3 minutos). He aguantado 6 minutos oyendo una música que, al rato, os lo aseguro, acabas odiando con mensajes intercalados de ánimo ("Gracias por permanecer a la espera. En breves momentos, esperamos atenderle"), para acabar colgando sin ser atendido. Al rato, lo he vuelto a intentar. Esta vez he estado algo más de 12 minutos con idéntico resultado y peor estado de ánimo, provocado -estoy seguro- por esa música.

Navegando por la web de Movistar he descubierto la posibilidad de hacer una reclamación. Selecciono el tema (factura) y me dirigen a un formulario al que hay que dedicar algo de tiempo, pues, entre otras cosas, te piden el número de factura sobre la que quieres reclamar. Cuando acabo de rellenarlo, explicando detalladamente el tema y aprovechando para criticar el servicio del 1004, clico el botón "Finalizar" y la pantalla se vuelve blanca con un único mensaje escrito que dice "Error". No cabe la posibilidad de volver atrás, ni de recuperar lo que ya había escrito.

Algo más molesto, decido intentar nuevamente una llamada al 1004. Pero esta vez, mientras tengo el teléfono en la oreja, aprovecho para trabajar un poco (me ha dado tiempo a redactar una demanda, interponer cuatro recursos ante el Tribunal Constitucional, leerme un artículo doctrinal acerca de la inimputablidad y un diario digital), así que los 12 minutos de espera no han sido infructuosos.

No sé muy bien por qué, acudo nuevamente a la página web para redactar esa reclamación anteriormente eliminada. Completo todos los pasos y, antes de darle a "Finalizar", opto por copiar el texto del motivo de la queja. Aprieto en "Finalizar" y ... Eiiinnnnnnn, error. No sé cómo será el llanto y rechinar de dientes, pero debe parecerse mucho al estado en el que he entrado. He cogido el teléfono y, compulsivamente, he marcado el 1004, lo he marcado tantas veces, que una voz me ha dicho que el número 100410041004100410041004100410041004100410041004100410041004100410041004no existe.

En un alarde de imaginación, he marcado el 1004, pero en lugar de decir que quería información acerca de mi factura, he esperado a ser atendido por un comercial. Tampoco. Cuando esa maldita voz ha empezado a decirme que "el tiempo de espera es superior a tres min.." he colgado. Nuevo intento de llamada, esta vez diciendo que quiero contratar un nuevo servicio ... ni por esas.

Otro día será

martes, 6 de septiembre de 2016

¿Hay alguien ahí?

Sí, lo sé, hace mucho que no escribo, pero no creáis que es por pereza (que también), sino porque ya no sé qué más puedo contar. Como no quiero que esto se convierta en un diario de lo que hacemos y dejamos de hacer, no se trata de escribir siempre sobre mi familia, tampoco es un blog de actualidad como para tratar cada día temas candentes, ni un blog de ... por cierto, ¿de qué es este blog? Pues, la verdad, ni yo mismo lo sé.

El encabezamiento de la entrada de hoy es para defenderme de lectores que, con toda la legitimidad del mundo, me echan en cara que no escribo a menudo. Por ejemplo, este verano, al llegar a nuestro destino de vacaciones, me encontré a MªJ quien, inmediatamente después de saludarme, me dijo que a qué esperaba para escribir. Fue algo así como "Hombrequétalestás¿yahasllegado?avercuándoescribesenelblog". Por cierto, Mª J es aquélla que tenía una granja (dos había tenido) de conejos y que ahora (no para, es incapaz de estarse quieta un momento) ha montado una carnicería, pero no una cualquiera, sino que, además de hacer pollos y conejos a l'ast, tiene un servicio de bar, donde puedes degustar tapas y -¿por qué no?- comer y cenar tan ricamente. Como es una mujer inquieta donde las haya, ahora cambia de local para ampliar la oferta. Solo con recordar cómo iba arriba y abajo este verano, me canso.

Hemos estado casi un mes en Les Cases d'Alcanar, en casa de mi cuñado (el hermano sacerdote de A.) que ... ¡se vuelve a las misiones! Sí, se va a Honduras, a la región de la Mosquitia, en plena selva. Hay quien le cuesta entender esta decisión, pero os puedo asegurar que pocas veces he visto a alguien tan contento y tan ilusionado con un proyecto. Además, no nos engañemos, la decisión no es solo suya ... quien tenga oídos que oiga. Eso no quita que le echemos de menos (el día 15 de este mes sale su avión con ese nuevo destino) y que nos preocupe. Se va a una zona en la que no hay nada, que para visitar a las diferentes comunidades que componen aquella región, deba ir en lancha, a pie o sobre algún animal. Que coma siempre lo mismo y pierda no sé cuántos kilos, que duerma rodeado de sus queridos animales ... Pero, insisto, ¡está tan feliz! Bueno, no estaría de más que alguno se acuerde -aunque sea de vez en cuando- de él y pida por su labor ... ah, y si alguno quiere colaborar económicamente (con ese o parte de ese rinconcito que tenemos), me envía un mensaje y le pongo en contacto con él.

La pequeña sigue creciendo (demasiado) y hoy ha empezado el cole. Aunque ya asistió a clase los meses de mayo y junio, parece ser que no ha superado el curso y vuelve a matricularse en Llar 0 (por eso decía A. que prefería que naciese a finales de diciembre y así nos ahorrábamos una matrícula). Si es que ... es más lista esta A.

Deciros también que he tomado nota (mental) de alguno temas clave del verano, como son los diferentes tipos de especímenes que acuden a las playas o las fiestas mayores de los pueblos. 

(Continuará ...)

martes, 10 de mayo de 2016

Nombres

El sábado pasado, junto con los cuatro pequeños, fuimos A. y yo a la Primera Comunión de la hija de unos amigos. Allí, durante la celebración posterior a la ceremonia, mi amigo R. me dio una idea para una entrada del blog. No, no creáis que dijo cualquier cosa y eso me dio una idea. No, sino que directamente me dijo "¿Has visto la evolución de los nombres en España? Podrías escribir una entrada sobre eso".

Lo cierto es que estar tarde me he conectado a la página web del INE (Instituto Nacional de Estadística ... "u organismo que lo sustituya", lo siento, no lo he podido evitar, es una deformación profesional) y he visto algunos datos que me han llamado la atención. Existe la posibilidad de realizar multitud de consultas de datos, pero yo, que soy un poco primario, he ido al grano y he buscado mi nombre y de algunos amigotes. ¿Resultado? Pues que Paterfamilias, Naranjito, Modestino y tomae hay tan pocos, que no aparecen datos. Hay 37 Matt en toda España, siendo la media de edad de 11,1 años (sí, ya sé, es nombre de hombre, pero si lo buscaba como nombre de mujer no aparecía y tenía miedo de darle un disgusto a la que todos conocemos). Seguimos con los nombres de amiguetes. En España hay 423.452 mujeres que se llaman Carmen y la media de edad de este nombre es de 60 años.

(...)

Antes de seguir, quisiera hacer una advertencia: Si alguno/a, ya sea porque no se fía de los datos que transcribo o por el motivo que sea, se conectara a la página web del INE y comprueba que, por ejemplo, en lugar de 423.452 personas que llevan el nombre de Carmen hay 423.451, no es un error, sino que simplemente se ha actualizado esta página web. Seguimos.

¿Y Sara? ¿Cuántas Saras hay en España? Pues son 158.423, siendo la media de edad de las mujeres que llevan este nombre de 22,6 años. Y en cuanto a provincias (también vienen estos -y muchos otros- datos), sabed que si cogemos un a al azar ... no sé ... hummm .... Jaén, por ejemplo, hay allí 1.437 Saras.

¿Y si cogemos nombres propios -o más propios- de un lugar qué pasa? Pues, pasar, pasar, no pasa nada, aparecen datos, como siempre. He probado con Montserrat y la mayor concentración de Montserrats se da en Lleida, donde hay 5.177, que representan un 23,955 del total. En cambio, Macarenas solo hay 11 en Lleida y 3.372 en Sevilla.

Pero vamos a lo que a todos nos interesa y buscamos nombres más ... más ... ¿raros?, ¿inusuales?. Venga, va. ¿Qué pasa si ponemos Kevin? Pues que vemos que no es tan raro porque en España hay 14.817 y la media de edad de éstos es de 14,9 años. Ya sabéis, si vais por la calle y os cruzáis con un adolescente, llamadle Kevin y tenéis un número elevado de posibilidades de acertar con su nombre. Por cierto, en el ránking de Kevins por metro cuadrado gana Santa Cruz de Tenerife, que cuenta con 1.005 individuos con este nombre, lo que representa el 2,025 del total. ¿Probamos con Jonathan? ¡Sorpresa!, también gana Santa Cruz de Tenerife con 1.550 tipos a los que así llaman (3,124 ), seguida de Asturias, que cuenta con 998 (1,965 ). Por cierto, dato curioso con los Jonathas (o al menos así me lo ha parecido a mí), la edad media de los que así se llaman es de 23 años. Vamos que llevamos ya unos cuantos años desde que empezó la ¿moda?

Uno de los veranos que pasamos en un pueblo de la comarca del Priorat, estando en la piscina, me sobresalté al oír a una madre llamando a su hijo. Gritaba algo así como Izaaaaan. Al poco, la vi hablando con A. y averigüé que el niño se llamaba Izan (no Ethan, aunque éste fuera el origen), por lo que no he podido resistirme y lo he buscado. Hay 17.904 niños que se llaman como aquél de la piscina y la media de edad de éstos es de 5,3 años. Si tenemos en cuenta de que aquel encuentro en la piscina fue en 2008, compruebo que aquella madre era una pionera y a tenor de la cantidad de Izans, una visionaria.

Como tampoco quisiera resultar pesado (no quisiera dice, cuando llevamos un rato leyendo este tostón), acabaré con algunos nombres (masculinos) que se están perdiendo y que, desde aquí, hago un llamamiento a aquellas madres en estado de buena esperanza a que los pongan a sus retoños y evitar que se pierdan definitivamente. Veréis que son nombres "de toda la vida":

- Onofre: Pobricos, solo quedan 1.496 en toda España y su edad media es de 54,5 años.

- Marciano: También son 1.496 los que quedan (empiezo a sospechar que el encargado del mantenimiento de la página web del INE ha hecho un copy/paste con los Onofre). Miedo tengo yo a una actualización de la web porque la media de edad es de 66,4 años.

- Eustaquio: Este nombre tan sonoro -probad y decid Eus ta quio- aparece en el DNI de 2.358 españoles.

- Policarpo (no confundir con Policarpio): Solo nos quedan 869 y su media de edad está en 64,6 años

Bueno, pues eso, madres del mundo, no seáis egoístas y poned estos nombres a vuestros hijos. Alguien os lo agradecerá.